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jueves, 12 de febrero de 2026

Los arrepentimientos falsos y el arrepentimiento verdadero

A lo largo de las Escrituras, encontramos numerosos ejemplos de personas que expresaron remordimiento por sus acciones. Sin embargo, la Biblia nos revela una distinción crucial: no todo lamento es verdadero arrepentimiento. Muchos sintieron tristeza por las consecuencias de sus pecados, pero sus corazones permanecieron sin cambio.

El arrepentimiento genuino trasciende las emociones superficiales y las lágrimas momentáneas. No se trata simplemente de sentirse mal por lo que hemos hecho, sino de experimentar una transformación profunda que solo puede ser obrada por el Espíritu Santo. Como nos enseña 1 Juan 1:7, es la sangre de Cristo la que "nos limpia de todo pecado", produciendo en nosotros un cambio duradero que va más allá de nuestra propia voluntad.

El "arrepentimiento" generado por nuestros propios esfuerzos, aunque venga acompañado de lágrimas sinceras, es temporal y superficial. Solo el poder transformador del Espíritu Santo puede generar el fruto verdadero del arrepentimiento: un cambio permanente de corazón y de actitud que perdura en el tiempo.

En este estudio examinaremos varios ejemplos bíblicos que ilustran diferentes formas de falso arrepentimiento, contrastándolos finalmente con el arrepentimiento verdadero que Dios desea de nosotros.

1. ARREPENTIMIENTO EN MEDIO DE LOS PROBLEMAS

Éxodo 9:27 - "Entonces Faraón envió a llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: He pecado esta vez; Jehová es justo, y yo y mi pueblo impíos."

Este es el clásico ejemplo del arrepentimiento condicionado por las circunstancias. Faraón reconocía su pecado solo cuando la presión se volvía insoportable. Durante cada plaga, sus palabras sonaban sinceras, pero su corazón permanecía endurecido.

Este patrón revela un principio fundamental: el verdadero arrepentimiento no depende de las circunstancias externas. Cuando el dolor cesaba, Faraón volvía inmediatamente a su rebeldía, demostrando que nunca hubo un cambio real en su corazón.

Muchos caen en este mismo patrón: buscan a Dios desesperadamente en la tormenta, pero le olvidan rápidamente en la calma. Oran con fervor cuando atraviesan crisis, pero una vez que la situación mejora, vuelven a sus antiguos caminos. El verdadero arrepentimiento permanece firme tanto en la adversidad como en la prosperidad, porque no está motivado por el sufrimiento temporal, sino por un genuino quebrantamiento ante la santidad de Dios.

2. ARREPENTIMIENTO QUE DURA POCO ANTE LA OFERTA DEL MUNDO

Números 22:34 - "Entonces Balaam dijo al ángel de Jehová: He pecado, porque no sabía que tú te ponías delante de mí en el camino; mas ahora, si te parece mal, yo me volveré."

La historia de Balaam es una advertencia solemne sobre la fragilidad del arrepentimiento cuando no está arraigado en un corazón transformado. Inicialmente, Balaam pareció retroceder ante la intervención divina, reconociendo su error con palabras aparentemente humildes.

Sin embargo, su "arrepentimiento" fue derrotado por la seducción de las riquezas y el honor mundano. Cuando el rey Balac le ofreció grandes recompensas económicas y prestigio, Balaam encontró la manera de justificar su desobediencia y terminó aconsejando cómo hacer pecar a Israel.

Este profeta nos enseña una lección vital: podemos conocer la voluntad de Dios e incluso experimentar Su intervención sobrenatural, pero si nuestro corazón sigue atado a los tesoros terrenales, eventualmente caeremos. El verdadero arrepentimiento nos libera del poder que el mundo ejerce sobre nuestras decisiones. Balaam murió entre los enemigos de Israel (Números 31:8), un trágico recordatorio de que es imposible servir a dos señores. Su historia nos advierte: no podemos negociar con Dios ni usar nuestro "arrepentimiento" como una táctica para obtener lo que el mundo ofrece.

3. ARREPENTIMIENTO ANTE LA PRESIÓN EXTERNA

Josué 7:20 - "Y Acán respondió a Josué, diciendo: Verdaderamente yo he pecado contra Jehová el Dios de Israel, y he hecho así y así:"

Acán representa el arrepentimiento forzado por la exposición pública. Su confesión solo llegó después de ser descubierto mediante un proceso público y solemne donde toda la nación de Israel fue testigo. Mientras su pecado permaneció oculto, no hubo el más mínimo indicio de remordimiento o deseo de cambio.

Este patrón es alarmantemente común: las personas confiesan sus pecados solo cuando son confrontadas, cuando las evidencias son irrefutables, o cuando el costo de seguir ocultándolos se vuelve demasiado alto. Pero el verdadero arrepentimiento no espera a ser descubierto; surge de una conciencia sensible al Espíritu Santo que nos convence de pecado antes de que seamos expuestos públicamente.

La diferencia es crucial: Acán dijo "he pecado" solo después de ser atrapado, mientras que David clamó "contra ti, contra ti solo he pecado" (Salmo 51:4) antes de que su pecado fuera conocido públicamente por el profeta Natán. El arrepentimiento genuino nace de nuestra relación con Dios, no de nuestra reputación ante los hombres. No es el temor a las consecuencias sociales, sino el dolor de haber ofendido a un Dios santo y amoroso.

4. ARREPENTIMIENTO ANTE LA CONVENIENCIA

1 Samuel 15:24 - "Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; porque he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado."

Saúl nos muestra cómo el orgullo puede disfrazarse de humildad, y la rebeldía puede esconderse detrás de justificaciones aparentemente nobles. Dios le había ordenado destruir completamente a Amalec y todo lo que les pertenecía, pero Saúl desobedeció preservando lo mejor del botín y al rey Agag.

Cuando fue confrontado, su "arrepentimiento" vino acompañado de excusas y culpabilización de otros. Justificó su desobediencia alegando que el pueblo quería guardar lo mejor para sacrificarlo a Dios, presentando su rebeldía como un acto de piedad religiosa. Esta es una de las formas más peligrosas de falso arrepentimiento: usar el lenguaje espiritual para justificar la desobediencia.

Samuel le respondió con palabras que resuenan a través de los siglos: "¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios" (1 Samuel 15:22). Ninguna cantidad de actividad religiosa, servicio ministerial o falsa compasión puede sustituir la obediencia simple y directa a la Palabra de Dios.

El verdadero arrepentimiento acepta la responsabilidad sin excusas, sin transferir la culpa a otros, y sin intentar negociar con Dios presentando "alternativas" más convenientes a Su voluntad claramente expresada.

5. ARREPENTIMIENTO MENTAL

Mateo 27:4 - "diciendo: Yo he pecado entregando la sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!"

Judas Iscariote nos presenta quizás el ejemplo más trágico de todos: el arrepentimiento intelectual sin transformación del corazón. Después de traicionar a Jesús, Judas experimentó un profundo remordimiento. Reconoció su pecado, devolvió el dinero, y públicamente declaró la inocencia de Cristo. Sus acciones externas parecían indicar arrepentimiento.

Sin embargo, hay una diferencia abismal entre el remordimiento y el arrepentimiento verdadero. El remordimiento es un dolor psicológico por las consecuencias de nuestras acciones; el arrepentimiento es un cambio espiritual en la dirección de nuestra vida. Judas concluyó mentalmente que había hecho algo terrible, pero esa conclusión racional no lo llevó a buscar el perdón y la restauración que solo Cristo podía ofrecer.

En lugar de correr hacia el Salvador a quien había traicionado, Judas corrió hacia la autodestrucción. Su historia es un recordatorio sombrío: podemos estar intelectualmente convencidos de nuestro pecado y aun así perecer sin salvación. El verdadero arrepentimiento no termina en la desesperación, sino que nos impulsa hacia la gracia. No nos lleva al suicidio espiritual, sino a los pies de Cristo donde encontramos misericordia abundante.

La diferencia entre Judas y Pedro es instructiva: ambos traicionaron a Jesús, ambos lloraron amargamente, pero solo Pedro permitió que su dolor lo llevara al arrepentimiento que produce vida. El remordimiento de Judas lo llevó a la muerte; el arrepentimiento de Pedro lo llevó a la restauración y al ministerio poderoso.

6. ARREPENTIMIENTO DE CORAZÓN – EL VERDADERO

Lucas 15:21 - "Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo."

Finalmente llegamos al hermoso contraste: el arrepentimiento genuino y verdadero. El hijo pródigo nos ofrece el modelo perfecto de lo que significa volverse completamente a Dios después de alejarse de Él.

Este joven pecó gravemente: despilfarró la herencia de su padre en una vida disoluta, cayó en la más profunda degradación hasta cuidar cerdos (algo abominable para un judío), y llegó al punto de desear comer la comida de los animales. Pero en medio de su miseria, experimentó algo que los otros ejemplos no tuvieron: un genuino cambio de corazón.

Observemos los elementos de su verdadero arrepentimiento:

1. Reconoció la gravedad de su pecado: No solo admitió que cometió un error; reconoció que pecó "contra el cielo" (contra Dios mismo) y contra su padre.

2. Aceptó las consecuencias sin negociar: Declaró que ya no era digno de ser llamado hijo. No vino con una lista de condiciones o demandas; vino con humildad absoluta.

3. Se levantó y actuó: No se quedó lamentándose en el chiquero. El arrepentimiento verdadero produce acción. Se levantó y regresó a casa.

4. Vino sin pretensiones: Solo pidió ser tratado como un jornalero, reconociendo que había perdido todo derecho y privilegio. Su entrega fue completa, sin hipocresías ni conveniencias personales.

5. Experimentó restauración total: El padre no solo lo perdonó, sino que lo vistió con el mejor manto, le puso un anillo en su dedo y sandalias en sus pies, y celebró su regreso.

Este es el arrepentimiento que Dios honra y acepta. No está motivado por las circunstancias, no se desvanece ante las tentaciones del mundo, no espera ser descubierto, no viene con excusas, y va mucho más allá del mero razonamiento mental. Es una rendición completa del corazón que produce fruto permanente de transformación.

CONCLUSIÓN

A través de estos ejemplos bíblicos, hemos visto seis formas de falso arrepentimiento que, aunque pueden parecer genuinas externamente, carecen del poder transformador que caracteriza al arrepentimiento verdadero:

El arrepentimiento condicionado por las circunstancias (Faraón), el arrepentimiento derrotado por las ofertas del mundo (Balaam), el arrepentimiento forzado por la exposición pública (Acán), el arrepentimiento disfrazado de justificaciones (Saúl), y el arrepentimiento meramente intelectual (Judas).

En contraste, el hijo pródigo nos muestra que el verdadero arrepentimiento es un cambio radical del corazón, obrado por el Espíritu Santo, que nos lleva a una rendición completa ante Dios sin condiciones, excusas o reservas.

Hoy, el Espíritu Santo nos invita a examinar nuestros propios corazones. ¿Nuestro "arrepentimiento" se parece más a Faraón, Balaam, Acán, Saúl o Judas? ¿O refleja la humildad genuina y la entrega total del hijo pródigo?

