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sábado, 19 de septiembre de 2026

¿Por qué una iglesia local debería tener una confesión de fe?


Algunas personas argumentan que una iglesia no debe tener una confesión de fe, pues debe basar su autoridad sólo en la Biblia. El argumento es válido desde el punto de vista de que, por supuesto, la Biblia es nuestra única regla de fe y práctica. Pero, por otro lado, toda iglesia local debe enfrentar tarde o temprano la pregunta: ¿Qué creen ustedes acerca de la Biblia? ¡Y a esto debemos responder con claridad! Una, para afirmar la verdad; otra, para prevenir el error. Una declaración de fe no suplanta a la Biblia, sino que, por el contrario, ratifica sus principios de una manera ordenada, clara y fácil de comprender.

Una iglesia sin una confesión de fe carece de defensas propias, y de un medio claro para repeler los ataques del error. Cuando las confesiones se descuidan o se rechazan, se presenta la oportunidad para que las iglesias se deslicen y caigan en el error y la incredulidad.

A continuación les presento una compilación de los puntos esenciales que toda iglesia o grupo en formación debe tener en cuenta a la hora de considerar una declaración de fe. Para esto nos valdremos de los excelentes comentarios que realiza Robert Paul Martin en su introducción al libro "Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689" por Samuel E. Waldron (libro muy recomendable para aquellos que deseen adoptar la declaración de fe de 1689).

La metodología que presento es: A) Hacer una pregunta. B) Citar el libro mencionado. C) Dar una respuesta concluyente.

1. ¿Por qué es necesario adoptar o tener una declaración de fe escrita?

Por desgracia vivimos en una era donde no se tienen en cuenta los credos, o que está aún en contra de los mismos, y que está marcada por el relativismo existencial, el antiautoritarismo y el aislacionismo histórico (pág. 14).

Respuesta: Es necesario tener algo escrito acerca de lo que creemos como iglesia para enfrentar el relativismo actual que siembra dudas acerca de las verdades bíblicas. La iglesia debe ser columna y apoyo de la verdad, antes que de la ambigüedad (1 Tim. 3:15).

2. Al adoptar una declaración de fe, ¿corremos el riesgo de ponerla a la misma altura que la Biblia?

Las grandes confesiones reformadas no pretenden convertir en verdad algo que no fuera verdad anteriormente; ni se proponen obligar a los hombres a que crean algo que no estén ya obligados a creer sobre la base de la autoridad de la Escritura (pág. 18).

Respuesta: No hay ningún riesgo de que eso pase, si se entiende que la declaración "emerge" de los principios bíblicos y no que compite con ellos como si fuera algo paralelo. No son dos rectas paralelas, sino una línea perpendicular que nace de la Palabra de Dios y recae sobre la confesión de fe.

3. ¿Tener una confesión de fe no atenta contra la "libertad de pensamiento" de la iglesia?

(Muchos), habiéndose rebelado contra la norma superior de la Biblia, no es ningún misterio que se irriten por estar bajo la autoridad inferior de una confesión; habiendo tragado el camello, no es de asombrar que se libren del mosquito con tanta facilidad (...) Cualquier aberración doctrinal o moral puede introducirse en la iglesia bajo el pretexto de "libertad de conciencia" (pág. 19).

Respuesta: La iglesia no se forma de "libre pensadores", sino de personas que se sujetan a la Palabra de Dios. Cada pensamiento humano debe ser llevado cautivo a Cristo (2 Corintios 10:5). Una confesión de fe debe llevarnos justamente a lo que Dios piensa y revela en su Palabra en los aspectos más importantes.

4. ¿No es mejor que nuestro credo sea "interno", es decir, conocido por sus miembros, sin necesidad de que esté escrito?

Todo hombre sabio, antes de unirse a una iglesia, deseará saber cuál es ese credo. Tiene derecho a saber lo que cree la iglesia, y la iglesia tiene derecho a saber lo que él cree. Ahora bien, tener un credo no publicado como prueba de comunión es un desorden, por no decir una deshonestidad. Se deja que cada uno descubra el credo de la iglesia por sí mismo (pág. 23).

Respuesta: Tener un credo interno y no escrito abre la posibilidad de que la doctrina cambie con el tiempo. Además, cualquier persona (o incluso otra iglesia que desea tener comunión) tiene derecho a saber qué se cree en la iglesia a la que se va a unir, o con la que se busca tener compañerismo.

5. ¿Acaso las confesiones de fe no dividen y causan desunión?

Lo que es cierto de la vida dentro de la iglesia local es también cierto de la comunión entre iglesias locales. ¿Qué iglesia, que valora la preservación de su propia pureza doctrinal, así como su propia paz y unidad, podría arriesgarse a una comunión segura con otra entidad sin saber nada de su posición en cuestiones de verdad y error? (pág. 24).

Respuesta: Los fundamentos de la unidad y comunión entre iglesias deben basarse en la Palabra de Dios. La oración de Jesucristo en Juan 17:17 respecto a la unidad fue: "Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad." Las confesiones de fe, por el contrario, unen a las iglesias locales de una misma fe. Pero, por otro lado, trazan una línea de separación con aquellos que están en el error (2 Corintios 6:14).

6. ¿No es la confesión de fe una especie de "camisa de fuerza" que ata a la iglesia?

Respuesta: En realidad ocurre todo lo contrario: una confesión de fe no ata, sino que defiende aquello que se cree. La verdad es que toda iglesia cree en algo, tenga o no una declaración escrita; la única diferencia es que unas lo ponen por escrito con claridad y otras simplemente no lo hacen. Llamar "camisa de fuerza" a una confesión de fe es, en el fondo, preferir la ambigüedad a la claridad, cuando lo que en verdad protege a la iglesia es precisamente saber, sin lugar a dudas, qué es lo que cree y confiesa.

CONCLUSIONES

Hubo muchas confesiones de fe históricas antes y después de la Reforma del siglo XVI. Al ver la historia de cómo se originaron, nos damos cuenta de que cada vez que el error y la herejía querían prevalecer sobre la iglesia del Señor, su pueblo, siguiendo el ejemplo de la asamblea en Jerusalén de Hechos 15, se reunía y plasmaba por escrito las resoluciones bíblicas a las que se llegaba. Esto servía como guía para las generaciones venideras.

Hoy nos encontramos con un gran individualismo autodidacta, que a la hora de formar iglesias toma un poco de aquí y otro de allá, sin prestar atención a lo que Dios hizo en la historia de su iglesia ni a lo que la iglesia hizo para preservar la verdad. No es obligación, pienso, adoptar necesariamente una confesión histórica determinada (aunque sí es recomendable). Pero, a la hora en que una iglesia quiera redactar su propia declaración de fe, necesariamente tiene que prestar atención a la historia de la iglesia, pues de lo contrario podría transformarse en una anomalía histórica. Muchos grupos, con la Biblia en mano y con buenas intenciones, han dado nacimiento a errores camuflados de verdad.

No es casual, además, que muchas de las iglesias que prefieren métodos laxos de membresía y una pobre disciplina eclesiástica sean, con frecuencia, las mismas que huyen de las confesiones de fe. Una confesión clara compromete, define límites y hace visible cuándo alguien se ha apartado de lo que la iglesia confiesa; por eso resulta incómoda para quienes prefieren la vaguedad doctrinal antes que la claridad y la rendición de cuentas.

El examinar las "sendas antiguas", como dice Jeremías 6:16, no es, por supuesto, un examen del antiguo Israel, sino una norma de re-examen para la iglesia a través de los siglos. Para finalizar, mencionaremos algunas de las declaraciones de fe realizadas en la época previa y durante la Reforma.

Una buena confesión —y la honestidad para vivir conforme a ella— puede ser un medio para hacer mucho bien en una iglesia. No es un obstáculo para la obra de Dios, sino un medio para unir a su pueblo en torno a la verdad y evitar la propagación del error. La Biblia es un libro cohesivo, y las doctrinas que en ella se encuentran se integran entre sí para producir un sistema que debe ser recibido y creído. Una buena confesión simplemente expresa, de forma concisa, la verdad que se encuentra en la Escritura, de manera que todo aquel que esté interesado pueda entender exactamente lo que creemos.

Pastor Alejandro David Riff





martes, 28 de julio de 2026

La puerta ancha de una iglesia sin membresía (caso Hillsong)



Mateo 7:13 Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella.

¿A qué nos referimos con «membresía supervisada»? Es una manera de decir que Dios ha llamado a la iglesia local no a tener «meros asistentes», sino miembros que son los que representan el «cuerpo de Cristo» (1 Corintios 12:27), y que antes de llegar a ser miembros pasan por un proceso de examen que determina si son verdaderos creyentes o no. Se examina: si hubo un genuino arrepentimiento de pecados; si hubo un cambio de vida; si comprende el evangelio; si entiende la persona de Cristo y su obra en la cruz; si ha puesto la fe en Jesús como su Salvador, etc.

Dicho de manera más simple: para ser miembro de la iglesia (y representar bíblicamente a Jesús) es necesario haber nacido de nuevo (Juan 3:3), y es deber de la iglesia local confirmar la profesión de fe de las personas y, más adelante, bautizarlas de acuerdo a su genuino cristianismo (Marcos 16:16).

No se puede aprobar a alguien como miembro del cuerpo de Cristo en una iglesia local si la persona no se identifica plenamente con Cristo.

Pero en una gran mayoría de iglesias denominadas «evangélicas» la membresía supervisada no existe; simplemente llaman «miembro» a personas que asisten regularmente. Tal es el caso de Hillsong, que tomamos como «el modelo promedio» de las falsas iglesias que ocultan el camino angosto del que habló Jesús, para presentar un falso cristianismo con una ancha entrada donde no hay corrección personal del pecado.

