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sábado, 18 de abril de 2026

Génesis 3 sin mitos: ¡ni pasividad de Adán ni dominio de Eva!

He leído libros y visto videos de conferencias sobre masculinidad y feminidad bíblica. Algunos muy buenos, y otros que dejan cabos sueltos sin atar, o que demuestran un mal entendimiento de los primeros tres capítulos de Génesis y la caída en el Edén.

Creo que con muy buenas intenciones de demostrar los roles del hombre y la mujer dados por Dios, se ha ido más allá de lo que la Biblia dice, atribuyendo a Adán y Eva "errores" antes de la caída propiamente dicha. ¿De qué forma? Lo explico a continuación.

Error interpretativo 1: El Adán descuidado y falto de liderazgo

He visto que se ha presentado a Adán —¡hasta se lo ha culpado!— de dejar sola a Eva con la serpiente. Como que Adán no tenía una supervisión amorosa de su mujer (o no le importaba si ella estaba cerca del árbol del conocimiento del bien y el mal). Muchas veces se presenta a Adán como el liderazgo patético de muchos hombres de hoy que dejan a sus esposas solas enfrentar la vida y los conflictos.

Si ese fuera el caso, ¿no sería pecado antes de comer del fruto prohibido? Al encontrarnos con esta realidad, que obviamente no se puede afirmar sin afectar la doctrina de la hamartiología —es decir, la doctrina sobre el pecado—, muchos se ruborizan y dicen: "¡No! En realidad no estamos diciendo que la falta de liderazgo de Adán sea pecado." Entonces yo repregunto: ¿entonces no debería denunciarse como pecado la falta de liderazgo de un hombre sobre su hogar? Sea como sea, quien atribuye faltas a Adán antes de la caída está especulando y no interpretando el texto bíblico de Génesis.

La Biblia nos dice que el pecado de Adán fue la desobediencia, no la falta de liderazgo: Romanos 5:19 — Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores...

El pecado entró por un acto de desobediencia, no por un error de diseño.

Era en el preciso momento en que Eva le extendió su mano con el fruto a medio masticar, que Adán, con su libre albedrío aún intacto, podría haber dicho: "¡No!" Sin embargo, quebrantó este sencillo "pacto de obras" donde Dios había dicho: "no comerás... porque morirás." Al comer el fruto prohibido no hay duda de que existió una estrategia previa del diablo, pero no una sucesión de "pecados" de Adán antes de ese momento, como no tener liderazgo, dejar sola a Eva por falta de iniciativa, etc.

Lo de Adán fue una transgresión voluntaria y consciente de una ley positiva, no una negligencia administrativa o un "descuido" de supervisión sobre Eva.

Error interpretativo 2: La Eva empoderada e independiente de su marido

Si Eva hubiera sido así, podríamos decir que el pecado estaba en ella antes de comer el fruto prohibido. Tampoco es su tendencia a controlarlo todo; de lo contrario, Dios no habría creado una criatura santa y ayuda idónea del hombre, sino un ser que lo complicaría. Eva fue engañada por la astucia de la serpiente, no por su propio corazón, que era santo: 2 Corintios 11:3 — Pero temo que como la serpiente engañó a Eva con su astucia...

Si Eva hubiera tenido una disposición a la independencia rebelde antes de la caída, el pecado habría nacido de su naturaleza y no de la tentación externa, lo cual contradice la bondad de la creación divina.

Ella, al igual que Adán, podría haber dicho en su libre albedrío aún no afectado: "¡No!" a la serpiente. Vemos que al principio de la conversación con el diablo ella se opuso, pero luego de la insistencia de este —"no morirás"— accedió.

La visión correcta de la caída

Dios creó seres libres sujetos a prueba de obediencia. Esta prueba era simple y consistía en no comer de un único árbol en el huerto del Edén. El hombre como agente moral podía no pecar no comiendo, o pecar comiendo. La realidad es que el hombre cayó ante la tentación satánica y dijo sí cuando debería haber dicho no. Luego de eso, y solo luego de eso, los roles del hombre y la mujer fueron alterados respecto al propósito original. Los matrimonios fueron y siguen siendo desdichados: hombres que no ejercen la autoridad y el diseño para el cual Dios los creó, y mujeres que se sublevan a esa autoridad en busca de independencia. El resultado son dos personas compitiendo en roles dentro de su matrimonio, originando guerras y amargura. Lo que debería ser un complementarismo perfecto de amor y armonía, ahora es una competencia de sexos.

Enseñar masculinidad y feminidad bíblica está muy bien, y aplaudo las iniciativas de conferencias, ministerios y libros que se escriben al respecto, pues hacen mucho bien al pueblo de Dios.

Al intentar dar consejos matrimoniales prácticos, muchos conferencistas "leen" los problemas del siglo XXI dentro del texto de Génesis 2. Al hacer eso, debilitan la gravedad del pecado como una rebelión espiritual contra la soberanía de Dios, convirtiéndolo en un simple "problema de comunicación" o "falta de liderazgo".

