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miércoles, 27 de mayo de 2026

7 Caraterísticas del mensaje de los falsos profetas


 

Mateo 7:15 Y guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, mas por dentro son lobos rapaces.

Jeremías 6:13-14 Porque desde el más chico de ellos hasta el más grande de ellos, cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores. Y curan el quebrantamiento de la hija de mi pueblo con liviandad, diciendo, Paz, paz; y no hay paz.

Me encanta leer a Martyn Lloyd Jones, sus escritos tienen más de medio siglo, pero siguen siendo muy actuales. Esto lo escribió hace mucho tiempo, antes de que explotara el «movimiento apostólico y profético» y la iglesia entrara en la decadencia de nuestros días. Este artículo, tomado de su libro «El Sermón del Monte», servirá para alertarnos acerca de los falsos profetas y sus enseñanzas.

1. El falso profeta omite la verdad

Lo que dicen está bien, pero no incluye esto. Es una enseñanza cuya falsedad hay que detectarla por lo que no dice más bien que por lo que dice. Y precisamente por esto caemos en la cuenta de la sutileza de la situación. Como ya hemos visto, cualquier cristiano puede detectar al que dice cosas abiertamente equivocadas; pero ¿es injusto y poco caritativo decir que la gran mayoría de los cristianos de hoy no parece poder detectar al hombre que parece decir cosas buenas, pero que no dice cosas vitales? En cierto modo, hemos hecho nuestra la idea de que el error es solo lo manifiestamente equivocado; y parece que no entendemos que la persona más peligrosa de todas es la que no enfatiza las enseñanzas adecuadas. El falso profeta es un hombre que no tiene «puerta estrecha» ni «camino angosto» en su evangelio. No hay en él nada que ofenda al hombre natural; agrada a todos. Va con «vestidos de ovejas», es atractivo, agradable a la vista. Presenta un mensaje tan bonito, confortable y consolador. Agrada a todo el mundo y todo el mundo habla bien de él. Nunca lo persiguen por su enseñanza, nunca lo critican con rigor. Tanto los liberales como los modernistas lo alaban, lo alaban los evangélicos, todo el mundo lo alaba. Se hace todo a todos, en este sentido; en sus palabras y acciones no se encuentra la «puerta estrecha», en su mensaje no está el «camino angosto», no hay nada del «tropiezo de la cruz».

2. El falso profeta trata livianamente con el pecado

La enseñanza del falso profeta tampoco subraya la condición radicalmente pecaminosa del pecado y la incapacidad total del hombre para hacer algo por su propia salvación. A menudo, ni siquiera cree en el pecado y, ciertamente, no subraya su naturaleza vil. No dice que todos somos perfectos; pero sí sugiere que el pecado no es grave. En realidad, no le gusta hablar acerca del pecado; solo habla acerca de pecados individuales o específicos. No habla acerca de la naturaleza caída, ni dice que el hombre mismo en su totalidad está caído, perdido y depravado. No le gusta hablar acerca de la solidaridad de todo el género humano en el pecado, y el hecho de que todos hemos pecado y estamos «destituidos de la gloria de Dios». No enfatiza esta doctrina de la «malicia total del pecado», como se encuentra en el Nuevo Testamento. No enfatiza el hecho de que el hombre está muerto «en delitos y pecados», de que no tiene esperanza y es totalmente incapaz. No le gusta esto; no ve la necesidad de hacerlo. Lo que el Señor trata de subrayar es que el falso profeta no dice estas cosas, de modo que el creyente inocente que lo escucha da por supuesto que cree en ellas. La pregunta que se plantea respecto a tales maestros es ¿creen en estas cosas? La respuesta, obviamente, es que no, de lo contrario se sentirían impulsados a predicarlas y enseñarlas.

3. El falso profeta ofrece un consuelo engañoso

El falso profeta siempre es un predicador muy consolador. Al escucharlo da siempre la impresión de que no hay muchas cosas malas. Admite, desde luego, que algo malo hay; no es lo bastante necio para decir que no hay nada malo. Pero dice que todo va bien y todo irá bien. «Paz, paz», dice. «No escuchen a alguien como Jeremías», exclama; «es de mente estrecha, es un cazador de herejías, no tiene espíritu cooperador. ¡No lo escuchéis, todo está bien!». «Paz, paz». Cura «la herida de la hija de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz». Y, como agrega el Antiguo Testamento en forma aplastante y diciendo una verdad tan aterradora respecto a la gente religiosa de entonces y de ahora, «mi pueblo así lo quiso». Porque nunca los perturba y nunca los hace sentir incómodos. Uno sigue como está, todo está bien, no hay que preocuparse acerca de la puerta estrecha, ni del camino angosto, ni de esta doctrina específica o de aquella. «Paz, paz». Muy consolador, muy tranquilizante; siempre es así el falso profeta, en su vestido de oveja; siempre inofensivo y agradable, siempre, invariablemente atractivo.

4. El falso profeta le rehúye a la doctrina bíblica

Diría que se manifiesta en general en una ausencia casi total de doctrina en cuanto tal en el mensaje. Siempre habla con vaguedades y en forma general; nunca desciende a detalles doctrinales. No le gusta la predicación doctrinal; siempre es muy vaga. Pero alguien quizá pregunte: «¿Qué quiere decir con esto de descender a detalles doctrinales y cómo se relaciona esto con la puerta estrecha y el camino angosto?». La respuesta es que el falso profeta muy raras veces nos dice algo acerca de la santidad, la justicia y la ira de Dios. Siempre predica acerca del amor de Dios, y nunca menciona las otras cosas. Nunca hace temblar a nadie cuando habla de este Ser santo y augusto con el que todos debemos enfrentarnos. No dice que no crea en estas verdades. No; no es esa la dificultad. La dificultad es que no dice nada acerca de ellas. No las menciona para nada. En general, subraya solamente una verdad acerca de Dios, y es el amor. No menciona las otras verdades que figuran de forma igualmente destacada en la Biblia; y ahí está el peligro. No dice cosas que sean obviamente verdaderas y justas. Y por esto es falso profeta. Ocultar la verdad es tan reprochable y condenable como proclamar una herejía completa; y por esto, el efecto de tal enseñanza es el de un «lobo hambriento». Es muy agradable, pero puede conducir al hombre a la destrucción porque nunca se le plantea el problema de la santidad y la justicia y la ira de Dios.

5. El falso profeta no habla del juicio de Dios

Otra doctrina que el falso profeta no enfatiza nunca es la del juicio final y el destino eterno de los condenados. En los últimos cincuenta o sesenta años, no se ha predicado mucho acerca del juicio final, y tampoco acerca del infierno y de la destrucción eterna de los malvados. No, a los falsos profetas no les gustan enseñanzas como las que contiene la Segunda Carta de Pedro. Han tratado de negar su autenticidad porque no cuadran con su doctrina. Dicen que ese capítulo no debería estar en la Biblia. Es demasiado fuerte y agresivo; pero ahí está. Y no es un caso aislado. Hay otros. Leamos la Carta de Judas, leamos al así llamado suave apóstol del amor, el apóstol Juan, en su Primera Carta, y encontraremos lo mismo. Pero también está aquí en este Sermón del Monte. Sale de la boca del Señor mismo. Él es quien habla acerca de los falsos profetas con vestimenta de oveja que son como lobos rapaces; Él es quien los describe como árboles corruptos y malos.

6. El falso profeta no habla en profundidad de la cruz de Cristo

El falso profeta habla acerca de «Jesús»; incluso, se complace en hablar de la cruz y de la muerte de Cristo. Pero la pregunta vital es, ¿qué idea tiene de esa muerte? ¿Qué idea tiene de esa cruz? Se enseñan puntos de vista que son totalmente herejes y niegan la fe cristiana. La prueba definitiva es esta: ¿se da cuenta de que Cristo murió en la cruz porque fue la única manera de expiar y hacer propiciación por el pecado? ¿Cree también que Cristo fue crucificado en la cruz en lugar suyo, que llevó «en su cuerpo sobre el madero» su culpa y el castigo de su culpa y su pecado? ¿Cree que si Dios no hubiera castigado su pecado allá, en el cuerpo de Cristo en la cruz, y lo digo con reverencia, ni siquiera Dios le hubiera podido perdonar? ¿Cree que fue solo enviando a su propio Hijo como propiciación por nuestros pecados, en la cruz, que Dios pudo ser «el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús» (Romanos 3:25-26)? Hablar simplemente acerca de Cristo y de la cruz no basta. ¿Es la doctrina bíblica de la expiación penal y vicaria? Esta es la forma de probar al falso profeta. El falso profeta no dice estas cosas. Habla en torno a la cruz, no de la cruz. Habla acerca de los que estaban en torno a la cruz y habla de forma sentimental acerca de nuestro Señor, nada sabe acerca de la «ofensa de la cruz» de Pablo. Su predicación de la cruz no es «para los gentiles locura» ni «para los judíos ciertamente tropezadero». A través de su filosofía, le ha quitado todo efecto a la cruz. Ha hecho de ella algo maravilloso, una filosofía estupenda de amor y sentimiento, debido a que el mundo no está interesado en otra cosa. Nunca la ha visto como una transacción tremenda y santa entre el Padre y el Hijo, en el cual el Padre ha hecho que su Hijo sea «pecado por nosotros», y ha colocado sobre él nuestra iniquidad. En su enseñanza no se encuentra nada de esto, y por esto es falsa.

7. El falso profeta no te lleva al arrepentimiento para salvación

Tampoco enfatiza el arrepentimiento en un sentido real. Presenta una puerta muy ancha que conduce a la salvación y un camino muy espacioso que conduce al cielo. No hay por qué percibir mucho la condición pecadora de uno; no hay por qué tomar conciencia de la negrura del propio corazón. Simplemente, hay que decidirse por Cristo y unirse a la multitud; se añade el nombre propio a la lista, y pasa a ser una de las muchas «decisiones» acerca de las que informa la prensa. Es muy distinto del evangelismo de los puritanos y de John Wesley, George Whitefield y otros; aquel evangelismo conducía al temor del juicio de Dios, y a la angustia del alma, a veces por días, semanas y meses. John Bunyan nos dice en su escrito «Gracia abundante» que durante dieciocho meses sufrió la agonía del arrepentimiento. Hoy día no parece que haya mucha posibilidad de esto. Arrepentimiento significa darse cuenta de que se es culpable, pecador vil en la presencia de Dios, que se merece la ira y castigo de Dios, que uno camina hacia el infierno. Significa que se comienza a percibir que eso que se llama pecado está en uno, que se anhela liberarse de ello, que se le vuelve la espalda, cualquiera que sea, al mundo tanto en forma de pensar, como en perspectiva, como en práctica, y se niega uno a sí mismo para tomar la cruz y seguir a Cristo. Quizá haya que sufrir económicamente, pero no importa. Esto es arrepentimiento. El falso profeta no lo presenta así. Cura «la herida de la hija de mi pueblo con liviandad», diciendo simplemente que todo está bien, que lo único que hay que hacer es «venir a Cristo», «seguir a Jesús» o «hacerse cristiano».