Recordemos que el arrepentimiento verdadero no es obra humana. No podemos producirlo por nuestros propios medios, por más que lo intentemos o por más lágrimas que derramemos. Es un regalo de Dios, una obra sobrenatural del Espíritu Santo en respuesta a un corazón dispuesto y quebrantado. Como declara 1 Juan 1:7, es la sangre de Jesucristo la que "nos limpia de todo pecado", y solo Su poder puede generar en nosotros un cambio permanente y genuino.

La buena noticia del evangelio es esta: mientras haya vida, mientras el corazón aún responda a la voz de Dios, hay esperanza. El Padre celestial espera, como el padre del hijo pródigo, con los brazos abiertos, listo para restaurar completamente a todo aquel que regrese a Él con un corazón genuinamente arrepentido.

"Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad." (1 Juan 1:9)

¿Responderás hoy a Su llamado al verdadero arrepentimiento?

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martes, 10 de febrero de 2026

La manera correcta de creer en Dios (cuidado: los demonios también creen)

Este pasaje de la Biblia hace un planteo irónico a aquellas personas que "suponen creer en Dios" pero que no tienen una verdadera fe fundamentada para salvarse. Este texto de las Escrituras nos lleva a pensar no solamente "en quién creo", sino en "la manera en que creo".

¿Pueden los demonios creer en Dios?

Los demonios, junto al diablo, eran en un principio nobles seres espirituales que pecaron rebelándose contra Dios su Creador. Dicha rebelión les ocasionó su propia ruina y expulsión del cielo.

Estos seres caídos creen en la existencia de Dios. No pueden dudar de nada porque lo han visto, y su desdichada condición les recuerda continuamente la existencia de Aquel contra quien se rebelaron.

Como vemos, un demonio cree en Dios. Pero, ¿podemos afirmar que tiene una creencia que lo salva? Desde luego que no.

El error del simple asentimiento intelectual

Así, muchas personas creen en Dios, pero creen solo en un hecho de mera existencia. Y, al igual que los demonios, dicha creencia no los salva.

Por eso, la cuestión crucial de la salvación del alma no está solamente en la creencia de que Dios existe, sino más bien en la manera en que creemos en Él.

¿De qué forma debería creer en Dios?

Jesucristo tiene la respuesta:

"A Dios nadie lo vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer." — Juan 1:18

Solo conocemos a Dios a través de su Hijo Jesucristo. Por tanto, tengo necesariamente que creer que Él es el único camino que me conduce a Dios.

"Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino según su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y de la renovación del Espíritu Santo." — Tito 3:4-5

Solo conocemos el amor de Dios hacia nosotros cuando entendemos el precio que Jesucristo pagó en la cruz por nuestros pecados. Por eso hay que ver lo que Él hizo por mí.

La creencia en Dios consiste en creer en la obra que Cristo efectuó en la cruz.

Salir de la comodidad intelectual

Por eso, aquel que de verdad quiera salvarse deberá salir de su comodidad de pensamiento de un simple: "Dios existe" y pasar a buscar y entender "lo que Dios hizo" en Cristo.

Deberá cambiar un mero asentimiento intelectual por una sincera búsqueda de corazón del "Dios Salvador". Debe haber un genuino arrepentimiento de pecados y una fe que apunte a Jesús.

La molestia de la verdad

Una vez, Jesucristo al acercarse a unos hombres endemoniados, los demonios que poseían a estas personas le gritaron:

"¿Qué tenemos contigo, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí a atormentarnos antes de tiempo?" — Mateo 8:29

La sola presencia de Cristo era molesta para los demonios.

Cuando a las personas se les cuestiona muchas veces "su forma de creencia", también se enojan. Quizá a alguno esta reflexión de la Palabra le cause cierta incomodidad, porque le lleva a replantear su vida: ¿Realmente poseo una verdadera fe en Dios o no?

¿Antes de tiempo?

Pero antes de finalizar, quiero que notes algo muy particular en la declaración de estos demonios, que dijeron: "¿Has venido acá a molestarnos antes de tiempo?"

¿Molestar antes de tiempo? ¿Es que habrá un tiempo en que de verdad serán molestados? ¿Qué significa?

Ellos saben perfectamente que el juicio de Dios se acerca a este mundo, y que tanto ellos como "los que no creyeron en el Dios Salvador" les espera un triste fin de tormento y amargura para siempre jamás.

Hoy estás a tiempo

Por eso hoy estás a tiempo de replantearte:

  • ¿De qué manera creo en Dios?
  • ¿En qué me diferencio de la creencia de los demonios?

Que puedas creer que Dios no solamente existe de manera lejana, sino que puedas encontrarlo hoy a través del único camino que existe para ir a Él: ¡Jesucristo!

"Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios y la vida eterna." — 1 Juan 5:20

lunes, 11 de agosto de 2025

LAS EMOCIONES DE LA CARNE VS. LAS EMOCIONES DEL ESPÍRITU SANTO

Muchas veces me he preguntado cómo diferenciar cuándo una emoción es provocada por el Espíritu Santo y cuándo proviene de uno mismo. He encontrado un escrito de casi 250 años de antigüedad, cuyo autor es Jonathan Edwards, uno de los principales predicadores del siglo XVIII.
«Imagínese una persona que por mucho tiempo ha tenido temor del infierno. Satanás llega y la engaña haciendo que piense que Dios ha perdonado sus pecados. Supongamos que Satanás la engaña a través de una visión de un hombre con una preciosa cara sonriente y brazos abiertos. El pecador cree que esta es una visión de Cristo. O tal vez el diablo lo confunde con una voz que dice “Hijo, tus pecados te son perdonados,” la cual el pecador piensa es la voz de Dios. Así empieza a creer que es salvo, a pesar de carecer de un entendimiento espiritual del evangelio. ¡Qué variedad de emociones entrarían en la mente de este pecador! Estaría lleno de amor para su salvador imaginario quien él piensa le ha salvado del infierno. Se sentiría lleno de gratitud por esta salvación imaginaria. Se llenaría de gozo sobrecogedor. Sus emociones lo impulsarían a hablar a otros de su experiencia. Con facilidad se humillaría delante de su dios imaginario. Se negaría a sí mismo y celosamente promocionaría su religión imaginaria mientras durara el fervor de sus emociones. Todas estas emociones religiosas pueden surgir juntas de esta manera. Sin embargo, la persona a quien nos hemos estado imaginando no es cristiana. Sus emociones son el resultado del funcionamiento natural de su propia mente, no de la obra salvadora del Espíritu de Dios. El que dude que esto sea posible entiende muy poco de la naturaleza humana.»

La predicación de Jonathan Edwards despertó un avivamiento histórico en Nueva Inglaterra. Con el paso de los años, muchos en su tiempo intentaron «copiar el avivamiento», lo que llevó a no pocos a falsas experiencias religiosas. Edwards denunciaba constantemente este falso evangelio, señalando que carecía de contenido bíblico. Era un gran ganador de almas y tenía muy en claro que las emociones, si están vacías del conocimiento del evangelio, no pueden salvar.

A dos siglos y medio de sus advertencias, sus palabras nos invitan a reflexionar sobre nuestra propia época. ¿Qué contenido bíblico tienen las predicaciones de nuestro tiempo? ¿No será que tanto emocionalismo sin evangelio produce más «convencidos» que «convertidos»? Un buen ejercicio es acudir a la literatura antigua y leer cómo predicaban aquellos siervos de Dios, empaparnos de su contenido, de su manera de presentar el evangelio, denunciar el pecado y exaltar la obra de Cristo, y luego compararlo con las predicaciones actuales.

Jonathan Edwards escribía en su libro La Verdadera Experiencia Cristiana (pág. 16): a) El cristiano falso no tiene un sentido de la seriedad de su destino eterno ni de la importancia infinita de edificar sobre el fundamento correcto. En contraste, el creyente verdadero es humilde y cuidadoso; siente lo asombroso que será encontrarse delante de Dios, el Juez infinitamente santo. La seguridad falsa desconoce esto por completo.

b) El cristiano falso no es consciente de lo ciego y engañoso que es su propio corazón. Su seguridad falsa le da gran confianza en sus propias opiniones. El creyente verdadero, en cambio, contempla con modestia su propio entendimiento.

c) Satanás no ataca la seguridad falsa; ataca la seguridad del verdadero cristiano porque es ésta la que produce mayor santidad. En cambio, es el mejor amigo de la seguridad falsa, pues mantiene al cristiano falso totalmente bajo su poder.

d) La seguridad falsa ciega a la persona respecto al verdadero alcance de su pecaminosidad. El cristiano falso se ve a sí mismo brillante y limpio. El cristiano verdadero, en cambio, conoce su propio corazón y se reconoce como un gran pecador; con frecuencia se pregunta si es posible que alguien verdaderamente salvo sea tan pecador como él sabe que es.

Como dijo el profeta Jeremías: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?» (Jeremías 17:9).

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sábado, 1 de febrero de 2025

¿Dejar los vicios es nacer de nuevo? La verdad sobre la conversión

A lo largo de mi vida, me he encontrado con cientos de personas (y cuando digo cientos, no exagero) que afirman ser cristianas simplemente porque ya no se drogan, han dejado el alcohol, el cigarrillo o una vida licenciosa. Suelen decir: «Jesús me salvó del desastre».

Por lo general, respondo con entusiasmo, pero también hago algunas preguntas clave para verificar su comprensión del evangelio:

-¿Quién es Jesús? -¿Qué vino a hacer en este mundo? -¿Cuál fue su misión en la cruz? -¿Cuál es el problema del hombre con Dios? -¿Qué es el arrepentimiento de pecado? -¿Qué es la fe salvadora? -En definitiva, ¿en qué consiste el plan de salvación? En la mayoría de los casos, la persona desconoce completamente de qué se trata el evangelio. Y cuando no saben qué responder, vuelven al mismo argumento circular: «¡Pero Cristo me sacó de las drogas!».

Nos preguntamos: ¿es realmente Cristo quien los sacó de las drogas, a pesar de que no saben nada de Él ni del evangelio? Sabemos que en todo el mundo existen centros de rehabilitación que no son cristianos, y aun así, muchas personas logran dejar su adicción. De hecho, un templo budista afirma haber liberado a 100.000 personas de las drogas desde su fundación.[mfn]Venciendo a las drogas en un monasterio tailandés. Diario El País. 17 MAY 2017 - 17:39 ART[/mfn]

Entonces, ¿cómo podemos saber si alguien salió de las drogas por Cristo?

