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sábado, 18 de abril de 2026

Génesis 3 sin mitos: ¡ni pasividad de Adán ni dominio de Eva!

He leído libros y visto videos de conferencias sobre masculinidad y feminidad bíblica. Algunos muy buenos, y otros que dejan cabos sueltos sin atar, o que demuestran un mal entendimiento de los primeros tres capítulos de Génesis y la caída en el Edén.

Creo que con muy buenas intenciones de demostrar los roles del hombre y la mujer dados por Dios, se ha ido más allá de lo que la Biblia dice, atribuyendo a Adán y Eva "errores" antes de la caída propiamente dicha. ¿De qué forma? Lo explico a continuación.

Error interpretativo 1: El Adán descuidado y falto de liderazgo

He visto que se ha presentado a Adán —¡hasta se lo ha culpado!— de dejar sola a Eva con la serpiente. Como que Adán no tenía una supervisión amorosa de su mujer (o no le importaba si ella estaba cerca del árbol del conocimiento del bien y el mal). Muchas veces se presenta a Adán como el liderazgo patético de muchos hombres de hoy que dejan a sus esposas solas enfrentar la vida y los conflictos.

Si ese fuera el caso, ¿no sería pecado antes de comer del fruto prohibido? Al encontrarnos con esta realidad, que obviamente no se puede afirmar sin afectar la doctrina de la hamartiología —es decir, la doctrina sobre el pecado—, muchos se ruborizan y dicen: "¡No! En realidad no estamos diciendo que la falta de liderazgo de Adán sea pecado." Entonces yo repregunto: ¿entonces no debería denunciarse como pecado la falta de liderazgo de un hombre sobre su hogar? Sea como sea, quien atribuye faltas a Adán antes de la caída está especulando y no interpretando el texto bíblico de Génesis.

La Biblia nos dice que el pecado de Adán fue la desobediencia, no la falta de liderazgo: Romanos 5:19 — Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores...

El pecado entró por un acto de desobediencia, no por un error de diseño.

Era en el preciso momento en que Eva le extendió su mano con el fruto a medio masticar, que Adán, con su libre albedrío aún intacto, podría haber dicho: "¡No!" Sin embargo, quebrantó este sencillo "pacto de obras" donde Dios había dicho: "no comerás... porque morirás." Al comer el fruto prohibido no hay duda de que existió una estrategia previa del diablo, pero no una sucesión de "pecados" de Adán antes de ese momento, como no tener liderazgo, dejar sola a Eva por falta de iniciativa, etc.

Lo de Adán fue una transgresión voluntaria y consciente de una ley positiva, no una negligencia administrativa o un "descuido" de supervisión sobre Eva.

Error interpretativo 2: La Eva empoderada e independiente de su marido

Si Eva hubiera sido así, podríamos decir que el pecado estaba en ella antes de comer el fruto prohibido. Tampoco es su tendencia a controlarlo todo; de lo contrario, Dios no habría creado una criatura santa y ayuda idónea del hombre, sino un ser que lo complicaría. Eva fue engañada por la astucia de la serpiente, no por su propio corazón, que era santo: 2 Corintios 11:3 — Pero temo que como la serpiente engañó a Eva con su astucia...

Si Eva hubiera tenido una disposición a la independencia rebelde antes de la caída, el pecado habría nacido de su naturaleza y no de la tentación externa, lo cual contradice la bondad de la creación divina.

Ella, al igual que Adán, podría haber dicho en su libre albedrío aún no afectado: "¡No!" a la serpiente. Vemos que al principio de la conversación con el diablo ella se opuso, pero luego de la insistencia de este —"no morirás"— accedió.

La visión correcta de la caída

Dios creó seres libres sujetos a prueba de obediencia. Esta prueba era simple y consistía en no comer de un único árbol en el huerto del Edén. El hombre como agente moral podía no pecar no comiendo, o pecar comiendo. La realidad es que el hombre cayó ante la tentación satánica y dijo sí cuando debería haber dicho no. Luego de eso, y solo luego de eso, los roles del hombre y la mujer fueron alterados respecto al propósito original. Los matrimonios fueron y siguen siendo desdichados: hombres que no ejercen la autoridad y el diseño para el cual Dios los creó, y mujeres que se sublevan a esa autoridad en busca de independencia. El resultado son dos personas compitiendo en roles dentro de su matrimonio, originando guerras y amargura. Lo que debería ser un complementarismo perfecto de amor y armonía, ahora es una competencia de sexos.

Enseñar masculinidad y feminidad bíblica está muy bien, y aplaudo las iniciativas de conferencias, ministerios y libros que se escriben al respecto, pues hacen mucho bien al pueblo de Dios.

Al intentar dar consejos matrimoniales prácticos, muchos conferencistas "leen" los problemas del siglo XXI dentro del texto de Génesis 2. Al hacer eso, debilitan la gravedad del pecado como una rebelión espiritual contra la soberanía de Dios, convirtiéndolo en un simple "problema de comunicación" o "falta de liderazgo".

Por eso, hay que tener cuidado de que en el afán de demostrar los roles del hombre y la mujer no caigamos en falsas interpretaciones de Génesis, atribuyendo pecado antes de la caída.

Gracias a Dios que, a pesar de que Adán es nuestra "cabeza federal" en quien todos morimos, los creyentes tenemos esta gloria: que en Cristo, nuestra cabeza federal de la salvación, todos vivimos.

1 Corintios 15:22 — Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados.

Cristo vino a salvarnos, a reconciliarnos con Dios y con nuestro prójimo. Vino a sanar los matrimonios que confían en Él.

Pero debemos abordar estos temas con la teología correcta. ¿No lo crees?

 

jueves, 9 de abril de 2026

No estás olvidado por Dios

¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios. Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. Así que, no temáis; más valéis que muchos pajarillos. (Lucas 12:6-7)

Estas palabras del Señor Jesucristo no son un mero consuelo sentimental. Son la revelación de una verdad teológica profunda: la providencia soberana de Dios alcanza hasta lo más insignificante de su creación, y con mucha mayor razón, llega hasta cada uno de sus hijos redimidos.

Valorados por el mundo, sostenidos por Dios

Todo ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:27), experimenta el anhelo de ser reconocido y estimado. Nos alegra cuando nuestro trabajo es valorado, cuando nuestra familia nos honra, cuando pertenecemos a una comunidad que nos recibe.

Sin embargo, hay momentos en que todo ese sostén humano se desvanece. Llegan las críticas, el desprecio, el aislamiento. El cielo se torna gris. La autoestima se quiebra lentamente, y comenzamos a creer que somos inferiores, incapaces, incapaces incluso de volver a ponernos de pie.

Los años pueden profundizar esa herida. Llegamos a pensar que nuestra vida ya no vale nada ante los ojos de los hombres… y lo que es más grave: que tampoco vale nada ante los ojos de Dios.

La providencia de Dios sobre lo insignificante

Es precisamente allí donde Cristo interviene con una pregunta que desarma toda desesperación:

¿No se venden cinco pajarillos por dos ases?

El "as" era la moneda de menor valor en el mundo romano: una pequeña pieza de cobre, casi sin peso, casi sin precio. Con dos de ellas se podían comprar cinco pajarillos. Criaturas baratas, prescindibles, que nadie lamentaría perder.

Y sin embargo, el Señor declara que ninguno de ellos es olvidado delante de Dios.

La Biblia nos enseña que la providencia divina no es un principio abstracto ni una fuerza impersonal. Es el gobierno activo, continuo y amoroso de un Dios personal que sostiene, dirige y cuida cada detalle de su creación (Colosenses 1:17; Hebreos 1:3). Dios no solo creó el mundo y lo dejó correr solo. Él lo sustenta en todo momento, incluyendo la caída del más humilde pajarillo.

Más que pajarillos: hijos escogidos

Pero Cristo añade algo aún más asombroso: "Más valéis que muchos pajarillos."

¿Cómo podría Dios olvidarse de ti, siendo que cuida los detalles más ínfimos de su creación?

¿Cómo podría Dios olvidarse de ti, cuando desde antes de la fundación del mundo te escogió en Cristo para ser santo y sin mancha delante de Él (Efesios 1:4)?

¿Cómo podría Dios olvidarse de ti, cuando entregó a su propio Hijo para que muriera en una cruz cargando el juicio que merecían tus pecados (Romanos 8:32)?

Si Dios tiene contados los cabellos de tu cabeza, ¿no tendrá también contadas tus lágrimas, tus noches sin dormir, tus soledades más profundas? El salmista ya lo sabía: "Mis huidas tú has contado; pon mis lágrimas en tu redoma; ¿no están ellas en tu libro?" (Salmo 56:8).

El "olvidado" que garantiza que nunca serás olvidado

Hay algo que el texto de Lucas 12 nos lleva a contemplar con los ojos de la fe: la cruz.

Para que tú nunca fueras olvidado por Dios, fue necesario que el Hijo de Dios experimentara el más profundo abandono. En la cruz, Cristo clamó: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Mateo 27:46). Él fue el verdadero "olvidado", el que llevó sobre sí la ausencia de Dios que nuestros pecados merecían.

Cada gota de su sangre derramada es la respuesta más elocuente a nuestra duda más oscura. No es un grito en el vacío. Es la voz de Dios mismo declarando sobre tu vida:

¡No te he olvidado. Nunca te he olvidado.

La seguridad del creyente no descansa en sus circunstancias

La Palabra de Dios nos recuerda que la seguridad del creyente no se funda en cómo nos sentimos, ni en cómo nos tratan los demás, ni siquiera en la estabilidad de nuestras circunstancias. Se funda en el decreto eterno e inmutable de un Dios soberano que amó a los suyos hasta el extremo (Juan 13:1) y que prometió:

"Y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo." (Mateo 28:20)

Si hoy te sientes olvidado, mira la cruz. Allí está la prueba más costosa, más definitiva e irrefutable del amor de Dios por tu alma. Cristo padeció el abandono para que tú puedas tener la adopción (Gálatas 4:5). Fue contado entre los transgresores para que tú fueras contado entre los hijos (Isaías 53:12; Romanos 8:15).

Ese Dios que no olvida a los pajarillos, te ha grabado en las palmas de sus manos (Isaías 49:16).

Y ese Dios no olvida a los suyos. Jamás.