En última instancia, se puede plantear así: el falso profeta no enfatiza la necesidad absoluta de entrar por la puerta estrecha y andar por el camino angosto.


jueves, 21 de mayo de 2026

Encadénate al texto bíblico

 



Hay un problema en la predicación evangélica que pocos quieren nombrar: el predicador elige un texto, lo lee, y después hace lo que quiere.

Cuarenta y cinco minutos de anécdotas, impresiones personales, teología flotante y versículos sueltos que no tienen nada que ver con el pasaje que anunció. La congregación sale con emociones, con historias, con datos. Pero no sale con el texto.

Pero hay otro caso más sutil, y más peligroso precisamente porque es más difícil de detectar: el predicador que sí estudió, que sí conoce teología, pero que sube al púlpito y usa el texto como excusa para dar un discurso sobre lo que ya sabe.

El texto es el pretexto. Lo que manda es su sistema, su comodidad, su repertorio.

Eso tampoco es predicación expositiva. Es un monólogo teológico con un versículo al principio.


Cuatro razones para encadenarte al texto

Primero: el texto tiene la autoridad, no vos.

Cuando elegís un pasaje, ese pasaje te dice qué predicar. No al revés. Pedro lo dice sin rodeos: "Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios" (1 Pedro 4:11). Lo que la congregación tiene que llevarse a casa es la lectura del texto, la explicación del texto y la aplicación del texto. No tus ideas sobre el texto. El texto.

Segundo: el texto te protege de vos mismo.

Suena fuerte, pero es así. Todos los predicadores tenemos temas favoritos, posiciones cómodas, ángulos que dominamos. Si no te atás al pasaje, inevitablemente vas a terminar predicando lo que querés predicar, no lo que Dios puso en ese texto para esa congregación ese domingo. El texto es un freno. Un freno bueno.

Tercero: el texto forma el oído de la congregación.

Cuando un predicador se atiene al pasaje y muestra cómo leerlo, cómo encontrar la idea principal, cómo entender el contexto, está enseñando a su gente a leer la Biblia. La gente lee bien la Biblia cuando en la iglesia se predica bien la Biblia. Si el predicador es disperso, la congregación va a leer dispersa. Si el predicador es fiel al texto, la congregación va a aprender a serlo también en su casa.

Cuarto: encadenarte al texto no le quita profundidad a tu predicación.

Esto lo aclaro porque hay una confusión frecuente. Encadenarse al texto no significa empobrecerse. Significa enfocarse. Podés y debés traer el contexto histórico, el contexto gramatical, el contexto geográfico, la teología del pacto, todo lo que el estudio exige. Pero todo eso al servicio del pasaje que elegiste, no en lugar de él.


Tres beneficios concretos de esta práctica

Cuando realmente te atás al texto, pasan tres cosas:

Confinamiento temático. No te salís del tema. La congregación recibe lo que le prometiste. Hay ideas principales y secundarias dentro del pasaje, pero no te dispersás. Hay un centro y todo gira alrededor de ese centro.

Sujeción de estructura. Un predicador que no sabe bien qué va a decir inevitablemente pierde la estructura del sermón. Cuando hacés la exégesis del pasaje y después convertís eso en un sermón omilético, el pasaje mismo te da la estructura. La lógica aparece. El hilo conductor es claro.

Restricción teológica. Esto es sano. Si el pasaje no habla de cierto tema, vos no hablás de ese tema ese domingo. Así de simple. Eso te obliga a cubrir con el tiempo toda la riqueza de las Escrituras, en lugar de quedarte girando siempre en los mismos temas con los que te sentís cómodo.

Una pregunta para llevarte

¿A qué texto te vas a encadenar este domingo?

No es una limitación. Es una profundidad. Porque cuando le permitís al texto ser el que manda, lo que estás haciendo es dejar que sea Dios quien le hable a su pueblo, y no vos hablando de Dios según tus propios términos.

Eso es lo que trae gloria a Dios. Y eso es lo que beneficia de verdad a la congregación.



sábado, 1 de febrero de 2025

¿Dejar los vicios es nacer de nuevo? La verdad sobre la conversión

A lo largo de mi vida, me he encontrado con cientos de personas (y cuando digo cientos, no exagero) que afirman ser cristianas simplemente porque ya no se drogan, han dejado el alcohol, el cigarrillo o una vida licenciosa. Suelen decir: «Jesús me salvó del desastre».

Por lo general, respondo con entusiasmo, pero también hago algunas preguntas clave para verificar su comprensión del evangelio:

-¿Quién es Jesús? -¿Qué vino a hacer en este mundo? -¿Cuál fue su misión en la cruz? -¿Cuál es el problema del hombre con Dios? -¿Qué es el arrepentimiento de pecado? -¿Qué es la fe salvadora? -En definitiva, ¿en qué consiste el plan de salvación? En la mayoría de los casos, la persona desconoce completamente de qué se trata el evangelio. Y cuando no saben qué responder, vuelven al mismo argumento circular: «¡Pero Cristo me sacó de las drogas!».

Nos preguntamos: ¿es realmente Cristo quien los sacó de las drogas, a pesar de que no saben nada de Él ni del evangelio? Sabemos que en todo el mundo existen centros de rehabilitación que no son cristianos, y aun así, muchas personas logran dejar su adicción. De hecho, un templo budista afirma haber liberado a 100.000 personas de las drogas desde su fundación.[mfn]Venciendo a las drogas en un monasterio tailandés. Diario El País. 17 MAY 2017 - 17:39 ART[/mfn]

Entonces, ¿cómo podemos saber si alguien salió de las drogas por Cristo?

Confusión evangélica acerca del evangelio

El problema es que el evangelio y sus demandas se han diluido en el siglo XX, y en el siglo XXI hemos llegado a un estado calamitoso, donde cualquiera afirma ser cristiano solo por haber repetido una oración o por involucrarse en los ministerios de una iglesia. Cristo y la cruz han sido desterrados de los púlpitos, el pecado ha sido minimizado, y se trata a las personas como víctimas en lugar de culpables que enviaron a Cristo a la cruz. Ya no se les dice, como en Hechos 3:15: «y matasteis al Autor de la vida», sino que ahora todo parece ser una «gran terapia cristiana», donde la persona es vista como una víctima de sus circunstancias y lo único que necesita es ayuda. Además, la iglesia se ha vuelto activista en su atención a los problemas sociales: granjas de recuperación, visitas a cárceles y diversas obras que, aunque son buenas en sí mismas, sin un mensaje claro del evangelio, terminan reduciéndose a mera asistencia social. Así es como te encuentras con miles de personas que dicen haber dejado las drogas «por Jesús», pero que no saben nada de Él. Y créeme, Jesús no deja las cosas así. Cuando sanó a un ciego que no sabía explicar quién le había dado la vista, Jesús se presentó ante él una segunda vez para que entendiera quién era realmente (Juan 9:35-38).
No hay encuentros con Jesús sin conocer quién es Jesús.

¿Cómo saber entonces si alguien que dejó las drogas ha nacido de nuevo?

La respuesta es sencilla: cuando una persona realmente ha nacido de nuevo, su testimonio no gira solo en torno a haber dejado las drogas, sino en torno a Cristo y su obra en la cruz para el perdón de sus pecados. Como resultado de esa transformación, su vida cambia, y el abandono de los vicios es solo un efecto secundario de esa nueva naturaleza.

Por otro lado, quienes dicen haber dejado el vicio pero no conocen a Cristo, si se examina su vida de cerca, se verá que simplemente han cambiado un pecado por otro. No hay un nuevo corazón. Allí siguen el orgullo, la autosuficiencia y la vida sin Dios.

Debemos entender bien este principio espiritual:

A) Una persona puede dejar las drogas sin haber tenido un encuentro real con Cristo (nuevo nacimiento). B) Una persona que ha tenido un encuentro real con Cristo (nuevo nacimiento) deja las drogas porque ha recibido una nueva naturaleza.

Comprender esta diferencia es crucial para abandonar el «evangelio terapéutico» moderno, que oculta las demandas de la cruz y no salva a nadie.

Este análisis también nos ayuda para la próxima vez que alguien diga que dejó las drogas por Cristo. Hay dos preguntas clave que debemos hacerle:
  1. ¿Entiende el evangelio? ¿Habla de Cristo y de la cruz?
  2. ¿Hay señales en su vida de un verdadero cambio o simplemente ha dejado las drogas pero sigue viviendo sin santidad, sin buscar la Palabra y sin evidencia de transformación real?

Conclusión

Debemos cuidar la iglesia de falsos convertidos sin un verdadero cambio de naturaleza. No basta con lo externo; lo crucial es su relación con el evangelio. ¿Conocen a Cristo y su obra en la cruz? La iglesia debe discernir si hay un nuevo corazón con arrepentimiento y fe genuina. ¡Haz las preguntas clave!

miércoles, 31 de julio de 2024

La Cena del Señor, el elemento más olvidado en la adoración

Es evidente que la iglesia del siglo XX ha sobredimensionado el tema de la música en relación a la adoración a Dios. El cristiano moderno del siglo XXI, por herencia, asocia «adorar» con «solo cantar». Pero la Reforma protestante del siglo XVI (de la cual venimos los evangélicos) consideraba la adoración como una suma de partes, entre las cuales estaba incluida la ordenanza de la Cena del Señor, la lectura de la Palabra, la oración, la predicación, etc. Ciertamente hoy parecería algo extraño que la adoración sea una suma de cosas, ya que se ha impuesto la idea de que la adoración es sinónimo de cantar, o como mucho orar, pero nada más. ¿Será que hemos ido perdiendo un concepto en el camino en cuanto a la adoración y la relación con la Cena del Señor?

LA CENA DEL SEÑOR: UNA PRIORIDAD PARA LA IGLESIA LOCAL

Al hablar de música, si bien no todos se ponen de acuerdo en cuanto a las formas, sí están de acuerdo en que las letras de los himnos contemporáneos deberían ser ricas en teología cristocéntrica. Por lo menos, en las iglesias que quieren seguir una sana doctrina, hay un alejamiento de las melodías carismáticas repetitivas del siglo XX tipo mantra (Señor te adoro... Señor te alabo...), donde no había mayor contenido bíblico. Otras iglesias han desempolvado himnos antiguos para redescubrir lo ricos que eran en contenido bíblico. Pero a pesar de estas cosas buenas, en algunas iglesias que aspiran a una Reforma, se deja ver todavía la antigua tendencia carismática de que la música es lo central en la adoración. En muchos casos se están calibrando las reuniones de culto en cuanto a la "experiencia musical" (otro estereotipo del carismatismo) y allá, muy atrás, y de forma esporádica, viene la Cena del Señor para ser celebrada en una especie de «mal necesario» como para no caer de la categoría estándar de iglesia cristiana evangélica. No digo que sea el caso de la mayoría, pero sí hay muchos casos que observo tristemente así.

