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lunes, 26 de mayo de 2025

Qué dice la antropología bíblica sobre la IA

Este artículo está dirigido a cristianos. Por confiar en Dios y en su Palabra, la Biblia, somos los únicos capaces de tener una comprensión correcta de la existencia. Las religiones falsas y la ciencia atea solo contribuyen a presentar modelos distorsionados de la vida espiritual y material. Me temo que muchos cristianos no están definiendo bien qué es la inteligencia artificial (IA), debido a la influencia del mundo, en vez de fijarse en la Biblia. Voy a explicar qué es la inteligencia artificial de manera simple y bíblica.

¿Pude llegar la IA a tener conciencia de sí misma?

La respuesta contundente es no: eso nunca pasará. Dios creó al ser humano a su propia imagen (Génesis 1:27). Sopló para dar espíritu al muñeco de barro, y esto lo diferenció a Adán de los animales. Adán y Eva no solo tenían inteligencia, sino libre albedrío, conciencia de sí mismos y conciencia de quién es Dios. Esto es porque Dios los dotó de un espíritu. Al pecar, el hombre se separó espiritualmente de Dios, y su libre albedrío quedó esclavo del pecado (Romanos 7:23), y responde a esa ley de maldad. Si lo presentamos en términos técnicos, el hombre podría compararse con un hardware (su cuerpo) y un software (su espíritu); pero en este caso, es mucho más que un software: tiene capacidad de sentir, soñar, tener vida interior, etc. Tiene felicidad, ira o tristeza. Esa característica de ser espiritual se la ha dado Dios. En la creación original fue hecho de manera perfecta, ahora afectada por el pecado y con necesidad de redención por la obra de Cristo.

En cambio, la inteligencia artificial tiene un hardware (digamos cables y transistores para soportar el sistema binario, y en un futuro cercano será un sistema cuántico). También tiene un software que puede aprender y debe ser entrenado por medio de humanos. Las decisiones que toma son instrucciones de su programación. No es un ser con libre albedrío, es una máquina creada a la imagen mental del hombre y superior solo en materia de cálculo, no en las cualidades espirituales del ser humano, ya que no existen. Todo lo que hace para parecer humano es por imitación, nada más. No hay una conciencia en esos cables y transistores, porque no tiene espíritu, sino solo un software avanzado que, en vez de recibir instrucciones por código, las recibe en lenguaje humano.

Se ha descubierto que las consultas que se le hacen son más efectivas y gastan menos energía de red cuando son directas y claras. Si te enojas con la IA, los datos que entrega son menos exactos; si la tratas con empatía, gasta más recursos en brindar muchas respuestas y es menos efectiva. Las instrucciones exactas se llaman prompts, y hay personas que se dedican profesionalmente a eso, porque sencillamente la máquina requiere programación, no tus emociones.

El error del pensamiento evolutivo

Como la evolución sostiene el principio erróneo de la vida sin Dios, ha propuesto que los seres existen por creación espontánea o abiogénesis, tema que no trataremos ahora. Pero si se le pregunta por qué el hombre tiene conciencia y los animales no, ellos ya tienen un argumento. Gerald Edelman fue un neurocientífico estadounidense que desarrolló la teoría del "Darwinismo Neural" (Neural Darwinism) para explicar cómo surge la conciencia a partir de la actividad cerebral (según sus principios evolutivos). Decir que la IA puede adquirir conciencia proviene del mismo razonamiento evolutivo: que a mayor capacidad, más probabilidad hay de desarrollar autoconciencia. También se atribuye a que en algún momento ocurrió un hecho evolutivo producto del azar que generó la conciencia. ¿Acaso no se promueve en muchas películas de ciencia ficción que la inteligencia artificial adquiere conciencia luego de algún desperfecto? Es el pensamiento evolutivo del azar lo que se refleja en eso.

¿Se volverán las máquinas contra los humanos?