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lunes, 16 de marzo de 2026

¿Cuál es tu verdadero "negocio"? Pastores bivocacionales

Guillermo Carey era un humilde zapatero remendón antes de convertirse en uno de los misioneros más influyentes de la historia de la Iglesia. No era un hombre de grandes recursos ni de formación académica privilegiada, pero era algo mucho más importante: era un creyente regenerado, llamado por la gracia soberana de Dios, que conocía La Gran Comisión y la sentía arder en su pecho con una convicción que no podía silenciar.

Su interés misionero no nació de un impulso emocional pasajero, sino de una profunda comprensión teológica: si Dios es soberano sobre todas las naciones, si Cristo es Señor de señores, entonces el evangelio debe llegar hasta los confines de la tierra. Por eso, enfrente de su banco de trabajo colocó un mapa del mundo —ese mapa famoso que contemplaba con ojos húmedos—, señalando los territorios donde aún no habían resonado las Buenas Nuevas de Salvación. Cada par de zapatos que remendaba era también una oración silenciosa por aquellas almas.

Tras un tiempo de profunda comunión con Dios, de búsqueda en las Escrituras y de lucha interior, Carey comprendió con claridad reformada que la soberanía de Dios no anula los medios, sino que los ordena. Dios había decretado salvar a un pueblo en la India, y lo haría a través de un instrumento débil: un zapatero de Northamptonshire. Así que fue. Y al llegar, siguió componiendo zapatos para sostenerse económicamente y predicar libremente el evangelio. Con aquella convicción que tanto caracterizó su vida, solía decir:

"Mi negocio es servir a Dios; y compongo zapatos para pagar los gastos que se originan en ese negocio."

Esta frase no es una curiosidad histórica. Es una declaración teológica. Carey entendía que no existe división entre lo "sagrado" y lo "secular" para el creyente verdadero. Todo trabajo hecho para la gloria de Dios es ministerio. Cada clavo que martillaba era un acto de adoración al Creador que lo había redimido y enviado.

El obrero que trabaja con dos manos

Muchos obreros, misioneros y pastores en todo el mundo —y especialmente en nuestra América Latina— se encuentran hoy en la misma situación que Carey: realizan una labor espiritual inmensa, pero deben trabajar en tareas seculares para sostener a sus familias (de allí el término "bivocacional"), pues no cuentan con apoyo económico externo de ningún tipo o este es parcial. Predican el domingo y trabajan de lunes a sábado. Visitan enfermos de noche y madrugan para llegar al trabajo. Llevan la carga del rebaño sobre sus hombros y también la carga del sustento sobre sus espaldas.

Y en medio de ese agotamiento, más de una vez ha cruzado por nuestra mente este pensamiento doloroso: "¡Qué desperdicio de tiempo! ¡Oh, si pudiera dedicar estas horas al Señor!"

Pero querido hermano, que esto no te pese en el corazón. Ese pensamiento, aunque nace de un deseo legítimo, parte de una premisa equivocada: que el tiempo entregado al trabajo secular es tiempo robado a Dios. La doctrina reformada nos enseña otra cosa. Nos enseña la santificación del trabajo ordinario, que toda vocación —incluso la más humilde— puede y debe ser ejercida coram Deo, delante de Dios, para Su gloria.

Lutero lo dijo antes que nadie con palabras que siguen resonando: el zapatero que hace bien los zapatos sirve a Dios tanto como el predicador que sube al púlpito. No porque ambos hagan lo mismo, sino porque ambos, en su esfera, actúan como mayordomos de los dones que Dios les ha confiado.

El ejemplo apostólico

No nos olvidemos tampoco del apóstol Pablo, quien llevó a cabo la tarea misionera más extraordinaria registrada en las Escrituras, y sin embargo pudo decir con plena serenidad ante los ancianos de Éfeso:

"Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario, y a los que están conmigo, estas manos me han servido." (Hechos 20:34)

Pablo era tejedor de tiendas. Lo mismo que Carey era zapatero. Y ambos comprendieron algo que la Iglesia moderna a veces olvida: que Dios no llama a Sus siervos a una espiritualidad etérea, desconectada de las realidades cotidianas, sino a una fe encarnada que santifica cada aspecto de la vida. El apóstol que escribió Romanos también cosió lonas bajo el sol de Corinto. Y no lo vivió como una humillación, sino como una expresión de su integridad y su libertad en Cristo.

La doctrina de la gracia nos recuerda que somos completamente dependientes de Dios —en el trabajo, en el ministerio, en el descanso— y que nada de lo que hacemos escapa a Su providencia soberana. El Señor que ordenó que Pablo predicara en Asia también ordenó que trabajara con sus manos para no ser carga a nadie. Los dos mandatos vinieron del mismo trono.

Remendar zapatos y predicar el evangelio

Quizás hoy tengamos que "remendar varios zapatos" —metáfora de todo aquello que nos ocupa fuera del púlpito y de la reunión— y luego ir a predicar, visitar a un enfermo, consolar a una familia en duelo, atender a nuestros hijos, servir a nuestra esposa, dar de comer a los pobres. La vida del siervo de Dios no es glamorosa. Muchas veces es silenciosa, extenuante y aparentemente insignificante. Pero Dios ve en lo secreto, y recompensa en lo secreto.

Si la vida nos desgasta exteriormente —y lo hará, porque esta carne es frágil y los días son duros—, el Señor nos renueva interiormente cada día. No por nuestros méritos ni por nuestra resistencia, sino por la gracia inagotable que brota de la cruz de Cristo y que el Espíritu derrama en nuestros corazones.

El apóstol lo afirmó con la voz del hombre que había sido apedreado, encarcelado y naufragado:

"Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior empero se renueva de día en día." (2 Corintios 4:16)

No hay trabajo pequeño cuando se hace para un Dios grande. No hay día perdido cuando se vive bajo la soberanía de Aquel que ordena todos los pasos del justo. Carey lo entendió. Pablo lo vivió. Y nosotros, por la gracia de Dios, podemos imitarlos.

jueves, 12 de febrero de 2026

Los arrepentimientos falsos y el arrepentimiento verdadero

A lo largo de las Escrituras, encontramos numerosos ejemplos de personas que expresaron remordimiento por sus acciones. Sin embargo, la Biblia nos revela una distinción crucial: no todo lamento es verdadero arrepentimiento. Muchos sintieron tristeza por las consecuencias de sus pecados, pero sus corazones permanecieron sin cambio.

El arrepentimiento genuino trasciende las emociones superficiales y las lágrimas momentáneas. No se trata simplemente de sentirse mal por lo que hemos hecho, sino de experimentar una transformación profunda que solo puede ser obrada por el Espíritu Santo. Como nos enseña 1 Juan 1:7, es la sangre de Cristo la que "nos limpia de todo pecado", produciendo en nosotros un cambio duradero que va más allá de nuestra propia voluntad.

El "arrepentimiento" generado por nuestros propios esfuerzos, aunque venga acompañado de lágrimas sinceras, es temporal y superficial. Solo el poder transformador del Espíritu Santo puede generar el fruto verdadero del arrepentimiento: un cambio permanente de corazón y de actitud que perdura en el tiempo.

En este estudio examinaremos varios ejemplos bíblicos que ilustran diferentes formas de falso arrepentimiento, contrastándolos finalmente con el arrepentimiento verdadero que Dios desea de nosotros.

1. ARREPENTIMIENTO EN MEDIO DE LOS PROBLEMAS

Éxodo 9:27 - "Entonces Faraón envió a llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: He pecado esta vez; Jehová es justo, y yo y mi pueblo impíos."

Este es el clásico ejemplo del arrepentimiento condicionado por las circunstancias. Faraón reconocía su pecado solo cuando la presión se volvía insoportable. Durante cada plaga, sus palabras sonaban sinceras, pero su corazón permanecía endurecido.

Este patrón revela un principio fundamental: el verdadero arrepentimiento no depende de las circunstancias externas. Cuando el dolor cesaba, Faraón volvía inmediatamente a su rebeldía, demostrando que nunca hubo un cambio real en su corazón.

Muchos caen en este mismo patrón: buscan a Dios desesperadamente en la tormenta, pero le olvidan rápidamente en la calma. Oran con fervor cuando atraviesan crisis, pero una vez que la situación mejora, vuelven a sus antiguos caminos. El verdadero arrepentimiento permanece firme tanto en la adversidad como en la prosperidad, porque no está motivado por el sufrimiento temporal, sino por un genuino quebrantamiento ante la santidad de Dios.

2. ARREPENTIMIENTO QUE DURA POCO ANTE LA OFERTA DEL MUNDO

Números 22:34 - "Entonces Balaam dijo al ángel de Jehová: He pecado, porque no sabía que tú te ponías delante de mí en el camino; mas ahora, si te parece mal, yo me volveré."

La historia de Balaam es una advertencia solemne sobre la fragilidad del arrepentimiento cuando no está arraigado en un corazón transformado. Inicialmente, Balaam pareció retroceder ante la intervención divina, reconociendo su error con palabras aparentemente humildes.

Sin embargo, su "arrepentimiento" fue derrotado por la seducción de las riquezas y el honor mundano. Cuando el rey Balac le ofreció grandes recompensas económicas y prestigio, Balaam encontró la manera de justificar su desobediencia y terminó aconsejando cómo hacer pecar a Israel.

Este profeta nos enseña una lección vital: podemos conocer la voluntad de Dios e incluso experimentar Su intervención sobrenatural, pero si nuestro corazón sigue atado a los tesoros terrenales, eventualmente caeremos. El verdadero arrepentimiento nos libera del poder que el mundo ejerce sobre nuestras decisiones. Balaam murió entre los enemigos de Israel (Números 31:8), un trágico recordatorio de que es imposible servir a dos señores. Su historia nos advierte: no podemos negociar con Dios ni usar nuestro "arrepentimiento" como una táctica para obtener lo que el mundo ofrece.

3. ARREPENTIMIENTO ANTE LA PRESIÓN EXTERNA

Josué 7:20 - "Y Acán respondió a Josué, diciendo: Verdaderamente yo he pecado contra Jehová el Dios de Israel, y he hecho así y así:"

Acán representa el arrepentimiento forzado por la exposición pública. Su confesión solo llegó después de ser descubierto mediante un proceso público y solemne donde toda la nación de Israel fue testigo. Mientras su pecado permaneció oculto, no hubo el más mínimo indicio de remordimiento o deseo de cambio.