Confusión evangélica acerca del evangelio

El problema es que el evangelio y sus demandas se han diluido en el siglo XX, y en el siglo XXI hemos llegado a un estado calamitoso, donde cualquiera afirma ser cristiano solo por haber repetido una oración o por involucrarse en los ministerios de una iglesia. Cristo y la cruz han sido desterrados de los púlpitos, el pecado ha sido minimizado, y se trata a las personas como víctimas en lugar de culpables que enviaron a Cristo a la cruz. Ya no se les dice, como en Hechos 3:15: «y matasteis al Autor de la vida», sino que ahora todo parece ser una «gran terapia cristiana», donde la persona es vista como una víctima de sus circunstancias y lo único que necesita es ayuda. Además, la iglesia se ha vuelto activista en su atención a los problemas sociales: granjas de recuperación, visitas a cárceles y diversas obras que, aunque son buenas en sí mismas, sin un mensaje claro del evangelio, terminan reduciéndose a mera asistencia social. Así es como te encuentras con miles de personas que dicen haber dejado las drogas «por Jesús», pero que no saben nada de Él. Y créeme, Jesús no deja las cosas así. Cuando sanó a un ciego que no sabía explicar quién le había dado la vista, Jesús se presentó ante él una segunda vez para que entendiera quién era realmente (Juan 9:35-38).
No hay encuentros con Jesús sin conocer quién es Jesús.

¿Cómo saber entonces si alguien que dejó las drogas ha nacido de nuevo?

La respuesta es sencilla: cuando una persona realmente ha nacido de nuevo, su testimonio no gira solo en torno a haber dejado las drogas, sino en torno a Cristo y su obra en la cruz para el perdón de sus pecados. Como resultado de esa transformación, su vida cambia, y el abandono de los vicios es solo un efecto secundario de esa nueva naturaleza.

Por otro lado, quienes dicen haber dejado el vicio pero no conocen a Cristo, si se examina su vida de cerca, se verá que simplemente han cambiado un pecado por otro. No hay un nuevo corazón. Allí siguen el orgullo, la autosuficiencia y la vida sin Dios.

Debemos entender bien este principio espiritual:

A) Una persona puede dejar las drogas sin haber tenido un encuentro real con Cristo (nuevo nacimiento). B) Una persona que ha tenido un encuentro real con Cristo (nuevo nacimiento) deja las drogas porque ha recibido una nueva naturaleza.

Comprender esta diferencia es crucial para abandonar el «evangelio terapéutico» moderno, que oculta las demandas de la cruz y no salva a nadie.

Este análisis también nos ayuda para la próxima vez que alguien diga que dejó las drogas por Cristo. Hay dos preguntas clave que debemos hacerle:
  1. ¿Entiende el evangelio? ¿Habla de Cristo y de la cruz?
  2. ¿Hay señales en su vida de un verdadero cambio o simplemente ha dejado las drogas pero sigue viviendo sin santidad, sin buscar la Palabra y sin evidencia de transformación real?

Conclusión

Debemos cuidar la iglesia de falsos convertidos sin un verdadero cambio de naturaleza. No basta con lo externo; lo crucial es su relación con el evangelio. ¿Conocen a Cristo y su obra en la cruz? La iglesia debe discernir si hay un nuevo corazón con arrepentimiento y fe genuina. ¡Haz las preguntas clave!

martes, 24 de diciembre de 2024

DEL PESEBRE A LA CRUZ

¡Cuántas culturas y países recuerdan en estos días el nacimiento de Jesús!

En todas partes se arma un escenario: animales, pastores, María y José a ambos lados del recién nacido Jesús, junto con un árbol decorado que no tiene relación alguna con los relatos bíblicos. Entre guirnaldas, luces y destellos, los niños pequeños preguntan a sus padres de qué se trata esta "fiesta". Las respuestas, casi automáticas, se resumen en frases como: «Ha nacido el niño Dios», «Es el regalo de Dios a la humanidad» o simplemente «Nació el niño Jesús». Sin mayores explicaciones, los niños asocian esta época con regalos y una reunión familiar, marcada muchas veces por excesos en las celebraciones. Al crecer, estos niños perpetúan el desconocimiento sobre quién es realmente Jesús, transmitiendo la tradición de generación en generación.

Sin embargo, no se puede comprender el suceso del pesebre en Belén sin explicar lo que ocurrió en la cruz del monte Calvario. Ignorar el significado de la muerte de Cristo y el propósito de Dios para salvar al hombre imposibilita dar sentido pleno a su nacimiento. Millones de personas montan el tradicional pesebre navideño sin entender verdaderamente a quién están recordando. Para muchos, Jesús no es más que un personaje simpático en la escena.

La Biblia nos dice en Efesios 4:18 acerca de los hombres que son «ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón».

Cristo es el regalo de salvación de Dios para el hombre pecador. La Navidad no debería recordarnos lo buenos que somos, sino lo profundamente  pecadores y necesitados que estamos, al punto de que Dios tuvo que descender del cielo, nacer en un pesebre humilde y maloliente, vivir una vida de penurias y, finalmente, morir en una cruz. El pesebre es inseparable del suceso del Calvario.

Estimado amigo: Dios te invita a conocer a su Hijo, no solo en su nacimiento, sino también en su muerte en la cruz y en su resurrección. Él no quiere que permanezcas ajeno a la salvación que ofrece en Cristo Jesús. Dios desea que le conozcas, que entregues tu vida en arrepentimiento para el perdón de tus pecados. De esta manera, comprenderás el verdadero significado del nacimiento de Jesús, no a través de una maqueta, sino mediante un encuentro con Dios mismo. En medio de fiestas vacías, música ruidosa y risas superficiales, el niño del pesebre sigue siendo desconocido para la mayoría del mundo. ¡Que no lo sea para ti! «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16).

lunes, 19 de febrero de 2024

Decisionismo vs. Fe

Origen del Decisionismo Charles G. Finney, un precursor clave del decisionismo en el siglo XIX, desafió las enseñanzas fundamentales de la Reforma sobre la depravación humana y la salvación por gracia. Introdujo métodos evangelísticos que ponían énfasis en la decisión individual como mecanismo para asegurar la salvación, a través de actos específicos como pasar al frente o decir una oración. Este enfoque promovió conversiones superficiales y el aumento de miembros de iglesia no genuinos, contribuyendo a una apostasía contemporánea y alentando un cristianismo nominal desprovisto de una transformación regenerativa auténtica.

En la actualidad, este legado persiste como un desafío significativo dentro del cristianismo, especialmente evidente en las prácticas evangelísticas que enfatizan la decisión personal como el acto central de la salvación. La acción voluntaria del individuo, marcada por gestos simbólicos como levantar la mano o pasar al frente durante un servicio religioso, se promueve erróneamente como suficiente para asegurar una conversión genuina, perpetuando la tendencia del decisionismo que Finney popularizó, y enfrentándonos al desafío de discernir entre una fe auténtica y una superficial en el contexto contemporáneo.

La Falacia del Decisionismo

El problema radica en que este enfoque se centra excesivamente en el ser humano, proclamando que "el hombre acepta a Cristo" y "el hombre es el que decide", desplazando así el verdadero corazón del evangelio. Esta visión contradice las enseñanzas fundamentales del cristianismo, según las cuales la salvación es un don de la gracia de Dios, no el resultado de nuestros propios esfuerzos o decisiones. La fe cristiana sostiene que el ser humano está incapacitado para salvarse a sí mismo debido a su total depravación y que es Dios quien, soberanamente, elige, llama, regenera, justifica, y preserva al creyente[mfn]Ver "ordo salutis" en teología reformada.[/mfn].

El pastor Paul Washer hace una referencia a lo que fue el decisionismo del siglo pasado:
Billy Graham tenía un programa por muchos años llamado “La Hora de Decisión.” Entonces ahora tenemos millones de personas que han hecho su decisión y todavía están perdidos. Billy Graham mismo dijo: ‘Si solamente 5% de todas las personas que han hecho su decisión en mis campañas, si solamente 5% de ellos son creyentes voy a estar feliz. Entonces yo le diría a Billy Graham: ¿Por qué no cambiaste tu manera de predicar entonces?”[mfn]Extraído de «Teología en Llamas», https://teologiaenllamas.com/2018/02/23/mis-preocupaciones-sobre-billy-graham/[/mfn]
El decisionismo promueve la ilusión de ofrecer a las personas un boleto falso hacia el cielo, sugiriendo que una simple acción o decisión personal es suficiente para garantizar la salvación. Esta perspectiva reduce la complejidad de la fe y la transformación espiritual a un mero gesto, engañando a muchos con la promesa de un acceso directo al paraíso sin el profundo compromiso y cambio de vida que la auténtica conversión requiere. La Verdad del Evangelio: Arrepentimiento y Fe

Al examinar las predicaciones de los apóstoles y evangelistas en el Nuevo Testamento, encontramos un llamado constante al arrepentimiento y la fe, y no a "aceptar a Cristo". Por ejemplo, en la primera gran predicación de la iglesia primitiva, Pedro no insta a la multitud a "aceptar a Cristo", sino a "arrepentirse" (Hechos 3:19). Esta distinción no es meramente semántica; revela una profunda diferencia teológica. La invitación del evangelio no es a una aceptación superficial impulsada por la presión psicológica, sino a creer genuinamente en Cristo, un acto de fe que es posible únicamente por la gracia de Dios y la revelación de su Palabra (Romanos 10:17).

Fidelidad al Mensaje Bíblico

Por tanto, el verdadero llamado del evangelio no se centra en la decisión humana, sino en la respuesta de fe y arrepentimiento frente a la iniciativa divina. Es un llamado a reconocer nuestra incapacidad para alcanzar la salvación por nuestros propios medios y a confiar plenamente en la obra completada por Cristo en la cruz. Este mensaje, fundamentado en la soberanía de Dios y su gracia redentora, debe ser el núcleo de nuestra predicación, para que seamos fieles al verdadero evangelio, que, al igual que Dios, no cambia ni varía (Santiago 1:17).

Conclusión: Retorno al Evangelio Auténtico

En este tiempo de discursos humanistas y búsqueda de autosuperación, es crucial recordar y proclamar las verdaderas bases Escriturales que sustentan la doctrina de la salvación, la soteriología[mfn]Ver Doctrinas de la Gracia en teología reformada.[/mfn], como la piedra angular de nuestra fe. Frente a la dilución de la doctrina en la iglesia contemporánea, debemos esforzarnos por retener y enseñar el antiguo evangelio, asegurándonos de que nuestras bases no estén contaminadas por el discurso humanista de la época. Solo así podremos confrontar a las almas con la Palabra de Dios, llamándolas al verdadero arrepentimiento de pecados y a la fe en la persona y obra de Cristo, la única base para una salvación auténtica y eterna.

Ir como complemento de este artículo a: Las doctrinas de la gracia

sábado, 5 de agosto de 2023

El Evangelio «terapéutico» de nuestros días

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La psicología moderna, actualmente entrelazada con el cristianismo, transforma las iglesias en centros terapéuticos para la rehabilitación de pecadores.

Se fabrican clichés a partir de versículos sacados de su contexto original, como Mateo 11:28: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar". Estos son usados para promover una versión de "evangelio social" que propone a las almas un cojín de confort antes de confrontarlas con la cruz de Cristo.

Algunos podrían preguntarse: ¿No deberíamos hacer el bien?

Gálatas 6:10 Así que, entretanto que tenemos tiempo, hagamos bien a todos, y mayormente a los domésticos de la fe.

Naturalmente, hacer el bien es un fruto de la vida cristiana. Sin embargo, las obras de caridad no deberían suplantar al evangelio ni ser una excusa para minimizar la cruda verdad de que todo pecador, en su estado actual, es enemigo de Dios.