Pueden volverse peligrosas, pero no por sí mismas, sino si hay alguien que las programe. Es el mismo caso de los virus informáticos: alguien los suelta en la red con capacidad de autorreplicación y arruinan computadoras en todo el mundo. Si alguien pusiera a un robot con IA el objetivo de exterminar seres humanos, la máquina actuaría en consecuencia. Pero nunca desarrollaría por su cuenta maldad, ya que no es un ser con libre albedrío. Aquí está lo importante: solo los seres humanos (y el diablo y sus demonios) pueden desarrollar maldad. El pecado es la consecuencia de desobedecer al Creador. Por eso la maldad es producto de esto. Las personas se enojan con Jesús porque Él les dice (Juan 7:7): «El mundo no puede aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo doy testimonio de él, que sus obras son malas». Solo la maldad del ser humano puede hacer que una máquina se vuelva contra el humano.

La IA desde la antropología bíblica

No solo recordar los principios bíblicos, sino creerlos de todo corazón, nos alejará de razonamientos erróneos acerca de la IA. Muchos cristianos consideran que la IA es el demonio, y están equivocados. Tampoco es un ángel. No es ni buena ni mala. Es solo tecnología con capacidad de resolver cálculos complejos y de expresarse en lenguaje humano o interactuar con él. Decir que la IA es algo más es darle la razón a los evolucionistas. Explicar a otros que la IA no puede tomar conciencia es un buen camino para predicarles el evangelio. Es mostrarles que no somos simplemente máquinas pensantes, sino que somos seres espirituales, creados a imagen de Dios, aunque ahora vivimos en un estado de separación y necesitamos un Mediador. Es allí, dentro de la antropología bíblica, donde el evangelio cobra sentido, porque «el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas» (Lucas 6:56). Jesucristo vino a este mundo a rescatar almas pecadoras, no máquinas evolucionadas. No podemos atribuir a ninguna máquina la identidad que solo Dios ha dado a su creación. Lo principal es recordarle a este mundo perdido que necesita arrepentirse de sus pecados y poner su fe en el sacrificio de Cristo. Las máquinas nunca serán malas; nosotros sí lo somos. Las máquinas nunca tendrán alma; nosotros la tenemos. Las máquinas no necesitan salvación porque no son agentes morales; nosotros sí la necesitamos. Y la única forma de ser reconciliados con el Creador es a través de Jesucristo, el único que vivió una vida perfecta y venció al pecado. Solo en Él hay esperanza, no solo para entender lo que somos, sino para ser lo que fuimos creados para ser.

miércoles, 30 de marzo de 2016

¿Importa mi posición sobre la edad de la tierra?

La evidencia interna de la Biblia indica una tierra joven

La evidencia interna de la Biblia nos habla indudablemente de una tierra joven que ronda los 6.000 años. Las genealogías expresadas en Génesis, capítulos 5 y 11 (que comienzan desde Adán), no dejan lugar a la teoría evolucionista acerca de que la tierra tiene millones de años. Tampoco la genealogía regresiva que se muestra en el evangelio de Lucas, capítulo 3, da lugar a una tierra antigua. Sabemos que los cristianos identificados con el creacionismo sostenemos la idea de una tierra joven, mientras que los ateos evolucionistas abogan por una tierra antigua. Esta brecha de pensamiento se mantuvo por un tiempo, pero en el siglo XX nace una idea que intenta reconciliar las posturas evolucionistas de una tierra antigua con la admisión de un Dios creador; a esta postura se la conoce como la Evolución Teísta.

El peligro de la Evolución Teísta

La Evolución Teísta fue al principio aceptada por el liberalismo teológico, pero tristemente, poco a poco, fue ganando adeptos del campo más conservador de la iglesia evangélica. ¿Qué peligro encierra la idea de aceptar, (o mejor dicho, ceder) a las ideas evolucionistas de una tierra de millones de años? Encierra el grave peligro de socavar la base creacional del primer libro de la Biblia que nos explica el origen de todas las cosas. Extrañamente, hay teólogos que, creyendo en la inerrancia bíblica y en su inspiración como la Palabra de Dios, también aceptan la idea de una tierra antigua.