Este patrón es alarmantemente común: las personas confiesan sus pecados solo cuando son confrontadas, cuando las evidencias son irrefutables, o cuando el costo de seguir ocultándolos se vuelve demasiado alto. Pero el verdadero arrepentimiento no espera a ser descubierto; surge de una conciencia sensible al Espíritu Santo que nos convence de pecado antes de que seamos expuestos públicamente.

La diferencia es crucial: Acán dijo "he pecado" solo después de ser atrapado, mientras que David clamó "contra ti, contra ti solo he pecado" (Salmo 51:4) antes de que su pecado fuera conocido públicamente por el profeta Natán. El arrepentimiento genuino nace de nuestra relación con Dios, no de nuestra reputación ante los hombres. No es el temor a las consecuencias sociales, sino el dolor de haber ofendido a un Dios santo y amoroso.

4. ARREPENTIMIENTO ANTE LA CONVENIENCIA

1 Samuel 15:24 - "Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; porque he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado."

Saúl nos muestra cómo el orgullo puede disfrazarse de humildad, y la rebeldía puede esconderse detrás de justificaciones aparentemente nobles. Dios le había ordenado destruir completamente a Amalec y todo lo que les pertenecía, pero Saúl desobedeció preservando lo mejor del botín y al rey Agag.

Cuando fue confrontado, su "arrepentimiento" vino acompañado de excusas y culpabilización de otros. Justificó su desobediencia alegando que el pueblo quería guardar lo mejor para sacrificarlo a Dios, presentando su rebeldía como un acto de piedad religiosa. Esta es una de las formas más peligrosas de falso arrepentimiento: usar el lenguaje espiritual para justificar la desobediencia.

Samuel le respondió con palabras que resuenan a través de los siglos: "¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios" (1 Samuel 15:22). Ninguna cantidad de actividad religiosa, servicio ministerial o falsa compasión puede sustituir la obediencia simple y directa a la Palabra de Dios.

El verdadero arrepentimiento acepta la responsabilidad sin excusas, sin transferir la culpa a otros, y sin intentar negociar con Dios presentando "alternativas" más convenientes a Su voluntad claramente expresada.

5. ARREPENTIMIENTO MENTAL

Mateo 27:4 - "diciendo: Yo he pecado entregando la sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!"

Judas Iscariote nos presenta quizás el ejemplo más trágico de todos: el arrepentimiento intelectual sin transformación del corazón. Después de traicionar a Jesús, Judas experimentó un profundo remordimiento. Reconoció su pecado, devolvió el dinero, y públicamente declaró la inocencia de Cristo. Sus acciones externas parecían indicar arrepentimiento.

Sin embargo, hay una diferencia abismal entre el remordimiento y el arrepentimiento verdadero. El remordimiento es un dolor psicológico por las consecuencias de nuestras acciones; el arrepentimiento es un cambio espiritual en la dirección de nuestra vida. Judas concluyó mentalmente que había hecho algo terrible, pero esa conclusión racional no lo llevó a buscar el perdón y la restauración que solo Cristo podía ofrecer.

En lugar de correr hacia el Salvador a quien había traicionado, Judas corrió hacia la autodestrucción. Su historia es un recordatorio sombrío: podemos estar intelectualmente convencidos de nuestro pecado y aun así perecer sin salvación. El verdadero arrepentimiento no termina en la desesperación, sino que nos impulsa hacia la gracia. No nos lleva al suicidio espiritual, sino a los pies de Cristo donde encontramos misericordia abundante.

La diferencia entre Judas y Pedro es instructiva: ambos traicionaron a Jesús, ambos lloraron amargamente, pero solo Pedro permitió que su dolor lo llevara al arrepentimiento que produce vida. El remordimiento de Judas lo llevó a la muerte; el arrepentimiento de Pedro lo llevó a la restauración y al ministerio poderoso.

6. ARREPENTIMIENTO DE CORAZÓN – EL VERDADERO

Lucas 15:21 - "Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo."

Finalmente llegamos al hermoso contraste: el arrepentimiento genuino y verdadero. El hijo pródigo nos ofrece el modelo perfecto de lo que significa volverse completamente a Dios después de alejarse de Él.

Este joven pecó gravemente: despilfarró la herencia de su padre en una vida disoluta, cayó en la más profunda degradación hasta cuidar cerdos (algo abominable para un judío), y llegó al punto de desear comer la comida de los animales. Pero en medio de su miseria, experimentó algo que los otros ejemplos no tuvieron: un genuino cambio de corazón.

Observemos los elementos de su verdadero arrepentimiento:

1. Reconoció la gravedad de su pecado: No solo admitió que cometió un error; reconoció que pecó "contra el cielo" (contra Dios mismo) y contra su padre.

2. Aceptó las consecuencias sin negociar: Declaró que ya no era digno de ser llamado hijo. No vino con una lista de condiciones o demandas; vino con humildad absoluta.

3. Se levantó y actuó: No se quedó lamentándose en el chiquero. El arrepentimiento verdadero produce acción. Se levantó y regresó a casa.

4. Vino sin pretensiones: Solo pidió ser tratado como un jornalero, reconociendo que había perdido todo derecho y privilegio. Su entrega fue completa, sin hipocresías ni conveniencias personales.

5. Experimentó restauración total: El padre no solo lo perdonó, sino que lo vistió con el mejor manto, le puso un anillo en su dedo y sandalias en sus pies, y celebró su regreso.

Este es el arrepentimiento que Dios honra y acepta. No está motivado por las circunstancias, no se desvanece ante las tentaciones del mundo, no espera ser descubierto, no viene con excusas, y va mucho más allá del mero razonamiento mental. Es una rendición completa del corazón que produce fruto permanente de transformación.

CONCLUSIÓN

A través de estos ejemplos bíblicos, hemos visto seis formas de falso arrepentimiento que, aunque pueden parecer genuinas externamente, carecen del poder transformador que caracteriza al arrepentimiento verdadero:

El arrepentimiento condicionado por las circunstancias (Faraón), el arrepentimiento derrotado por las ofertas del mundo (Balaam), el arrepentimiento forzado por la exposición pública (Acán), el arrepentimiento disfrazado de justificaciones (Saúl), y el arrepentimiento meramente intelectual (Judas).

En contraste, el hijo pródigo nos muestra que el verdadero arrepentimiento es un cambio radical del corazón, obrado por el Espíritu Santo, que nos lleva a una rendición completa ante Dios sin condiciones, excusas o reservas.

Hoy, el Espíritu Santo nos invita a examinar nuestros propios corazones. ¿Nuestro "arrepentimiento" se parece más a Faraón, Balaam, Acán, Saúl o Judas? ¿O refleja la humildad genuina y la entrega total del hijo pródigo?

Recordemos que el arrepentimiento verdadero no es obra humana. No podemos producirlo por nuestros propios medios, por más que lo intentemos o por más lágrimas que derramemos. Es un regalo de Dios, una obra sobrenatural del Espíritu Santo en respuesta a un corazón dispuesto y quebrantado. Como declara 1 Juan 1:7, es la sangre de Jesucristo la que "nos limpia de todo pecado", y solo Su poder puede generar en nosotros un cambio permanente y genuino.

La buena noticia del evangelio es esta: mientras haya vida, mientras el corazón aún responda a la voz de Dios, hay esperanza. El Padre celestial espera, como el padre del hijo pródigo, con los brazos abiertos, listo para restaurar completamente a todo aquel que regrese a Él con un corazón genuinamente arrepentido.

"Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad." (1 Juan 1:9)

¿Responderás hoy a Su llamado al verdadero arrepentimiento?

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lunes, 9 de febrero de 2026

¿Es Bíblico el "Don de Lenguas" Moderno - Cinco incongruencias que desafían el sentido común

"Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia." — Proverbios 2:6

Si tienes dudas sobre la veracidad bíblica del "supuesto don de lenguas" que muchas iglesias proclaman hoy, pruébalos con los razonamientos más simples del sentido común. Si crees que nuestro Dios es "la sabiduría" y que no hay incongruencias en Él, fácilmente encontrarás la mentira doctrinal arraigada en quienes proclaman el don de lenguas en la actualidad.

"Sea Dios verdadero, mas todo hombre mentiroso." — Romanos 3:4


INCONGRUENCIA N°1: ¿Por qué no capacitar a los misioneros?

Se estiman más de 6,000 idiomas en el mundo, y la Biblia ha sido traducida a más de 2,300 de ellos. Los misioneros al África o Asia tardan 2 o 3 años en adaptarse a la cultura y comprender el lenguaje básico. Traducir la Biblia a un idioma o dialecto es tarea de años o décadas.

Pregunta clave: ¿Por qué daría Dios un don sobrenatural a Juan X o María Z para que hablen un idioma desconocido en la iglesia cerca de su casa, antes de capacitar instantáneamente a los abnegados misioneros que dan su vida por el evangelio? ¿Acaso la difusión del evangelio no sería mayor de este modo?

Dios es un Dios de sabiduría, y sencillamente no daría dones a quien menos los necesita mientras deja carentes a quienes más los podrían utilizar. Es como si el soldado en el cuartel estuviera armado con todo su equipo de supervivencia, mientras aquel enviado al frente de batalla fuera desprovisto de lo más elemental.

Pregunta sincera: A quienes dicen poseer "el don de lenguas", ¿por qué no se inscriben en organizaciones misioneras o comités traductores de la Biblia? Servirían de mucha ayuda.

Alguno dirá: "El don de lenguas está dado por Dios para otra cosa." Entonces nos cabe preguntar: ¿Para qué lo dio entonces?


INCONGRUENCIA N°2: El intérprete innecesario

El ambiente es una iglesia local. Sin "intérprete", el don de lenguas carece de sentido (1 Corintios 14:27). Pero supongamos que "alguien habla en lenguas" y otro "interpreta".

El problema: en la congregación no hay gente de varias nacionalidades (diferente al caso de las iglesias primitivas), sino que, por ejemplo, son todos hispanos.

Pregunta clave: Si todos hablan español, ¿para qué hablar en lenguas?