EL DOBLE ESTÁNDAR DE HILLSONG

Por poner un ejemplo: ¿Puede una persona homosexual ser miembro de su iglesia? Esto opina Brian Houston, expastor (que abandonó su cargo por encubrir abusos sexuales de otras personas) y fundador de Hillsong, cuyo artículo se mantiene al menos en su sitio web como algo vigente de la teología hillsongniana.

Así que, si eres homosexual, ¿eres bienvenido a la iglesia Hillsong? ¡Por supuesto que sí! Eres bienvenido a asistir, adorar con nosotros y participar como miembro de la congregación con la certeza de que estás personalmente incluido y aceptado en nuestra comunidad. Pero (aquí es donde la cuestión se vuelve agravante): ¿puedes tener un papel activo en el liderazgo? No.

El doble estándar que presenta Hillsong es: «no puedes ser líder, pero sí puedes ser miembro».

Preguntamos a la teología Hillsong:

¿QUÉ ES ADORAR?

¿La acción de adorar es una acción que nace de la persona o es necesario tener un corazón transformado primero por Cristo? La Biblia nos dice que los verdaderos adoradores adoran en espíritu y verdad (Juan 4:24). Sin la verdad del evangelio que transforma vidas no es posible adorar. Adorar no es levantar las manos y cantar canciones con sentimiento (de eso se trata Hillsong y otras iglesias), sino que la verdadera adoración parte del nuevo nacimiento.

¿Es que acaso no puede venir a la iglesia alguien homosexual y cantar? (Preguntará alguno). (*Aclaración: Las personas homosexuales son bienvenidas a la iglesia a escuchar el evangelio. Señalar este pecado, como otros, no es falta de amor, sino mostrar el camino de salvación en Cristo). Sí puede asistir, pero eso no incluye que sea un miembro que representa a Jesús (como se convalida en Hillsong). ¿Quién le dirá a este tipo de personas que su pecado ofende a Dios y que necesitan arrepentirse cuando ya son tácitamente aceptados como miembros en este tipo de iglesias?

¿QUÉ ES SER INCLUIDO Y ACEPTADO?

Significa que la «inclusión» es decirle al homosexual: «¡Eres parte del cuerpo de Cristo!» (a pesar de que la Biblia dice claramente en 1 Corintios 6:9 que los afeminados y los que se echan con varones no heredarán el Reino de Dios). ¿Cómo se le puede decir a alguien que es miembro de la iglesia de Cristo en la tierra, cuando no lo será en el cielo? Es una contradicción en sí misma.

¿Qué significa ser aceptado? ¿Se llamará pecado al pecado? ¿Las personas participan de la Cena del Señor a pesar de que persisten en la incredulidad? De hecho, en este tipo de iglesias cualquiera participa de la Cena del Señor indignamente sin discernir «el cuerpo del Señor» (1 Corintios 11:29). Es una invitación abierta a la falta de discernimiento.

LAS IGLESIAS SIN MEMBRESÍA SUPERVISADA CRECEN FÁCILMENTE... PERO

Lo hacen simplemente porque ocultan las demandas de la puerta estrecha que lleva a la vida.

Si escuchas una predicación de Hillsong encontrarás algunas cosas buenas, pero nunca una confrontación clara con el pecado y la necesidad de arrepentimiento. Irán más por el camino de «Dios tiene un propósito para tu vida», sin llegar a la raíz de que el pecado es una ofensa contra Dios. El arrepentimiento que ofrecen es superficial. Eres una víctima del pecado más que un enemigo de Dios que necesita ser reconciliado por la muerte de Cristo en la cruz (Colosenses 1:21).

En las iglesias tipo Hillsong no hay una denuncia del pecado clara en lo general, y no hay supervisión alguna del pecado en lo particular.

Es la bienvenida a la puerta ancha y al camino espacioso que lleva a la perdición. Se satisface la religiosidad de muchos, sí, ¡pero a expensas de ocultar las advertencias en contra del pecado y la doctrina del nuevo nacimiento!

El fornicario de 1 Corintios 5:1 podría ser miembro sin problemas en una iglesia tipo Hillsong, donde sería incluido y aceptado (tal como hicieron los corintios erradamente). ¿Pero cuál fue la actitud bíblica del apóstol Pablo? (1 Corintios 5:13: «Pero a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros»). ¡Pablo no sería considerado para el liderazgo de Hillsong por ser una persona «juzgadora»!

Lamentablemente, las iglesias que no tienen membresía supervisada no son iglesias en el sentido bíblico del Nuevo Testamento y aseguran un falso cristianismo al quitar las demandas de la puerta estrecha.

El Señor Jesucristo dijo:

Mateo 7:14 Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.

viernes, 3 de julio de 2026

¿Conectas tu teología con tu vida diaria?




Tener una mala teología en una iglesia se traduce en vidas que no están centradas en Dios. Cuando una comunidad no tiene como eje la Palabra de Dios, sino «otro tipo» de repertorios, es de esperar que sus miembros no tengan como prioridad la santificación ni el seguir a Cristo con fidelidad.

Pero, ¿qué pasa si asistes a una iglesia doctrinalmente sana? ¿Se podría decir que la teología que recibes de la Biblia va en consonancia con el crecimiento y la madurez de tu vida espiritual? Si están casados, ¿reflejan sus matrimonios la relación entre Cristo y la iglesia? (Efesios 5:25). Si estás soltero, ¿te estás ocupando de las cosas del Señor, libre de otros compromisos mayores? (1 Corintios 7:32).

Si la teología no está conectando con tu vida diaria, aquí te compartimos tres razones de lo que puede estar pasando en el corazón:

1. Incredulidad

«¡Pero yo no soy incrédulo!», podrías objetar. Es verdad, has creído en Cristo como Salvador, pero quizá te quedaste solo con la fe del inicio y olvidaste que «el justo por la fe vivirá». Tal vez no estás teniendo en cuenta que las palabras sanas que recibes en la iglesia deben llevarte a un examen personal, a una buena toma de decisiones o a la renuncia de pecados específicos.

Este fue el gran problema de los israelitas: ellos tenían a los mejores «predicadores» (los profetas) de parte de Dios, pero su error fue que «no les aprovechó la palabra oída, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron» (Hebreos 4:2). Se pueden oír sermones excelentes, como si el mismo apóstol Pablo estuviera en el púlpito, y, sin embargo, llevar una vida espiritual mediocre que no se diferencia mucho de la de un incrédulo. El problema es un corazón endurecido que no cree lo que Dios dice u ordena; por eso no obedece. La obediencia es el fruto de la fe en Cristo. ¡Además de creer en Él, debemos creerle a Él!

2. Falta de devoción privada

¿Te resulta familiar la palabra «devocional»? Se supone que cada día apartamos un tiempo especial para orar y leer la Biblia (junto a otros buenos libros cristianos). Hacer esto predispone el corazón, preparándolo como la tierra labrada que va a recibir la semilla que se introducirá en sus surcos para luego germinar y dar fruto.

La falta de devoción privada durante la semana hace que la semilla de la Palabra, expuesta cada domingo o en cada estudio bíblico, rebote en la dura superficie de un corazón que no está «ejercitado en la piedad» (1 Timoteo 4:7). ¡No descuides tu comunión diaria con Dios!

3. La vorágine diaria y la ansiedad

Si eres creyente, el mundo no debería crecer en tu interior como los espinos que «ahogan» la semilla y la hacen infructuosa (Mateo 13:22; parábola del sembrador). Sin embargo, es fácil que el corazón se cargue día a día con «los afanes de esta vida» (Lucas 21:34), a tal punto que no queda tiempo para meditar en la Palabra recibida.

¿Recuerdas las últimas tres predicaciones de los domingos pasados? ¿En qué te ayudaron los últimos estudios bíblicos de tu iglesia? A menudo nos sentamos, escuchamos, saludamos a los hermanos y regresamos a casa para sumergirnos de nuevo en la vorágine, sin cultivar la semilla de la Verdad en el corazón. Arrancamos el lunes olvidando por completo la exhortación o el aliento bíblico recibido el día anterior. La Escritura nos advierte: «Meditad sobre vuestros caminos» (Hageo 1:7). No dejes que las ansiedades te dominen; en esos momentos, eleva tu corazón a Dios en busca de auxilio. ¡Recuérdale a tu propia alma (como hacía frecuentemente el salmista) la Palabra de Dios!

Conclusión

Si perteneces a una iglesia bíblica y sana, agradécele a Dios por el privilegio de recibir buen alimento y ser cuidado espiritualmente. Mientras muchas almas son «tratadas como mercancía» por predicadores avaros (2 Pedro 2:3), tú estás siendo tratado como una oveja del Señor. ¿No son estas razones suficientes de gratitud para comenzar a conectar Su enseñanza con tu vida diaria?

Santiago 1:23-25
Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, este es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural.
Porque él se considera a sí mismo y se va, y luego olvida cómo era.
Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace.

lunes, 1 de junio de 2026

La falsa doctrina y el "ancla" del activismo




Conozco muchísimos casos en los que las personas que asisten a una iglesia con graves errores doctrinales (movimiento apostólico, falso evangelio de la prosperidad, etc.) no la abandonan porque están «anclados» en alguna actividad.

El Diablo ha sido astuto; no solo ha engañado a muchas iglesias evangélicas con una enseñanza apartada del verdadero evangelio, sino que además ha propuesto actividades (comúnmente llamadas «ministerios») para que las personas queden «ancladas» en rutinas que se consideran un trabajo para el Señor.