UN EJEMPLO DE LA INFLUENCIA CARISMÁTICA

¿Qué pasaría si en la iglesia local se dejara de cantar canciones por tres meses? Todos, seguramente, entrarían en pánico diciendo algo así como: ¡Hemos perdido la adoración en la iglesia! ¡La iglesia se ha apagado! ¡La iglesia ha muerto! Ahora... si se dejara de celebrar la Cena del Señor por tres meses, la mayoría se encogería de hombros (sin hacer nada) y otros ni siquiera lo notarían.

Nos preguntamos: ¿Qué ha pasado con el cristianismo en cuanto a la Cena del Señor? No es que se haya olvidado, sino que parece haber pasado a una lista de cosas de menor importancia.

Debemos destacar que el pedido expreso del Señor Jesús, antes de ir a la cruz, no fue: «recuérdenme por medio de canciones», sino que el mandato fue recordarlo por medio de un acto, aunque simple (un pan y una copa de vino), profundo y solemne en cuanto a su significado de alusión a su muerte sustitutiva (Mateo 26:26-29; Marcos 14:22-25; Lucas 22:17-20). El mismo apóstol Pablo testifica en 1 Corintios 11:23-26, no que recibió una «rica herencia musical» de parte del Señor, sino que recibió la institución de la Cena: «Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado». Su cuerpo fue partido (simbolizado en el pan) y su sangre fue derramada (simbolizada en el vino). En el Nuevo Testamento es muy obvia la centralidad de la Cena del Señor para la Iglesia, no así las alusiones al canto congregacional que son más escasas (Efesios 6:19 y Colosenses 3:16).

LO QUE SE PROMUEVE COMO ADORACIÓN

Tanto en libros como en conferencias hoy se sigue hablando de música o canto congregacional (en el mejor de los casos) como sinónimos únicos de adoración. De hecho, la música es parte de la adoración, pero no todo lo que hace a la adoración en sí. Sería impensable incluir hoy en día una conferencia acerca del estudio de la Cena del Señor, pues eso parece un tema incómodo; o algo muy privado donde cada iglesia lo resuelve a su manera. Hacer una conferencia acerca de la Cena del Señor (su significado, beneficios e implicancias para la iglesia) hoy sencillamente no goza de popularidad. De alguna manera les enseñamos a pensar a las nuevas generaciones poco en la Cena del Señor y mucho en la música. La Cena del Señor que ha sido algo central en la historia del cristianismo reformado hoy parece algo periférico.

NECESITAMOS UN ENTENDIMIENTO MÁS PROFUNDO DE LA CENA DEL SEÑOR

En el siglo XVI, la Reforma corrigió el concepto errado de la misa católica, donde «se volvía a sacrificar a Cristo una y otra vez», aparte de la idolatría de adorar a los símbolos o ideas antibíblicas como la doctrina de la transustanciación. El desafío hoy en la iglesia evangélica es recuperar la Cena del Señor tanto en su entendimiento como en su frecuencia de celebración. Ese es el acto mediante el cual se define en una congregación quiénes son de su Cuerpo y quiénes no. No estoy diciendo que la Cena hace salvo a alguien, pero sí la iglesia tiene que identificar a los creyentes y ver si estos están dando un testimonio creíble del evangelio. La Cena del Señor es un sello para esta identificación y confirmación pública de la fe, y además lleva a la iglesia local a un examen: «Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo» (1 Corintios 11:28).

¿Una iglesia que tiene una celebración muy esporádica de la Cena tendrá una pobre santidad? Es posible. Alguno dirá: «¡No seamos ceremoniales, podemos examinarnos de muchas otras formas!» ¿Acaso no hay gente que toma la Cena de forma indigna? Sí, es verdad, pero a los que piensan así les recuerdo que el Arquitecto de la iglesia es el que ha instituido esta ordenanza, no un hombre ni una confesión de fe. ¿Acaso somos más sabios que Él para decirle cuál es la mejor forma de examinar a Su iglesia?

LA FRECUENCIA DE LA CENA DEL SEÑOR

Cuando Calvino llegó a Ginebra para ejercer su ministerio la primera vez, se decepcionó mucho de que la iglesia suiza tuviera la Cena del Señor tan esporádicamente (cada seis meses). Él insistió en una mayor frecuencia de celebración, pero no solo no fue escuchado, sino que además fue expulsado en 1538 de Ginebra en medio de abucheos y piedrazos por ser «tan ortodoxo» (en la Cena del Señor y muchos asuntos). Varios años después volvió a Ginebra (1541), y se afirmó definitivamente en la capital de la Reforma, negociando al menos que la Cena se tuviera una vez por mes (aunque el ideal de él era todos los domingos).

Si damos una mirada a la iglesia primitiva, tanto en las páginas del Nuevo Testamento como en registros históricos, nos damos cuenta de que la Cena del Señor tenía una frecuencia asidua, casi podemos asegurar que semanal. Bueno, alguno podrá decir que no hay elementos suficientes para determinarlo, aunque la exhortación de Pablo (1 Corintios 11:20) nos da cierta pauta de que las reuniones (juntarse en uno) incluían la Cena.

Pero si reconocemos que la Cena es un elemento del culto de adoración, y además de vital importancia, no celebrarla asiduamente significa una adoración pobre. Por más que se enseñe un nuevo himno cada domingo (para crecer en adoración como se dice popularmente) si no le damos la importancia debida a la Cena del Señor seremos pobres adoradores.

Juan Calvino, en su Institución de la Religión Cristiana, dice respecto a la frecuencia de la Cena del Señor:
«Lo que hasta ahora hemos expuesto de este sacramento muestra suficientemente que no ha sido instituido para ser recibido una vez al año; y esto a modo de cumplimiento, como ahora se suele hacer; sino más bien fue instituido para que los cristianos usasen con frecuencia de él, a fin de recordar a menudo la pasión de Jesucristo, con cuyo recuerdo su fe fuese mantenida y confirmada, y ellos se exhortasen a sí mismos a alabar a Dios, y a engrandecer su bondad; por la cual se mantuviese entre ellos una recíproca caridad, y que diesen testimonio de ella los unos a los otros en la unidad del cuerpo de Cristo. Porque siempre que comunicamos el signo del cuerpo del Señor, nos obligamos los unos a los otros como por una cédula a ejercer todas las obligaciones de la caridad, para que ninguno de nosotros haga cosa alguna con que perjudique a su hermano, ni deje pasar cosa alguna con que pueda ayudarlo y socorrerlo, siempre que la necesidad lo requiera, y tenga posibilidad de hacerlo».
EL ENTENDIMIENTO DE LA CENA DEL SEÑOR EN LA DOCTRINA REFORMADA

Otro pobre concepto que nos ha dejado el siglo XX, al menos en América Latina, es que a la Cena del Señor se la consideró solo «un memorial», es decir, una recordación y nada más. Si indagamos en la historia nos daremos cuenta de que la Iglesia reformada consideraba al bautismo y la Cena del Señor «medios de gracia». No en el sentido de que transmitieran en sí mismos los símbolos una «gracia salvadora» (que es la herejía católica), sino que son como un «sello» del Señor para los creyentes en su fortalecimiento espiritual. Una gracia que fortalece a la iglesia local.

El catecismo bautista, en su pregunta 74, dice:

Pregunta 74: ¿Cómo se convierten el bautismo y la Cena del Señor en medios eficaces de la gracia? Respuesta: El bautismo y la Cena del Señor se convierten en medios eficaces de la gracia, no por ninguna virtud en sí mismos, ni en la del que los administra (1 Corintios 3:7; 1 Pedro 3:21), sino solo por la bendición de Cristo (1 Corintios 3:6) y el obrar del Espíritu en quienes los reciben con fe (1 Corintios 12:13).

El catecismo menor de Westminster nos habla de los sacramentos (bautismo y Cena del Señor) como un instrumento para comunicar los beneficios de la redención. Nótese que no dice: «comunicar la redención» (ya que esto es obra directa de Cristo), sino sus beneficios (medios de gracia).

P. 88. ¿Cuáles son los medios externos y ordinarios por los cuales Cristo nos comunica los beneficios de la redención? Respuesta: Los medios externos y ordinarios por los cuales Cristo nos comunica los beneficios de la redención, son sus ordenanzas, y especialmente, la palabra, los sacramentos y la oración; a todos los cuales hace él eficaces para la salvación de los elegidos. (Hechos 2:41-42).

Vemos que la preponderancia de la Cena del Señor es más allá de un simple memorial. Si bien este tema fue motivo de debate en su momento entre Lutero (posición sacramentalista de la presencia de Cristo en los símbolos físicos) y Zwinglio (solo un memorial), Calvino en cierta forma reorientó a la nueva iglesia que salió del catolicismo hacia una posición de la Cena del Señor más acorde al espíritu bíblico: una presencia de Cristo espiritual.

Es así que la postura de la iglesia reformada vio siempre a la Cena como un medio de fortalecimiento espiritual para el pueblo de Dios.

LA RELACIÓN DE LA CENA DEL SEÑOR CON LA MEMBRESÍA

Cada creyente que participa de la Cena del Señor es porque es un miembro oficial de una iglesia local, esta siempre fue la posición reformada. Para llegar a ser miembro de la iglesia local la persona tiene que profesar previamente una fe en Cristo, en dichos y hechos (testimonio). En la doctrina bautista, el bautismo es el mandato bíblico para testificar que alguien es de Cristo. Mientras que el bautismo es la entrada a la membresía, la Cena del Señor es la confirmación de la permanencia en la misma. Es decir, cualquier persona que participa de la Cena del Señor es porque lleva una vida cristiana creíble ante la gente, y la iglesia confirma su cristianismo al permitirle participar de la Cena.

Si una persona deja de perseverar y se enreda nuevamente en el pecado y no muestra signos de arrepentimiento (ante la exhortación de la iglesia local), sino que persiste en llevar una vida impenitente ante Dios, la iglesia tiene el deber de aplicar (luego de un proceso bíblico) la disciplina a tal persona. La excomunión es retirarle la participación a la persona de la mesa del Señor, no como un acto de castigo, sino porque sencillamente la iglesia no puede confirmar como creíble el testimonio de esa persona. Sería ilógico que alguien que niega a Cristo con sus actos de vida, los confirme en la participación de la Cena del Señor.

Si la participación de la Cena del Señor tanto como su entendimiento es débil en una iglesia, esto engendrará una membresía débil, (o ni siquiera algo que pueda llamarse membresía). El paradigma carismático ha sido tener a la gente reunida calentándose en torno al fuego musical y las personalidades pastorales. La gente no estaba acostumbrada a rendir cuentas, eso de «exhortaos unos a otros» (Hebreos 3:13) era algo desconocido. Y si había Cena del Señor era más un acto más místico que de examen de conciencia congregacional.