En la iglesia primitiva, si había 3 idiomas (A, B y C) y alguien hablaba una revelación de Dios en idioma C, obviamente Dios levantaría un "intérprete" para traducir a los idiomas B y A respectivamente. Eso es lógico.

¿Es la experiencia de las iglesias carismáticas de hoy? No, ni siquiera se parece.


INCONGRUENCIA N°3: ¿Lenguas angélicas?

Supongamos que alguien diga: "Usted se equivoca... las lenguas del Espíritu son lenguas angélicas, es decir, celestiales."

Aclaración: Esto no concuerda con Hechos 2. Posiblemente tal declaración se apoya en 1 Corintios 13:1, sin darse cuenta de que Pablo está usando ironía, no estableciendo que se puede hablar en lenguas angélicas.

Pero supongamos que fuera cierto. Que alguien hable lenguas angélicas y otro traduzca. ¿Cuál fue el resultado de la interpretación? ¿Hubo alguna revelación que la Biblia no dijera aún? ¿O hubo una revelación "extrabíblica"?

Pregunta clave: ¿Para qué realizar el "paso intermedio" de la lengua angelical? ¿No bastaba con la revelación directamente en el idioma original? ¿O es necesario un toque de espectacularidad?

Otro tema: ¿Existe una diversidad de lenguas angélicas? Entendemos que el suceso de Babel fue un castigo de Dios al orgullo del hombre:

"Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra." — Génesis 11:9

No hay indicios de que esto haya pasado con los ángeles del cielo. El apóstol Pablo está tratando el tema con ironía cuando se refiere a "lenguas angélicas".


INCONGRUENCIA N°4: El caos en el culto

Los cultos de muchas iglesias consisten en orar todos al mismo tiempo, o si alguien ora, se escucha de fondo el repetido murmullo de los que oran en lenguas. Otros, sin tapujos, dicen su seguidilla de frases ininteligibles en voz alta.

¿No es esto exactamente lo que la Biblia advierte tan claramente que se debe evitar?

"De manera que, si toda la iglesia se juntare en uno, y todos hablan lenguas, y entran indoctos o infieles, ¿no dirán que estáis locos?" — 1 Corintios 14:23


INCONGRUENCIA N°5: La presión psicológica

Los que hablan en lenguas presionan a otros para que lo hagan. Recordemos este texto:

"¿Tienen todos dones de sanidad? ¿Hablan todos lenguas? ¿Interpretan todos?" — 1 Corintios 12:30

En la iglesia primitiva, no todos tenían este don. Queda muy claro.

Pregunta clave: ¿Por qué la insistencia de algunos grupos a que todos deban hablar lenguas?

Como vemos, es una presión psicológica que nada tiene que ver con los planes de Dios, sino más bien con las ocurrencias obstinadas de los hombres.


CONCLUSIÓN

¿Te han servido estas reflexiones para analizar aunque sea un poco el panorama?

Ruego a Dios que te libre de este "misticismo" y puedas guiarte solo con la revelación de la Palabra de Dios.

El don de lenguas tuvo su preponderancia en la iglesia primitiva y cumplió los objetivos para los cuales Dios los dio en su momento. Luego del primer siglo, la iglesia estuvo casi 2,000 años sin hablar en lenguas... hasta que la corriente carismática-pentecostal volvió a instaurarlo a mediados del siglo XX.

¿Es el resurgimiento del don... o es simplemente la apostasía de este último tiempo? (1 Timoteo 4:1)

Que podamos seguir el ejemplo del Apóstol:

"Pero en la iglesia más quiero hablar cinco palabras con mi sentido, para que enseñe también a los otros, que diez mil palabras en lengua desconocida." — 1 Corintios 14:19

 

Spurgeon.ar

lunes, 11 de agosto de 2025

LAS EMOCIONES DE LA CARNE VS. LAS EMOCIONES DEL ESPÍRITU SANTO

Muchas veces me he preguntado cómo diferenciar cuándo una emoción es provocada por el Espíritu Santo y cuándo proviene de uno mismo. He encontrado un escrito de casi 250 años de antigüedad, cuyo autor es Jonathan Edwards, uno de los principales predicadores del siglo XVIII.
«Imagínese una persona que por mucho tiempo ha tenido temor del infierno. Satanás llega y la engaña haciendo que piense que Dios ha perdonado sus pecados. Supongamos que Satanás la engaña a través de una visión de un hombre con una preciosa cara sonriente y brazos abiertos. El pecador cree que esta es una visión de Cristo. O tal vez el diablo lo confunde con una voz que dice “Hijo, tus pecados te son perdonados,” la cual el pecador piensa es la voz de Dios. Así empieza a creer que es salvo, a pesar de carecer de un entendimiento espiritual del evangelio. ¡Qué variedad de emociones entrarían en la mente de este pecador! Estaría lleno de amor para su salvador imaginario quien él piensa le ha salvado del infierno. Se sentiría lleno de gratitud por esta salvación imaginaria. Se llenaría de gozo sobrecogedor. Sus emociones lo impulsarían a hablar a otros de su experiencia. Con facilidad se humillaría delante de su dios imaginario. Se negaría a sí mismo y celosamente promocionaría su religión imaginaria mientras durara el fervor de sus emociones. Todas estas emociones religiosas pueden surgir juntas de esta manera. Sin embargo, la persona a quien nos hemos estado imaginando no es cristiana. Sus emociones son el resultado del funcionamiento natural de su propia mente, no de la obra salvadora del Espíritu de Dios. El que dude que esto sea posible entiende muy poco de la naturaleza humana.»

La predicación de Jonathan Edwards despertó un avivamiento histórico en Nueva Inglaterra. Con el paso de los años, muchos en su tiempo intentaron «copiar el avivamiento», lo que llevó a no pocos a falsas experiencias religiosas. Edwards denunciaba constantemente este falso evangelio, señalando que carecía de contenido bíblico. Era un gran ganador de almas y tenía muy en claro que las emociones, si están vacías del conocimiento del evangelio, no pueden salvar.

A dos siglos y medio de sus advertencias, sus palabras nos invitan a reflexionar sobre nuestra propia época. ¿Qué contenido bíblico tienen las predicaciones de nuestro tiempo? ¿No será que tanto emocionalismo sin evangelio produce más «convencidos» que «convertidos»? Un buen ejercicio es acudir a la literatura antigua y leer cómo predicaban aquellos siervos de Dios, empaparnos de su contenido, de su manera de presentar el evangelio, denunciar el pecado y exaltar la obra de Cristo, y luego compararlo con las predicaciones actuales.

Jonathan Edwards escribía en su libro La Verdadera Experiencia Cristiana (pág. 16): a) El cristiano falso no tiene un sentido de la seriedad de su destino eterno ni de la importancia infinita de edificar sobre el fundamento correcto. En contraste, el creyente verdadero es humilde y cuidadoso; siente lo asombroso que será encontrarse delante de Dios, el Juez infinitamente santo. La seguridad falsa desconoce esto por completo.

b) El cristiano falso no es consciente de lo ciego y engañoso que es su propio corazón. Su seguridad falsa le da gran confianza en sus propias opiniones. El creyente verdadero, en cambio, contempla con modestia su propio entendimiento.

c) Satanás no ataca la seguridad falsa; ataca la seguridad del verdadero cristiano porque es ésta la que produce mayor santidad. En cambio, es el mejor amigo de la seguridad falsa, pues mantiene al cristiano falso totalmente bajo su poder.

d) La seguridad falsa ciega a la persona respecto al verdadero alcance de su pecaminosidad. El cristiano falso se ve a sí mismo brillante y limpio. El cristiano verdadero, en cambio, conoce su propio corazón y se reconoce como un gran pecador; con frecuencia se pregunta si es posible que alguien verdaderamente salvo sea tan pecador como él sabe que es.

Como dijo el profeta Jeremías: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?» (Jeremías 17:9).

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jueves, 8 de mayo de 2025

Aprendiendo a leer la Biblia comprensivamente

Hoy en día, en el ambiente evangélico, se está empezando a hablar cada vez más de la «predicación expositiva». Es decir, aquella clase de predicación que parte del texto de la Biblia, se atiene a su contexto y transmite lo más fielmente posible la intención del texto. Esto es, según 2 Timoteo 2:15, «trazar bien la Palabra de verdad», lo cual trae honra a Dios y edifica fielmente a su pueblo. Cansadas de los garabatos discursivos de hombres que predican sus propias anécdotas, sueños y experiencias, las personas empiezan a preferir a hombres que tracen bien «la línea» de la Palabra.

Muchas ovejas han sido expuestas por años a predicaciones bíblicas sacadas fuera de contexto. Se cansaron de «comer plástico» en estas iglesias, y el Señor las llevó a buenos pastos saludables de la Palabra. Estar en una iglesia cuya predicación exalta la Palabra de Dios antes que la del hombre es un buen comienzo, pero no debemos detenernos allí. El daño que provoca una mala predicación afecta también la forma en que el creyente aborda la lectura de la Biblia. Muchos creyentes han sido expuestos durante años a predicaciones desenfocadas del contexto bíblico, y ese proceso dañino ha provocado malos hábitos de lectura. ¡Es hora de reafirmar una lectura comprensiva de la Biblia!

¿De qué parte de la maquinaria es este texto? (Cuando se lee sin contexto…)

Muchas personas van diariamente a la Biblia (¿eso es bueno, verdad?) para leer porciones aisladas. A veces esas lecturas involucran un solo versículo tomado de aquí y otro de allá. Al tomar un texto aislado, quieren aplicarlo directamente a su vida, ignorando en qué contexto se dio (y muchas veces hacen una mala aplicación por esa razón). Pongamos un ejemplo: si yo tomara una pieza de motor de un auto y le preguntara a alguien que repara vehículos: ¿Qué es esto?, seguramente el mecánico me indicaría de qué parte del motor es, e incluso, en ciertos casos, me diría qué clase de vehículo y marca es. Pero si tomara la misma pieza y se la mostrara a un público no familiarizado con los automóviles, podrían llegar a decir: «Esa pieza es de un ventilador de techo», otros: «Es de un horno de microondas», y otros: «Es parte de una turbina de un avión». Las respuestas serían tan variadas como personas opinen. De la misma manera, cuando tomamos un texto y queremos «ser bendecidos» con él, muchas veces lo relacionamos con la maquinaria equivocada. Si no leemos la Biblia de forma amplia, nos costará mucho relacionar «la parte con el todo». Leer versículos aislados nos lleva a tener muchas piezas sueltas que muchas veces no sabemos cómo encajan entre sí.