Muchos no salen de una iglesia errada porque a ellos mismos o a algún miembro de su familia se les ha confiado una actividad específica. Ya sea que estén (como ellos dicen) en la alabanza, tocando algún instrumento, en el canto, en el cañón proyector, en las luces, en el sonido, o en lo que sea que hagan, parece que esa actividad les ha traído un compromiso moral mayor en sí mismo que la fidelidad a la Palabra de Dios.

Cabe recordar que aquellos que serán rechazados en el «día del juicio» como perfectos desconocidos por parte del Señor, eran personas que estaban «muy activas» en sus iglesias (Mateo 7:22).

Por otro lado, el activismo diario que proponen estas iglesias del error lleva a las almas a una vorágine en la cual quedan mareadas con tantas actividades, alejándolas de sus responsabilidades familiares con la excusa de que «es para el Señor». Pero el mismo Señor dice en 1 Timoteo 5:8: «Y si alguno no tiene cuidado de los suyos, y mayormente de los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo». Así, muchos hombres y mujeres, engañados por este falso activismo espiritual, descuidan la misión primaria que Dios les da en sus hogares y familias.

Esto destruye la comunión con Dios a nivel familiar y, a la larga, se paga con hijos rebeldes que no querrán saber nada de Dios debido al resentimiento de haber quedado en segundo lugar por mucho tiempo.

LA SANA DOCTRINA Y LA ACTIVIDAD

Por la gracia de Dios, muchas personas han escapado de estas iglesias falsas y se han liberado del ancla del activismo. Y al estar en una iglesia sana se preguntan: «¿Y ahora qué hago?».

¡Hay buenas noticias! Justamente la sana doctrina ayuda a diferenciar lo superfluo de lo que realmen
te es importante.

Por supuesto que en la iglesia hay actividades para realizar en cuanto al funcionamiento de su estructura, pero no hay que olvidar cuál es la misión principal: predicar el evangelio (Marcos 16:15).

Si bien la iglesia puede proponer salidas evangelísticas (y quizás de nuevo se esté pensando en el activismo), lo más efectivo es hacerlo cada día en el lugar donde nos movemos. Cristo dijo: «me seréis testigos» (Hechos 1:8), y de eso se trata nuestra principal función como cristianos: mostrar al mundo quién es Cristo. Tenemos una actividad constante para predicar el evangelio, comenzando por nuestra familia y siguiendo por nuestros amigos y compañeros de trabajo.

El que está enfocado en el evangelio, que es la actividad principal de un cristiano, nunca se deprimirá porque no se le asignen otras actividades secundarias.

Estará bien procurar que la música salga «perfecta» en la iglesia, pero si se busca una verdadera fiesta espiritual que trascienda hasta los ángeles del cielo, ¡hay que predicar el evangelio! Lucas 15:7 dice: «Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento».

miércoles, 27 de mayo de 2026

7 Caraterísticas del mensaje de los falsos profetas


 

Mateo 7:15 Y guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, mas por dentro son lobos rapaces.

Jeremías 6:13-14 Porque desde el más chico de ellos hasta el más grande de ellos, cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores. Y curan el quebrantamiento de la hija de mi pueblo con liviandad, diciendo, Paz, paz; y no hay paz.

Me encanta leer a Martyn Lloyd Jones, sus escritos tienen más de medio siglo, pero siguen siendo muy actuales. Esto lo escribió hace mucho tiempo, antes de que explotara el «movimiento apostólico y profético» y la iglesia entrara en la decadencia de nuestros días. Este artículo, tomado de su libro «El Sermón del Monte», servirá para alertarnos acerca de los falsos profetas y sus enseñanzas.

1. El falso profeta omite la verdad

Lo que dicen está bien, pero no incluye esto. Es una enseñanza cuya falsedad hay que detectarla por lo que no dice más bien que por lo que dice. Y precisamente por esto caemos en la cuenta de la sutileza de la situación. Como ya hemos visto, cualquier cristiano puede detectar al que dice cosas abiertamente equivocadas; pero ¿es injusto y poco caritativo decir que la gran mayoría de los cristianos de hoy no parece poder detectar al hombre que parece decir cosas buenas, pero que no dice cosas vitales? En cierto modo, hemos hecho nuestra la idea de que el error es solo lo manifiestamente equivocado; y parece que no entendemos que la persona más peligrosa de todas es la que no enfatiza las enseñanzas adecuadas. El falso profeta es un hombre que no tiene «puerta estrecha» ni «camino angosto» en su evangelio. No hay en él nada que ofenda al hombre natural; agrada a todos. Va con «vestidos de ovejas», es atractivo, agradable a la vista. Presenta un mensaje tan bonito, confortable y consolador. Agrada a todo el mundo y todo el mundo habla bien de él. Nunca lo persiguen por su enseñanza, nunca lo critican con rigor. Tanto los liberales como los modernistas lo alaban, lo alaban los evangélicos, todo el mundo lo alaba. Se hace todo a todos, en este sentido; en sus palabras y acciones no se encuentra la «puerta estrecha», en su mensaje no está el «camino angosto», no hay nada del «tropiezo de la cruz».

2. El falso profeta trata livianamente con el pecado

La enseñanza del falso profeta tampoco subraya la condición radicalmente pecaminosa del pecado y la incapacidad total del hombre para hacer algo por su propia salvación. A menudo, ni siquiera cree en el pecado y, ciertamente, no subraya su naturaleza vil. No dice que todos somos perfectos; pero sí sugiere que el pecado no es grave. En realidad, no le gusta hablar acerca del pecado; solo habla acerca de pecados individuales o específicos. No habla acerca de la naturaleza caída, ni dice que el hombre mismo en su totalidad está caído, perdido y depravado. No le gusta hablar acerca de la solidaridad de todo el género humano en el pecado, y el hecho de que todos hemos pecado y estamos «destituidos de la gloria de Dios». No enfatiza esta doctrina de la «malicia total del pecado», como se encuentra en el Nuevo Testamento. No enfatiza el hecho de que el hombre está muerto «en delitos y pecados», de que no tiene esperanza y es totalmente incapaz. No le gusta esto; no ve la necesidad de hacerlo. Lo que el Señor trata de subrayar es que el falso profeta no dice estas cosas, de modo que el creyente inocente que lo escucha da por supuesto que cree en ellas. La pregunta que se plantea respecto a tales maestros es ¿creen en estas cosas? La respuesta, obviamente, es que no, de lo contrario se sentirían impulsados a predicarlas y enseñarlas.

3. El falso profeta ofrece un consuelo engañoso

El falso profeta siempre es un predicador muy consolador. Al escucharlo da siempre la impresión de que no hay muchas cosas malas. Admite, desde luego, que algo malo hay; no es lo bastante necio para decir que no hay nada malo. Pero dice que todo va bien y todo irá bien. «Paz, paz», dice. «No escuchen a alguien como Jeremías», exclama; «es de mente estrecha, es un cazador de herejías, no tiene espíritu cooperador. ¡No lo escuchéis, todo está bien!». «Paz, paz». Cura «la herida de la hija de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz». Y, como agrega el Antiguo Testamento en forma aplastante y diciendo una verdad tan aterradora respecto a la gente religiosa de entonces y de ahora, «mi pueblo así lo quiso». Porque nunca los perturba y nunca los hace sentir incómodos. Uno sigue como está, todo está bien, no hay que preocuparse acerca de la puerta estrecha, ni del camino angosto, ni de esta doctrina específica o de aquella. «Paz, paz». Muy consolador, muy tranquilizante; siempre es así el falso profeta, en su vestido de oveja; siempre inofensivo y agradable, siempre, invariablemente atractivo.

4. El falso profeta le rehúye a la doctrina bíblica

Diría que se manifiesta en general en una ausencia casi total de doctrina en cuanto tal en el mensaje. Siempre habla con vaguedades y en forma general; nunca desciende a detalles doctrinales. No le gusta la predicación doctrinal; siempre es muy vaga. Pero alguien quizá pregunte: «¿Qué quiere decir con esto de descender a detalles doctrinales y cómo se relaciona esto con la puerta estrecha y el camino angosto?». La respuesta es que el falso profeta muy raras veces nos dice algo acerca de la santidad, la justicia y la ira de Dios. Siempre predica acerca del amor de Dios, y nunca menciona las otras cosas. Nunca hace temblar a nadie cuando habla de este Ser santo y augusto con el que todos debemos enfrentarnos. No dice que no crea en estas verdades. No; no es esa la dificultad. La dificultad es que no dice nada acerca de ellas. No las menciona para nada. En general, subraya solamente una verdad acerca de Dios, y es el amor. No menciona las otras verdades que figuran de forma igualmente destacada en la Biblia; y ahí está el peligro. No dice cosas que sean obviamente verdaderas y justas. Y por esto es falso profeta. Ocultar la verdad es tan reprochable y condenable como proclamar una herejía completa; y por esto, el efecto de tal enseñanza es el de un «lobo hambriento». Es muy agradable, pero puede conducir al hombre a la destrucción porque nunca se le plantea el problema de la santidad y la justicia y la ira de Dios.