En resumen, cuando la iglesia local evita en cierta manera la Cena del Señor, o lo toma como algo periférico en la vida de la misma, sin duda es un síntoma espiritual de alguna enfermedad que debe ser curada.

martes, 9 de julio de 2024

Recalculando la ruta...

Jeremías  6:16 Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.

En ciertos recorridos turísticos, por lo general, hay carteles indicativos y un mapa del circuito donde una flecha señala un punto específico bajo la leyenda: «Usted está aquí». Sin esa indicación, por más que tengamos el mapa, muy difícilmente tomaríamos el sentido de orientación para continuar el camino. Muchos de los creyentes y las iglesias de hoy caminan por este mundo sin saber exactamente dónde están posicionados espiritualmente. La mayoría coincide escatológicamente en que estamos «en los últimos tiempos», pero pareciera haber una venda en los ojos espirituales que impide ver con claridad cuál es el testimonio que un renacido tendría que dar antes de la venida de Cristo.

Vivimos en el mayor engaño religioso de la historia. Los que no son arrastrados bajo las sectas (aún de las que se llaman cristianas) que inducen al emocionalismo hueco, carente de la verdadera vida espiritual, son llevados al más férreo ateísmo. Algunos hablan de conversiones en masa y de la conquista de países para Cristo. Cuando uno acerca la lupa para ver en detenimiento «tales experiencias» y «tales predicaciones», se da cuenta de lo alejadas que están de la Biblia, que son una absurda imitación de lo que una vez Dios obró en los avivamientos genuinos del pasado.

Un falso Pentecostés puede hacer mucho ruido y acercar a muchas multitudes, pero no logrará transformar esas almas en verdaderos hijos de Dios. Los resultados saltan a la vista, la gente se emociona y se entretiene, pero no nace de nuevo (Juan 3:3). Las estadísticas evangélicas de «conversiones» no coinciden con el estado espiritual de los supuestos convertidos. Muy pocos se preguntan: ¿Por qué esta sal no tiene sabor? ¿Si hubiera tantas conversiones, este mundo no recibiría el impacto de este sabor cristiano? Sin embargo, vemos lo insípido del cristianismo de nuestro tiempo. Es una sal «desvanecida», llena de la humedad del mundo. ¿Para qué sirve una sal así? (Mateo 5:13). Si a la gente no se le da show, esta no asiste a la convocatoria. Muchos «evangelistas» han nacido para satisfacer la demanda emocional de las masas, para darles la actitud cirquense que ellas demandan. Otros predicadores, que en un tiempo eran fieles a la Palabra de Dios, han cedido a la presión de las masas y hoy no pueden subirse a un púlpito a predicar el sencillo evangelio sin antes hacer desfilar sus estrellas cantoras, que a la gente tanto le gustan. Los resultados numéricos son antepuestos a la fidelidad a Dios.

Muchos sinceros creyentes que quieren ser fieles a Dios se desalientan en este tiempo por el aislacionismo que les provoca no correr junto a la multitud engañada. Pero hay una oportunidad para estos creyentes de transitar las sendas antiguas de fidelidad. Mientras otros caminen en caminos nuevos «no transitados» de la incertidumbre y el engaño espiritual (Jeremías 18:15), está la posibilidad de caminar en un cristianismo bíblico e histórico.

Siete consejos para recalcular una ruta de fidelidad a Dios

1-Examina tu propia vida: 2 Corintios 13:5 nos invita a probarnos si estamos en la fe correcta. No es cuestión de decir «creo esto» o «creo aquello», sino si Jesucristo está en mí. Solo a través del arrepentimiento de pecados y la fe en Jesucristo como salvador nos aseguramos de una verdadera vida espiritual. 2-Lee la Biblia: Muchas personas son engañadas con falsas enseñanzas, incluso dentro de supuestas iglesias de Cristo. Uno puede ser víctima del engaño, pero también se es cómplice de la mentira cuando no se escudriña la verdad. Es verdad que el Espíritu Santo nos guía a toda verdad (Juan 16:13), pero no lo hace independientemente de sus Escrituras inspiradas. Leer dos veces el Nuevo Testamento y una vez el Antiguo Testamento completo nos previene de muchos engaños. Te sugerimos un plan de lectura. 3-Ora: Buscar la voluntad de Dios y clamar por dirección es un paso muy importante para ir en dirección de la buena senda. En Jeremías 33:3 hay una promesa de Dios para los que claman a él. 4-Ocúpate de los tuyos: Si tienes familia o personas a cargo, preocúpate de ser una buena influencia para ellos en el Señor. Si tienes hijos, edúcalos en el temor del Señor y en la instrucción bíblica (Deuteronomio 6:7). 5-Únete a una iglesia sana: Si no te congregas, debes saber que la voluntad de Dios cuando salva a alguien es que se una a una iglesia local (Efesios 4:4-5). Una iglesia sana es aquella donde la Palabra de Dios tiene su lugar central y Cristo es su cabeza. 6-Compra buenos libros cristianos: Cultivar un hábito por la lectura de libros que nos estimulen es muy bueno. Recuerda que los buenos libros te llevan al Libro principal, la Biblia. Aconsejamos la lectura de libros de teología reformada, de los puritanos y de autores actuales. 7-Procura vivir una vida de santidad de verdad: De nada vale todo lo demás si no estás dispuesto/a a caminar con Jesucristo en santidad (2 Timoteo 2:1).

viernes, 26 de abril de 2024

La música en la iglesia: su parte en el culto regulado y sus circunstancias

Soy pastor y también músico aficionado. He intentado inculcar el amor por la música en mis hijas y participo activamente en la selección de canciones para la congregación. Mi experiencia me ha enseñado lo complejo que es mantener una línea en este tema, y que es imposible complacer a todos, tanto en la iglesia local como en la opinión interiglesias. Lo siguiente son meros pensamientos en voz alta, pero nacen de mi fe en lo que creo que la Biblia dice, y cómo la confesión de fe que utilizamos en nuestra iglesia contribuye a este asunto (la Segunda Declaración de Fe de Londres de 1689).

LO QUE DICE LA CONFESIÓN (LAS PARTES Y SU ESENCIA) La confesión es bastante concisa y específica en cuanto a la regulación de la adoración, es decir, las partes de la adoración como la oración, la predicación y el canto congregacional, etc. En relación con la música, lo único que menciona es el canto:
«22.5 La lectura de las Escrituras, la predicación y oír la Palabra de Dios, la enseñanza y amonestación de unos a otros con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantar con acción de gracias en nuestro corazón al Señor... (2CFL1689 - Cap 22).»
No menciona el uso o la prohibición de instrumentos, ni afirma que lo más antiguo sea lo santificado y que el canto contemporáneo implique una desviación de la ortodoxia. Tampoco insiste en que se canten únicamente salmos, y componer algún himno basado en las Escrituras no te excluye automáticamente de la categoría de adorador. Es evidente que la Confesión intenta definir las partes de la adoración y no sus circunstancias. A partir del análisis del texto breve, podemos deducir tres aspectos: A) La letra del canto debe basarse en las Escrituras: Al mencionar "la enseñanza y amonestación... con cánticos", queda claro que la Biblia debe normar la letra. Por lo tanto, los compositores deben adherirse a una ortodoxia y hermenéutica claras de las Escrituras. B) La congregación debe ser la protagonista: El término "unos a otros" implica que es la congregación la responsable de llevarlo a cabo (y no una banda de músicos donde la congregación es solo espectadora que apenas murmura el himno). C) Debe ser de corazón y para el Señor: Al afirmar "con acción de gracias en nuestro corazón al Señor", se nos indica que el enfoque principal de la adoración es realizarla al Señor con un corazón transformado por Cristo. La reverencia se desprende de esta idea, por lo que la música debería estar en armonía con la letra que se canta. LO QUE NO DICE LA CONFESIÓN (LAS CIRCUNSTANCIAS) En este punto, lo que recomiendo es más subjetivo y personal (esto lo sugiero en mi iglesia y sus obras de plantación), pero creo que podría ser útil para otros, de manera que la práctica esté en línea con la confesionalidad. A continuación, enumeraré algunas de las cosas que considero circunstancias, lo cual permite diferencias de opinión válidas sin que esto entre en conflicto con el principio regulador de la adoración mencionado anteriormente. A - ¿Antiguo o contemporáneo?

Una pregunta que haría es: ¿por qué no ambos? Es importante recordar que un himno de hace 200 años era contemporáneo en su tiempo. Musicalmente, en los himnos antiguos te podrías encontrar, aunque no tan frecuentemente, con tonos menores relativos y generalmente las séptimas eran del tipo dominante. Por otro lado, los himnos contemporáneos incluyen séptimas sensibles y tonos suspendidos (por ejemplo, sus2, sus4), aprovechando todo el conocimiento armónico que el ser humano ha desarrollado. Esto no significa que transformaremos la iglesia en un concierto de rock o un café concert de estilo blues. Claro que no. Sé que es más fácil tomar un himnario antiguo y como pastor decir: "¡Cantemos solo esto!" Pero prefiero enfrentar la tensión de componer nuevos himnos, incorporar (con filtro) himnos contemporáneos que no dejan duda de que su música es majestuosa y digna de la santidad de Dios, sin por eso ser triste.

B - ¿Músicos en la plataforma o al costado?

Prefiero que los músicos se ubiquen al costado, en primer lugar, para protegerlos de cualquier exposición y la tentación de creer que son ellos quienes dirigen la adoración, cuando en realidad solo acompañan. Además, esto protege a la congregación para que no fijen su atención en los músicos, sino que se concentren en la letra de lo que cantan. Colocar a los músicos de frente a la congregación puede condicionar visualmente, hasta cierto punto, la percepción de que ellos son "los responsables de cantar", cuando el principio regulador nos enseña que toda la congregación es la responsable.

C - ¿Con percusión o sin percusión?

Este debate es intenso. El problema con la percusión, especialmente con las baterías, es que tienden a sobresalir en volumen por encima de todo, lo cual es particularmente notorio en iglesias pequeñas. Sin embargo, he observado que esto puede funcionar hasta cierto punto en recintos muy grandes. La música se compone de melodía, armonía y ritmo. Lo crucial aquí no es el ritmo, ya que nuestra intención es cantar una melodía, no bailarla. En Latinoamérica se utiliza una "percusión menor" conocida como "cajón", que me parece ideal para mantener el ritmo. Creo que si en la iglesia se mantiene un criterio musical adecuado y se entiende lo que representa la santidad de Dios, no se caerá en extremos. Pero alguien podría preguntar: ¿y si un instrumento rítmico te lleva a desviarte hacia la mundanalidad? Bueno, si no puedes encontrar el equilibrio, es mejor evitarlo.

D - ¿Cuántos instrumentos?