Existe una interpretación incorrecta y ampliamente extendida del pasaje de Lucas: 18 y 19, sobre quiénes son los "pobres, quebrantados, cautivos, ciegos y oprimidos".

El siguiente fragmento, extraído del libro de Ray Comfort (Dios Tiene un Plan Maravilloso para Tu Vida), dilucida cómo la iglesia ha errado en este asunto del "evangelio social".

¡Vale la pena prestar atención a estas palabras, provenientes de un predicador al aire libre como lo es Comfort!

 

¿Para Quién Es el Evangelio?

Limitamos nuestros esfuerzos evangelísticos cuando los anunciamos como un esfuerzo por “alcanzar con las Buenas Nuevas a los lastimados y necesitados.” Permítanme ilustrar aún mejor este malentendido común con una cita de otra publicación moderna:
Tú desearás estar donde está el Señor. Y Él pasa Su tiempo con los que están dolidos.Al principio de Su ministerio, Jesús citó a Isaías para describir la obra que Él había sido llamado a realizar: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor” (Lucas 4:18,19). . . De modo que entre más busques a Dios, más profundizarás en un mundo repleto de gente dolida.
De ninguna manera estoy cuestionando la sinceridad del autor, pero yo creo que está perpetuando una confusión común respecto a los que Cristo quiso comunicar cuando citó Isaías 61:1,2.

Nosotros vivimos en una cultura “terapéutica” que le asigna un alto valor a la sensación de bienestar, autoestima y autorealización.

Consecuentemente, cuando vemos palabras como “pobre,” “quebrantados de corazón” y “oprimidos,” pensamos en personas asediadas por las circunstancias de la vida, sea por la pobreza, el divorcio, la adicción o la enfermedad. Sin embargo, Jesús está hablando principalmente en términos espirituales.

Según Lucas 4:18,19, el resumen de Jesús indicaría que el evangelio es para las siguientes personas:

■ Los pobres

■ Los quebrantados de corazón

■ Los cautivos

■ Los ciegos

■ Los oprimidos

Cuando Jesús habla de los pobres, no se refiere necesariamente a los que carecen de recursos financieros. Más bien se está refiriendo a los “pobres en espíritu” (Mateo 5:3)—aquellos que son mansos, humildes. Estos son los bienaventurados a los cuales pertenece el reino de los Cielos: los que saben que carecen por completo de justicia. En su comentario sobre Lucas 4:14–30, Matthew Henry escribe: Observa . . . a quienes había de predicar: a los pobres; a aquellos que eran pobres en el mundo; a quienes los doctores judíos menospreciaban como indignos de ser instruidos y de quienes hablaban con desprecio; a aquellos que eran pobres en espíritu, a los mansos y humildes y a aquellos que mostraban verdadero pesar por su pecado (énfasis en el original). Cuando Jesús habla de los quebrantados de corazón, no se refiere a aquellas personas desdichadas cuyos corazones sufren porque han sido traicionados por un amante, sino a los que, como Pedro e Isaías, estaban contritos y angustiados por su pecado. En la gran oración de confesión de David, él comprendía que los sacrificios que Dios desea son el “espíritu quebrantado, y el corazón contrito y humillado” (Salmo 51:17). En las palabras de Matthew Henry, “[Cristo] fue enviado a sanar a los quebrantados de corazón . . . para dar paz a los atribulados y humillados por sus pecados, . . . y para traerles reposo a los que estaban trabajados y cargados bajo el peso de la culpa y la corrupción.” Los cautivos son aquellos que “son cautivos [del diablo] para hacer su voluntad” (2 Timoteo 2:26). Los ciegos son aquellos “en los cuales el dios de este siglo cegó . . . [a] la luz del evangelio de la gloria de Cristo” (2 Corintios 4:4). Los oprimidos son aquellos que son “oprimidos por el diablo” (Hechos 10:38). En otras palabras, Jesús vino a predicar las buenas nuevas del perdón de Dios a aquellos que reconocen su pobreza espiritual y que están quebrantados por la conciencia de que han pecado contra un Dios justo y santo. Con eso no estamos diciendo que Jesús no ministró a aquellos que se encontraban acosados por las circunstancias de la vida—pero Su mensaje no era exclusivamente para esas personas, y la libertad que Él ofrecía no era una libertad de las dificultades de la vida. De nuevo, el evangelio no se limita a personas dolidas, con vidas arruinadas y pesares. Es necesario mostrarle, tanto a la gente dolida como a la gente feliz, su estado pecaminoso delante de Dios para que busquen la justicia que es en Cristo. Un ateo, comprensiblemente confundido por el mensaje de “mejora tu vida,” observó: “En una iglesia que visité, se les pidió a algunas personas que escribieran cómo se sentían antes y después de llegar a ser cristianos. Dijeron cosas como ‘tinieblas y luz,’ ‘solitario y acompañado,’ lo cual hizo que yo me preguntara: ¿Es un prerrequisito la depresión o la soledad o la desesperanza para poder encontrar a Dios? ¿Estas personas creían que otros que aún no encontraban a Dios estaban perdidos, asustados o desdichados? ¿Tengo yo que pasar por alguna especie de trauma o crisis para poder descubrir algún sentido supremo?

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Dios Tiene un Plan Maravilloso para Tu Vida: © 2010 por Ray Comfort.

martes, 7 de marzo de 2023

¿Qué hizo Dios por ti?

Viajar en en la ruta (y hablo de viajes de más de 8 horas) puede ser una experiencia traumática cuando no tienes nada que escuchar. Es así que al pasar cerca de la capital argentina, rumbo a la costa, enciendo la radio en su opción A.M (¿acaso alguno la usa todavía?) con la idea de escuchar las noticias. Pensaba en "castigarme" con la realidad informativa, pero en realidad encontré, quizá, algo peor. Era un programa (no sé de qué iglesia) que trataba sobre testimonios de personas. La pregunta que le hacían era: ¿Qué hizo Dios por ti? La gente contestaba en forma diversa, pero con un tema en común. Un hombre: Tenía una fuerte migraña que no se me iba, pero al llegar a este lugar desapareció. Otra mujer: Tenía la rodilla que no la podía mover, pero ahora ya recuperé la movilidad. Otra señora: Tenía problemas gástricos, pero luego de concurrir tres semanas ya no los tengo. Al transcurrir los primeros 15 minutos, solo por curiosidad me pregunté: ¿hasta dónde sigue esto? Y seguí escuchando por media hora más para comprobar lo diverso de la anatomía del cuerpo humano y sus problemas de salud. Terminé apagando el radio sin escuchar nada del alma, nada del evangelio, nada de Jesucristo nuestro Salvador. No es raro preguntar a muchas personas: ¿Qué hizo Dios por tí?  Y que salgan con temas  de beneficios médicos o económicos. ¿Dónde ha quedado el evangelio en América Latina? Justo donde muchas iglesias evangélicas lo dejaron: Fuera del sistema. Si te preguntara qué ha hecho Dios por ti: ¿Qué respuesta me darías? Déjame mostrarte un poco con la Biblia lo que Dios ha hecho por muchos de nosotros, que hemos puesto la fe en Jesucristo, pero no como el "chamán soluciona problemas" que aparece en los clasificados del diario, sino como el Hijo de Dios muerto por nuestros pecados y resucitado para nuestra justicia.

¿Qué hizo Dios por el pecador?

Cristo se despojó de su gloria para venir a este mundo Filipenses 2:7 Sin embargo, se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Cristo se hizo pobre para enriquecernos espiritualmente 2 Corintios 8:9 Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por causa de vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fuerais enriquecidos. Cristo se humilló y se sometió a la muerte de la cruz Filipenses 2:8 Y hallado en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Cristo padeció por los injustos (alguien como tú y yo) 1Pedro 3:18 Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en el espíritu; Cristo resucitó con poder y es Señor Romanos 14:9 Porque Cristo para esto murió, y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven. Cristo triunfó sobre el pecado y está sentado a la diestra de Dios Hebreos 10:12 12 pero este, habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio para siempre, está sentado a la diestra de Dios, Así podríamos seguir citando versículos que nos hablen de la verdadera y gigantesca obra que Cristo vino a hacer para salvar a pecadores que iban camino al infierno, como dice un comentarista: «Nuestra justicia delante de Dios no es nuestra. Nos fue dada por Jesús. Dios miró a su Hijo y vio nuestro pecado, y ahora nos mira y ve la justicia de Jesús. Como dice el canto: Dios el justo queda satisfecho, al mirarlo a Él y perdonarme a mí». (1) Déjame decirte que si lo que piensas que Dios hizo por ti no se relaciona con la muerte en la cruz de Cristo y el perdón de tus pecados estás en un peligro espiritual inminente. Lee la Biblia y entérate por ti mismo cual es el plan salvador de Dios para tu vida. Tu testimonio pasará de la sanidad física a la del alma, de la prosperidad económica a la espiritual.

Muchas iglesias y campañas mal llamadas evangélicas son un conducto para llevar almas al infierno, pues no hablan para nada a las almas acerca del evangelio tal como está en la Biblia. Aunque no se dan cuenta, ellos juegan el juego de Satanás. Para el Diablo no hay nada mejor que las personas centren su atención en las cosas materiales y físicas y menosprecien  la muerte de Cristo en la Cruz.

Muchos piensan que Dios está en la obligación de sanarlos: «Hoy en día un creyente no puede necesariamente esperar ser sanado. No es la voluntad de Dios darles a todos buena salud. Aunque Pablo oró sincera y repetidamente, y aunque él mismo poseía el don de sanar, no fue la voluntad de Dios sanarle de su aguijón en la carne (2 Corintios 12:8–9).» (2)

El evangelio de Jesucristo es lo prioritario que Dios pide que se predique (no la sanidad física); es el mandato de Jesucristo para su iglesia. Ve a una iglesia evangélica donde, como dice el apóstol Pablo, su tema central sea Cristo, y este crucificado (1ra Corintios 1:23 - 2:2).

Si me preguntas ¿Que ha hecho Dios por mí?  Mi respuesta es: ¡Cristo me salvó de mis pecados! Era un enemigo de Dios, pero él me reconcilió a través de la sangre de Su Hijo derramada en la cruz. Me dio su justicia, me adoptó como hijo y me da la vida eterna. Hoy puedo decir: Su misericordia me salvó. ¡Aleluya!  

 No por obras de justicia que nosotros habíamos hecho, mas por su misericordia nos salvó. (Tito 3:5 RV-SBT)

 

Bibliografía

(1) Greg Gilbert, ¿Qué es el Evangelio? (Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia, 2012), 54. (2) Charles Caldwell Ryrie, Teologı́a básica (Miami: Editorial Unilit, 2003), 427.

sábado, 6 de febrero de 2021

¿Perseverar para ser cristiano o ser cristiano para perseverar?

¿Perseverar para ser cristiano o ser cristiano para perseverar?
2Jn 1:9 Cualquiera que transgrede y no permanece en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que permanece en la doctrina de Cristo, este tiene tanto al Padre como al Hijo.

Se define como perseverancia a la acción de mantenerse firme y constante en un propósito o decisión.

La Biblia nos dice que el que persevera en la doctrina de Cristo, el tal tiene al Padre y al Hijo.