5. El falso profeta no habla del juicio de Dios

Otra doctrina que el falso profeta no enfatiza nunca es la del juicio final y el destino eterno de los condenados. En los últimos cincuenta o sesenta años, no se ha predicado mucho acerca del juicio final, y tampoco acerca del infierno y de la destrucción eterna de los malvados. No, a los falsos profetas no les gustan enseñanzas como las que contiene la Segunda Carta de Pedro. Han tratado de negar su autenticidad porque no cuadran con su doctrina. Dicen que ese capítulo no debería estar en la Biblia. Es demasiado fuerte y agresivo; pero ahí está. Y no es un caso aislado. Hay otros. Leamos la Carta de Judas, leamos al así llamado suave apóstol del amor, el apóstol Juan, en su Primera Carta, y encontraremos lo mismo. Pero también está aquí en este Sermón del Monte. Sale de la boca del Señor mismo. Él es quien habla acerca de los falsos profetas con vestimenta de oveja que son como lobos rapaces; Él es quien los describe como árboles corruptos y malos.

6. El falso profeta no habla en profundidad de la cruz de Cristo

El falso profeta habla acerca de «Jesús»; incluso, se complace en hablar de la cruz y de la muerte de Cristo. Pero la pregunta vital es, ¿qué idea tiene de esa muerte? ¿Qué idea tiene de esa cruz? Se enseñan puntos de vista que son totalmente herejes y niegan la fe cristiana. La prueba definitiva es esta: ¿se da cuenta de que Cristo murió en la cruz porque fue la única manera de expiar y hacer propiciación por el pecado? ¿Cree también que Cristo fue crucificado en la cruz en lugar suyo, que llevó «en su cuerpo sobre el madero» su culpa y el castigo de su culpa y su pecado? ¿Cree que si Dios no hubiera castigado su pecado allá, en el cuerpo de Cristo en la cruz, y lo digo con reverencia, ni siquiera Dios le hubiera podido perdonar? ¿Cree que fue solo enviando a su propio Hijo como propiciación por nuestros pecados, en la cruz, que Dios pudo ser «el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús» (Romanos 3:25-26)? Hablar simplemente acerca de Cristo y de la cruz no basta. ¿Es la doctrina bíblica de la expiación penal y vicaria? Esta es la forma de probar al falso profeta. El falso profeta no dice estas cosas. Habla en torno a la cruz, no de la cruz. Habla acerca de los que estaban en torno a la cruz y habla de forma sentimental acerca de nuestro Señor, nada sabe acerca de la «ofensa de la cruz» de Pablo. Su predicación de la cruz no es «para los gentiles locura» ni «para los judíos ciertamente tropezadero». A través de su filosofía, le ha quitado todo efecto a la cruz. Ha hecho de ella algo maravilloso, una filosofía estupenda de amor y sentimiento, debido a que el mundo no está interesado en otra cosa. Nunca la ha visto como una transacción tremenda y santa entre el Padre y el Hijo, en el cual el Padre ha hecho que su Hijo sea «pecado por nosotros», y ha colocado sobre él nuestra iniquidad. En su enseñanza no se encuentra nada de esto, y por esto es falsa.

7. El falso profeta no te lleva al arrepentimiento para salvación

Tampoco enfatiza el arrepentimiento en un sentido real. Presenta una puerta muy ancha que conduce a la salvación y un camino muy espacioso que conduce al cielo. No hay por qué percibir mucho la condición pecadora de uno; no hay por qué tomar conciencia de la negrura del propio corazón. Simplemente, hay que decidirse por Cristo y unirse a la multitud; se añade el nombre propio a la lista, y pasa a ser una de las muchas «decisiones» acerca de las que informa la prensa. Es muy distinto del evangelismo de los puritanos y de John Wesley, George Whitefield y otros; aquel evangelismo conducía al temor del juicio de Dios, y a la angustia del alma, a veces por días, semanas y meses. John Bunyan nos dice en su escrito «Gracia abundante» que durante dieciocho meses sufrió la agonía del arrepentimiento. Hoy día no parece que haya mucha posibilidad de esto. Arrepentimiento significa darse cuenta de que se es culpable, pecador vil en la presencia de Dios, que se merece la ira y castigo de Dios, que uno camina hacia el infierno. Significa que se comienza a percibir que eso que se llama pecado está en uno, que se anhela liberarse de ello, que se le vuelve la espalda, cualquiera que sea, al mundo tanto en forma de pensar, como en perspectiva, como en práctica, y se niega uno a sí mismo para tomar la cruz y seguir a Cristo. Quizá haya que sufrir económicamente, pero no importa. Esto es arrepentimiento. El falso profeta no lo presenta así. Cura «la herida de la hija de mi pueblo con liviandad», diciendo simplemente que todo está bien, que lo único que hay que hacer es «venir a Cristo», «seguir a Jesús» o «hacerse cristiano».

En última instancia, se puede plantear así: el falso profeta no enfatiza la necesidad absoluta de entrar por la puerta estrecha y andar por el camino angosto.


jueves, 21 de mayo de 2026

Encadénate al texto bíblico

 



Hay un problema en la predicación evangélica que pocos quieren nombrar: el predicador elige un texto, lo lee, y después hace lo que quiere.

Cuarenta y cinco minutos de anécdotas, impresiones personales, teología flotante y versículos sueltos que no tienen nada que ver con el pasaje que anunció. La congregación sale con emociones, con historias, con datos. Pero no sale con el texto.

Pero hay otro caso más sutil, y más peligroso precisamente porque es más difícil de detectar: el predicador que sí estudió, que sí conoce teología, pero que sube al púlpito y usa el texto como excusa para dar un discurso sobre lo que ya sabe.

El texto es el pretexto. Lo que manda es su sistema, su comodidad, su repertorio.

Eso tampoco es predicación expositiva. Es un monólogo teológico con un versículo al principio.


Cuatro razones para encadenarte al texto

Primero: el texto tiene la autoridad, no vos.

Cuando elegís un pasaje, ese pasaje te dice qué predicar. No al revés. Pedro lo dice sin rodeos: "Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios" (1 Pedro 4:11). Lo que la congregación tiene que llevarse a casa es la lectura del texto, la explicación del texto y la aplicación del texto. No tus ideas sobre el texto. El texto.

Segundo: el texto te protege de vos mismo.

Suena fuerte, pero es así. Todos los predicadores tenemos temas favoritos, posiciones cómodas, ángulos que dominamos. Si no te atás al pasaje, inevitablemente vas a terminar predicando lo que querés predicar, no lo que Dios puso en ese texto para esa congregación ese domingo. El texto es un freno. Un freno bueno.

Tercero: el texto forma el oído de la congregación.

Cuando un predicador se atiene al pasaje y muestra cómo leerlo, cómo encontrar la idea principal, cómo entender el contexto, está enseñando a su gente a leer la Biblia. La gente lee bien la Biblia cuando en la iglesia se predica bien la Biblia. Si el predicador es disperso, la congregación va a leer dispersa. Si el predicador es fiel al texto, la congregación va a aprender a serlo también en su casa.

Cuarto: encadenarte al texto no le quita profundidad a tu predicación.

Esto lo aclaro porque hay una confusión frecuente. Encadenarse al texto no significa empobrecerse. Significa enfocarse. Podés y debés traer el contexto histórico, el contexto gramatical, el contexto geográfico, la teología del pacto, todo lo que el estudio exige. Pero todo eso al servicio del pasaje que elegiste, no en lugar de él.


Tres beneficios concretos de esta práctica

Cuando realmente te atás al texto, pasan tres cosas:

Confinamiento temático. No te salís del tema. La congregación recibe lo que le prometiste. Hay ideas principales y secundarias dentro del pasaje, pero no te dispersás. Hay un centro y todo gira alrededor de ese centro.

Sujeción de estructura. Un predicador que no sabe bien qué va a decir inevitablemente pierde la estructura del sermón. Cuando hacés la exégesis del pasaje y después convertís eso en un sermón omilético, el pasaje mismo te da la estructura. La lógica aparece. El hilo conductor es claro.

Restricción teológica. Esto es sano. Si el pasaje no habla de cierto tema, vos no hablás de ese tema ese domingo. Así de simple. Eso te obliga a cubrir con el tiempo toda la riqueza de las Escrituras, en lugar de quedarte girando siempre en los mismos temas con los que te sentís cómodo.

Una pregunta para llevarte

¿A qué texto te vas a encadenar este domingo?

No es una limitación. Es una profundidad. Porque cuando le permitís al texto ser el que manda, lo que estás haciendo es dejar que sea Dios quien le hable a su pueblo, y no vos hablando de Dios según tus propios términos.

Eso es lo que trae gloria a Dios. Y eso es lo que beneficia de verdad a la congregación.



sábado, 1 de febrero de 2025

¿Dejar los vicios es nacer de nuevo? La verdad sobre la conversión

A lo largo de mi vida, me he encontrado con cientos de personas (y cuando digo cientos, no exagero) que afirman ser cristianas simplemente porque ya no se drogan, han dejado el alcohol, el cigarrillo o una vida licenciosa. Suelen decir: «Jesús me salvó del desastre».

Por lo general, respondo con entusiasmo, pero también hago algunas preguntas clave para verificar su comprensión del evangelio:

-¿Quién es Jesús? -¿Qué vino a hacer en este mundo? -¿Cuál fue su misión en la cruz? -¿Cuál es el problema del hombre con Dios? -¿Qué es el arrepentimiento de pecado? -¿Qué es la fe salvadora? -En definitiva, ¿en qué consiste el plan de salvación? En la mayoría de los casos, la persona desconoce completamente de qué se trata el evangelio. Y cuando no saben qué responder, vuelven al mismo argumento circular: «¡Pero Cristo me sacó de las drogas!».