Creo que esto depende del tamaño de la congregación. Una inusual congregación reformada en Latinoamérica de mil personas podría sostener un armonioso conjunto sinfónico. Sin embargo, para el promedio de congregaciones pequeñas, de 100 personas o incluso menos en muchos lugares, no es necesario tener muchos instrumentos. Insisto en que lo que se acompaña es el canto congregacional y no se busca una experiencia sinfónica. Si hay varios hermanos en la iglesia con talentos musicales, considera hacerlos rotar, pero trata de evitar asignar un instrumento solo para complacer a cada uno.

E - ¿Incluir canto de apoyo?

A veces es útil que ciertos hermanos puedan guiar a otros en la nota y variaciones de un himno. Lo crucial es el volumen de los micrófonos o la regulación de la potencia de la voz de quienes apoyan el canto. Para verificar esto, basta con cerrar los ojos durante el culto y escuchar. Si lo que escuchas es la voz predominante de un determinado hermano del equipo de apoyo, algo no está funcionando correctamente. Es comprensible que esto suceda con canciones nuevas. Sin embargo, la experiencia ideal sería que, al cerrar los ojos, no reconozcas "esa es la voz de fulano o mengano", sino que percibas "la voz de la congregación". Lograr esto es desafiante, pero es hacia lo que debemos apuntar. No estaría mal que de vez en cuando los hermanos con buena voz y criterio musical enseñen a otros a entonar. Esto sería beneficioso tanto para las reuniones caseras como para el culto principal.

Creo que se podría decir mucho más de esto, pero el tiempo no alcanza. Te invito a leer otros recursos relacionados a la música que he escrito hace tiempo.

   

 

 

 

lunes, 15 de abril de 2024

¿Conectas tu teología con tu vida diaria?

Tener una mala teología en una iglesia se traduce en vidas que no están centradas en Dios. Cuando una iglesia no tiene como centro la Palabra de Dios, sino "otro tipo" de repertorios, es de esperar que sus miembros no tengan como prioridad la santificación y el seguir a Cristo en fidelidad.

Pero, ¿qué tal si se asiste a una iglesia sana en doctrina? ¿Se podría decir que la teología (lo que se recibe de la Biblia) va en consonancia con un crecimiento y madurez de la vida espiritual? ¿Casados, están reflejando sus matrimonios la relación de Cristo y la iglesia? (Efesios 5:25). ¿Solteros, se están ocupando de las cosas del Señor libres de otros compromisos mayores? (1 Corintios 7:32).

Si la teología no está conectando con la vida diaria, aquí van tres consejos de qué puede estar pasando.

1- Incredulidad

¡Pero no se es incrédulo!, se podría decir. Mire, se puede haber creído en Cristo como Salvador, pero quizá se quedó solo con la fe del inicio y se olvidó de que "el justo por la fe vivirá". Quizá no se tenga en cuenta que las palabras sanas que se reciben en la iglesia deben llevar a un examen personal y a buenas tomas de decisiones o renuncias de pecados. Este fue el problema de los israelitas; ellos tenían los mejores "predicadores" (o profetas) de parte de Dios, pero su error fue que "no les aprovechó la palabra oída, no habiendo sido mezclada con fe" (Hebreos 4:2). Se pueden oír sermones excelentes, como si el mismo apóstol Pablo estuviera en la iglesia, y, sin embargo, llevar una vida espiritual mediocre que no se diferencia demasiado de la de los incrédulos. El problema es el corazón endurecido que no cree lo que Dios dice u ordena. Por eso no se obedece. La obediencia es el fruto de la fe en Cristo. ¡Aparte de creer en Él, se debe creerle a Él!

2- Falta de devoción

¿Es familiar la palabra "devocional"? Bien, se supone que cada día se aparte un tiempo especial para orar y leer la Biblia (junto a otros buenos libros cristianos). Hacer esto predispone el corazón como la tierra labrada que va a recibir la semilla que se introducirá en sus surcos para luego germinar y dar fruto. Puede ser que la falta de devoción privada en la semana haga que la semilla de la Palabra que se da cada domingo, o en cada estudio bíblico, rebote en la dura superficie de un corazón que no está "ejercitado en la piedad" (1 Timoteo 4:7). ¡No se debe descuidar la comunión diaria con Dios!

3- La vorágine diaria y la ansiedad

Si se es creyente, el mundo no crecerá dentro como los espinos que "ahogan" la semilla y se hace infructuosa (Mateo 13:22; parábola del sembrador). Pero quizá el corazón se esté cargando día a día con "los afanes de esta vida" (Lucas 21:34) a tal punto que no se tiene tiempo de meditar en la Palabra recibida. ¿Se recuerdan las últimas tres predicaciones de los últimos domingos? ¿En qué ayudaron los últimos estudios bíblicos que hizo la iglesia? Muy bien, se sentó, se escuchó, se saludó a los hermanos y se volvió a casa de nuevo a la vorágine, sin cultivar la semilla de Verdad en el corazón. A menudo se arranca el lunes olvidando toda la exhortación o aliento bíblico recibido el día anterior. La Biblia dice: "medita en tu camino" (Hageo 1:7). Que las ansiedades no dominen, se debe elevar en esos momentos el corazón a Dios en busca de auxilio. ¡Se debe recordar a la propia alma (como hace frecuentemente el salmista) la Palabra de Dios!

Conclusión

Si se pertenece a una iglesia bíblica sana, se debe ser agradecido con Dios del privilegio de recibir buen alimento y ser cuidado espiritualmente. Mientras otras almas son "tratadas como mercadería" por predicadores avaros (2 Pedro 2:3) se está siendo tratado como una oveja del Señor. ¿No son estas algunas de las razones de gratitud al Señor para conectar Su enseñanza con la vida diaria?
Santiago 1:23 Porque si alguno es oidor de la palabra y no hacedor, este es semejante a un hombre que considera en un espejo su rostro natural. 24 Porque él se considera a sí mismo y se va, y luego se olvida cómo era. 25 Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace.

lunes, 19 de febrero de 2024

Decisionismo vs. Fe

Origen del Decisionismo Charles G. Finney, un precursor clave del decisionismo en el siglo XIX, desafió las enseñanzas fundamentales de la Reforma sobre la depravación humana y la salvación por gracia. Introdujo métodos evangelísticos que ponían énfasis en la decisión individual como mecanismo para asegurar la salvación, a través de actos específicos como pasar al frente o decir una oración. Este enfoque promovió conversiones superficiales y el aumento de miembros de iglesia no genuinos, contribuyendo a una apostasía contemporánea y alentando un cristianismo nominal desprovisto de una transformación regenerativa auténtica.

En la actualidad, este legado persiste como un desafío significativo dentro del cristianismo, especialmente evidente en las prácticas evangelísticas que enfatizan la decisión personal como el acto central de la salvación. La acción voluntaria del individuo, marcada por gestos simbólicos como levantar la mano o pasar al frente durante un servicio religioso, se promueve erróneamente como suficiente para asegurar una conversión genuina, perpetuando la tendencia del decisionismo que Finney popularizó, y enfrentándonos al desafío de discernir entre una fe auténtica y una superficial en el contexto contemporáneo.

La Falacia del Decisionismo

El problema radica en que este enfoque se centra excesivamente en el ser humano, proclamando que "el hombre acepta a Cristo" y "el hombre es el que decide", desplazando así el verdadero corazón del evangelio. Esta visión contradice las enseñanzas fundamentales del cristianismo, según las cuales la salvación es un don de la gracia de Dios, no el resultado de nuestros propios esfuerzos o decisiones. La fe cristiana sostiene que el ser humano está incapacitado para salvarse a sí mismo debido a su total depravación y que es Dios quien, soberanamente, elige, llama, regenera, justifica, y preserva al creyente[mfn]Ver "ordo salutis" en teología reformada.[/mfn].

El pastor Paul Washer hace una referencia a lo que fue el decisionismo del siglo pasado:
Billy Graham tenía un programa por muchos años llamado “La Hora de Decisión.” Entonces ahora tenemos millones de personas que han hecho su decisión y todavía están perdidos. Billy Graham mismo dijo: ‘Si solamente 5% de todas las personas que han hecho su decisión en mis campañas, si solamente 5% de ellos son creyentes voy a estar feliz. Entonces yo le diría a Billy Graham: ¿Por qué no cambiaste tu manera de predicar entonces?”[mfn]Extraído de «Teología en Llamas», https://teologiaenllamas.com/2018/02/23/mis-preocupaciones-sobre-billy-graham/[/mfn]
El decisionismo promueve la ilusión de ofrecer a las personas un boleto falso hacia el cielo, sugiriendo que una simple acción o decisión personal es suficiente para garantizar la salvación. Esta perspectiva reduce la complejidad de la fe y la transformación espiritual a un mero gesto, engañando a muchos con la promesa de un acceso directo al paraíso sin el profundo compromiso y cambio de vida que la auténtica conversión requiere. La Verdad del Evangelio: Arrepentimiento y Fe

Al examinar las predicaciones de los apóstoles y evangelistas en el Nuevo Testamento, encontramos un llamado constante al arrepentimiento y la fe, y no a "aceptar a Cristo". Por ejemplo, en la primera gran predicación de la iglesia primitiva, Pedro no insta a la multitud a "aceptar a Cristo", sino a "arrepentirse" (Hechos 3:19). Esta distinción no es meramente semántica; revela una profunda diferencia teológica. La invitación del evangelio no es a una aceptación superficial impulsada por la presión psicológica, sino a creer genuinamente en Cristo, un acto de fe que es posible únicamente por la gracia de Dios y la revelación de su Palabra (Romanos 10:17).

Fidelidad al Mensaje Bíblico

Por tanto, el verdadero llamado del evangelio no se centra en la decisión humana, sino en la respuesta de fe y arrepentimiento frente a la iniciativa divina. Es un llamado a reconocer nuestra incapacidad para alcanzar la salvación por nuestros propios medios y a confiar plenamente en la obra completada por Cristo en la cruz. Este mensaje, fundamentado en la soberanía de Dios y su gracia redentora, debe ser el núcleo de nuestra predicación, para que seamos fieles al verdadero evangelio, que, al igual que Dios, no cambia ni varía (Santiago 1:17).

Conclusión: Retorno al Evangelio Auténtico

En este tiempo de discursos humanistas y búsqueda de autosuperación, es crucial recordar y proclamar las verdaderas bases Escriturales que sustentan la doctrina de la salvación, la soteriología[mfn]Ver Doctrinas de la Gracia en teología reformada.[/mfn], como la piedra angular de nuestra fe. Frente a la dilución de la doctrina en la iglesia contemporánea, debemos esforzarnos por retener y enseñar el antiguo evangelio, asegurándonos de que nuestras bases no estén contaminadas por el discurso humanista de la época. Solo así podremos confrontar a las almas con la Palabra de Dios, llamándolas al verdadero arrepentimiento de pecados y a la fe en la persona y obra de Cristo, la única base para una salvación auténtica y eterna.