Por eso, hay que tener cuidado de que en el afán de demostrar los roles del hombre y la mujer no caigamos en falsas interpretaciones de Génesis, atribuyendo pecado antes de la caída.

Gracias a Dios que, a pesar de que Adán es nuestra "cabeza federal" en quien todos morimos, los creyentes tenemos esta gloria: que en Cristo, nuestra cabeza federal de la salvación, todos vivimos.

1 Corintios 15:22 — Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados.

Cristo vino a salvarnos, a reconciliarnos con Dios y con nuestro prójimo. Vino a sanar los matrimonios que confían en Él.

Pero debemos abordar estos temas con la teología correcta. ¿No lo crees?

 

lunes, 16 de marzo de 2026

¿Cuál es tu verdadero "negocio"? Pastores bivocacionales

Guillermo Carey era un humilde zapatero remendón antes de convertirse en uno de los misioneros más influyentes de la historia de la Iglesia. No era un hombre de grandes recursos ni de formación académica privilegiada, pero era algo mucho más importante: era un creyente regenerado, llamado por la gracia soberana de Dios, que conocía La Gran Comisión y la sentía arder en su pecho con una convicción que no podía silenciar.

Su interés misionero no nació de un impulso emocional pasajero, sino de una profunda comprensión teológica: si Dios es soberano sobre todas las naciones, si Cristo es Señor de señores, entonces el evangelio debe llegar hasta los confines de la tierra. Por eso, enfrente de su banco de trabajo colocó un mapa del mundo —ese mapa famoso que contemplaba con ojos húmedos—, señalando los territorios donde aún no habían resonado las Buenas Nuevas de Salvación. Cada par de zapatos que remendaba era también una oración silenciosa por aquellas almas.

Tras un tiempo de profunda comunión con Dios, de búsqueda en las Escrituras y de lucha interior, Carey comprendió con claridad reformada que la soberanía de Dios no anula los medios, sino que los ordena. Dios había decretado salvar a un pueblo en la India, y lo haría a través de un instrumento débil: un zapatero de Northamptonshire. Así que fue. Y al llegar, siguió componiendo zapatos para sostenerse económicamente y predicar libremente el evangelio. Con aquella convicción que tanto caracterizó su vida, solía decir:

"Mi negocio es servir a Dios; y compongo zapatos para pagar los gastos que se originan en ese negocio."

Esta frase no es una curiosidad histórica. Es una declaración teológica. Carey entendía que no existe división entre lo "sagrado" y lo "secular" para el creyente verdadero. Todo trabajo hecho para la gloria de Dios es ministerio. Cada clavo que martillaba era un acto de adoración al Creador que lo había redimido y enviado.

El obrero que trabaja con dos manos

Muchos obreros, misioneros y pastores en todo el mundo —y especialmente en nuestra América Latina— se encuentran hoy en la misma situación que Carey: realizan una labor espiritual inmensa, pero deben trabajar en tareas seculares para sostener a sus familias (de allí el término "bivocacional"), pues no cuentan con apoyo económico externo de ningún tipo o este es parcial. Predican el domingo y trabajan de lunes a sábado. Visitan enfermos de noche y madrugan para llegar al trabajo. Llevan la carga del rebaño sobre sus hombros y también la carga del sustento sobre sus espaldas.

Y en medio de ese agotamiento, más de una vez ha cruzado por nuestra mente este pensamiento doloroso: "¡Qué desperdicio de tiempo! ¡Oh, si pudiera dedicar estas horas al Señor!"

Pero querido hermano, que esto no te pese en el corazón. Ese pensamiento, aunque nace de un deseo legítimo, parte de una premisa equivocada: que el tiempo entregado al trabajo secular es tiempo robado a Dios. La doctrina reformada nos enseña otra cosa. Nos enseña la santificación del trabajo ordinario, que toda vocación —incluso la más humilde— puede y debe ser ejercida coram Deo, delante de Dios, para Su gloria.

Lutero lo dijo antes que nadie con palabras que siguen resonando: el zapatero que hace bien los zapatos sirve a Dios tanto como el predicador que sube al púlpito. No porque ambos hagan lo mismo, sino porque ambos, en su esfera, actúan como mayordomos de los dones que Dios les ha confiado.

El ejemplo apostólico

No nos olvidemos tampoco del apóstol Pablo, quien llevó a cabo la tarea misionera más extraordinaria registrada en las Escrituras, y sin embargo pudo decir con plena serenidad ante los ancianos de Éfeso:

"Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario, y a los que están conmigo, estas manos me han servido." (Hechos 20:34)

Pablo era tejedor de tiendas. Lo mismo que Carey era zapatero. Y ambos comprendieron algo que la Iglesia moderna a veces olvida: que Dios no llama a Sus siervos a una espiritualidad etérea, desconectada de las realidades cotidianas, sino a una fe encarnada que santifica cada aspecto de la vida. El apóstol que escribió Romanos también cosió lonas bajo el sol de Corinto. Y no lo vivió como una humillación, sino como una expresión de su integridad y su libertad en Cristo.

