Hoy en día, muchos cristianos evangélicos ven al pueblo judío como una nación creyente, principalmente por su conexión con el Antiguo Testamento y el plan de Dios. Sin embargo, esto pasa por alto un punto esencial: los judíos rechazaron y siguen rechazando a Jesús como el Mesías prometido. Idealizar la bandera judía, la estrella de David y otros símbolos es olvidar que no representan la fe en Cristo, sino un sistema religioso que ha rechazado al Salvador. Este tipo de apoyo simbólico distorsiona la evangelización. En vez de enfrentar la realidad de su necesidad de Cristo, muchos prefieren endulzar la relación, sin la urgencia de proclamarles el evangelio.
La incomprensión del pueblo judío sobre Jesús no se debe a ignorancia de las Escrituras, sino a una interpretación distorsionada que los ha llevado a rechazar al Mesías. Como dice Pablo, un «velo» permanece sobre sus corazones, impidiéndoles ver a Jesús como el cumplimiento pleno de las promesas divinas: «Pero los sentidos de ellos se embotaron, porque hasta el día de hoy les queda el mismo velo no descubierto en la lectura del antiguo pacto, el cual por Cristo es quitado. Pero hasta el día de hoy, cuando es leído Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos» (2 Cor. 3:14-15, RV-SBT). A continuación, veremos cuatro aspectos fundamentales sobre esta visión errónea del Mesías:- Un Mesías Solamente Nacional
- Un Mesías Solo Reinante y No Sufriente
- Un Mesías Terrenal Más Que Espiritual
- Un Mesías Humano Más Que Divino
La visión de los judíos sobre el Mesías fue distorsionada por el orgullo nacionalista y una lectura sesgada de las Escrituras. Al desestimar el plan de Dios y rechazar a Jesús, perdieron el verdadero propósito del Mesías: reconciliar al hombre con Dios. Como dice Pablo, solo en Cristo se quita ese «velo» que bloquea el entendimiento. Jesús es el Mesías prometido no solo para Israel, sino para el mundo entero.
Es fundamental que los cristianos evangélicos tengan una visión clara de Israel hoy. Solo así podrán cumplir con la Gran Comisión hacia ellos. Más allá de posturas escatológicas, lo cierto es que, desde una perspectiva reformada, Israel necesita ser evangelizado hoy, tal como cualquier grupo que no conoce a Cristo. La verdadera comprensión del Redentor solo es posible cuando Dios, en su soberanía, abre los ojos del corazón y revela a Cristo como el único Salvador.
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