Ir como complemento de este artículo a: Las doctrinas de la gracia

viernes, 16 de febrero de 2024

El trípode sobre el que descansa una verdadera iglesia

La Reforma Protestante identifica tres principios básicos que una iglesia debe cumplir para ser considerada como tal. Es probable que estos principios se hayan extraído de la «Institución de la Religión Cristiana» de Juan Calvino, en donde, en el Libro IV, se habla sobre la «Distinción entre la Iglesia invisible y la Iglesia visible»
...Que tienen el Bautismo como testimonio de su fe; que testifican su unión en la verdadera doctrina y en la caridad con la participación en la Cena; que consienten en la Palabra de Dios, y que para enseñada emplean el ministerio que Cristo ordenó. En esta Iglesia están mezclados los buenos y los hipócritas, que no tienen de Cristo otra cosa sino el nombre y la apariencia: unos son ambiciosos, avarientos, envidiosos, malas lenguas; otros de vida disoluta, que son soportados sólo por algún tiempo, porque, o no se les puede convencer jurídicamente, o porque la disciplina no tiene siempre el vigor que debería. Así pues, de la misma manera que estamos obligados a creer la Iglesia, invisible para nosotros y conocida sólo de Dios, así también se nos manda que honremos esta Iglesia visible y que nos mantengamos en su comunión. (Institución de la Religión Cristiana, libro IV, capítulo 1, inciso 7).[mfn]http://www.iglesiareformada.com/Calvino_Institucion_4_1.html[/mfn]  
En resumen, históricamente, estos tres principios son:
  1. Una correcta predicación de la Biblia.
  2. La adecuada celebración de los sacramentos.
  3. El ejercicio efectivo de la disciplina eclesiástica.
Estos elementos funcionan como un trípode: si falta uno, el conjunto se desestabiliza. De igual manera, si una iglesia carece de alguno de estos aspectos, deja de ser considerada como tal en el sentido estricto del término.

Esto significa que ¿una iglesia puede tener una predicación expositiva de la Biblia pero, si no ejerce la disciplina o no celebra las ordenanzas correctamente, deja de ser iglesia? Así es, aunque no sea lo más común, es una posibilidad.

Es alentador que hoy en día existan cursos sobre predicación expositiva; he asistido a varios y tengo numerosos libros de referencia sobre el tema. Sin embargo, también he observado que es posible elaborar un «sermón decente», mantener un canal de YouTube y, aun así, la iglesia podría carecer de las otras dos características fundamentales.

He constatado que, más allá de una predicación sólida, muchas iglesias bautizan a personas sin cumplir con los requisitos bíblicos o administran la Cena del Señor a incrédulos con muy pocos filtros. Pero lo más frecuente es la falta de disciplina eclesiástica, lo que implica una membresía desordenada y dejar el pecado sin corregir.

Ignorar  eclesialmente corregir el pecado es tan grave como predicar una herejía desde el púlpito.

Esto era parte del problema en la iglesia de Corinto (1 Corintios 5:1-13).

En una era dominada por las redes sociales, y con iglesias publicando predicaciones de todo tipo en línea, cada vez soy más consciente de que no se debería recomendar una iglesia basándose solo en lo que se ve en YouTube o Facebook, o en sermones de podcasts. Aunque a veces parezca la única opción, estoy convencido de que es mejor conocer la iglesia y a sus pastores personalmente. Con tiempo y discernimiento, se puede evaluar si cumple con los otros dos criterios mencionados.

Mi iglesia también publica predicaciones en YouTube, pero la práctica correcta de las ordenanzas y la disciplina se verifica internamente.

Creo que hay un paralelismo con Romanos 10:9, donde la iglesia «proclama con su boca» (a través de las predicaciones en redes sociales) y «cree con el corazón» (viviendo la doctrina que enseña).

Seamos honestos: si alguien puede elaborar un convincente testimonio de conversión, elocuente y sin fisuras, pero su vida contradice su profesión de fe, ¿deberíamos aceptarlo como miembro? Claramente, no.

De igual manera, muchas iglesias parecen contradecir con su práctica eclesial lo que predican.

Como podemos ver, la predicación es importante, pero es solo uno de los tres pilares que sostienen la definición de una verdadera iglesia.

martes, 9 de enero de 2024

Superhéroes de la teología en redes sociales

Hoy en día hay una gran cantidad de gente que ha conocido la Teología Reformada, o un parte de ella en lo que se denomina: “Las doctrinas de la gracia”. Estas doctrinas, como sabemos, comprenden el evangelio de la salvación en Cristo de una manera bíblica e histórica, diferente al “evangelio diluido” y humanista que se predica en nuestro tiempo. Mucha gente empezó a darse cuenta de la apostasía actual, y es así que empezó a denunciarla por las redes sociales, apuntando a falsos maestros, señalando el error de la teología de la prosperidad, del falso movimiento profético, etc.

Haciendo un resumen de sus vidas, pareciera que son los paladines de la justicia, una especie de superhéroes que luchan aquí y allá contra el error doctrinal. Abren un blog, postean en Facebook, escriben en Twitter, luchan acaloradamente en aquel grupo de enseñanza arminiana, compaginan videos, citan frases cristianas célebres, recomiendan libros, condenan otros autores, denuncian a los falsos apóstoles y luego de un día de “acalorada lucha teológica”, se sientan en su sofá y con una sensación de satisfacción y una sonrisa en los labios, dicen: -Hoy he hecho la obra de DiosEs como si fuera aquel “Batman” que luchó contra todos los villanos, salvando el día, y que luego se recluye en el anonimato de su baticueva. Si tú eres unos de estos superhéroes de la teología, ten la sinceridad delante del Señor de contestar estas sencillas preguntas:

1- ¿Has buscado congregarte en una iglesia que sostenga los principios que tú mismo dices sostener?

1ra Timoteo 3:15 nos dice que la iglesia es “columna y apoyo de la verdad”. No dice la Biblia que una persona sola sea esto. La iglesia está compuesta por individuos que Cristo salvó en su gracia y, en forma unida, ellos sostienen esa verdad ante el mundo que no conoce a Dios.

2- ¿Has pensado que tu vida necesita una disciplina y un consejo pastoral?

Yo sé que es más fácil permanecer en el anonimato. Nadie ve tu vida, puedes ocultar tus pecados, o quizá seas demasiado orgulloso para sujetarte al consejo de un hermano. Pero déjame decirte que Dios puso pastores y líderes para guiar a otros creyentes (Hebreos 13:17). Buscar una iglesia, no es buscar una “cobertura” para tus ideas teológicas. Es cumplir un mandato bíblico básico. Es la humildad de someterse a otros hermanos en la fe, como al Señor.

3- ¿Has pensado que necesitas estar en “un cuerpo” con verdaderos hermanos en la fe?

Cualquier creyente de verdad, siente un impulso ineludible de estar en comunión con otros hermanos en la fe. Quien no siente esta necesidad tendría que empezar a preguntarse si su cristianismo es solo algo mental, como quien adopta una idea política y lucha por ella.  Pero sabemos que en un creyente verdadero, su experiencia parte de un cambio de corazón, de una obra regeneradora del Espíritu Santo. ¿En qué conocemos que hemos pasado de muerte a vida? En que amamos a los hermanos (1ra Juan 3:14). ¿Cómo puedes en tu aislamiento desarrollar el “fruto del Espíritu”? ¿Te mirarás a ti mismo al espejo para practicar la tolerancia, la paciencia, la bondad o la fe?

4- ¿Cómo y dónde celebras la Cena del Señor?

Uno de los pilares de la iglesia cristiana es el memorial de la Cena del Señor (junto a la predicación de la Palabra y la adoración). El bautismo y la Cena del Señor  son medios de gracia para fortalecer la fe del creyente, pero celebrándose en medio de un cuerpo, es decir, una iglesia local (Cap. 31 Confesión de Westminster, cap .30 Confesión de Fe Bautista de 1689). La Cena del Señor es un acto de unidad  (Comp. 1ra Corintios 11:20). ¿Cómo afrontas esto en tu individualidad? ¿Dónde está la comunión que te plantea las Escrituras?

5 - ¿Cómo adoras y recibes la Palabra sin congregarte?

Cristo no nos dice: - ¡Cuando dos o tres estén conectado a Internet en mi nombre, yo me hago presente! La Biblia dice en Mateo 18:20:  -Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos. Dios es omnipresente, pero hay una presencia y bendición especial cuando su iglesia se congrega en Su nombre. La iglesia no es cuatro paredes, como tampoco lo es tu propia casa. La iglesia son los redimidos por Cristo, y donde estos se reúnan para adorar a Dios y predicar su Palabra, allí estará el Señor.

6- ¿No hay ninguna iglesia sana doctrina cerca?

De la misma manera que no tienes un hospital a la vuelta de tu casa (bueno, hay excepciones), no pienses que encontrarás una iglesia que sea bíblica tan cerca. Mucha gente se traslada de una ciudad a otra para recibir u tratamiento médico por cuestiones de su cuerpo, ¿Acaso el alma y el reino de Dios no son más importantes? Yo sé que es más fácil conectarte a tu computadora que viajar dos horas. Pero te recuerdo que muchos mártires han dado su vida por Cristo y por su Palabra. Creo que cualquier incomodidad de un viaje siempre será menos doloroso que morir en la hoguera por causa del evangelio. Muchas veces el celo por denunciar el error de otros no se canaliza en un celo de uno mismo por el Señor. El celo por la casa de Dios consumió a nuestro Señor (Juan 2:17), en el sentido de un deseo vivo y santo. Aquellos que están engañados en el error muestran una gran devoción por sus líderes e iglesias ¿No debería mostrar un celo mayor aquel que está supuestamente en la verdad?

7- ¿No crees en las iglesias?

Mucha gente decepcionada dice: -No creo más en las iglesias. Resulta que la iglesia es la esposa de Cristo. No puedes odiar a su iglesia y amar al mismo tiempo a Cristo, su esposo, ya que él la amó y se entregó en la cruz por ella (Efesios 5:5). Si bien hay una iglesia “invisible” compuesta por los creyentes de todos los tiempos, no obstante Dios se manifiesta visiblemente a través de iglesias locales. Estos son creyentes con imperfecciones, fallas, y con algunas cosas decepcionantes… ¡Nada diferente a ti!

 En resumen

Estas cosas que te he nombrado son el A,B,C de un creyente para que crezca sano en la fe. ¿Cómo quieres decirle a los demás que corrijan sus errores doctrinales si tú no obedeces al Señor en estos puntos básicos?  No puedes pretender que los demás entiendan el X-Y-Z  de la sana doctrina cuando tú no tienes en tu vida el A,B,C . Cristo busca siervos, no superhéroes de la doctrina. Gente que se rinda a sus pies como Pablo, y digan: -¿Qué quiere que hagas Señor? (Hechos 9:6). Necesita gente que se comprometa con una iglesia local, y que predique el evangelio “en un cuerpo”, y no que se comporte como un  miembro suelto, sin cabeza y sin cuerpo.