Nos preguntamos: ¿es realmente Cristo quien los sacó de las drogas, a pesar de que no saben nada de Él ni del evangelio? Sabemos que en todo el mundo existen centros de rehabilitación que no son cristianos, y aun así, muchas personas logran dejar su adicción. De hecho, un templo budista afirma haber liberado a 100.000 personas de las drogas desde su fundación.[mfn]Venciendo a las drogas en un monasterio tailandés. Diario El País. 17 MAY 2017 - 17:39 ART[/mfn]

Entonces, ¿cómo podemos saber si alguien salió de las drogas por Cristo?

Confusión evangélica acerca del evangelio

El problema es que el evangelio y sus demandas se han diluido en el siglo XX, y en el siglo XXI hemos llegado a un estado calamitoso, donde cualquiera afirma ser cristiano solo por haber repetido una oración o por involucrarse en los ministerios de una iglesia. Cristo y la cruz han sido desterrados de los púlpitos, el pecado ha sido minimizado, y se trata a las personas como víctimas en lugar de culpables que enviaron a Cristo a la cruz. Ya no se les dice, como en Hechos 3:15: «y matasteis al Autor de la vida», sino que ahora todo parece ser una «gran terapia cristiana», donde la persona es vista como una víctima de sus circunstancias y lo único que necesita es ayuda. Además, la iglesia se ha vuelto activista en su atención a los problemas sociales: granjas de recuperación, visitas a cárceles y diversas obras que, aunque son buenas en sí mismas, sin un mensaje claro del evangelio, terminan reduciéndose a mera asistencia social. Así es como te encuentras con miles de personas que dicen haber dejado las drogas «por Jesús», pero que no saben nada de Él. Y créeme, Jesús no deja las cosas así. Cuando sanó a un ciego que no sabía explicar quién le había dado la vista, Jesús se presentó ante él una segunda vez para que entendiera quién era realmente (Juan 9:35-38).
No hay encuentros con Jesús sin conocer quién es Jesús.

¿Cómo saber entonces si alguien que dejó las drogas ha nacido de nuevo?

La respuesta es sencilla: cuando una persona realmente ha nacido de nuevo, su testimonio no gira solo en torno a haber dejado las drogas, sino en torno a Cristo y su obra en la cruz para el perdón de sus pecados. Como resultado de esa transformación, su vida cambia, y el abandono de los vicios es solo un efecto secundario de esa nueva naturaleza.

Por otro lado, quienes dicen haber dejado el vicio pero no conocen a Cristo, si se examina su vida de cerca, se verá que simplemente han cambiado un pecado por otro. No hay un nuevo corazón. Allí siguen el orgullo, la autosuficiencia y la vida sin Dios.

Debemos entender bien este principio espiritual:

A) Una persona puede dejar las drogas sin haber tenido un encuentro real con Cristo (nuevo nacimiento). B) Una persona que ha tenido un encuentro real con Cristo (nuevo nacimiento) deja las drogas porque ha recibido una nueva naturaleza.

Comprender esta diferencia es crucial para abandonar el «evangelio terapéutico» moderno, que oculta las demandas de la cruz y no salva a nadie.

Este análisis también nos ayuda para la próxima vez que alguien diga que dejó las drogas por Cristo. Hay dos preguntas clave que debemos hacerle:
  1. ¿Entiende el evangelio? ¿Habla de Cristo y de la cruz?
  2. ¿Hay señales en su vida de un verdadero cambio o simplemente ha dejado las drogas pero sigue viviendo sin santidad, sin buscar la Palabra y sin evidencia de transformación real?

Conclusión

Debemos cuidar la iglesia de falsos convertidos sin un verdadero cambio de naturaleza. No basta con lo externo; lo crucial es su relación con el evangelio. ¿Conocen a Cristo y su obra en la cruz? La iglesia debe discernir si hay un nuevo corazón con arrepentimiento y fe genuina. ¡Haz las preguntas clave!

miércoles, 31 de julio de 2024

La Cena del Señor, el elemento más olvidado en la adoración

Es evidente que la iglesia del siglo XX ha sobredimensionado el tema de la música en relación a la adoración a Dios. El cristiano moderno del siglo XXI, por herencia, asocia «adorar» con «solo cantar». Pero la Reforma protestante del siglo XVI (de la cual venimos los evangélicos) consideraba la adoración como una suma de partes, entre las cuales estaba incluida la ordenanza de la Cena del Señor, la lectura de la Palabra, la oración, la predicación, etc. Ciertamente hoy parecería algo extraño que la adoración sea una suma de cosas, ya que se ha impuesto la idea de que la adoración es sinónimo de cantar, o como mucho orar, pero nada más. ¿Será que hemos ido perdiendo un concepto en el camino en cuanto a la adoración y la relación con la Cena del Señor?

LA CENA DEL SEÑOR: UNA PRIORIDAD PARA LA IGLESIA LOCAL

Al hablar de música, si bien no todos se ponen de acuerdo en cuanto a las formas, sí están de acuerdo en que las letras de los himnos contemporáneos deberían ser ricas en teología cristocéntrica. Por lo menos, en las iglesias que quieren seguir una sana doctrina, hay un alejamiento de las melodías carismáticas repetitivas del siglo XX tipo mantra (Señor te adoro... Señor te alabo...), donde no había mayor contenido bíblico. Otras iglesias han desempolvado himnos antiguos para redescubrir lo ricos que eran en contenido bíblico. Pero a pesar de estas cosas buenas, en algunas iglesias que aspiran a una Reforma, se deja ver todavía la antigua tendencia carismática de que la música es lo central en la adoración. En muchos casos se están calibrando las reuniones de culto en cuanto a la "experiencia musical" (otro estereotipo del carismatismo) y allá, muy atrás, y de forma esporádica, viene la Cena del Señor para ser celebrada en una especie de «mal necesario» como para no caer de la categoría estándar de iglesia cristiana evangélica. No digo que sea el caso de la mayoría, pero sí hay muchos casos que observo tristemente así.

UN EJEMPLO DE LA INFLUENCIA CARISMÁTICA

¿Qué pasaría si en la iglesia local se dejara de cantar canciones por tres meses? Todos, seguramente, entrarían en pánico diciendo algo así como: ¡Hemos perdido la adoración en la iglesia! ¡La iglesia se ha apagado! ¡La iglesia ha muerto! Ahora... si se dejara de celebrar la Cena del Señor por tres meses, la mayoría se encogería de hombros (sin hacer nada) y otros ni siquiera lo notarían.

Nos preguntamos: ¿Qué ha pasado con el cristianismo en cuanto a la Cena del Señor? No es que se haya olvidado, sino que parece haber pasado a una lista de cosas de menor importancia.

Debemos destacar que el pedido expreso del Señor Jesús, antes de ir a la cruz, no fue: «recuérdenme por medio de canciones», sino que el mandato fue recordarlo por medio de un acto, aunque simple (un pan y una copa de vino), profundo y solemne en cuanto a su significado de alusión a su muerte sustitutiva (Mateo 26:26-29; Marcos 14:22-25; Lucas 22:17-20). El mismo apóstol Pablo testifica en 1 Corintios 11:23-26, no que recibió una «rica herencia musical» de parte del Señor, sino que recibió la institución de la Cena: «Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado». Su cuerpo fue partido (simbolizado en el pan) y su sangre fue derramada (simbolizada en el vino). En el Nuevo Testamento es muy obvia la centralidad de la Cena del Señor para la Iglesia, no así las alusiones al canto congregacional que son más escasas (Efesios 6:19 y Colosenses 3:16).

LO QUE SE PROMUEVE COMO ADORACIÓN

Tanto en libros como en conferencias hoy se sigue hablando de música o canto congregacional (en el mejor de los casos) como sinónimos únicos de adoración. De hecho, la música es parte de la adoración, pero no todo lo que hace a la adoración en sí. Sería impensable incluir hoy en día una conferencia acerca del estudio de la Cena del Señor, pues eso parece un tema incómodo; o algo muy privado donde cada iglesia lo resuelve a su manera. Hacer una conferencia acerca de la Cena del Señor (su significado, beneficios e implicancias para la iglesia) hoy sencillamente no goza de popularidad. De alguna manera les enseñamos a pensar a las nuevas generaciones poco en la Cena del Señor y mucho en la música. La Cena del Señor que ha sido algo central en la historia del cristianismo reformado hoy parece algo periférico.

NECESITAMOS UN ENTENDIMIENTO MÁS PROFUNDO DE LA CENA DEL SEÑOR

En el siglo XVI, la Reforma corrigió el concepto errado de la misa católica, donde «se volvía a sacrificar a Cristo una y otra vez», aparte de la idolatría de adorar a los símbolos o ideas antibíblicas como la doctrina de la transustanciación. El desafío hoy en la iglesia evangélica es recuperar la Cena del Señor tanto en su entendimiento como en su frecuencia de celebración. Ese es el acto mediante el cual se define en una congregación quiénes son de su Cuerpo y quiénes no. No estoy diciendo que la Cena hace salvo a alguien, pero sí la iglesia tiene que identificar a los creyentes y ver si estos están dando un testimonio creíble del evangelio. La Cena del Señor es un sello para esta identificación y confirmación pública de la fe, y además lleva a la iglesia local a un examen: «Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo» (1 Corintios 11:28).

¿Una iglesia que tiene una celebración muy esporádica de la Cena tendrá una pobre santidad? Es posible. Alguno dirá: «¡No seamos ceremoniales, podemos examinarnos de muchas otras formas!» ¿Acaso no hay gente que toma la Cena de forma indigna? Sí, es verdad, pero a los que piensan así les recuerdo que el Arquitecto de la iglesia es el que ha instituido esta ordenanza, no un hombre ni una confesión de fe. ¿Acaso somos más sabios que Él para decirle cuál es la mejor forma de examinar a Su iglesia?