Ellos suponen que los días de la creación no son literales, sino largos períodos de tiempo, aludiendo muchas veces a que para Dios «mil años son como un día y un día como mil años» (2ª Pedro 3:8). Es como darle un cheque en blanco a los evolucionistas para que ellos pongan las cifras que quieran, y que de alguna manera eso no contradiga la Biblia. Pero esta es una forma de ceder en la fe en la Palabra. Sabemos que Dios está por encima del tiempo (es atemporal), pero nosotros estamos sujetos al tiempo.

¿Para qué Dios hablaría de una creación en 6 días si debería interpretarse de otra forma? ¿Es el libro de Génesis un libro histórico o alegórico? Si empezamos a alegorizar los días de la creación, iremos poco a poco a alegorizar la creación del hombre y la mujer, el huerto de Edén, Satanás, la caída en pecado, etc. ¿Por qué alegorizar los días de la creación para «concordar» con las teorías de científicos ateos?

¿Para qué necesitan tiempo los evolucionistas?

Ellos no creen en un Dios creador; su dios es Cronos (dios del tiempo para los griegos). El tiempo, según ellos, es lo que posibilita la evolución. Ellos necesitan, para explicar la evolución, factores como: azar, mutación, selección natural, muerte y períodos de tiempo muy largos que permitan este suceso. Para ellos, los «millones de años» hacen posible la evolución; lo necesitan para sustituir el azar y la casualidad por un Dios creador, personal e inteligente.

¿Entonces, por qué necesita la Evolución Teísta admitir una tierra de millones de años? Ciertamente no por un principio bíblico y creacional, sino para hacer concesiones con la supuesta «ciencia» incuestionable de los evolucionistas. Los científicos ateos no solo argumentan que millones de años son necesarios para los procesos evolutivos, sino que también hubo selección natural y muerte en esos períodos.

Sin embargo, la Biblia nos dice que la muerte entró por el pecado del hombre (Romanos 5:12). ¿Cómo concilian los teólogos conservadores la idea de una tierra antigua con períodos de muerte y destrucción antes de la caída del Génesis 3? Vemos que aceptar la idea de una tierra antigua nos introduce en muchos problemas teológicos, y que un error llama a otro para irse encadenando.

Si se afecta la hamartiología (doctrina del pecado), me temo que de alguna forma repercutirá en la soteriología (doctrina de la salvación), siendo un ataque al centro de la Biblia, que es nuestro Señor Jesucristo. Quizá muchos científicos conservadores hoy por hoy no vean esto como un problema, pero ciertamente dejarán un legado a futuras generaciones en cuanto a este tema si simpatizan con la Evolución Teísta.

¿Los creacionistas necesitamos millones de años o días de 24 h?

Comenzando con Dios dijo: «Sea la luz» (Génesis 1:3), tenemos una serie de imperativos hasta Génesis 2, que nos muestra a Dios «hablando» (o dando órdenes) y creando cosas de la nada (ex nihilo[mfn]Ex nihilo es una locución latina traducible por «de la nada» o «desde la nada».[/mfn]) y, a su vez, ordenando su creación en 6 días. Creer en 6 días literales es lo más sano para una teología conservadora. ¿Estamos hablando de días de 24 h.? Por supuesto, ¿por qué habríamos de inferir otra cosa para la palabra hebrea yom («día»)?

No necesitamos millones de años, ¿por qué razón? Simplemente porque confiamos en una sencilla literalidad del libro de Génesis y, segundo, porque un Dios todopoderoso no necesita de la «ayuda» de millones de años para dar origen a nuestro mundo. La línea melódica simple de Génesis 1 es que «Dios habla y las cosas son creadas». Nos muestra un Dios omnipotente que despliega toda su gloria y majestad en la creación.