Estimado amigo:

Te invito a que cambies intrepidez por sujeción a Dios y a su Palabra. Alta teología por las primeras obras (el A,B,C). El deseo de  ser superhéroe de la doctrina por ser un humilde siervo de Cristo. ¿Quieres ser un siervo de Cristo que luche por su causa? ¡Conoce a Cristo, sujétate a Cristo, ama a Cristo y sigue a Cristo! Pero ya no más desde el anonimato de tu reclusión, sino desde la compañía de hermanos de una iglesia local.

¡Eres bienvenido/a al pueblo de Dios! y a conocer a otros ex-superhéroes... que supieron colgar su capa a tiempo, y que siguiendo el ejemplo de su Maestro, han tomado la toalla y el recipiente de agua, para lavar los pies de sus hermanos. (Juan 13:5)

sábado, 30 de diciembre de 2023

PAUTAS PARA IMPARTIR EL CATECISMO BAUTISTA

UNA PRÁCTICA SALUDABLE EN EL CULTO

La iglesia bautista reformada adopta un catecismo basado en la Declaración de Fe de Londres de 1689. Como pastor, considero altamente beneficioso integrar en nuestro culto dominical principal una exposición breve, no mayor a 15 minutos, centrada en una pregunta del catecismo. Esta actividad, lejos de reemplazar el sermón principal, se enmarca dentro de la regulación de la adoración como «exposición de la Palabra de Dios». El catecismo sirve para repasar sistemáticamente los aspectos clave de nuestra confesión de fe, arraigándolos en la mente y el corazón de los creyentes. Esta tarea puede ser llevada a cabo por hermanos calificados, maestros bíblicos o los ancianos de la iglesia. Es importante recordar que exponer completamente el catecismo toma aproximadamente dos años, lo que permite reiniciar el ciclo con diferentes énfasis y abordando otros versículos de cada pregunta. Esta práctica fortalece la formación de nuestra congregación en la sana doctrina.

MATERIALES RECOMENDADOS

Disponemos del catecismo reeditado por Charles Spurgeon, más simplificado, con 82 preguntas y sin desarrollo adicional. Puede descargarse la versión de Chapel Library aquí: DESCARGAR PDF Como alternativa, la edición de Legado Bautista Confesional ofrece el catecismo de 1752 de Benjamin Beddome, que incluye desarrollo tras cada respuesta. Este contiene 114 preguntas. DESCARGAR PDF Ambos materiales son recomendables para emprender la tarea.

PAUTAS PARA IMPARTIR EL CATECISMO BAUTISTA

A continuación, presento algunas pautas sugeridas para la impartición del catecismo en el culto principal. Cabe destacar que estas recomendaciones están diseñadas específicamente para el culto principal y no para estudios bíblicos u otras actividades, enfocándose en la concisión adecuada para el culto. 1- SELECCIÓN DE UN VERSÍCULO CLAVE

Frecuentemente, el catecismo presenta hasta 5 versículos en una respuesta. Es fundamental escoger uno, convirtiéndolo en el "foco central" de nuestros 15 minutos. Abordar múltiples textos en un lapso breve puede resultar en una retención menor por parte del oyente. Además, nuestro objetivo no es impartir una clase de teología exhaustiva, sino transmitir un mensaje que resuene en la audiencia con un pensamiento concreto y significativo. Deberíamos realizar una exégesis del versículo seleccionado, enfocada en responder la pregunta de la confesión, evitando desviarnos hacia otros temas o implicaciones del versículo.

2- UTILIZACIÓN DE UNA ILUSTRACIÓN

Para reforzar el tema central, es crucial emplear un ejemplo, relato o anécdota. Esta es quizás la parte más desafiante en la preparación del catecismo, ya que la ilustración será el elemento que solidifique en la mente del oyente la verdad bíblica que deseamos comunicar.

3- CONTEXTUALIZACIÓN HISTÓRICA DEL TEMA

Es importante situar el tema tanto en el marco amplio de la redención, como en cómo esta verdad fue abordada en el contexto histórico del cristianismo (por ejemplo, los Padres de la Iglesia, los concilios, la Reforma, siglos pasados o la actualidad). Mientras que la "ilustración" representa una instantánea, la "contextualización histórica" ofrece una panorámica de la enseñanza en cuestión.

4- CONEXIÓN CON NUESTRA CONFESIÓN DE FE

Es esencial explicar, a modo de resumen, cómo esta pregunta específica de la confesión se integra en el marco global de lo que afirmamos en la Confesión de Fe Bautista de 1689. Debemos enfocarnos en qué doctrina general estamos subrayando, es decir, transitar de lo específico a lo general en la exposición del catecismo.

jueves, 23 de noviembre de 2023

La iglesia emergente: El deseo de ser relevante sin un mensaje bíblico relevante

Quizás nunca hayas oído hablar del movimiento de la iglesia emergente, de la misma forma en que a veces pasan desapercibidas las tendencias en la moda: aunque no estemos directamente atentos a ellas, gradualmente van modificando nuestro entorno y, a veces, incluso nuestras propias elecciones. Si bien hay iglesias que se identifican explícitamente con la iglesia emergente, sus influencias han ido impregnándose en muchas congregaciones y denominaciones desde el siglo XX hasta el presente. Así, muchas iglesias pueden estar adoptando características de lo «emergente» sin estar plenamente conscientes de ello.

¿Qué propone el movimiento de la iglesia emergente?

Básicamente, propone conectar con las personas y compartir el mensaje de Jesús a través de un impacto cultural (ser culturalmente relevante). Si bien no negamos que para compartir el Evangelio hay que mezclarse con la gente como lo hizo Jesús, advertimos que de nada vale conectar con las personas si no tienes un mensaje claramente fundamentado en la Biblia para compartirles.

La iglesia emergente rechaza por tendencia toda estructura de iglesia, no quiere «atarse» a confesiones de fe y credos. Para ellos, la iglesia organizada ha fracasado por no incursionar en el mundo, y la nueva modalidad es llegar a la cultura actual con cosas que le interesen. Una vez que logras captar la atención y mezclarte con ellos, le compartes el mensaje (según dicen).

Los locales de cultos son ahora ambientados para hacer que la gente  se sienta cómoda  y el mensaje o predicación es sustituido por una «comunicación conversacional». Quizá no entiendas del todo esta tendencia, así que te pondré lo que es la iglesia emergente en algunos ejemplos.

¿Cómo son los cultos emergentes?

  • Las reuniones tienen que verse como casuales e informales.
  • La incorporación de cómodos sofás, una iluminación tenue, y disponer de sillas orientadas en un sentido «no tradicional».
  • El ambiente se tiene que ver más como un bar-café que como un lugar de culto.
  • Se mezclan bibliotecas con pantallas multimedia y espacios para dialogar (al mejor estilo co-working).
  • Utilizan todo el multimedia posible con fines impresionistas (eso atrae a la gente y deleita los sentidos).
  • Centran la adoración en un momento de melodías con una banda acústica.
  • Muchas veces acuden algunas velas y sahumerios para ambientar.

¿Cómo se comparte "el mensaje"?

  • Si se tiene lo que se llama «sermón» (¡qué antiguo!) que no exceda los 20 minutos.
  • Lo que importa es el diálogo y las relaciones interpersonales.
  • El mensaje es el espacio para comunicarse.

¿Qué actividades tienen?

  • Están por lo general muy abocados a tareas sociales ¡es bueno que todos tengan algo para hacer!
  • El teatro por lo general es algo que va en sustitución de un mensaje predicado.
  • Proyección de películas como método alternativo al estudio bíblico.
  • Espacio para compartir por edades, motivados especialmente por juegos y actividades lúdicas.
  • La coreografías y solos musicales también son importantes.

¿Te suena familiar?

Básicamente el movimiento emergente está orientado al hombre posmoderno, que valora el entretenimiento por encima de las grandes verdades de la vida. Que prefiere pasar un buen rato, antes que examinar su alma. El movimiento emergente inventa un Jesús a la medida del hombre moderno. La iglesia antes que lidiar con el pecado y exponer el mensaje de la cruz se parece más a un «SPA espiritual» donde toda la buena energía fluye en pro de mejorar las vidas. La pregunta es: ¿en realidad las vidas cambian?

Volvamos a la Biblia, eso es relevante

Imagínate por un momento una iglesia que hace lo siguiente, ¿la consideras culturalmente relevante?
  • Tiene en claro que la iglesia se reúne para dar culto a un Dios santo, que merece reverencia para amarlo de todo corazón, toda la mente y las fuerzas (Marcos 12.30).
  • Que entiende que Dios ha dejado explícito en su Palabra que la oración, el canto congregacional, la lectura de la Biblia, la predicación y la Cena del Señor son elementos suficientes y necesarios del culto bíblico.
  • Que el ministerio principal es la exposición de las Escrituras, que son suficiente para la salvación de los pecadores y la edificación de los salvados (2 Timoteo 4:2)
  • Que insta a sus miembros a compartir el mensaje de Jesús a toda persona, por lo que el Evangelio es, sin cebos o carnadas artificiales. Que no se avergüence del Evangelio de Cristo tal como es (Romanos 1:16).
  • Una iglesia que puede definir por escrito (confesión de fe) lo que cree, que no improvisa los fundamentos de su fe.
  • Que tiene la estructura que la Palabra de Dios requiere de diáconos y pastores (1 Timoteo 3) y que hay una membresía visible y comprometida con Cristo.
  • Una iglesia que discipula a las personas a través de la Biblia y que las actividades sociales son una consecuencia natural de la vida en Cristo y no "la causa" para conectar unos con otros.
  • En definitiva, una iglesia centrada en Cristo y su Evangelio, y no en la cultura de la época.
No sé cuánto has sido afectado/a por la tendencia de la iglesia emergente.

Pero notarás que cuando una iglesia se centra en la Palabra de Dios y no en la cultura, recién allí la vida de sus miembros cobra una «santidad y madurez relevantes».

Como alguien dijo: El Evangelio no es antiguo ni moderno, sino eterno.

¡Y una iglesia que priorice este Evangelio será relevante para Dios y para el mundo!

jueves, 12 de octubre de 2023

¿Por qué la iglesia evangélica actual necesita una Reforma como hace 500 años?