LA FRECUENCIA DE LA CENA DEL SEÑOR

Cuando Calvino llegó a Ginebra para ejercer su ministerio la primera vez, se decepcionó mucho de que la iglesia suiza tuviera la Cena del Señor tan esporádicamente (cada seis meses). Él insistió en una mayor frecuencia de celebración, pero no solo no fue escuchado, sino que además fue expulsado en 1538 de Ginebra en medio de abucheos y piedrazos por ser «tan ortodoxo» (en la Cena del Señor y muchos asuntos). Varios años después volvió a Ginebra (1541), y se afirmó definitivamente en la capital de la Reforma, negociando al menos que la Cena se tuviera una vez por mes (aunque el ideal de él era todos los domingos).

Si damos una mirada a la iglesia primitiva, tanto en las páginas del Nuevo Testamento como en registros históricos, nos damos cuenta de que la Cena del Señor tenía una frecuencia asidua, casi podemos asegurar que semanal. Bueno, alguno podrá decir que no hay elementos suficientes para determinarlo, aunque la exhortación de Pablo (1 Corintios 11:20) nos da cierta pauta de que las reuniones (juntarse en uno) incluían la Cena.

Pero si reconocemos que la Cena es un elemento del culto de adoración, y además de vital importancia, no celebrarla asiduamente significa una adoración pobre. Por más que se enseñe un nuevo himno cada domingo (para crecer en adoración como se dice popularmente) si no le damos la importancia debida a la Cena del Señor seremos pobres adoradores.

Juan Calvino, en su Institución de la Religión Cristiana, dice respecto a la frecuencia de la Cena del Señor:
«Lo que hasta ahora hemos expuesto de este sacramento muestra suficientemente que no ha sido instituido para ser recibido una vez al año; y esto a modo de cumplimiento, como ahora se suele hacer; sino más bien fue instituido para que los cristianos usasen con frecuencia de él, a fin de recordar a menudo la pasión de Jesucristo, con cuyo recuerdo su fe fuese mantenida y confirmada, y ellos se exhortasen a sí mismos a alabar a Dios, y a engrandecer su bondad; por la cual se mantuviese entre ellos una recíproca caridad, y que diesen testimonio de ella los unos a los otros en la unidad del cuerpo de Cristo. Porque siempre que comunicamos el signo del cuerpo del Señor, nos obligamos los unos a los otros como por una cédula a ejercer todas las obligaciones de la caridad, para que ninguno de nosotros haga cosa alguna con que perjudique a su hermano, ni deje pasar cosa alguna con que pueda ayudarlo y socorrerlo, siempre que la necesidad lo requiera, y tenga posibilidad de hacerlo».
EL ENTENDIMIENTO DE LA CENA DEL SEÑOR EN LA DOCTRINA REFORMADA

Otro pobre concepto que nos ha dejado el siglo XX, al menos en América Latina, es que a la Cena del Señor se la consideró solo «un memorial», es decir, una recordación y nada más. Si indagamos en la historia nos daremos cuenta de que la Iglesia reformada consideraba al bautismo y la Cena del Señor «medios de gracia». No en el sentido de que transmitieran en sí mismos los símbolos una «gracia salvadora» (que es la herejía católica), sino que son como un «sello» del Señor para los creyentes en su fortalecimiento espiritual. Una gracia que fortalece a la iglesia local.

El catecismo bautista, en su pregunta 74, dice:

Pregunta 74: ¿Cómo se convierten el bautismo y la Cena del Señor en medios eficaces de la gracia? Respuesta: El bautismo y la Cena del Señor se convierten en medios eficaces de la gracia, no por ninguna virtud en sí mismos, ni en la del que los administra (1 Corintios 3:7; 1 Pedro 3:21), sino solo por la bendición de Cristo (1 Corintios 3:6) y el obrar del Espíritu en quienes los reciben con fe (1 Corintios 12:13).

El catecismo menor de Westminster nos habla de los sacramentos (bautismo y Cena del Señor) como un instrumento para comunicar los beneficios de la redención. Nótese que no dice: «comunicar la redención» (ya que esto es obra directa de Cristo), sino sus beneficios (medios de gracia).

P. 88. ¿Cuáles son los medios externos y ordinarios por los cuales Cristo nos comunica los beneficios de la redención? Respuesta: Los medios externos y ordinarios por los cuales Cristo nos comunica los beneficios de la redención, son sus ordenanzas, y especialmente, la palabra, los sacramentos y la oración; a todos los cuales hace él eficaces para la salvación de los elegidos. (Hechos 2:41-42).

Vemos que la preponderancia de la Cena del Señor es más allá de un simple memorial. Si bien este tema fue motivo de debate en su momento entre Lutero (posición sacramentalista de la presencia de Cristo en los símbolos físicos) y Zwinglio (solo un memorial), Calvino en cierta forma reorientó a la nueva iglesia que salió del catolicismo hacia una posición de la Cena del Señor más acorde al espíritu bíblico: una presencia de Cristo espiritual.

Es así que la postura de la iglesia reformada vio siempre a la Cena como un medio de fortalecimiento espiritual para el pueblo de Dios.

LA RELACIÓN DE LA CENA DEL SEÑOR CON LA MEMBRESÍA

Cada creyente que participa de la Cena del Señor es porque es un miembro oficial de una iglesia local, esta siempre fue la posición reformada. Para llegar a ser miembro de la iglesia local la persona tiene que profesar previamente una fe en Cristo, en dichos y hechos (testimonio). En la doctrina bautista, el bautismo es el mandato bíblico para testificar que alguien es de Cristo. Mientras que el bautismo es la entrada a la membresía, la Cena del Señor es la confirmación de la permanencia en la misma. Es decir, cualquier persona que participa de la Cena del Señor es porque lleva una vida cristiana creíble ante la gente, y la iglesia confirma su cristianismo al permitirle participar de la Cena.

Si una persona deja de perseverar y se enreda nuevamente en el pecado y no muestra signos de arrepentimiento (ante la exhortación de la iglesia local), sino que persiste en llevar una vida impenitente ante Dios, la iglesia tiene el deber de aplicar (luego de un proceso bíblico) la disciplina a tal persona. La excomunión es retirarle la participación a la persona de la mesa del Señor, no como un acto de castigo, sino porque sencillamente la iglesia no puede confirmar como creíble el testimonio de esa persona. Sería ilógico que alguien que niega a Cristo con sus actos de vida, los confirme en la participación de la Cena del Señor.

Si la participación de la Cena del Señor tanto como su entendimiento es débil en una iglesia, esto engendrará una membresía débil, (o ni siquiera algo que pueda llamarse membresía). El paradigma carismático ha sido tener a la gente reunida calentándose en torno al fuego musical y las personalidades pastorales. La gente no estaba acostumbrada a rendir cuentas, eso de «exhortaos unos a otros» (Hebreos 3:13) era algo desconocido. Y si había Cena del Señor era más un acto más místico que de examen de conciencia congregacional.

En resumen, cuando la iglesia local evita en cierta manera la Cena del Señor, o lo toma como algo periférico en la vida de la misma, sin duda es un síntoma espiritual de alguna enfermedad que debe ser curada.

martes, 9 de julio de 2024

Recalculando la ruta...

Jeremías  6:16 Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.

En ciertos recorridos turísticos, por lo general, hay carteles indicativos y un mapa del circuito donde una flecha señala un punto específico bajo la leyenda: «Usted está aquí». Sin esa indicación, por más que tengamos el mapa, muy difícilmente tomaríamos el sentido de orientación para continuar el camino. Muchos de los creyentes y las iglesias de hoy caminan por este mundo sin saber exactamente dónde están posicionados espiritualmente. La mayoría coincide escatológicamente en que estamos «en los últimos tiempos», pero pareciera haber una venda en los ojos espirituales que impide ver con claridad cuál es el testimonio que un renacido tendría que dar antes de la venida de Cristo.

Vivimos en el mayor engaño religioso de la historia. Los que no son arrastrados bajo las sectas (aún de las que se llaman cristianas) que inducen al emocionalismo hueco, carente de la verdadera vida espiritual, son llevados al más férreo ateísmo. Algunos hablan de conversiones en masa y de la conquista de países para Cristo. Cuando uno acerca la lupa para ver en detenimiento «tales experiencias» y «tales predicaciones», se da cuenta de lo alejadas que están de la Biblia, que son una absurda imitación de lo que una vez Dios obró en los avivamientos genuinos del pasado.

Un falso Pentecostés puede hacer mucho ruido y acercar a muchas multitudes, pero no logrará transformar esas almas en verdaderos hijos de Dios. Los resultados saltan a la vista, la gente se emociona y se entretiene, pero no nace de nuevo (Juan 3:3). Las estadísticas evangélicas de «conversiones» no coinciden con el estado espiritual de los supuestos convertidos. Muy pocos se preguntan: ¿Por qué esta sal no tiene sabor? ¿Si hubiera tantas conversiones, este mundo no recibiría el impacto de este sabor cristiano? Sin embargo, vemos lo insípido del cristianismo de nuestro tiempo. Es una sal «desvanecida», llena de la humedad del mundo. ¿Para qué sirve una sal así? (Mateo 5:13). Si a la gente no se le da show, esta no asiste a la convocatoria. Muchos «evangelistas» han nacido para satisfacer la demanda emocional de las masas, para darles la actitud cirquense que ellas demandan. Otros predicadores, que en un tiempo eran fieles a la Palabra de Dios, han cedido a la presión de las masas y hoy no pueden subirse a un púlpito a predicar el sencillo evangelio sin antes hacer desfilar sus estrellas cantoras, que a la gente tanto le gustan. Los resultados numéricos son antepuestos a la fidelidad a Dios.