Para la ciencia, ciertos procesos geológicos requieren de mucho tiempo, ¿pero acaso Dios no puede separar las aguas para que se descubra la tierra seca de manera instantánea? (Génesis 1:9). Es como si dijéramos que la sanidad que realizó Jesús a un leproso necesitara de meses de tratamiento. Jesús dio su voz y la lepra desapareció instantáneamente (Marcos 1:42), de la misma forma que Dios dio su voz y creó. Según la medicina, llevaría un cierto período de tratamiento curar diversas enfermedades que Jesús sanó de manera instantánea. Jesús transciende a la ciencia médica, como Dios transciende a los procesos geológicos desde el punto de vista de una tierra antigua.

Conclusión

Dios no necesita de millones de años para crear cosas. ¿Un Dios soberano necesitaría de casualidad y tiempo para dar origen a las cosas? No es el Dios que nos muestra la Biblia. Diferir en cómo se toman los días de Génesis (tierra antigua o joven) me temo que no es una simple diferencia secundaria, sino que es una cuestión teológica muy importante. ¿Nuestra posición al respecto importa? Si te importa la literalidad del libro de Génesis, la creación del hombre, la explicación del origen del pecado, la maldición que vino sobre la tierra y el plan de redención en Jesucristo que está concatenado con todos esos tópicos... ¡De seguro importará la posición! Porque la doctrina de la creación es importante.
Romanos 1:20 «Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y divinidad, se ven claramente desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas, de modo que son inexcusables; 21 porque habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. 22 Afirmando ser sabios, se hicieron necios…»
  Para ampliar sobre este tema visita este artículo.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Conclusiones ateas más que científicas

Stephen Hawking, el físico, cosmólogo y divulgador científico del Reino Unido, ni aún en su condición de discapacidad física tiene el mínimo temor hacia el Señor. Hawking se atrevió a asegurar en su nuevo libro “The Grand Design” (El Magnífico Diseño) que “Dios no es el creador del universo” sino que “la vida es la consecuencia inevitable de las leyes de la física”, sostiene el científico. Hawking, plantea que el Big Bang, es producto de las leyes de la física.
Fuente: NoticiaCristiana.com
Hawking es considerado uno de los hombres de ciencia más grande por este mundo.
Aunque muchas de sus teorías no han sido probadas, ha ganado gran fama, y muchos creen que cualquier cosa que diga "un científico reconocido" debe ser la verdad probada y absoluta.
Hawking en su nuevo libro ateo llega a la conclusión que la "vida es consecuencia inevitable de las leyes de la física" (dicho en otras palabras no existe un Dios creador).
¿Es esta "conclusión" producto de su vasto conocimiento en física cuántica, o es solo el grito ateo de su oscuro corazón?
Veamos una de las primeras leyes de la física:
La ley de la conservación de la energía constituye el primer principio de la termodinámica y afirma que la cantidad total de energía en cualquier sistema aislado (sin interacción con ningún otro sistema) permanece invariable con el tiempo, aunque dicha energía puede transformarse en otra forma de energía. En resumen, la ley de la conservación de la energía afirma que la energía no puede crearse ni destruirse, sólo se puede cambiar de una forma a otra.
Fuente: Wikipedia.org
Esta ley destaca que la energía no puede crearse en forma espontánea.
Si bien esta ley no afirma la existencia de un Dios, no obstante abre una ventana importante a que cualquiera pueda preguntarse ¿Cómo llegó a existir la energía?
Desde el punto de vista de puros principios físicos, afirmar que el supuesto "Big Bang" (explosión del universo) parte de la nada, contradice el primer principio de la termodinámica.
Desde el punto de lamecánica relativista no podemos distinguir adecuadamente entre masa y energía.
Ergo: No se puede llegar por medio de ninguna conclusión científica a saber cuál es el origen de la energía/materia.
La misma ley enunciada nos habla que la materia/energía no se puede generar en forma espontánea sino solo cambiar de forma.
La Biblia nos dice cual fue la primera creación de Dios:
Y dijo Dios: Sea la luz: y fue la luz. (Génesis 1:3)
¿No será acaso que para que comenzaran a ejecutarse las leyes de la termodinámica "Alguien" tendría que dar origen a esa energía/materia?
1Co 3:20 Y otra vez: El Señor conoce los pensamientos de los sabios, que son vanos.