O haced el árbol bueno y su fruto bueno, o haced el árbol malo y su fruto malo; porque por el fruto es conocido el árbol. (Mateo 12:33)
 

La primera reforma: "Protestando contra el catolicismo romano"

Cuando hablamos de la Reforma del siglo XVI, personas como Martín Lutero creían en una reforma de la iglesia católica. De hecho, en las 95 tesis que clavó en la puerta de la abadía de Wittenberg, si bien desataron la polémica de la iglesia católica por el tema de la venta de indulgencias, eran, al principio, un poco condescendiente en el sentido que no menciona una ruptura total con la iglesia católica por todos sus males. En tiempo transcurrió y en un muy corto plazo Lutero estaba en la lista negra de la inquisición católica romana. Martín Lutero empezó a predicar de una manera apasionada la justificación solo por la fe, y a denunciar los engaños del catolicismo en una abanico más grande, más allá de la venta de indulgencias (que mencionó en sus tesis). Esto ocasionó, como con todos los reformadores, una salida de la iglesia católica, una separación definitiva. A diferencia de lo que algunos piensan erróneamente, lo que sucedió con los reformadores no fue que quisieron cambiar la iglesia católica romana, sino continuar con la verdadera iglesia católica, en el sentido que católico se entiende por «universal». Es decir, la única iglesia universal de Cristo. Si bien, se lo llama «reforma», no debe ser entendido como alguien que «reforma una casa»derribando paredes, edificando otras, o dándole una mano de pintura para seguir viviendo allí. Es más bien alguien que se fue de casa para nunca mas volver. Por eso, a los que iniciaron el movimiento reformador se los conoce con el término «protestantes», ya que su protesta fue contra la iglesia católica. Más tarde, en América Latina, el cristianismo protestante pasó a denominarse popularmente como "cristianismo evangélico". Muchos evangélicos quieren diferenciarse de los protestantes, como que fueran dos cosas diferentes, pero esto es hacer caso omiso de la historia. La Reforma protestante dio lugar a las confesiones de fe históricas (Westminster, Bautista 1689, Belga etc.) cuyos postulados fueron tomados, más que menos, por la declaración doctrinal de diferentes denominaciones.

La segunda reforma: ¿Una reforma en contra de la corriente evangélica popular?

Si bien el siglo XX fue positivamente un siglo de evangelización en América Latina donde se fundaron muchísimas iglesias producto de la labor misionera, también llegando a finales del siglo hubo una degradación paulatina de la fe evangélica, con falsas doctrinas  que carcomieron a la iglesia "como gangrena" (comp. 2 Ti 2.17). Curiosamente, estas falsas doctrinas y engañadores tienen un paralelismo notable con los problemas que tuvieron que lidiar los reformadores del siglo XVI. Satanás puede cambiar sus estrategias, pero no sus objetivos, que siempre son tratar de pervertir el evangelio.

Hagamos una comparación del engaño católico del siglo XVI con el engaño del "movimiento apostólico y de prosperidad", que infiltra a muchos evangélicos en el siglo XXI. También contemplaremos algunas prácticas neoevangélicas de nuestro tiempo.

10 SIMILITUDES ENTRE EL CATOLICISMO DE SIGLO XVI Y EL NEOEVANGÉLICO DEL SIGLO XXI Católicos XVI: Vendían certificados para perdonar pecados y asegurar la vida eterna (indulgencias). Neoevangélicos XXI: La bendición de Dios es a cambio de pactos de dinero y diezmos. Católicos XVI: El papa era incuestionable e infalible en todo lo que decía. Neoevangélicos XXI: Los falsos apóstoles y pastores no rinden cuentas ni son cuestionados por sus miembros bajo la excusa de "no toques al ungido". Católicos XVI: El clero vivía en la opulencia y el lujo, mientras que la gente vivía en la miseria. Neoevangélicos XXI: Muchos pastores viven una vida avara, llena de dinero que recolecta de la gente, y a esto lo llaman "la bendición de Dios", ignorando el estilo de vida simple y sencillo que vivieron Cristo y sus apóstoles. Católicos XVI: Grandes sumas de dinero eran destinadas a construir imponentes basílicas en pueblos muy humildes con casas precarias. Neoevangélicos XXI: Hay una desmedida ambición por ver quién tiene el templo más grande y lujoso. Católicos XVI: Hacían que las personas confiaran en «reliquias», que eran objetos santificados a los cuales se les atribuía alguna clase de poder. Neoevangélicos XXI: Derraman aceite en un sentido supersticioso, utilizan objetos bendecidos. Católicos XVI: No se predicaba la Palabra de Dios, el sacerdote daba las espaldas al pueblo y pronunciaba una misa en latín. Neoevangélicos XXI: Si bien tienen la Biblia, los pastores dan discursos motivadores carentes de exposición bíblica. Aunque no se hable latín, el pueblo queda sin el beneficio de la predicación expositiva de la Biblia. Católicos XVI: Colocaban la tradición de la iglesia a la misma altura de autoridad que la Biblia. Neoevangélicos XXI: Pastores colocan sus propias profecías y supuestas revelaciones compitiendo con la Biblia misma. La gente toma sus palabras como si fueran de Dios. Católicos XVI: Cualquiera que se oponía o dejaba la iglesia católica era «anatemizado» (maldecido). Neoevangélicos XXI: A cualquiera que se opone a la denominación o iglesia se le quita lo que llaman "la cobertura", con amenazas de caer en manos del Diablo y de recibir maldiciones de todo tipo, manteniendo cautiva a las personas bajo este temor. Católicos XVI: Anti-intelectualismo bíblico: prohibían la traducción y lectura libre de la Biblia bajo el argumento que la gente se iba a confundir. Solo la iglesia católica era la única autoridad para interpretar las Escrituras. Neoevangélicos XXI: Anti-intelectualismo bíblico: bajo la descontextualización de "la letra mata más el Espíritu vivifica", desalientan a las personas en el estudio profundo de las Escrituras diciendo que se es más espiritual al ser guiado por el Espíritu. También hay un temor servil  a las interpretaciones propias de la Biblia por parte del pastor o movimiento. Católicos XVI: Los sacerdotes se ponían como un intermediario entre Dios y la persona con la autoridad de absolver pecados y dictar penitencias. Neoevangélicos XXI: Dependencia excesiva de sus líderes. Muchas veces los pastores amenazan a las personas si no lo obedecen, controlan sus vidas, manipulan sus relaciones familiares y hasta controlan sus finanzas por medio de una rendición de cuenta por parte del miembro. ALGUNOS ERRORES NUEVOS Además de lo mencionado, los neoevangélicos suman una gama diversa de otros errores que se agregan a la lista. Podemos mencionar:
  • Misticismo en sus cultos: hablar en lenguas desordenadamente, borrachera del espíritu, desmayos, expulsión de demonios.
  • Paganismo musical por medio de cantantes y salmistas que se transforman en ídolos para la gente.
  • Pragmatismo: utilizar cualquier medio, show y espectáculos para atraer gente, dejando de lado la suficiencia del evangelio en sí mismo.
  • Sicología: Autoayuda, pensamiento positivo. No se denuncia al pecado como el principal problema de la humanidad.
  • Curanderismo «en nombre de Jesús»: sanidades que no tienen paralelo bíblico con lo efectuado por el Señor Jesús y los apóstoles.

La necesidad de una nueva reforma para volver al verdadero evangelio

Muchos «evangélicos» han dejado el evangelio paradójicamente. La consecuencia de todo lo expuesto anteriormente es que las personas no conocen verdaderamente quién es Dios, sus atributos y el plan salvador en Cristo Jesús. Cuando se les pregunta de su salvación, no hay una idea de sustitución de vida y muerte de Cristo por el pecador. Hay un mal entendimiento de la persona del Espíritu Santo en su función, y la gente no experimenta el nuevo nacimiento porque no le llega la fe que viene por el oír la Palabra de Dios (Romanos 10:17).

Toman a un falso Cristo, hecho a la imagen de los hombres, como alguien que los sana y prospera en su vida física y material. No conocen lo que es ir en humillación a Cristo para pedirle perdón por sus pecados, y si lo hacen es algo tan superficial que no llega a la categoría de cristianismo. No tienen un nuevo corazón, porque no fue regenerado por el Espíritu Santo. Concurren a los cultos y actividades de la iglesia, pero aún viven en el pecado de la avaricia, la lujuria, el engaño. El testimonio personal y de sus hogares no se diferencia del mundo incrédulo, a no ser porque llevan una vida religiosa de diversas actividades sociales. Están siempre «ocupados» en actividades de iglesia, pero nunca «preocupados» por lo que dice la Biblia respecto a todo lo que se enseña y practica en dicha iglesia.

¿Qué deberían hacer aquellas personas que en verdad sienten dolor por estas cosas y están angustiados por las injusticias de este tipo de iglesias? 

Dios llama como en todos los tiempos a sus ovejas con su Palabra, la Biblia. La persona que empieza a estudiar y leer la Biblia en serio, muy pronto se dará cuenta del engaño del lugar donde está. A medida que conocen la verdad de las Escrituras, esa misma verdad los liberta (Juan 8:32). Por el contrario, aquellos que no aman la verdad permanecerán ciegos en este tipo de iglesias (2 Corintios 4:4).

Concluyo con algunas recomendaciones para esta llevar a cabo esta nueva reforma bíblica.

¿Vas a alguna iglesia que ha dejado el evangelio de lado y a Cristo como el centro?
  • Si ves que se quebranta la Palabra de Dios, no calles, sé valiente y testifica a tu iglesia acerca de la verdad del evangelio.
  • Si ves que la gente no cambia su vida (a pesar de creer tener a Cristo en su corazón) háblales del nuevo nacimiento y de la justificación por la fe, estas dos doctrinas siempre han despertado a la iglesia a través de los tiempos.
  • Habla con mansedumbre y firmeza con los líderes y pastores de tu iglesia, si crees que se están desviando bíblicamente.
  • Si crees que hay prácticas incorrectas en la iglesia, no participes de ellas yendo en contra de tu conciencia cristiana y de lo que la Biblia dice; no consientas el error por amoldarte a la mayoría.
  • Estudia la Biblia, ora, y pide la guía de Dios de cómo debes hablarle a tu iglesia para que esta tenga una reforma.
Si todo esto no funciona, a pesar de todos los intentos, sal de esa iglesia, pero que sepan que es por causa de la Palabra de Dios y por tu fidelidad a Cristo y busca un lugar donde haya una iglesia o hermanos de un mismo sentir bíblico. Después de todo, muchos reformadores fueron perseguidos, expulsados de sus comunidades y maldecidos por gente religiosa; pero ellos llevaban el vituperio por causa de Cristo con sumo gozo. Podían enfrentar todos los errores y engaños de Satanás; como decía Lutero:

A menos que yo estoy convencido por la Escritura y la razón normal, mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios. No puedo y no voy a retractarme de nada, porque ir contra la conciencia no sería ni justo ni seguro. Que Dios me ayude. Aquí estoy, no puedo hacer otra cosa.

A 500 años de la primera Reforma, Dios levanta de nuevo una voz bíblica para regresar al verdadero evangelio y la sana doctrina.

¡Feliz 31 de octubre!

Solo Cristo, solo la fe, solo la gracia, solo las Escrituras, ¡solo a Dios la gloria!