Muchos sinceros creyentes que quieren ser fieles a Dios se desalientan en este tiempo por el aislacionismo que les provoca no correr junto a la multitud engañada. Pero hay una oportunidad para estos creyentes de transitar las sendas antiguas de fidelidad. Mientras otros caminen en caminos nuevos «no transitados» de la incertidumbre y el engaño espiritual (Jeremías 18:15), está la posibilidad de caminar en un cristianismo bíblico e histórico.

Siete consejos para recalcular una ruta de fidelidad a Dios

1-Examina tu propia vida: 2 Corintios 13:5 nos invita a probarnos si estamos en la fe correcta. No es cuestión de decir «creo esto» o «creo aquello», sino si Jesucristo está en mí. Solo a través del arrepentimiento de pecados y la fe en Jesucristo como salvador nos aseguramos de una verdadera vida espiritual. 2-Lee la Biblia: Muchas personas son engañadas con falsas enseñanzas, incluso dentro de supuestas iglesias de Cristo. Uno puede ser víctima del engaño, pero también se es cómplice de la mentira cuando no se escudriña la verdad. Es verdad que el Espíritu Santo nos guía a toda verdad (Juan 16:13), pero no lo hace independientemente de sus Escrituras inspiradas. Leer dos veces el Nuevo Testamento y una vez el Antiguo Testamento completo nos previene de muchos engaños. Te sugerimos un plan de lectura. 3-Ora: Buscar la voluntad de Dios y clamar por dirección es un paso muy importante para ir en dirección de la buena senda. En Jeremías 33:3 hay una promesa de Dios para los que claman a él. 4-Ocúpate de los tuyos: Si tienes familia o personas a cargo, preocúpate de ser una buena influencia para ellos en el Señor. Si tienes hijos, edúcalos en el temor del Señor y en la instrucción bíblica (Deuteronomio 6:7). 5-Únete a una iglesia sana: Si no te congregas, debes saber que la voluntad de Dios cuando salva a alguien es que se una a una iglesia local (Efesios 4:4-5). Una iglesia sana es aquella donde la Palabra de Dios tiene su lugar central y Cristo es su cabeza. 6-Compra buenos libros cristianos: Cultivar un hábito por la lectura de libros que nos estimulen es muy bueno. Recuerda que los buenos libros te llevan al Libro principal, la Biblia. Aconsejamos la lectura de libros de teología reformada, de los puritanos y de autores actuales. 7-Procura vivir una vida de santidad de verdad: De nada vale todo lo demás si no estás dispuesto/a a caminar con Jesucristo en santidad (2 Timoteo 2:1).

viernes, 26 de abril de 2024

La música en la iglesia: su parte en el culto regulado y sus circunstancias

Soy pastor y también músico aficionado. He intentado inculcar el amor por la música en mis hijas y participo activamente en la selección de canciones para la congregación. Mi experiencia me ha enseñado lo complejo que es mantener una línea en este tema, y que es imposible complacer a todos, tanto en la iglesia local como en la opinión interiglesias. Lo siguiente son meros pensamientos en voz alta, pero nacen de mi fe en lo que creo que la Biblia dice, y cómo la confesión de fe que utilizamos en nuestra iglesia contribuye a este asunto (la Segunda Declaración de Fe de Londres de 1689).

LO QUE DICE LA CONFESIÓN (LAS PARTES Y SU ESENCIA) La confesión es bastante concisa y específica en cuanto a la regulación de la adoración, es decir, las partes de la adoración como la oración, la predicación y el canto congregacional, etc. En relación con la música, lo único que menciona es el canto:
«22.5 La lectura de las Escrituras, la predicación y oír la Palabra de Dios, la enseñanza y amonestación de unos a otros con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantar con acción de gracias en nuestro corazón al Señor... (2CFL1689 - Cap 22).»
No menciona el uso o la prohibición de instrumentos, ni afirma que lo más antiguo sea lo santificado y que el canto contemporáneo implique una desviación de la ortodoxia. Tampoco insiste en que se canten únicamente salmos, y componer algún himno basado en las Escrituras no te excluye automáticamente de la categoría de adorador. Es evidente que la Confesión intenta definir las partes de la adoración y no sus circunstancias. A partir del análisis del texto breve, podemos deducir tres aspectos: A) La letra del canto debe basarse en las Escrituras: Al mencionar "la enseñanza y amonestación... con cánticos", queda claro que la Biblia debe normar la letra. Por lo tanto, los compositores deben adherirse a una ortodoxia y hermenéutica claras de las Escrituras. B) La congregación debe ser la protagonista: El término "unos a otros" implica que es la congregación la responsable de llevarlo a cabo (y no una banda de músicos donde la congregación es solo espectadora que apenas murmura el himno). C) Debe ser de corazón y para el Señor: Al afirmar "con acción de gracias en nuestro corazón al Señor", se nos indica que el enfoque principal de la adoración es realizarla al Señor con un corazón transformado por Cristo. La reverencia se desprende de esta idea, por lo que la música debería estar en armonía con la letra que se canta. LO QUE NO DICE LA CONFESIÓN (LAS CIRCUNSTANCIAS) En este punto, lo que recomiendo es más subjetivo y personal (esto lo sugiero en mi iglesia y sus obras de plantación), pero creo que podría ser útil para otros, de manera que la práctica esté en línea con la confesionalidad. A continuación, enumeraré algunas de las cosas que considero circunstancias, lo cual permite diferencias de opinión válidas sin que esto entre en conflicto con el principio regulador de la adoración mencionado anteriormente. A - ¿Antiguo o contemporáneo?

Una pregunta que haría es: ¿por qué no ambos? Es importante recordar que un himno de hace 200 años era contemporáneo en su tiempo. Musicalmente, en los himnos antiguos te podrías encontrar, aunque no tan frecuentemente, con tonos menores relativos y generalmente las séptimas eran del tipo dominante. Por otro lado, los himnos contemporáneos incluyen séptimas sensibles y tonos suspendidos (por ejemplo, sus2, sus4), aprovechando todo el conocimiento armónico que el ser humano ha desarrollado. Esto no significa que transformaremos la iglesia en un concierto de rock o un café concert de estilo blues. Claro que no. Sé que es más fácil tomar un himnario antiguo y como pastor decir: "¡Cantemos solo esto!" Pero prefiero enfrentar la tensión de componer nuevos himnos, incorporar (con filtro) himnos contemporáneos que no dejan duda de que su música es majestuosa y digna de la santidad de Dios, sin por eso ser triste.

B - ¿Músicos en la plataforma o al costado?

Prefiero que los músicos se ubiquen al costado, en primer lugar, para protegerlos de cualquier exposición y la tentación de creer que son ellos quienes dirigen la adoración, cuando en realidad solo acompañan. Además, esto protege a la congregación para que no fijen su atención en los músicos, sino que se concentren en la letra de lo que cantan. Colocar a los músicos de frente a la congregación puede condicionar visualmente, hasta cierto punto, la percepción de que ellos son "los responsables de cantar", cuando el principio regulador nos enseña que toda la congregación es la responsable.

C - ¿Con percusión o sin percusión?

Este debate es intenso. El problema con la percusión, especialmente con las baterías, es que tienden a sobresalir en volumen por encima de todo, lo cual es particularmente notorio en iglesias pequeñas. Sin embargo, he observado que esto puede funcionar hasta cierto punto en recintos muy grandes. La música se compone de melodía, armonía y ritmo. Lo crucial aquí no es el ritmo, ya que nuestra intención es cantar una melodía, no bailarla. En Latinoamérica se utiliza una "percusión menor" conocida como "cajón", que me parece ideal para mantener el ritmo. Creo que si en la iglesia se mantiene un criterio musical adecuado y se entiende lo que representa la santidad de Dios, no se caerá en extremos. Pero alguien podría preguntar: ¿y si un instrumento rítmico te lleva a desviarte hacia la mundanalidad? Bueno, si no puedes encontrar el equilibrio, es mejor evitarlo.

D - ¿Cuántos instrumentos?

Creo que esto depende del tamaño de la congregación. Una inusual congregación reformada en Latinoamérica de mil personas podría sostener un armonioso conjunto sinfónico. Sin embargo, para el promedio de congregaciones pequeñas, de 100 personas o incluso menos en muchos lugares, no es necesario tener muchos instrumentos. Insisto en que lo que se acompaña es el canto congregacional y no se busca una experiencia sinfónica. Si hay varios hermanos en la iglesia con talentos musicales, considera hacerlos rotar, pero trata de evitar asignar un instrumento solo para complacer a cada uno.

E - ¿Incluir canto de apoyo?

A veces es útil que ciertos hermanos puedan guiar a otros en la nota y variaciones de un himno. Lo crucial es el volumen de los micrófonos o la regulación de la potencia de la voz de quienes apoyan el canto. Para verificar esto, basta con cerrar los ojos durante el culto y escuchar. Si lo que escuchas es la voz predominante de un determinado hermano del equipo de apoyo, algo no está funcionando correctamente. Es comprensible que esto suceda con canciones nuevas. Sin embargo, la experiencia ideal sería que, al cerrar los ojos, no reconozcas "esa es la voz de fulano o mengano", sino que percibas "la voz de la congregación". Lograr esto es desafiante, pero es hacia lo que debemos apuntar. No estaría mal que de vez en cuando los hermanos con buena voz y criterio musical enseñen a otros a entonar. Esto sería beneficioso tanto para las reuniones caseras como para el culto principal.