Sabiendo más de Harry Potter que de la Biblia

Todos conocen las películas del famoso adolescente mago. Lo que muchos ignoran es que hay libros detrás de los films, escritos por J. K. Rowling (seudónimo de la escritora), que vendió cerca de 450 millones de copias de los diferentes episodios de Harry Potter. Para mí, fue sorprendente ver en una librería a un niño de unos diez años pedirle a su padre que le comprara un voluminoso libro de Harry Potter (un libro del tamaño de una Biblia). ¿Se leerá todo eso realmente? (me pregunté). Muchos niños y adolescentes han despertado un hábito por la lectura leyendo, lamentablemente, este tipo de historias fantásticas (que, si vamos al caso de Harry Potter, son siete gruesos libros) antes que la Palabra de Dios, que puede hacerlos sabios para la salvación que es en Cristo Jesús (2 Timoteo 3:15). Ahora ellos leen un libro en orden y por vez, y saben relatar muy bien la historia del famoso Harry Potter y sus aventuras en la academia de magia. ¿Cómo lo hacen? No es ningún secreto: ¡simplemente leen de corrido, comprendiendo toda la historia, un libro por vez!

Estos jóvenes lectores no leen un párrafo del libro tercero un día, para pasar luego a otro párrafo del libro quinto, y así volver al libro cuarto. No. Ellos tienen una buena comprensión integral de la historia porque, valga la redundancia, leen la historia de forma integral. Si aquellas personas que leen la Biblia de a saltos hicieran lo mismo con los libros de Harry Potter, tú les preguntarías: ¿De qué va la historia? Y te responderían alguna cuestión descabellada como: «Es la historia de un niño que quiere ser famoso en un circo con sus trucos de magia» (sabemos que la historia no tiene que ver con eso). A veces la gente ignora que la Biblia, si bien es el libro de Dios único, consta de 66 libros individuales. Estos libros son de diferentes escritores, épocas y estilos literarios. Todo es obra de la misma inspiración divina, pero Dios utilizó diferentes escritores humanos, dando diferentes matices y contextos. El tema principal de la Biblia es Jesucristo. Dios puede hablarnos con su Palabra cuando realmente nos aplicamos a una lectura comprensiva, más que a buscar pasajes al azar.

La Biblia no es el horóscopo

Sé que hay aplicaciones para teléfonos móviles que envían un texto de la Biblia por día a determinada hora. Esperar ser edificados de esta forma me recuerda a aquella persona sin Dios que consulta el diario matutino para ver «qué tienen los astros para decirle acerca de su vida». Quizá la comparación sea exagerada, pero también lo es la forma en que a veces encaramos la lectura de la Biblia. Alguien dijo que la Biblia es una carta de Dios al hombre, y estoy de acuerdo con esa proposición (aunque hoy usemos más frecuentemente el e-mail). Por lo general, cuando leo una carta, me fijo el remitente y empiezo a leerla desde la fecha y encabezado hasta el final, donde está la firma de la persona que la escribió. Solo un loco leería una carta por partes, mezclándola incluso con otros párrafos de cartas más antiguas del mismo remitente. Nunca nos enteraríamos, en tal caso, «qué quiso decir» el remitente leyendo de esa forma. En cambio, leyendo de forma secuencial y ordenada, nos damos una idea cabal de la intención de cada carta y de la intención integral que nos transmite el autor. Del mismo modo, debemos leer la Biblia de forma ordenada para comprender la intención del Autor.

Cómo leer la Biblia (una receta más entre tantas)

Esta no es una receta magistral (acepto sugerencias), pero es una idea que me hago a la luz de muchos escritores bíblicos y bajo la experiencia de ser un revisor de la Biblia. ¿Qué leer primero?, nos preguntamos. Hay muchos buenos planes de lectura, pero aquí van algunas ideas para aquellos que quisieran leer la Biblia completa. Se podría hacer una lectura corrida de Génesis hasta Apocalipsis, pero podemos seguir, si queremos, una secuencia lógica doctrinal, sobre todo para lectores que comienzan con la lectura bíblica.

  1. Leer primero los 4 evangelios
    Es necesario conocer a fondo la historia de Jesús, y los evangelios relatan su encarnación, muerte y resurrección. El orden conveniente (por relación de complejidad) sería: Juan, Marcos, Lucas y Mateo.

  2. Leer Génesis y Éxodo
    Paralelamente a los evangelios, leer estos dos primeros libros de la Biblia, que nos introducen en la creación del mundo, la entrada del pecado, y la historia del pueblo «elegido» de Israel antes de entrar en la tierra prometida y los patriarcas (Abraham, Isaac, Jacob). Con eso relacionamos la promesa de Dios de un Mesías salvador, a la vez que formamos una idea de la Ley de Dios, que el hombre no puede cumplir por sus propios esfuerzos.

  3. Leer el libro de Hechos y las epístolas de Pablo, desde Romanos a Filemón
    Leeremos la historia de la iglesia primitiva en Hechos, complementada con todo su desarrollo a través de las epístolas. Muchas de estas epístolas citarán el Antiguo Testamento (que ya estamos empezando a leer de forma paralela). Todas están llenas de la doctrina apostólica en cuanto al evangelio y la preeminencia de Cristo en su iglesia, así como de la corrección de errores y desvíos de la iglesia primitiva.

  4. Leer desde Números hasta Jueces
    De esta forma repasamos los conceptos de la ley (para entender, por ejemplo, el contraste de la gracia con el libro de Romanos) y nos introducimos en la entrada de Israel a la tierra prometida, por medio de Josué, y el gobierno de Dios a través de los jueces que suscitó con el tiempo.

  5. Leer las cartas universales (desde Hebreos hasta Judas)
    Así terminamos de formarnos una idea integral de la doctrina apostólica y de la historia de la iglesia. Los «héroes de la fe» relatados en el libro de Hebreos encontrarán conexión con el libro de Jueces, por ejemplo, pero lo más importante será la conexión del Mesías prometido a Israel, teniendo cumplimiento en Jesucristo. Recordar que Santiago es un pastor de origen judío, y Pedro dirige su carta a los judíos en la dispersión.

  6. Leer desde 1 Samuel hasta 2 Crónicas y demás libros históricos (Ester, Rut, Esdras, Nehemías)
    De esta forma ya tenemos una idea de los reyes (en especial David, que fue el predecesor de la genealogía de Jesús) y de varios profetas. Podemos incluir Job, que es histórico aunque en lenguaje poético. Entenderemos un poco más la razón de las genealogías de Mateo y Lucas, y de por qué a Jesús le decían «Hijo de David».

  7. Leer los profetas mayores y menores y el Apocalipsis
    Dejemos para lo último el género profético, por su complejidad, ya que al tener toda una cosmovisión histórica del Antiguo y Nuevo Testamento, vamos a poder relacionar las profecías de manera más eficaz. También tendremos que relacionar en el Antiguo Testamento una línea histórica de reyes y sus profetas contemporáneos (antes y después del exilio en Babilonia).

  8. Los libros poéticos como Salmos, Proverbios, Cantares y Eclesiastés
    Estos libros no es necesario leerlos secuencialmente (aunque sí completamente). Se puede, con un plan de lectura, ir intercalándolos entre la lectura general que se hace paso a paso. Recordar que muchos de los Salmos son proféticos respecto a Cristo (salmos mesiánicos).

En definitiva, para empezar a tener una idea cabal del contexto de la Biblia, yo diría que eso ocurre después de tres lecturas completas. ¿Parece mucho, verdad? ¡Ánimo! Si los adolescentes pueden leer siete gruesos tomos de la fútil lectura de Harry Potter, ¡nosotros podemos leer el Libro de nuestro Dios con mayor interés y diligencia! Podremos trazar una línea histórica de todo el relato bíblico, y lo más importante: encontrar de manera correcta al personaje central, ¡a Cristo! Pues toda la Escritura habla de Él.

Lucas 24:27
Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas,
les declaraba en todas las Escrituras lo que de Él decían.

martes, 24 de diciembre de 2024

DEL PESEBRE A LA CRUZ

¡Cuántas culturas y países recuerdan en estos días el nacimiento de Jesús!

En todas partes se arma un escenario: animales, pastores, María y José a ambos lados del recién nacido Jesús, junto con un árbol decorado que no tiene relación alguna con los relatos bíblicos. Entre guirnaldas, luces y destellos, los niños pequeños preguntan a sus padres de qué se trata esta "fiesta". Las respuestas, casi automáticas, se resumen en frases como: «Ha nacido el niño Dios», «Es el regalo de Dios a la humanidad» o simplemente «Nació el niño Jesús». Sin mayores explicaciones, los niños asocian esta época con regalos y una reunión familiar, marcada muchas veces por excesos en las celebraciones. Al crecer, estos niños perpetúan el desconocimiento sobre quién es realmente Jesús, transmitiendo la tradición de generación en generación.

Sin embargo, no se puede comprender el suceso del pesebre en Belén sin explicar lo que ocurrió en la cruz del monte Calvario. Ignorar el significado de la muerte de Cristo y el propósito de Dios para salvar al hombre imposibilita dar sentido pleno a su nacimiento. Millones de personas montan el tradicional pesebre navideño sin entender verdaderamente a quién están recordando. Para muchos, Jesús no es más que un personaje simpático en la escena.

La Biblia nos dice en Efesios 4:18 acerca de los hombres que son «ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón».

Cristo es el regalo de salvación de Dios para el hombre pecador. La Navidad no debería recordarnos lo buenos que somos, sino lo profundamente  pecadores y necesitados que estamos, al punto de que Dios tuvo que descender del cielo, nacer en un pesebre humilde y maloliente, vivir una vida de penurias y, finalmente, morir en una cruz. El pesebre es inseparable del suceso del Calvario.

