En ciertos recorridos turísticos, por lo general, hay carteles indicativos y un mapa del circuito donde una flecha señala un punto específico bajo la leyenda: «Usted está aquí». Sin esa indicación, por más que tengamos el mapa, muy difícilmente tomaríamos el sentido de orientación para continuar el camino. Muchos de los creyentes y las iglesias de hoy caminan por este mundo sin saber exactamente dónde están posicionados espiritualmente. La mayoría coincide escatológicamente en que estamos «en los últimos tiempos», pero pareciera haber una venda en los ojos espirituales que impide ver con claridad cuál es el testimonio que un renacido tendría que dar antes de la venida de Cristo.
Vivimos en el mayor engaño religioso de la historia. Los que no son arrastrados bajo las sectas (aún de las que se llaman cristianas) que inducen al emocionalismo hueco, carente de la verdadera vida espiritual, son llevados al más férreo ateísmo. Algunos hablan de conversiones en masa y de la conquista de países para Cristo. Cuando uno acerca la lupa para ver en detenimiento «tales experiencias» y «tales predicaciones», se da cuenta de lo alejadas que están de la Biblia, que son una absurda imitación de lo que una vez Dios obró en los avivamientos genuinos del pasado.
Un falso Pentecostés puede hacer mucho ruido y acercar a muchas multitudes, pero no logrará transformar esas almas en verdaderos hijos de Dios. Los resultados saltan a la vista, la gente se emociona y se entretiene, pero no nace de nuevo (Juan 3:3). Las estadísticas evangélicas de «conversiones» no coinciden con el estado espiritual de los supuestos convertidos. Muy pocos se preguntan: ¿Por qué esta sal no tiene sabor? ¿Si hubiera tantas conversiones, este mundo no recibiría el impacto de este sabor cristiano? Sin embargo, vemos lo insípido del cristianismo de nuestro tiempo. Es una sal «desvanecida», llena de la humedad del mundo. ¿Para qué sirve una sal así? (Mateo 5:13). Si a la gente no se le da show, esta no asiste a la convocatoria. Muchos «evangelistas» han nacido para satisfacer la demanda emocional de las masas, para darles la actitud cirquense que ellas demandan. Otros predicadores, que en un tiempo eran fieles a la Palabra de Dios, han cedido a la presión de las masas y hoy no pueden subirse a un púlpito a predicar el sencillo evangelio sin antes hacer desfilar sus estrellas cantoras, que a la gente tanto le gustan. Los resultados numéricos son antepuestos a la fidelidad a Dios.
Muchos sinceros creyentes que quieren ser fieles a Dios se desalientan en este tiempo por el aislacionismo que les provoca no correr junto a la multitud engañada. Pero hay una oportunidad para estos creyentes de transitar las sendas antiguas de fidelidad. Mientras otros caminen en caminos nuevos «no transitados» de la incertidumbre y el engaño espiritual (Jeremías 18:15), está la posibilidad de caminar en un cristianismo bíblico e histórico.
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