Pero lamentablemente este precepto bíblico es mal entendido por muchos, pues piensan que pueden llegar a ser cristianos por esfuerzo propio.

O piensan que la salvación puede ser mantenida por méritos personales de perseverancia, y que si no hacen obras pierden el favor de Dios.

Muchas personas son inconstantes en los caminos de Cristo, y razonan equivocadamente de la siguiente forma:

-Sino voy a la iglesia voy a dejar de ser cristiano y perderé mi salvación. -Sino oro el tiempo debido en forma diaria voy a dejar de ser cristiano y perderé mi salvación. -Sino leo la Biblia seguido voy a dejar de ser cristiano y perderé mi salvación.

Vivimos en un tiempo donde los “cristianos” son como las golondrinas, que visitan un lugar de acuerdo a la estación del año; de igual forma, estos vienen a Cristo solo por temporadas.

Estas aves cuando empieza el frío emigran a otro lugar. De la misma manera, los “supuestos creyentes” (que son de naturaleza inconstantes) cuando tienen problemas o luchas en su vida, abandonan su fe y se rebelan, dejando de lado todo aquello bueno que aprendieron en Cristo.

Van y vienen de una iglesia a otra, se mundanalizan por temporadas volviendo a sus antiguos pecados, y en otras ocasiones profesan volver a ser cristianos, dejando el pecado.

¿Se puede decir acerca de ellos que son perseverantes.? No, pues nunca demuestra constancia alguna.

Se ha llegado hoy lamentablemente al "cristianismo de ocasión", pues perseverar en la doctrina de Cristo, que por lo cual uno está dispuesto a vivir y a morir por Crist o(Filipenses 1:21) para algunos es cosa pasada de moda.

La cuestión es: ¿Hay que perseverar para llegar a ser cristiano.? o ¿Hay que ser cristiano para perseverar? Es lo segundo, pues la a perseverancia es una virtud del cristiano. Es algo que se alcanza por medio de la obra de Dios al perdonar nuestros pecados y regenerar nuestro corazón por medio del Espíritu Santo. (2 Corintios 5:7).

Nuestra naturaleza humana es de por sí rebelde. ¿Cómo podría perseverar si Cristo no la transformara?

Si Cristo no ha hecho su obra de salvación en el corazón transformando a una persona en hijo de Dios; es en vano que alguien se esfuerce en perseverar.

Pues la perseverancia es el resultado de tener al Hijo, Jesucristo, y al Padre celestial en nuestra vida.

Si nuestra vida está vacía de Dios, no existe ni intención ni fuerza para ser cristiano y perseverar, por tanto, seremos siempre inconstantes en nuestra fe.

Muchas veces queremos extender nuestra alas como águilas y volar por encima de las tormentas y decir: -Miren he aquí a pesar de todo los problemas persevero en Cristo!, pero nos terminamos dando cuenta que no podemos, porque simplemente somos animales terrestres que no pueden volar, y por eso nos rebelamos y dudamos de nuestra fe nuevamente.

No tenemos alas, y aletear con nuestros brazos no ayudará a que nos crezcan plumas.

La oruga tiene que transformarse en mariposa para poder volar. De la misma manera el hombre tiene que transformarse en un cristiano para poder perseverar.

No es una cuestión de esfuerzo personal sino: DE UN CAMBIO DE NATURALEZA.

Pues la incredulidad del corazón no se combate con esfuerzo, sino con fe plena en la persona y obra salvadora de Cristo.

Estimado amigo/a:

¿Te haz cansado de tu propia inconstancia a través de los años?

¿Haz llegado a enojarte contigo mismo y exclamar:  Porqué no puedo permanecer en el camino del Señor, por qué me cuesta tanto perseverar, por qué vivo con el temor constante de ser condenado, y el cielo parece tan lejos de mí?

¿Sabías que Dios no pide que saques fuerzas de donde no tienes.?

¿Sabías que Dios no espera nada de nuestra naturaleza caída para que esta pueda hacer algo tan bueno como perseverar en la doctrina de Cristo?

Él ha mandado a su Hijo Jesucristo a morir en la cruz del calvario, para deshacer el pecado, y salvar el alma, de todo aquel que se acerca Él con el deseo sincero de cambiar.

Hay una debilidad innata en nuestro estado de perdición que nos impide perseverar en la doctrina de Cristo.

¡Pero gracias a Dios que a pesar de esto, Él no esperó a que sacáramos fuerza de donde no podemos, sino que envió a Cristo por nosotros estando nosotros en la debilidad el pecado!

Romanos 5:6 Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.

Hoy puede ser el día en donde tu vida puede llegar a ser perseverante en el camino de Cristo. Entrega tu corazón inconstante con toda confianza a Aquel que es poderoso para guarde sin caída en la vida cristiana, es decir, perseverante.

Judas 1:24 Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría. Si pasas por esta experiencia podrás decir: -Ahora soy perseverante, porque ya no confío mas en mi debilidad. -Ahora soy perseverante porque tengo a Cristo en el corazón. 1Juan 5:5 ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?

¡Esto es perseverancia.!

lunes, 31 de diciembre de 2018

¿Es el Evangelio decir simplemente a las personas "Dios te ama"?

El evangelismo de muchos «cristianos» hoy en día se limita a decirles a los pecadores: "Dios te ama". Se han hecho una Biblia acotada a un versículo solo: Juan 3:16.  Pero trágicamente esta visión reducida del Evangelio no es lo que podemos denominar «el verdadero Evangelio», sino uno falso. Y un falso evangelio puede convocar mucha gente, pero no la salva. Recomendaría sinceramente a los evangelistas monotemáticos de Juan 3:16 que extendieran su lectura, aunque sea hasta el versículo 21 del mismo capítulo. Quizás allí podríamos empezar a hablar de un evangelismo en serio.

¿Pero acaso Dios no ama al pecador?

Déjame explicarte esta pregunta que por lo general se formula de forma capciosa.  Salmos 7:11 nos dice:  "Dios está airado todos los días contra el impío". Y la Biblia nos muestra a lo largo de sus páginas que toda la raza humana ha llegado a ser impía y rebelde contra su Creador desde la caída en el Edén.  ¿Acaso debemos decirles a las personas que Dios está enojada con ellos? Quizás esto choque de frente contra la idea de un cartel con una  carita feliz que diga: «Dios te ama», pero te diría que sí; las personas tienen que ser conscientes que su estado natural, es un estado de condenación y que están bajo la ira de Dios (Romanos 1:18). Efesios 2:3 nos dice que somos «hijos de ira» no accidentalmente, sino por naturaleza.

Entonces si el pecador está bajo la ira de Dios: ¿Cómo puedo decirle que Dios lo ama?

Yo te pregunto; ¿Cuál es tu apuro por decirle  a una persona «Dios te ama» antes de mostrarle sus propios pecados y rebelión contra Dios? ¿Es tu cobardía de no querer ponerte a nadie en tu contra? ¿Es por tu deseo de ser aceptado por la gente? ¿Es tu ambición por llenar una iglesia de gente a expensas de recortar las demandas del Evangelio? Espero que no sea ninguna de las preguntas anteriores, sino que simplemente sea una mala enseñanza (o parcial) que has recibido por herencia, ¡pero estás a tiempo de darle un giro correcto a tu evangelismo!

Lo que la Biblia nos nuestra

Vemos a un apóstol Pedro predicar: «Vosotros matasteis al Autor de la vida» (Hechos 3:15). La predicación apostólica es clara en mostrar la rebelión del hombre contra Dios.  El apóstol Pablo, el viajero evangelista itinerante, nunca anduvo por las ciudades romanas, griegas o judías diciendo: «Dios te ama, ¿quieres aceptar a Jesús en tu corazón». Su mensaje fue denunciar la idolatría (Hechos 19.26), el pecado del hombre, y poner a Cristo en alto para que toda rodilla se doblegue ante Él. Presentaba a un gran Salvador para pequeños pecadores. Santiago afirma: "Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos..."(Santiago 4:8). Judas nos dice: "Para hacer juicio contra todos, y para dejar convictos a todos los impíos..." (Judas 1:15). Los escritores bíblicos iban a los pecadores con la Ley de Dios para mostrarles su fracaso como raza caída y apartada de Dios. Recién cuando el pecador es convencido por la Palabra de Dios de que es culpable de traición contra su Creador, es cuando podemos hablarle de Cristo, el Salvador. Las personas nunca tendrán la necesidad ser salvadas (y de un Salvador) si no ven previamente su estado de condenación.

¿Pero en algún momento sí le digo a la persona "Dios te ama"? ¿Verdad?

Quizá lo que le ha faltado a tu evangelismo haya sido la siguiente idea bíblica central: "Dios ama al pecador con la condición que se refugie en Cristo". En Mateo 3:17 y 17:5 Dios tronó desde los cielos, diciendo: "Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia". Solo Dios se complace en su Hijo, Jesucristo, y él es por definición «el Hijo amado». Los pecadores somos naturalmente hijos de ira y, como diría Jesús a algunas personas, «hijos del Diablo» (Juan 8:44). Como verás, el "Dios te ama" es un condicional. Este condicional nos dice que si un pecador bajo la ira de Dios pone su fe en Cristo como Salvador  y se refugia en este «Hijo amado», solo allí encuentra el amor del Padre. Concretamente: somos amados en el Hijo amado.

Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos

Como podrás ver, la correcta predicación del Evangelio siempre será un condicional. No puedes ir por el mundo  asegurando a los pecadores  diciéndole: «Dios te ama», eso sencillamente no es el Evangelio (no puedes despojar al Evangelio de la cruz). Debes primero mostrarles a las personas  su pecado por medio de la Ley (¡créeme que con los 10 mandamientos ya tendrás de sobra!). Debes mostrarle que el pecado es una enfermedad mortal, pero que esta enfermedad es producto de su rebelión contra Dios, su Creador. Solo en Jesucristo, quien murió en la cruz, allí muchos pecadores encontrarán la reconciliación con Dios, y allí recién serán amados como hijos. Jesucristo advirtió que la gente normalmente no se «considera enferma por el pecado» (Mateo 9:12), por lo tanto, no tienen intenciones de ir a Él. Si tú vas a una persona solo con un «Dios te ama». ¿En qué parte la harás consciente de sus pecados y que necesita al gran Médico, que es Jesús? Pero si vas con el Evangelio completo, Dios llamará a muchos pecadores al arrepentimiento y a la fe de su Hijo amado.

Esos pecadores serán perdonados y serán amados por Dios, porque se colocarán bajo la sombra de su Amado.

Luego de ello es que estás en la aprobación bíblica de decirle: ¡Dios te ama!

 

(...) Nos hizo aceptos en el Amado (Jesús). (Efesios 1:6)  

lunes, 5 de noviembre de 2018

El falso evangelio de la adulación

En ninguna parte de la Biblia encontramos que Dios se acerque al pecador alimentando su autoestima con frases tales como:

«Eres un campeón». «Eres una princesa». «Tienes mucho potencial para Dios». «Dios te está buscando porque sabe lo importante que eres para él». «Eres una persona talentosa que puede ser usada en manos de Dios».