Estimado amigo: Dios te invita a conocer a su Hijo, no solo en su nacimiento, sino también en su muerte en la cruz y en su resurrección. Él no quiere que permanezcas ajeno a la salvación que ofrece en Cristo Jesús. Dios desea que le conozcas, que entregues tu vida en arrepentimiento para el perdón de tus pecados. De esta manera, comprenderás el verdadero significado del nacimiento de Jesús, no a través de una maqueta, sino mediante un encuentro con Dios mismo. En medio de fiestas vacías, música ruidosa y risas superficiales, el niño del pesebre sigue siendo desconocido para la mayoría del mundo. ¡Que no lo sea para ti! «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16).

domingo, 22 de diciembre de 2024

FIN DEL MUNDO: ¡Predicciones y más predicciones falsas!

Haciendo un recuento de la cantidad de veces que distintas sectas, sean cristianas o no, han predicho el fin del mundo, encuentro que hay cerca de 70 predicciones en estos 2000 años de gracia.

Desde el siglo XIX hasta la fecha, se ha producido una aceleración en estas predicciones. A continuación, se presentan algunas de ellas:
  • Año 1832 d.C.: El fundador del mormonismo, Joseph Smith, profetizó, bajo "revelación divina", el encuentro de los santos y la venida del Nuevo Jerusalén. Afirmó que, en una revelación, escuchó una voz que le aseguró que "vería el rostro de Jesús en su regreso cuando cumpliera 85 años", es decir, en 1890. Sin embargo, para entonces, Joseph Smith llevaba ya medio siglo muerto. En 1833 declaró: "Pestilencia, granizo, hambre y terremotos limpiarán el mal de esta generación (EE.UU.) para abrir y preparar el camino del retorno de las tribus perdidas de Israel desde los países del norte. Hay quienes viven en la tierra cuyos ojos no se cerrarán en muerte hasta que vean cumplidas todas estas cosas de las que he hablado".
  • Año 1844 d.C.: William Miller concluyó que la Segunda Venida de Cristo ocurriría entre el 21 de marzo de 1843 y el 21 de marzo de 1844. Cuando estas fechas fallaron, su movimiento se fragmentó, dando lugar a otros, como los Adventistas del Séptimo Día y los Testigos de Jehová, quienes aún esperan en vano la Segunda Venida de Cristo, que ya ocurrió en juicio para Israel y en gloria para los apóstoles y las iglesias del primer siglo, en el año 70 d.C.
  • Año 1850 d.C.: Ellen G. White, fundadora del movimiento Adventista del Séptimo Día, predijo el 27 de junio de 1850 que el fin del mundo estaba a pocos meses de distancia. Escribió: "Mi ángel compañero me dijo: 'El tiempo ya casi se acaba. Prepárate, prepárate, prepárate'... lo que hemos estado aprendiendo en años, ellos lo tendrán que aprender en pocos meses".
  • Año 1874 d.C.: Charles Taze Russell, fundador del movimiento que más tarde se convertiría en los Testigos de Jehová, profetizó el fin del mundo para esa fecha. Posteriormente, ajustó la fecha al año 1914. Sus seguidores continuaron aplazándola: 1925, 1936, 1953, 1973...
  • Año 1881 d.C.: Quienes interpretaban los pasajes de la Gran Pirámide de Giza (tumba de Keops) creían que el mundo acabaría en 1881. Estudios posteriores e imaginación desenfrenada señalaron nuevas fechas: 1936 y luego 1953.
  • Año 1900 d.C.: El sacerdote parisino Pierre Lacheze, en sus escritos apocalípticos, predijo la restauración de Jerusalén para 1892 y el fin del mundo para el año 1900.
  • Año 1910 d.C.: En Pittsburgh, un clérigo anunció que la llegada del cometa Halley sería el heraldo del Armagedón y la Segunda Venida de Cristo.
  • Año 1936 d.C.: Herbert Armstrong, fundador de la Iglesia de Dios Universal, predijo el Armagedón y una confrontación de Cristo con el falso profeta, relacionándolo con Hitler. Pospuso la fecha a lo largo de la Segunda Guerra Mundial, incluso hasta 1975.
  • Año 1941 d.C.: Charles Long, un líder cristiano adventista, afirmó que el retorno de Cristo y el fin del mundo ocurrirían durante la Segunda Guerra Mundial. Usó como base los conflictos globales y los mencionó como señales del Apocalipsis descritas en Mateo 24. El final de la guerra en 1945 desmintió su predicción.
  • Año 1954 d.C.: Dorothy Martin, una devota cristiana que lideraba el grupo Seekers, afirmó que el 21 de diciembre de ese año un gran diluvio acabaría con el mundo, según revelaciones que recibió "directamente de Dios". Sus seguidores dejaron sus posesiones para prepararse, pero al no cumplirse, muchos abandonaron el grupo.
  • Año 1977 d.C.: William M. Branham, un influyente predicador evangélico carismático, declaró que en 1977 se completaría la dispensación de la Iglesia Gentil y comenzaría la Segunda Venida de Cristo. Branham murió en 1965, y su predicción fue desmentida posteriormente por el paso del tiempo.
  • Año 1994 d.C.: Harold Camping, conocido predicador y locutor de radio cristiano, escribió que el fin del mundo llegaría el 6 de septiembre de 1994. Su cálculo se basó en una compleja interpretación matemática de las Escrituras. Cuando no ocurrió, corrigió su predicción a 2011.
  • Año 2011 d.C.: Nuevamente, Harold Camping aseguró que el 21 de mayo de 2011 sería el día del arrebatamiento y que los juicios apocalípticos culminarían el 21 de octubre del mismo año. Sus predicciones fallaron, causando gran controversia y el colapso de su organización.
  • Año 2020 d.C.: Paul Begley, un pastor evangélico estadounidense, afirmó que el apocalipsis iniciaría con la pandemia de COVID-19. Interpretó los eventos globales y el miedo colectivo como el cumplimiento de las plagas descritas en el libro de Apocalipsis. Aunque su predicción no se cumplió, ganó notoriedad en medios religiosos.

Conclusión

El ser humano tiene una fascinación por jugar a "ser dios", poniendo fecha al fin del mundo. Satanás desvía la atención hacia un "apocalipsis engañoso" para que los hombres se olviden de Dios y Su Palabra. Sin embargo, Jesús mismo dijo: "Vosotros, pues, también, estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá" (Lucas 12:40).

El hombre jamás sabrá "la hora" en que regresará Cristo.

Es sorprendente que muchas sectas "cristianas" aún tengan adeptos a pesar de sus múltiples fallos en predicciones pasadas. Sus seguidores intentan justificar estos fracasos adornando las "profecías muertas" o espiritualizando las palabras.

La Biblia es clara: "Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre" (Mateo 24:36). Las iglesias no deberían distraerse con estas especulaciones apocalípticas, sino enfocarse en predicar el evangelio. Esperar la venida de Cristo es la oración del penúltimo texto de la Biblia: "El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús" (Apocalipsis 22:20). Su regreso debería encontrarnos trabajando como "siervos fieles", predicando Su Palabra para la salvación de las almas: "Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando" (Lucas 12:37).

En medio de profecías mayas, meteoritos y falsas predicciones, nuestro deber es predicar la verdad del evangelio y denunciar el pecado de este mundo. Que Dios nos ayude a ser fieles y proclamar Su verdad en medio de tanta confusión religiosa.

miércoles, 30 de octubre de 2024

La «doctrina reformada» explicada en forma sencilla

No pretendo explicar en este breve escrito lo que es la «doctrina reformada» en sí, pues llevaría mucho tiempo, pero sí dar un indicio de qué trata. Especialmente quiero facilitar al lector «que busca» una explicación sencilla, ya que su interés seguramente ha sido despertado por varios mensajes de «predicadores reformados» que ponen sus prédicas en redes sociales, además de citas biográficas de Calvino, Lutero, otros reformadores, incluyendo a los puritanos del siglo XVII.

Para hacerlo más sencillo para el lector, realizaremos un «ping-pong» de preguntas y respuestas, de modo que se explique todo de manera concisa.

1. ¿Es la doctrina reformada una doctrina nueva?

No, es una doctrina antigua, el evangelio antiguo de todos los tiempos. En el siglo XVI, la iglesia católica engañaba a las almas (y no es muy diferente hoy en día), haciéndoles creer que la salvación se podía comprar (venta de indulgencias) o ganar con obras. Además, la gente no tenía acceso a la Biblia, que solo estaba en sus idiomas originales y en la traducción latina llamada «La Vulgata». ¿Conclusión? La gente estaba sumida en la oscuridad, sin el mensaje de la gracia de Dios en Cristo y sin las Escrituras en su propio idioma.

Dios levantó a un hombre llamado Martín Lutero para denunciar ese engaño, proclamando que la salvación es solo por gracia, por medio del favor inmerecido de Dios, y que solo la fe puede apropiarse de los beneficios de la salvación obtenida por Cristo en la cruz. Martín Lutero dio inicio a la Reforma, y lo siguieron cientos de hombres que no solo volvieron a las bases del antiguo evangelio, sino que también tradujeron la Biblia a los distintos idiomas de aquella época, poniendo en manos del pueblo el tesoro de la Palabra de Dios, fuente de luz y salvación, que muestra la vida eterna a través de Jesucristo.

Si Lutero fue el iniciador, Juan Calvino, por otro lado, fue el continuador y «el teólogo» por excelencia de la Reforma protestante. De ahí que un sinónimo de doctrina reformada sea «calvinismo», aunque no es del todo correcto, ya que las grandes confesiones de fe reformadas del siglo XVII surgieron después de la muerte de Calvino (aunque él dejó un legado teológico fundamental para ello).

2. ¿Qué documentos históricos sustentan la doctrina reformada?

Las confesiones de fe son documentos elaborados por numerosos hombres e iglesias que quisieron dejar por escrito, como guía para las nuevas generaciones, una verdad resumida de lo que es la verdadera fe cristiana, para prevenir los errores y herejías presentes y futuras.

Un documento por excelencia, que fue el más completo en resumir «todo el consejo de Dios» (Hechos 20:27) de forma sistematizada, es «La Confesión de Fe de Westminster». Otro documento de similar contenido, pero con algunas modificaciones (sobre la forma de bautismo y el gobierno de la iglesia), es «La Confesión de Fe Bautista de 1689», que es la que sustenta quien escribe este artículo. Por ello, el mundo de iglesias reformadas se divide principalmente entre presbiterianas y bautistas. Existen también otras confesiones importantes utilizadas por iglesias reformadas en el mundo, como La Declaración de Savoy, La Confesión Belga, la Helvética, etc.