Creo que se podría decir mucho más de esto, pero el tiempo no alcanza. Te invito a leer otros recursos relacionados a la música que he escrito hace tiempo.

   

 

 

 

lunes, 19 de febrero de 2024

Decisionismo vs. Fe

Origen del Decisionismo Charles G. Finney, un precursor clave del decisionismo en el siglo XIX, desafió las enseñanzas fundamentales de la Reforma sobre la depravación humana y la salvación por gracia. Introdujo métodos evangelísticos que ponían énfasis en la decisión individual como mecanismo para asegurar la salvación, a través de actos específicos como pasar al frente o decir una oración. Este enfoque promovió conversiones superficiales y el aumento de miembros de iglesia no genuinos, contribuyendo a una apostasía contemporánea y alentando un cristianismo nominal desprovisto de una transformación regenerativa auténtica.

En la actualidad, este legado persiste como un desafío significativo dentro del cristianismo, especialmente evidente en las prácticas evangelísticas que enfatizan la decisión personal como el acto central de la salvación. La acción voluntaria del individuo, marcada por gestos simbólicos como levantar la mano o pasar al frente durante un servicio religioso, se promueve erróneamente como suficiente para asegurar una conversión genuina, perpetuando la tendencia del decisionismo que Finney popularizó, y enfrentándonos al desafío de discernir entre una fe auténtica y una superficial en el contexto contemporáneo.

La Falacia del Decisionismo

El problema radica en que este enfoque se centra excesivamente en el ser humano, proclamando que "el hombre acepta a Cristo" y "el hombre es el que decide", desplazando así el verdadero corazón del evangelio. Esta visión contradice las enseñanzas fundamentales del cristianismo, según las cuales la salvación es un don de la gracia de Dios, no el resultado de nuestros propios esfuerzos o decisiones. La fe cristiana sostiene que el ser humano está incapacitado para salvarse a sí mismo debido a su total depravación y que es Dios quien, soberanamente, elige, llama, regenera, justifica, y preserva al creyente[mfn]Ver "ordo salutis" en teología reformada.[/mfn].

El pastor Paul Washer hace una referencia a lo que fue el decisionismo del siglo pasado:
Billy Graham tenía un programa por muchos años llamado “La Hora de Decisión.” Entonces ahora tenemos millones de personas que han hecho su decisión y todavía están perdidos. Billy Graham mismo dijo: ‘Si solamente 5% de todas las personas que han hecho su decisión en mis campañas, si solamente 5% de ellos son creyentes voy a estar feliz. Entonces yo le diría a Billy Graham: ¿Por qué no cambiaste tu manera de predicar entonces?”[mfn]Extraído de «Teología en Llamas», https://teologiaenllamas.com/2018/02/23/mis-preocupaciones-sobre-billy-graham/[/mfn]
El decisionismo promueve la ilusión de ofrecer a las personas un boleto falso hacia el cielo, sugiriendo que una simple acción o decisión personal es suficiente para garantizar la salvación. Esta perspectiva reduce la complejidad de la fe y la transformación espiritual a un mero gesto, engañando a muchos con la promesa de un acceso directo al paraíso sin el profundo compromiso y cambio de vida que la auténtica conversión requiere. La Verdad del Evangelio: Arrepentimiento y Fe

Al examinar las predicaciones de los apóstoles y evangelistas en el Nuevo Testamento, encontramos un llamado constante al arrepentimiento y la fe, y no a "aceptar a Cristo". Por ejemplo, en la primera gran predicación de la iglesia primitiva, Pedro no insta a la multitud a "aceptar a Cristo", sino a "arrepentirse" (Hechos 3:19). Esta distinción no es meramente semántica; revela una profunda diferencia teológica. La invitación del evangelio no es a una aceptación superficial impulsada por la presión psicológica, sino a creer genuinamente en Cristo, un acto de fe que es posible únicamente por la gracia de Dios y la revelación de su Palabra (Romanos 10:17).

Fidelidad al Mensaje Bíblico

Por tanto, el verdadero llamado del evangelio no se centra en la decisión humana, sino en la respuesta de fe y arrepentimiento frente a la iniciativa divina. Es un llamado a reconocer nuestra incapacidad para alcanzar la salvación por nuestros propios medios y a confiar plenamente en la obra completada por Cristo en la cruz. Este mensaje, fundamentado en la soberanía de Dios y su gracia redentora, debe ser el núcleo de nuestra predicación, para que seamos fieles al verdadero evangelio, que, al igual que Dios, no cambia ni varía (Santiago 1:17).

Conclusión: Retorno al Evangelio Auténtico

En este tiempo de discursos humanistas y búsqueda de autosuperación, es crucial recordar y proclamar las verdaderas bases Escriturales que sustentan la doctrina de la salvación, la soteriología[mfn]Ver Doctrinas de la Gracia en teología reformada.[/mfn], como la piedra angular de nuestra fe. Frente a la dilución de la doctrina en la iglesia contemporánea, debemos esforzarnos por retener y enseñar el antiguo evangelio, asegurándonos de que nuestras bases no estén contaminadas por el discurso humanista de la época. Solo así podremos confrontar a las almas con la Palabra de Dios, llamándolas al verdadero arrepentimiento de pecados y a la fe en la persona y obra de Cristo, la única base para una salvación auténtica y eterna.

Ir como complemento de este artículo a: Las doctrinas de la gracia

viernes, 16 de febrero de 2024

El trípode sobre el que descansa una verdadera iglesia

La Reforma Protestante identifica tres principios básicos que una iglesia debe cumplir para ser considerada como tal. Es probable que estos principios se hayan extraído de la «Institución de la Religión Cristiana» de Juan Calvino, en donde, en el Libro IV, se habla sobre la «Distinción entre la Iglesia invisible y la Iglesia visible»
...Que tienen el Bautismo como testimonio de su fe; que testifican su unión en la verdadera doctrina y en la caridad con la participación en la Cena; que consienten en la Palabra de Dios, y que para enseñada emplean el ministerio que Cristo ordenó. En esta Iglesia están mezclados los buenos y los hipócritas, que no tienen de Cristo otra cosa sino el nombre y la apariencia: unos son ambiciosos, avarientos, envidiosos, malas lenguas; otros de vida disoluta, que son soportados sólo por algún tiempo, porque, o no se les puede convencer jurídicamente, o porque la disciplina no tiene siempre el vigor que debería. Así pues, de la misma manera que estamos obligados a creer la Iglesia, invisible para nosotros y conocida sólo de Dios, así también se nos manda que honremos esta Iglesia visible y que nos mantengamos en su comunión. (Institución de la Religión Cristiana, libro IV, capítulo 1, inciso 7).[mfn]http://www.iglesiareformada.com/Calvino_Institucion_4_1.html[/mfn]  
En resumen, históricamente, estos tres principios son:
  1. Una correcta predicación de la Biblia.
  2. La adecuada celebración de los sacramentos.
  3. El ejercicio efectivo de la disciplina eclesiástica.
Estos elementos funcionan como un trípode: si falta uno, el conjunto se desestabiliza. De igual manera, si una iglesia carece de alguno de estos aspectos, deja de ser considerada como tal en el sentido estricto del término.

Esto significa que ¿una iglesia puede tener una predicación expositiva de la Biblia pero, si no ejerce la disciplina o no celebra las ordenanzas correctamente, deja de ser iglesia? Así es, aunque no sea lo más común, es una posibilidad.

Es alentador que hoy en día existan cursos sobre predicación expositiva; he asistido a varios y tengo numerosos libros de referencia sobre el tema. Sin embargo, también he observado que es posible elaborar un «sermón decente», mantener un canal de YouTube y, aun así, la iglesia podría carecer de las otras dos características fundamentales.

He constatado que, más allá de una predicación sólida, muchas iglesias bautizan a personas sin cumplir con los requisitos bíblicos o administran la Cena del Señor a incrédulos con muy pocos filtros. Pero lo más frecuente es la falta de disciplina eclesiástica, lo que implica una membresía desordenada y dejar el pecado sin corregir.

Ignorar  eclesialmente corregir el pecado es tan grave como predicar una herejía desde el púlpito.

Esto era parte del problema en la iglesia de Corinto (1 Corintios 5:1-13).

En una era dominada por las redes sociales, y con iglesias publicando predicaciones de todo tipo en línea, cada vez soy más consciente de que no se debería recomendar una iglesia basándose solo en lo que se ve en YouTube o Facebook, o en sermones de podcasts. Aunque a veces parezca la única opción, estoy convencido de que es mejor conocer la iglesia y a sus pastores personalmente. Con tiempo y discernimiento, se puede evaluar si cumple con los otros dos criterios mencionados.

Mi iglesia también publica predicaciones en YouTube, pero la práctica correcta de las ordenanzas y la disciplina se verifica internamente.

Creo que hay un paralelismo con Romanos 10:9, donde la iglesia «proclama con su boca» (a través de las predicaciones en redes sociales) y «cree con el corazón» (viviendo la doctrina que enseña).

Seamos honestos: si alguien puede elaborar un convincente testimonio de conversión, elocuente y sin fisuras, pero su vida contradice su profesión de fe, ¿deberíamos aceptarlo como miembro? Claramente, no.

De igual manera, muchas iglesias parecen contradecir con su práctica eclesial lo que predican.

Como podemos ver, la predicación es importante, pero es solo uno de los tres pilares que sostienen la definición de una verdadera iglesia.