No, amigo, no encontrarás ningún profeta del Antiguo Testamento que predique a un Israel endurecido en el pecado y envuelto en la idolatría con palabras de halago.

No encontrarás ningún apóstol ni evangelista del Nuevo Testamento predicando a los gentiles paganos (es decir, los no judíos) exaltando sus atributos personales.

Tampoco encontrarás al mismo Señor Jesucristo anunciando un mensaje por las ciudades de Israel que no llame a la gente al arrepentimiento y a volverse de sus malos caminos.

La estrategia de este falso evangelio (5 mentiras)

Este falso mensaje de salvación actúa más o menos de la siguiente manera:
  1. Se acercan a la persona para destacar algún atributo personal.
  2. Le muestran que en el pecado están perdiendo su potencial para Dios.
  3. Victimizan a la persona por las consecuencias del pecado, con lo cual la persona empieza a sentir compasión de sí misma.
  4. Le dicen: Dios te ama y no quiere verte sufrir más.
  5. Le piden que "acepte a Jesús" para que ahora pueda vivir su propia vida en plenitud.

Contrastando con el verdadero Evangelio (5 verdades)

En el verdadero Evangelio destacas, no los buenos atributos de la persona, sino los buenos atributos de Dios, el cual es Santo, Justo, y por eso el pecador no puede tener comunión con él y está alejado de su presencia (Romanos 3:23).
  1. Le muestras que el pecado es rebelión contra Dios y que somos enemigos que necesitamos una reconciliación (Colosenses 1:21). Que Dios ofrece su misericordia no porque la merezcamos o vea un potencial en nosotros, sino por pura gracia (Romanos 9:16).
  2. Le muestras que las consecuencias del pecado no son tanto el daño que le provoca a la persona misma, sino que le haces ver que Jesucristo, el Hijo eterno de Dios que nunca pecó, fue hecho maldición en la cruz por el pecador (Gálatas 3:13). Le muestras que Su dolor no tiene comparación con el de nadie (Lamentaciones 1:2).
  3. En vez de demostrarle los sufrimientos de su propio pecado, le muestras los sufrimientos de Cristo, el Cordero de Dios que fue llevado como "oveja al matadero" (Isaías 53). El pecador necesita arrepentirse antes que autovalorarse.
  4. El énfasis no está en vivir nuestra propia vida en plenitud, sino en vivir como Cristo, llevando su cruz (Lucas 9:23). La felicidad y la vida la encontramos en Cristo mismo, no en nuestras propias realizaciones personales (1 Juan 5:11).

El foco tiene que ser Cristo, no el hombre

Hay instituciones no cristianas que sacan a personas del alcoholismo y la drogadicción o a mujeres de la prostitución para darles un mejor futuro, pero no podemos decir que esas instituciones (aunque sean buenas en su accionar) tengan un mensaje de salvación para sus almas.

Muchas personas quisieran un nuevo comienzo en sus vidas, salir de las horribles consecuencias del pecado, pero encontrar una religión que te motive y levante el autoestima no equivale a encontrar el camino angosto que lleva a la vida eterna (Mateo 7:14).

El falso evangelio dice "ama tu vida", pero Jesús dijo:

«El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará» (Juan 12:25).

¿Dónde encaja "el aborrecer su vida" que dice Jesús con el falso evangelismo moderno de "eres el campeón y la princesa"?

Sencillamente no encaja porque hace del hombre el "centro del Evangelio", cuando este lugar solo le corresponde al Rey de reyes y Señor de señores, es decir, Cristo.

Asiste a una iglesia que no adule tu ego, sino que te muestre tu necesidad de Cristo.

 

domingo, 16 de septiembre de 2018

¡Ordena tu vida! (Antes que sea demasiado tarde)

Ordena tu casa, porque tú morirás, y no vivirás. (Isaías 38:1)

Estas fueron las Palabra de Dios dirigidas a un rey de la antigüedad: -Ordena tu casa, ordena tu vida, porque vas a morir. ¿Qué pasaría si Dios nos hiciera saber que tenemos tan solo UN AÑO de vida?

Algunas personas tratarían de dejar en orden todo lo que tenga que ver con la parte económica para que su familia esté bien. Pagarían un seguro de vida, harían trámites de sucesión de bienes para que sus familiares lo hereden, pondrían en orden los títulos de propiedad de sus casas a fin de que los suyos puedan verse beneficiados después de su "partida".

¿Que pasaría si nos dijeran que nos queda solo UN MES de tiempo? Allí, con menos tiempo, tratarían algunos de disculparse con familiares con los cuales estaban enemistados. Irían otros a saldar sus dudas con aquel amigo al cual trataron injustamente. Tratarían de dejar todas las cosas lo más pacíficas posibles.
¿Y si nos dijeran que tuviéramos UN DÍA solamente de vida.? Sin duda iríamos y abrazaríamos a nuestra familia y le diríamos lo mucho que la amamos. Si somos padres, seguramente hablaríamos con nuestros hijos y con nuestra esposa o esposo, para dejar todas las cosas en "orden", y demostrarle todo el afecto posible. Si no, con nuestros hermanos o padres, para que también ellos puedan recibir de uno la ultima manifestación de cariño. Sea como sea, nunca sería suficiente el tiempo que necesitaríamos para poner "todas las cosas en orden".

Pero hay una cosa que sí podemos poner en orden, y que no hemos mencionado en toda la lista de prioridades:

Debemos poner en orden el destino eterno de nuestra alma.

No pensar en ello, sería como armar nuestras maletas para emprender un viaje a un destino desconocido.

Pero hay algo más que debo decirte: ¡En este "viaje" no se puede llevar ningún equipaje!

Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. (1ra Timoteo 6:7 ) Estimado amigo/a:

En Cristo está la seguridad de nuestro viaje, él es el boleto a la vida eterna. Sólo Dios sabe cuando nos llamará de este mundo; lo importante es tener resuelto nuestro destino eterno.

Si crees en Cristo como tu Salvador, habrás puesto en "orden" lo principal de tu vida; el destino de tu alma. ¿Lo has hecho ya?

Quizás hoy estés preocupado por muchas cosas y tengas muchos planes a futuro, pero si no estás reconciliado con Dios a través de Cristo, la partida de este mundo será a un lugar muy penoso del que nunca podrás escapar; el infierno.

Solo si Cristo transforma tu vida, es que podrás decir: -Esta vida está en orden.

Pero si aún no has "ordenado tu vida espiritual" te ruego que  lo hagas hoy, ya que nunca sabes cuando recibirás el llamado de Dios para presentarte ante Él. ¿Estás listo para ese momento?

Porque: ¿De qué aprovecha al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? (Mateo 16:26)

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miércoles, 31 de agosto de 2016

¡Unido a Él no moriré!

 
He aquí el Cordero Redentor Quién al morir resucitó El inmutable gran Yo Soy El Rey de gloria y majestad Unido a Él no moriré Pues con Su sangre me compró Mi vida escondida está En Cristo Dios, mi Salvador
Siempre me llena de emoción cantar esta estrofa del himno "Ante el trono celestial", especialmente la línea "unido a Él no moriré" que me recuerda una de las verdades esenciales del evangelio contenidas en 1 Juan 5:11-12. (RV-SBT) 11 Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. 12 El que tiene al Hijo tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Para entender mejor el escrito inspirado del apóstol Juan debemos tener en cuenta el marco histórico y cuáles eran las luchas teológicas de ese tiempo. Juan, (y la iglesia del primer siglo), tenían el problema de luchar contra una corriente filosófica llama gnosticismo. La influencia de la filosofía griega era una fuerte presión para aquellos que se iniciaban en conocer las verdades del evangelio. Justamente esta filosofía gnóstica (entre sus muchas variantes) confinaba la salvación a aquellos "iluminados" que alcanzaban un conocimiento secreto. Aparte de distorsionar la doctrina de la encarnación de Cristo, el sistema se basaba en que la vida eterna podía adquirirse por medio de un conocimiento específico de doctrinas secretas, ocultas al entendimiento del hombre común, y que solo aquellos que perseveraban en poseer este conocimiento podían salvarse. Durante toda su primera carta el apóstol Juan parece luchar contra esta corriente errada y en los versículos mencionados declara esta verdad: La vida eterna está unida a Cristo. Juan refutaba a la filosofía griega de su tiempo diciendo que no es un sistemas de doctrinas secretas lo que salva, sino la relación personal con Jesús, el Hijo de Dios a través de la fe: ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? (1 Juan 5:5). Si bien el evangelio es un mensaje racional que nos muestra quién es el santo y justo Dios, el hombre pecador y el Salvador enviado al mundo, el mensaje es más que un conocimiento de algo, es la obra del Espíritu Santo en el corazón del pecador para darle arrepentimiento y fe. La salvación, según la Biblia, no solo involucra el conocimiento del evangelio, sino la transformación del ser por medio del evangelio. No es tanto en sí que la persona recibió "vida eterna" (como quien recibe una pócima mágica), sino que la persona queda "unida a Cristo" por medio de un nuevo nacimiento espiritual, y de esta unión ahora tiene la vida eterna. Hoy en día, algunas personas presentan algo de la misma confusión gnóstica del pasado. Si le preguntas si son salvos te dicen: "Por supuesto, conozco el plan de Dios en Jesús", pero su vida da pocas evidencias de estar unida a Cristo ya que no se muestra nada del carácter de Él.  Antes bien, muchas veces demuestran que su vida está más unida al mundo de pecado que a la santidad del Salvador. Basan su salvación en que "conocen algo correcto" y piensan que un conocimiento de Jesús puede salvarlos independientemente de estar unidos a Jesús. No es lo mismo saber acerca de Jesús que conocer a Jesús mismo, eso hace toda la diferencia.

El mismo apóstol, en su evangelio, recuerda las palabras de Jesucristo de que la salvación es un estado de relación con su propia persona:

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. (Juan 15:4). Es evidente que los verdaderos cristianos fructificarán ya que están unidos a la vid; es decir están en Cristo y Él en ellos (el que tiene al Hijo tiene la vida). Pero los incrédulos no pueden llevar fruto por su falta de unión con Cristo. Su relación acerca del Hijo, muchas veces no pasa de ser un conocimiento gnóstico que no salva. No poseen una relación vital con Jesucristo.

Estimado amigo/a:

¿Tienes vida eterna? ¿Esta es producto de estar unido/a a Cristo? ¿Puedes marcar una etapa de tu vida en que empezaste a tener realmente la vida de Cristo ? ¿Hay evidencias en tu vida de un arrepentimiento genuino del pecado y un amor hacia Dios y sus hijos? ¿Entiendes la diferencia entre el mundo de pecado y la vida de santidad en Cristo? Todos estos temas son los que el apóstol Juan trata en su carta, la cual escribió para que los verdaderos creyentes estén seguros de su salvación, y los incrédulos (aunque religiosos) procedan a la verdadera fe Jesús y se salven.

Si tu esperanza de vida eterna estaba solo fundada en un conocimiento y no en la experiencia espiritual de tener a Cristo en tu ser, te invito a que vayas hoy a los pies de Cristo para rendirle no solo parte de tu mente, o intelecto, sino todo lo que eres sin reservas ni objeciones. Reconócelo como el Hijo de Dios el cual  imparte vida a pecadores como tú y yo. Y juntos podremos cantar con toda seguridad: ¡Unido a Él no moriré!