3. ¿En esas confesiones de fe están los cinco puntos del calvinismo?

Ni Calvino ni las confesiones de fe se basan solo en cinco puntos doctrinales; por supuesto, son muchos más. Los cinco puntos provienen de un documento que hicieron las iglesias holandesas para refutar otros cinco puntos presentados por una corriente hereje que buscaba pervertir el evangelio, conocida como «arminianismo». Las iglesias reformadas holandesas crearon un documento conocido como «Los Cánones de Dort» para responder a los cinco puntos del arminianismo. Sin embargo, la controversia teológica precede a Jacobo Arminio en el siglo XVII, remontándose a la misma controversia entre Martín Lutero y Erasmo de Róterdam en el siglo XVI, y entre Agustín de Hipona y Pelagio en el siglo IV. La doctrina reformada siempre exalta la soberanía de Dios en la salvación de los hombres, mientras que sus opositores centran su teología en «el libre albedrío del hombre».

La teología reformada no es fatalista; no niega la doctrina de la responsabilidad humana ni disminuye su celo evangelístico, sino que lo acrecienta. Los evangélicos que critican la doctrina reformada no perciben que esas fueron las mismas bases evangélicas que nos diferencian de los «humanistas» católicos. Cuando intentan «refutar» la doctrina reformada, en vez de acudir a un documento histórico (como los Cánones de Dort) o alguna confesión de fe, crean un conjunto de «supuestos teológicos contradictorios» (muñeco de paja), para luego derribarlos con argumentos pobres y tendenciosos. Pero esto no debe preocuparnos; la gente que lee la Biblia y ama a Dios avanzará a la raíz del asunto. Dios promueve esa búsqueda; lo he visto mil veces. Su Espíritu guía a toda verdad (Juan 16:13).

viernes, 26 de abril de 2024

La música en la iglesia: su parte en el culto regulado y sus circunstancias

Soy pastor y también músico aficionado. He intentado inculcar el amor por la música en mis hijas y participo activamente en la selección de canciones para la congregación. Mi experiencia me ha enseñado lo complejo que es mantener una línea en este tema, y que es imposible complacer a todos, tanto en la iglesia local como en la opinión interiglesias. Lo siguiente son meros pensamientos en voz alta, pero nacen de mi fe en lo que creo que la Biblia dice, y cómo la confesión de fe que utilizamos en nuestra iglesia contribuye a este asunto (la Segunda Declaración de Fe de Londres de 1689).

LO QUE DICE LA CONFESIÓN (LAS PARTES Y SU ESENCIA) La confesión es bastante concisa y específica en cuanto a la regulación de la adoración, es decir, las partes de la adoración como la oración, la predicación y el canto congregacional, etc. En relación con la música, lo único que menciona es el canto:
«22.5 La lectura de las Escrituras, la predicación y oír la Palabra de Dios, la enseñanza y amonestación de unos a otros con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantar con acción de gracias en nuestro corazón al Señor... (2CFL1689 - Cap 22).»
No menciona el uso o la prohibición de instrumentos, ni afirma que lo más antiguo sea lo santificado y que el canto contemporáneo implique una desviación de la ortodoxia. Tampoco insiste en que se canten únicamente salmos, y componer algún himno basado en las Escrituras no te excluye automáticamente de la categoría de adorador. Es evidente que la Confesión intenta definir las partes de la adoración y no sus circunstancias. A partir del análisis del texto breve, podemos deducir tres aspectos: A) La letra del canto debe basarse en las Escrituras: Al mencionar "la enseñanza y amonestación... con cánticos", queda claro que la Biblia debe normar la letra. Por lo tanto, los compositores deben adherirse a una ortodoxia y hermenéutica claras de las Escrituras. B) La congregación debe ser la protagonista: El término "unos a otros" implica que es la congregación la responsable de llevarlo a cabo (y no una banda de músicos donde la congregación es solo espectadora que apenas murmura el himno). C) Debe ser de corazón y para el Señor: Al afirmar "con acción de gracias en nuestro corazón al Señor", se nos indica que el enfoque principal de la adoración es realizarla al Señor con un corazón transformado por Cristo. La reverencia se desprende de esta idea, por lo que la música debería estar en armonía con la letra que se canta. LO QUE NO DICE LA CONFESIÓN (LAS CIRCUNSTANCIAS) En este punto, lo que recomiendo es más subjetivo y personal (esto lo sugiero en mi iglesia y sus obras de plantación), pero creo que podría ser útil para otros, de manera que la práctica esté en línea con la confesionalidad. A continuación, enumeraré algunas de las cosas que considero circunstancias, lo cual permite diferencias de opinión válidas sin que esto entre en conflicto con el principio regulador de la adoración mencionado anteriormente. A - ¿Antiguo o contemporáneo?

Una pregunta que haría es: ¿por qué no ambos? Es importante recordar que un himno de hace 200 años era contemporáneo en su tiempo. Musicalmente, en los himnos antiguos te podrías encontrar, aunque no tan frecuentemente, con tonos menores relativos y generalmente las séptimas eran del tipo dominante. Por otro lado, los himnos contemporáneos incluyen séptimas sensibles y tonos suspendidos (por ejemplo, sus2, sus4), aprovechando todo el conocimiento armónico que el ser humano ha desarrollado. Esto no significa que transformaremos la iglesia en un concierto de rock o un café concert de estilo blues. Claro que no. Sé que es más fácil tomar un himnario antiguo y como pastor decir: "¡Cantemos solo esto!" Pero prefiero enfrentar la tensión de componer nuevos himnos, incorporar (con filtro) himnos contemporáneos que no dejan duda de que su música es majestuosa y digna de la santidad de Dios, sin por eso ser triste.

B - ¿Músicos en la plataforma o al costado?

Prefiero que los músicos se ubiquen al costado, en primer lugar, para protegerlos de cualquier exposición y la tentación de creer que son ellos quienes dirigen la adoración, cuando en realidad solo acompañan. Además, esto protege a la congregación para que no fijen su atención en los músicos, sino que se concentren en la letra de lo que cantan. Colocar a los músicos de frente a la congregación puede condicionar visualmente, hasta cierto punto, la percepción de que ellos son "los responsables de cantar", cuando el principio regulador nos enseña que toda la congregación es la responsable.

C - ¿Con percusión o sin percusión?

Este debate es intenso. El problema con la percusión, especialmente con las baterías, es que tienden a sobresalir en volumen por encima de todo, lo cual es particularmente notorio en iglesias pequeñas. Sin embargo, he observado que esto puede funcionar hasta cierto punto en recintos muy grandes. La música se compone de melodía, armonía y ritmo. Lo crucial aquí no es el ritmo, ya que nuestra intención es cantar una melodía, no bailarla. En Latinoamérica se utiliza una "percusión menor" conocida como "cajón", que me parece ideal para mantener el ritmo. Creo que si en la iglesia se mantiene un criterio musical adecuado y se entiende lo que representa la santidad de Dios, no se caerá en extremos. Pero alguien podría preguntar: ¿y si un instrumento rítmico te lleva a desviarte hacia la mundanalidad? Bueno, si no puedes encontrar el equilibrio, es mejor evitarlo.

D - ¿Cuántos instrumentos?

Creo que esto depende del tamaño de la congregación. Una inusual congregación reformada en Latinoamérica de mil personas podría sostener un armonioso conjunto sinfónico. Sin embargo, para el promedio de congregaciones pequeñas, de 100 personas o incluso menos en muchos lugares, no es necesario tener muchos instrumentos. Insisto en que lo que se acompaña es el canto congregacional y no se busca una experiencia sinfónica. Si hay varios hermanos en la iglesia con talentos musicales, considera hacerlos rotar, pero trata de evitar asignar un instrumento solo para complacer a cada uno.

E - ¿Incluir canto de apoyo?

A veces es útil que ciertos hermanos puedan guiar a otros en la nota y variaciones de un himno. Lo crucial es el volumen de los micrófonos o la regulación de la potencia de la voz de quienes apoyan el canto. Para verificar esto, basta con cerrar los ojos durante el culto y escuchar. Si lo que escuchas es la voz predominante de un determinado hermano del equipo de apoyo, algo no está funcionando correctamente. Es comprensible que esto suceda con canciones nuevas. Sin embargo, la experiencia ideal sería que, al cerrar los ojos, no reconozcas "esa es la voz de fulano o mengano", sino que percibas "la voz de la congregación". Lograr esto es desafiante, pero es hacia lo que debemos apuntar. No estaría mal que de vez en cuando los hermanos con buena voz y criterio musical enseñen a otros a entonar. Esto sería beneficioso tanto para las reuniones caseras como para el culto principal.

Creo que se podría decir mucho más de esto, pero el tiempo no alcanza. Te invito a leer otros recursos relacionados a la música que he escrito hace tiempo.

   

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lunes, 19 de febrero de 2024

Decisionismo vs. Fe

Origen del Decisionismo Charles G. Finney, un precursor clave del decisionismo en el siglo XIX, desafió las enseñanzas fundamentales de la Reforma sobre la depravación humana y la salvación por gracia. Introdujo métodos evangelísticos que ponían énfasis en la decisión individual como mecanismo para asegurar la salvación, a través de actos específicos como pasar al frente o decir una oración. Este enfoque promovió conversiones superficiales y el aumento de miembros de iglesia no genuinos, contribuyendo a una apostasía contemporánea y alentando un cristianismo nominal desprovisto de una transformación regenerativa auténtica.

En la actualidad, este legado persiste como un desafío significativo dentro del cristianismo, especialmente evidente en las prácticas evangelísticas que enfatizan la decisión personal como el acto central de la salvación. La acción voluntaria del individuo, marcada por gestos simbólicos como levantar la mano o pasar al frente durante un servicio religioso, se promueve erróneamente como suficiente para asegurar una conversión genuina, perpetuando la tendencia del decisionismo que Finney popularizó, y enfrentándonos al desafío de discernir entre una fe auténtica y una superficial en el contexto contemporáneo.

La Falacia del Decisionismo

El problema radica en que este enfoque se centra excesivamente en el ser humano, proclamando que "el hombre acepta a Cristo" y "el hombre es el que decide", desplazando así el verdadero corazón del evangelio. Esta visión contradice las enseñanzas fundamentales del cristianismo, según las cuales la salvación es un don de la gracia de Dios, no el resultado de nuestros propios esfuerzos o decisiones. La fe cristiana sostiene que el ser humano está incapacitado para salvarse a sí mismo debido a su total depravación y que es Dios quien, soberanamente, elige, llama, regenera, justifica, y preserva al creyente[mfn]Ver "ordo salutis" en teología reformada.[/mfn].

El pastor Paul Washer hace una referencia a lo que fue el decisionismo del siglo pasado:
Billy Graham tenía un programa por muchos años llamado “La Hora de Decisión.” Entonces ahora tenemos millones de personas que han hecho su decisión y todavía están perdidos. Billy Graham mismo dijo: ‘Si solamente 5% de todas las personas que han hecho su decisión en mis campañas, si solamente 5% de ellos son creyentes voy a estar feliz. Entonces yo le diría a Billy Graham: ¿Por qué no cambiaste tu manera de predicar entonces?”[mfn]Extraído de «Teología en Llamas», https://teologiaenllamas.com/2018/02/23/mis-preocupaciones-sobre-billy-graham/[/mfn]
El decisionismo promueve la ilusión de ofrecer a las personas un boleto falso hacia el cielo, sugiriendo que una simple acción o decisión personal es suficiente para garantizar la salvación. Esta perspectiva reduce la complejidad de la fe y la transformación espiritual a un mero gesto, engañando a muchos con la promesa de un acceso directo al paraíso sin el profundo compromiso y cambio de vida que la auténtica conversión requiere. La Verdad del Evangelio: Arrepentimiento y Fe

Al examinar las predicaciones de los apóstoles y evangelistas en el Nuevo Testamento, encontramos un llamado constante al arrepentimiento y la fe, y no a "aceptar a Cristo". Por ejemplo, en la primera gran predicación de la iglesia primitiva, Pedro no insta a la multitud a "aceptar a Cristo", sino a "arrepentirse" (Hechos 3:19). Esta distinción no es meramente semántica; revela una profunda diferencia teológica. La invitación del evangelio no es a una aceptación superficial impulsada por la presión psicológica, sino a creer genuinamente en Cristo, un acto de fe que es posible únicamente por la gracia de Dios y la revelación de su Palabra (Romanos 10:17).

Fidelidad al Mensaje Bíblico

Por tanto, el verdadero llamado del evangelio no se centra en la decisión humana, sino en la respuesta de fe y arrepentimiento frente a la iniciativa divina. Es un llamado a reconocer nuestra incapacidad para alcanzar la salvación por nuestros propios medios y a confiar plenamente en la obra completada por Cristo en la cruz. Este mensaje, fundamentado en la soberanía de Dios y su gracia redentora, debe ser el núcleo de nuestra predicación, para que seamos fieles al verdadero evangelio, que, al igual que Dios, no cambia ni varía (Santiago 1:17).

Conclusión: Retorno al Evangelio Auténtico

En este tiempo de discursos humanistas y búsqueda de autosuperación, es crucial recordar y proclamar las verdaderas bases Escriturales que sustentan la doctrina de la salvación, la soteriología[mfn]Ver Doctrinas de la Gracia en teología reformada.[/mfn], como la piedra angular de nuestra fe. Frente a la dilución de la doctrina en la iglesia contemporánea, debemos esforzarnos por retener y enseñar el antiguo evangelio, asegurándonos de que nuestras bases no estén contaminadas por el discurso humanista de la época. Solo así podremos confrontar a las almas con la Palabra de Dios, llamándolas al verdadero arrepentimiento de pecados y a la fe en la persona y obra de Cristo, la única base para una salvación auténtica y eterna.

Ir como complemento de este artículo a: Las doctrinas de la gracia

lunes, 18 de diciembre de 2023

No existe bendición del Dios de la Biblia para las uniones del mismo sexo

PUBLICACIÓN ORIGINAL DEL 11/10/212

IGLESIA EVANGÉLICA DA LA BENDICIÓN A MATRIMONO GAY

Lamentablemente, Rosario, mi ciudad, será la primera ciudad latina a en donde un casamiento gay recibirá «bendición religiosa» y nada menos que de una «iglesia evangélica».

Pese a la oposición de cristianos evangélicos en el pasado, cuando se manifestaron en forma masiva en contra de la modificación  del Código Civil para autorizar el enlace entre personas del mismo sexo, irónicamente una iglesia «supuestamente evangélica» va a dar la bendición al casamiento de dos policías hombres este 26 de octubre del 2012.

También el pueblo evangélico expresó su disconformidad respecto a que las parejas gay adopten niños, pero eso también fue desoído por la cámara de diputados de la nación argentina.

La comunidad gay ya tiene todos los derechos civiles que un matrimonio heterosexual, y hasta puedan adoptar niños, pero, no conformes con esto, insisten en: «La bendición de Dios».

Sirva este escrito como voz de testimonio bíblico en mi ciudad, que no hay bendición alguna del «Dios de la Biblia» al matrimonio gay.   Jesús dice en el evangelio de Mateo: Mateo 19:4 Y él respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, macho y hembra los hizo,5 y dijo: Por tanto, el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y serán dos en una carne?6 Así que, no son ya más dos, sino una carne: por tanto, lo que Dios juntó, no lo aparte el hombre. Otro pasaje de la Biblia en donde se deja más que claro que la conducta homosexual es pecado: Romanos 1:26 Por esto Dios los entregó a afectos vergonzosos; pues aun sus mujeres mudaron el natural uso en el uso que es contra naturaleza;27 y del mismo modo también los hombres, dejando el uso natural de las mujeres, se encendieron en sus concupiscencias los unos con los otros, cometiendo cosas nefandas hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la recompensa que convino a su extravío. 28 Y como a ellos no les pareció tener a Dios en su noticia, Dios los entregó a una mente depravada, para hacer lo que no conviene,

El matrimonio gay no puede tener la bendición de Dios (el Dios que se escribe con mayúscula) pues la Biblia es muy clara que Dios no creó en el Edén un tercer sexo, sino solamente un hombre y una mujer.

Sí, podrán, en todo caso invocar a un "dios" con minúscula para recibir su bendición, como dice en 2 Corintios 4:4: en los cuales el dios de este siglo cegó los entendimientos de los incrédulos, para que no les resplandezca la lumbre del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.

El «príncipe de este mundo» o el «dios de este tiempo/siglo» es la denominación que la Biblia da a Satanás.

En cuanto a la supuesta iglesia evangélica que abrirá sus puertas para que este matrimonio gay reciba «la bendición del dios de este siglo» quiero decirle que no sabe remotamente en qué consiste el evangelio, ni la doctrina de la Biblia.

La voluntad de Dios queda expresada en su Palabra, y su bendición es solo para los que le temen (Salmos 103:17).

Mal le pese a la comunidad gay, ellos podrán alterar el Código Civil de todos los países del mundo, pero no podrán alterar jamás la Palabra de Dios, que permanece para siempre (Isaías 40:8). Salmos128:1 BIENAVENTURADO todo aquel que teme a Jehová, que anda en sus caminos.2 Cuando comieres el trabajo de tus manos, bienaventurado tú, y tendrás bien. 3 Tu mujer será como parra que lleva fruto a los lados de tu casa; tus hijos como plantas de olivas alrededor de tu mesa.4 He aquí que así será bendito el hombre que teme a Jehová.
ACTUALIZACIÓN 18/12/2023

EL PAPA FRANCISCO APROBÓ LA BENDICIÓN DE PAREJAS HOMOSEXUALES

El Papa aprobó la bendición de parejas homosexuales, “pero fuera de cualquier ritualización e imitación de las nupcias”, según informó “Vatican News", el sitio de información oficial de la Santa Sede. “Vatican new” aclara que “la doctrina sobre el matrimonio no cambia, la bendición no significa aprobación de la unión” (Fuente: Diario Clarín 18/12/2023). No es raro notar las contradicciones que el Papa Francisco tiene por lo general en sus opiniones. Nunca fue un Papa de un gran diálogo teológico, sino más bien de improntas de carácter humanístico. Lejos de citar la Biblia, sus comentarios de cosmovisión nunca han pasado de ser una charla de café. Con «Francisco» no puede haber debates teológicos, porque simplemente su desempeño es netamente secular. Quizás esto buscaba la Iglesia Católica Romana cuando dijo "habemus Papam" luego de emitir humo blanco la chimenea del Vaticano en el 2013.
La contradicción en este caso es decir que «la bendición no significa la aprobación de la unión». ¿Entonces para qué se hace? Obviamente, es una forma de condescendencia en pro de la ideología LGTB. Hoy dejan un antecedente de que será una «bendición», para que el día de mañana sea directamente «una aprobación». Pero le preguntamos a Francisco: ¿acaso, técnicamente, no es una bendición sino una aprobación? Para la iglesia católica, pedir una bendición es: «Pedir a Dios bendecir una cosa o a alguien, significa pedirle entrar cada vez más dinámicamente en esta espiral de salvación, de tal forma que un mundo sacralizado ayude a su vez al hombre a santificarse. Todo en el seguimiento de Cristo» (Fuente: Catholico.net).

No hay forma compatible bajo el mismo dicho del catolicismo de que el matrimonio homosexual sea algo en relación con Dios, con Cristo y la santificación. Francisco podrá decir que no es «una bendición sacramental», entonces ¿qué tipo de bendición es que no tiene que ver con Dios?

Como se expresó en el artículo anterior, nuevamente concluimos que es una bendición «del falso dios de este siglo». No se puede quedar bien con Dios y con el diablo. La iglesia católica siempre ha sido un paganismo disfrazado de cristianismo. Algo que la Reforma protestante del siglo XVI siempre identificó y no se equivocó al decir que la silla de Roma es la del anticristo. Nunca ha tenido nada de cristiano, bíblicamente hablando, ni lo tendrá.

La única bendición solo puede venir de Dios, y este no es el triste caso para el matrimonio homosexual.

¿Sabrá el Papa Francisco que no existe bendición fuera de Dios?

La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella. Proverbios 10:22

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