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martes, 12 de julio de 2016

Aceptar a Cristo... ¿Y si tu salvación se basa en una mentira?

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La palabra "ACEPTAR" puede tener diferentes connotaciones hoy en día. Eres "aceptado" como empleado para un puesto en una empresa o eres "rechazado". Eres "aceptado" como estudiante para entrar a una universidad o eres "rechazado". Eres "aceptado" como futbolista para jugar en primera división o eres "rechazado". Podemos seguir con la lista de ejemplos si quieres, pero veamos si has entendido quién acepta o rechaza. -¿Es el empleado el que "acepta" la empresa para empezar a trabajar en ella? -¿Es el el estudiante que "acepta" a la universidad para que le concedan estudiar en ella? -¿Es el jugador de fútbol el que "acepta" jugar en primera y pasa del anonimato a los grandes clubes? Como podrás ver, sería muy pretencioso que el individuo "acepte" la institución. Por el contrario es siempre la institución la que acepta (o no) al individuo. La sencilla razón es porque la institución es MÁS GRANDE que el individuo. Contesta estas preguntas: -¿Quién es más grande, tú o Jesucristo? -¿Quién es más grande, la criatura o el Creador? -¿Quién es más grande, el pecador o el Salvador? Veo que ya sacaste tu lógica conclusión... entonces: ¿Cómo es eso que tú tienes que "aceptar" a Jesucristo para ser salvo?  ¿Eres tú la institución y Él el individuo acaso?  Si las alarmas empezaron a sonar en tu cabeza en este momento, es buena señal. ¡Algo anda mal con lo que te dijeron que era la salvación!

Hombre herido de bala ingresa a iglesia y acepta a Cristo antes de morir

Típico titular de un diario sensacionalista cristiano. Te cuento un poco la historia (historia que se repite a lo largo del mundo con uno que otro matiz diferente). Una persona mal herida y al borde de la muerte es rodeada por gente muy bien intencionada que le hace la pregunta: "quieres aceptar  a Jesús en tu corazón e ir al cielo". La persona en su último aliento, repite una oración inducida, y luego fallece. Las personas que lo rodean se miran entre sí con una sonrisa y dicen: "hemos cumplido con nuestro cometido de cristianos, ¡hemos salvado una persona!". Yo sé que todo esto es muy lindo y esperanzador, pero hagamos algunas preguntas digamos... incómodas: -¿La persona antes de morir sabía algo acerca de su condición de pecador? -¿Sabía que había pecado contra un Dios justo y santo y por lo tanto era culpable? -¿Tenía alguna noción de quebrantar la Ley de Dios? -¿Entendió en algún momento que Jesús el Hijo de Dios vino a este mundo a salvar a pecadores como él? -¿Pudo comprender algo de su muerte sustituta en el calvario? -¿Se enteró que su resurrección es la victoria sobre la muerte y el pecado? En definitiva: -¿Se le leyó parte de la Biblia y se le predicó en base a lo que las Escrituras dicen en cuanto al evangelio? Te preguntarás: ¿Que tiene esto que ver con ser salvo? La respuesta es: ¡todo!. La Biblia dice: "Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios" (Romanos 10:17). La voz Dios habla directamente al corazón, pero siempre lo hace con la Biblia, su Palabra. Cristo dijo: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio" (Marcos 16:15). ¿Te das cuenta que la persona para ser salva tiene que escuchar el mensaje antes que tomar una mera decisión de "aceptar a Cristo"? Si esa persona al borde de la muerte estuviera en otro país que no fuera "cristiano" terminaría invocando a Alá, a Buda, o a Vishnu ¿Cuál sería la diferencia? En la desesperación la gente acepta cualquier salida de salvación.  Algo sigue andando mal con esta fórmula de "aceptar a Cristo" para ser salvo, ¿verdad?

Aprendamos mejor del apóstol Pedro

La primer predicación masiva en la que se convirtieron 3.000 personas fue la de Pedro en pentecostés. ¿Como fue la predicación de Pedro? ¿Le pidió a la multitud que "aceptara a Jesús"? Si uno lee detenidamente el capítulo 2 del libro de Hechos ser dará cuenta que Pedro describe quién es Jesús de manera grandiosa, sublime y gloriosa; pero por otro lado deja al hombre bien pequeño, como perverso, pecador e inicuo. Hace grande la institución y pequeño al individuo. Jamás pasó por la cabeza de Pedro o los apóstoles de que los pecadores tienen que ponerse en una posición de aceptar al "pequeño Cristo", por el contrario, en cada predicación del evangelio se presenta al "grandioso Cristo", a quien los "pequeños y miserables pecadores" van en busca de socorro, auxilio y... ACEPTACIÓN. -¿Por qué la predicación de las mayoría de los evangélicos de hoy invierte los principios básicos de la salvación? -¿Por qué las personas que dicen "haber aceptado" a Cristo no pueden narrar en qué consiste la salvación con la Biblia en mano? -¿Por qué muchos cristianos evangélicos no pueden explicar el evangelio sin referirse a términos de "aceptabilidad", sin conexión con el  genuino arrepentimiento y la fe? -¿Por qué el mensaje carece de contenido bíblico, de exposición de la Palabra de Dios, y todo se centra en una especie de fórmula mágica al pronunciar dos o tres frases? Satanás ha engañado a muchos en la iglesia. Ha puesto un billete falso en la mano de muchas personas. Les ha dado una falsa seguridad y esperanza. Su estrategia no es negar el nombre de Cristo de forma abierta, sino ocultar la verdadera predicación del evangelio para reducirlo a una decisión del momento de forma impensada. Es así que muchas personas dicen que son "salvadas por Cristo" pero no pueden explicar quién es Cristo ni de qué las salvó.

El ladrón en la cruz

A veces se quiere traer la historia del ladrón en la cruz para poner como ejemplo de alguien que "acepta" a Cristo en su lecho de muerte. Esto es una falacia. El ladrón tuvo más información directa del evangelio que cualquier otra persona. No sólo pudo haber tenido conocimiento previo de algunas cuestiones  de la Ley de Dios, sino que vio los acontecimientos del Jesús en vivo y en directo. Pudo oír cada palabra de Jesús pronunciada en la cruz tanto como el escenario del calvario. Incluso  puedo escuchar cuando Jesús decía: "Padre perdónalos porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:34). El ladrón entendió su pecado: "nosotros merecemos estar crucificado" y entendió que Jesús era el justo "este ningún mal hizo" (Lucas 23:41).  Entendió el temor de Dios y su justa condenación (Lucas 23:40). Además de esto suplicó misericordia a Jesús: "Acuérdate de mí, Señor" (Lucas 23:42). El no tomó una posición superior sobre Cristo. Su súplica condice más por un"acéptame" que un "te acepto". El ladrón en la cruz, en su arrepentimiento, evidencia comprender quién es Dios, quién es él como pecador, y quién es Jesús el justo. No fue la pronunciación de una frase hecha lo que lo salvó.

Humillándonos ante alguien más grande: DIOS

Estimado amigo, mira que tu experiencia de salvación sea genuina. El evangelio verdadero nos conduce  a una verdadera humillación, a un suplicar perdón a Dios con todas nuestras fuerzas. En la salvación le "rogamos a Dios que nos acepte a través del sacrificio de su Hijo". La ira de Dios está sobre cada criatura pecadora y no acepta ninguna obra de ella para salvación, y mucho menos que la criatura sea "quién lo acepte a Él" en una oración automatizada. Lo único que Dios acepta como sacrificio por el pecado es el sacrificio de su Hijo Jesús. Quienes ponen fe en Cristo de esta manera son aceptados por Dios. Recuerda que Él es el rey y nosotros su siervos. Él es el Creador y nosotros la pequeña criatura. Él es gran Dios y nosotros sólo el individuo. De eso se trata el evangelio, de un gran Dios que vino al mundo a salvar a los pecadores perdidos (1 Timoteo 1:15). Dios no viene a ti de rodillas pidiendo que en tu gentileza lo aceptes, sino que tú debes ir de rodillas a él pidiendo que te acepte.

Salmos 86:9 Todas las gentes que hiciste vendrán y se humillarán delante de ti, Señor; y glorificarán tu nombre. 10 Porque tú eres grande, y hacedor de maravillas: tú solo eres Dios. 11 Enséñame, oh Jehová, tu camino; caminaré yo en tu verdad: consolida mi corazón para que tema tu nombre. 13 Porque tu misericordia es grande para conmigo; y has librado mi alma del hoyo profundo.

¡Pero yo fui salvo de esta manera, al decir: "Cristo te acepto"!

Quizá fuiste salvo a pesar de la fraseología incorrecta. Los frutos del arrepentimiento son evidencia de una salvación. Como no conozco tu experiencia no puedo juzgarte. Pero de lo único que estoy seguro es que si de verdad eres salvo en Cristo Jesús, la predicación de la cruz por medio de la Biblia la recibiste de alguna u otra forma. Sé que hay muchos sinceros predicadores y pastores que anuncian el evangelio con la Biblia en mano y simplemente se les ha pegado clichés y frases  de "campañas evangélicas"  que no tienen precedente bíblico. Si se predica Su Palabra, Dios va a salvar a los pecadores por más que a veces la fraseología sea incorrecta. Pero las excepciones a la regla no pueden confirmar una regla. Miles de personas son inducidas cada día por iglesias y campañas evangelísticas a "aceptar a Cristo" sin haber escuchado el mensaje del evangelio en sí mismo. La gente se sigue subiendo al "tren de la salvación" con un boleto falso. Esa es la gran estrategia de Satanás a la que muchas iglesias y pastores le siguen el juego. Si se deja la exposición y predicación de la Palabra de Dios de lado y se confía en la pronunciación de frases como "Acepta a Jesús",  lo que se está predicando es una especie de superstición que no salvará al alma. ¡No bases tu salvación en una mentira!

lunes, 7 de marzo de 2016

No tomar el nombre de Dios en vano en nuestro testimonio de vida

Exodo 20:7 No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano. A veces muchas personas piensan que tomar el nombre de Dios en vano sólo tiene que ver con lo que decimos, es decir, con lo puramente verbal. Imaginan que mientras no usen frases que involucren alguna especie de deshonra a Dios, o que Su nombre esté mezclado con alguna trivialidad, de cierta forma están guardando a la perfección el tercer mandamiento (pero no es así). Es verdad que algunas personas utilizan a Dios en cualquier situación con frases como: ¡Ay Dios mío! o  ¡Jesucristo!  Y en verdad eso es tomar su nombre en vano. Los cristianos deberíamos evitar este tipo de liviandad en nuestro hablar. Si mencionamos a Dios o a Jesús que sea para predicarlo o para adorarlo, pero no para expresar un susto, asombro o incluso enojo.

Pero la cuestión de tomar el nombre de Dios en vano es más que palabras (aunque lo incluye). Cualquier persona que se llame a sí misma “cristiano” está usando un título que se identifica con el nombre de Jesús, por lo tanto todo el mundo espera ver en la persona algunas cualidades de Aquel a quién dice representar. Si una persona se identifica con Jesús, se espera una similitud con él.

El hombre Jesús significa no sólo Salvador, sino “Jehová es salvación”. La forma griega que se encuentra en el Nuevo Testamento (Iesous) deriva del hebreo Jeshua, que es la forma abreviada de Jehoshua (Josué 1:1; Zacarías. 3:1). Ese tetragamatón hebreo de cuatro consonantes: YHVH de la cual ciertos judíos no se atrevían a pronunciar y que en su lugar decían Adonai (Señor) está en conexión con el nombre de Jesús (como dijimos de manera abreviada). El punto es que si nos denominamos cristianos y "sostenemos el nombre de Jesús" nuestro testimonio tiene que ser el de un seguidor de Jesús. Si nuestra vida no evidencia los frutos de Jesús, estamos usando en cierta manera su nombre en vano. A veces me pongo a ver el testimonio de las personas que dicen seguir a Jesús, pero en su vida expresan exactamente lo contrario. Hay matrimonios que se consideran cristianos, pero su forma de tratarse es peor que ciertas personas que no conocen a Dios. Hay iglesias que se llaman cristianas, pero están muy lejos del modelo que es Cristo. ¿Acaso esperamos perfección para llamarnos cristianos? No, el cristiano no es una persona perfecta, pero sí aspira a una vida perfecta. Esta perfección no la busca como mérito en su obras personales, sino que depende de la gracia de Cristo. Cuando estamos plantados en Cristo damos buenos frutos: Lucas 6:44 Porque cada árbol por su fruto es conocido: que no cogen higos de los espinos, ni vendimian uvas de las zarzas.
El peor mensaje de condenación que puede recibir este mundo pecador es el mal testimonio que recibe de aquel que se dice llamar a sí mismo cristiano. 
Los cristianos pueden caer en pecados, y los justos pueden manchar sus vestidos, pero esta no es su forma constante de vivir. No es su regla, sino su excepción a la misma. Cada vez soy menos dado a pensar que son cristianos aquellos que, manteniendo el nombre de Jesús en sus vidas, a la hora de optar entre "honrar el nombre de Jesús" o de "mostrar un mal testimonio al mundo", deciden por este último.

Es como si tuvieran en frente de su "tablero espiritual" un botón rojo con la leyenda: "Autodestrución del testimonio cristiano". ¿Y saben qué hacen? Lo apretan una y otra vez haciendo volar por los aires su testimonio cristiano. El nombre de Dios es tomado en vano en su vida una y otra vez. Cuando nos encontramos que una persona que se dice ser cristiana, pero sistemáticamente (y periódicamente) deshonra el nombre de Cristo con su conducta, lo más seguro es que nos encontremos con un incrédulo del tipo "religioso sentimental". Los incrédulos pueden emocionarse mucho con el nombre de Jesús, y hasta son dados a pensar que su emoción religiosa en cierta forma es una prueba de que son cristianos. Pero la Biblia no realiza esta clase de pruebas sentimentales para determinar la esencia cristiana de alguien. La Palabra de Dios dice "no tendrá por inocente al que toma el nombre de Dios en vano".

Los hombres de la parábola de Mateo 7:22, en el día del juicio que querrán justificar con las palabras "Señor, Señor". A pesar de eso Cristo les dirá que no los conoce. Muchos incrédulos están caminando al día del juicio con esta falsa confianza lamentablemente. Utilizan hoy el nombre del Señor en vano, y en el día del juicio esa práctica tampoco les servirá. Estimando amigo/a:

Si el nombre de Jesús no es en tu vida el nombre sobre todo nombre, sobre el cual edificas tu testimonio de vida, ¿de qué sirve usar su nombre? ¡Dios no tendrá por inocente a la persona que tome su nombre en vano! Aquellas que con sus labios proclamen que son hijos de Dios, pero que con sus actos proclamen que son hijos del Diablo. Examinemos hoy nuestro corazón delante de Dios para comprobar si somos salvos. ¡Si somos en verdad del Señor honraremos a Cristo con nuestros labios y también con nuestras vidas!

2Ti 2:19 Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.

lunes, 2 de noviembre de 2015

No por tu justicia...

Por tanto, sabe que no por tu justicia Jehová tu Dios te da esta buena tierra para poseerla; que pueblo duro de cerviz eres tú. (Deuteronomio 9:6)

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Dios le recuerda a Israel en la conquista de los pueblos en el desierto, antes de entrar a la tierra prometida, que entrarían en esa tierra “no por su justicia”. En el versículo 5 dice “ni por la rectitud de tu corazón”. Y como si fuera poco, agrega: “Son pueblo de dura cerviz” (V.6) “Habéis sido rebeldes a Jehová” (V.7). En otras palabras, les está diciendo: “No sólo no hay ninguna obra de justicia o condición natural en tu corazón que te haga apto para entrar en la tierra prometida, sino que además eres por naturaleza duro de corazón y rebelde”.

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La realidad del pueblo de Israel es la realidad también de todo ser humano. El ser humano se cree justo y bueno, y su pensamiento natural es suponer que puede comprarle a Dios su salvación con sus obras de justicia. Incluso si le preguntas a mucha gente que va a la iglesia: ¿Cómo haces para ir al cielo? Empezarán "su historia de salvación" aduciendo que ellos tratan de seguir a Dios, guardan sus mandamientos, e intentan ser buenas personas. Cuando preguntas a una persona por la experiencia de salvación y ella no se refiere a sus antiguos pecados, a su rebeldía contra Dios y que necesitaba una Salvador justo que perdonara sus pecados, posiblemente esa persona no es alguien convertido por la gracia de Dios.

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Dios antes de mostrarte su gracia salvadora en Cristo te muestra primero tus pecados. Un evangelio que no denuncia los pecados es un falso evangelio, y hay mucho de eso hoy en día lamentablemente, por eso la gente llega a conclusiones falsas que es salva por Cristo (sin saber de qué se salvó en realidad). Si se evita confrontar a las personas con sus pecados, pero se les ofrece la salvación por Cristo, las personas llegarán a la conclusión falsa que realmente eran dignos del amor de Cristo, y que Jesús vino a salvarlos de las injusticias del mundo, siendo ellos personas justas desde antes.

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El apóstol Pablo, en su carta a Tito 3:5, utiliza un manera de expresarse muy similar a la que citamos en Deuteronomio: "no por obras de justicia que nosotros habíamos hecho, mas por su misericordia nos salvó, por el lavacro de la regeneración, y de la renovación del Espíritu Santo". Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento repiten el estribillo "no es por tu justicia" sino por la misericordia de Dios que somos salvos. El Señor Jesucristo aclara esto mismo cuando dijo en Marcos 2:17 "Los sanos no tienen necesidad de médico, mas los que tienen mal. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, al arrepentimiento."

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El falso evangelio de este tiempo, no es falso porque niegue a Cristo, sino porque oculta los pecados del hombre y presenta a un Cristo que no es el salvador, sino una especia de mejorador de nuestras vidas. Si estuvieran en el tiempo de Israel estos falso predicadores dirían: La tierra prometida es vuestra, se la han ganado después de haber sufrido en el desierto y haber peleado contra pueblos de gigantes, ¡entren es suya! Sin embargo Dios les dice: rebeldes, duros de corazón y si llegaron hasta aquí es por pura misericordia, y si entran en la tierra prometida por gracia.

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Estimado amigo/a:

¿En qué has confiado para tener vida eterna, en tu propia justicia o en la justicia de Cristo obrada en la cruz del calvario? ¿Alguna vez alguien te ha dicho que eres un rebelde enemigo de Dios y por eso necesitas de su misericordia?

Si han endulzado tus oídos diciéndote que eres una víctimas de las circunstancias y que Cristo vino a salvarte de tus propias vicisitudes, dolores y malos ratos de esta vida te están engañando. Cristo vino por lo pecadores, aquellos que reconocen su culpa al pecar contra un Dios santo. Las personas que se salvan son aquellas que al ser acusado de rebeldes, asumen su culpa, pero ponen fe en el Salvador. Nuestra propia justicia es un sucio vestido de harapos. La ley de Dios siempre nos va a señalar nuestra faltas y manchas. En lugar de peinarnos, quitar algunas manchas de la cara con nuestro pañuelo de la auto-justificación, o tratar de alisar con nuestra mano el arrugado y sucio vestido de nuestro pecado, debemos clamar a Dios por misericordia y perdón. Cristo lava a los pecadores con su sangre y les da el precioso vestido de su justicia.

 

Romanos 3:26 con la mira de manifestar su justicia en este tiempo; para que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

lunes, 17 de agosto de 2015

¿Seré perdonado por Dios de todas formas cuando muera?

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Muchas personas creen en la MISERICORDIA de Dios, pero la creen de este manera:
Dios es un ser bueno que a la hora de mi muerte pasará por alto mis pecados y de seguro me mandará al cielo. Es demasiado misericordioso como para condenarme a una eternidad en el infierno.
Sin embargo la Biblia dice: Éxodo 20:6 (Yo Jehová)  ...que hago misericordia en millares a los que me aman, y guardan mis mandamientos.

La pregunta a este tipo de personas sería: ¿Amas a Dios en esta vida? ¿Te deleitas en leer la Biblia y guardar sus mandamientos?

Sabemos que la única forma para que un ser humano ame a Dios es que "haya sido amado primero por él": 1Juan 4:19  Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. La única forma que guardemos sus mandamientos, es por una obra de gracia donde Él escribe sus leyes en nuestros corazones: Hebreos 10:16 Y este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Daré mis leyes en sus corazones, y en sus almas las escribiré; Ahora, si no hay evidencia en vida de que la persona ame a Dios y guarde sus mandamientos: ¿Por qué esta persona estaría tan segura que después de su muerte recibirá la entrada al cielo por la MISERICORDIA de Dios?
Si tu vida no evidencias de que has sido alcanzado por la misericordia de Dios, en vanos te ilusionas pensando que recibirás esa misericordia después de tu muerte.
No puedes vivir una vida de pecado y sin embargo confiar que Dios te perdonará en el día del juicio de todas formas. No puedes vivir una vida indiferente a la Palabra de Dios, la Biblia, y creer que estás yendo al cielo de todas forma. Pero por sobre todo, si no amas a Dios y no has visto el amor de Cristo evidenciado en la cruz del calvario: no conoces la misericordia verdadera.

No seas indiferente a la obra de Cristo, ser indiferente a él significa rechazar su misericordia. La única forma de escapar de la ira de Dios es amparándote en Cristo. No te engañes más a ti mismo pensando que en el día final entrarás al cielo por algún acto excepcional del misericordia de Dios. Ese acto excepcional ya lo hizo y fue la de enviar a su Hijo Jesús a este mundo para morir por los pecadores.

La única forma segura de que tengas misericordia de Dios en el último día del juicio luego de tu muerte es que hoy te alcance su misericordia en vida. ¡Invoca su perdón, y recibirás su misericordia!

La Biblia te invita...

Hebreos 4:16  Lleguémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia, y hallar gracia para el oportuno socorro.