La doctrina de la gracia nos recuerda que somos completamente dependientes de Dios —en el trabajo, en el ministerio, en el descanso— y que nada de lo que hacemos escapa a Su providencia soberana. El Señor que ordenó que Pablo predicara en Asia también ordenó que trabajara con sus manos para no ser carga a nadie. Los dos mandatos vinieron del mismo trono.

Remendar zapatos y predicar el evangelio

Quizás hoy tengamos que "remendar varios zapatos" —metáfora de todo aquello que nos ocupa fuera del púlpito y de la reunión— y luego ir a predicar, visitar a un enfermo, consolar a una familia en duelo, atender a nuestros hijos, servir a nuestra esposa, dar de comer a los pobres. La vida del siervo de Dios no es glamorosa. Muchas veces es silenciosa, extenuante y aparentemente insignificante. Pero Dios ve en lo secreto, y recompensa en lo secreto.

Si la vida nos desgasta exteriormente —y lo hará, porque esta carne es frágil y los días son duros—, el Señor nos renueva interiormente cada día. No por nuestros méritos ni por nuestra resistencia, sino por la gracia inagotable que brota de la cruz de Cristo y que el Espíritu derrama en nuestros corazones.

El apóstol lo afirmó con la voz del hombre que había sido apedreado, encarcelado y naufragado:

"Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior empero se renueva de día en día." (2 Corintios 4:16)

No hay trabajo pequeño cuando se hace para un Dios grande. No hay día perdido cuando se vive bajo la soberanía de Aquel que ordena todos los pasos del justo. Carey lo entendió. Pablo lo vivió. Y nosotros, por la gracia de Dios, podemos imitarlos.

martes, 24 de febrero de 2026

¿La teología es para mí?

Se estima que solo un 2% de los cristianos estudia teología para dedicarse al ministerio pastoral a tiempo completo.

¿Pero qué pasa con el otro 98%?

La gran mayoría se queda al margen. Quizás tú mismo te has dicho alguna vez: "Esto no es para mí. Es demasiado complejo, no tengo tiempo, es solo para los líderes...". Y así, dejamos el estudio profundo de Dios en manos de unos pocos.

Pero hay una verdad ineludible. Como bien dijo el recordado Dr. R.C. Sproul:

"Todos somos teólogos de alguna forma; la única pregunta es si vamos a ser buenos o malos teólogos."

La teología no es otra cosa que lo que pensamos acerca de Dios. Si eres cristiano, ya eres un teólogo. La pregunta es qué tan sólidas son tus bases.

El resurgimiento de la teología reformada: luz en tiempos de confusión doctrinal

Vivimos en una época de caos teológico sin precedentes. Falsas doctrinas se multiplican en las redes sociales. Predicadores carismáticos tuercen las Escrituras para justificar herejías. La prosperidad, el misticismo y el subjetivismo emocional han reemplazado la sana doctrina en miles de púlpitos.

Pero en medio de esta tormenta, algo extraordinario está ocurriendo: un resurgimiento de la teología reformada está trayendo claridad, solidez y esperanza a una generación hambrienta de verdad. Miles de cristianos en toda Latinoamérica están redescubriendo las doctrinas que edificaron a la iglesia durante siglos. Las mismas verdades que sostuvieron a los reformadores, a los puritanos, a Spurgeon y a los grandes predicadores del pasado, vuelven con poder para rescatar a la iglesia del error.

La teología reformada no es una novedad ni una moda. Es el cristianismo bíblico e histórico recuperado. Es la fe que una vez fue dada a los santos (Judas 3). Y hoy, más que nunca, es tu tabla de salvación en un océano de confusión doctrinal.

No importa tu rol, la teología reformada es para tu vida real

A veces pensamos que para estudiar teología reformada hay que estar metido en una biblioteca todo el día. ¡Nada más lejos de la realidad!

Si eres una madre que cría a sus hijos y cuida su hogar, necesitas una teología sólida para transmitir la fe correcta a la próxima generación.

Si eres un estudiante universitario rodeado de filosofías seculares y relativismo moral, necesitas estar anclado en las verdades inmutables de la Palabra de Dios.

Si eres un trabajador con la agenda llena y mil responsabilidades, necesitas discernimiento para no ser llevado por todo viento de doctrina que sopla en las redes sociales y en tu congregación.

Si eres un jubilado que ahora tiene más tiempo para el Señor, este es el momento perfecto para profundizar en las Escrituras y dejar un legado de verdad a tu familia e iglesia.

La teología reformada es para ti.

Te ayudo...

En el Instituto Spurgeon nuestro corazón está puesto exactamente en ese 98%. No formamos solo pastores. Formamos cristianos sólidos, discípulos firmes, creyentes capaces de discernir la verdad del error.

Hemos diseñado nuestro curso de Teología Sistemática Reformada con un propósito claro y urgente. Queremos que domines las grandes doctrinas de la fe para:

Defenderte del error doctrinal: En 12 meses aprenderás a identificar las herejías modernas, las falsas doctrinas que infectan las iglesias evangélicas, y las desviaciones sutiles que confunden a millones. Sabrás exactamente por qué el pelagianismo, el arminianismo extremo, la teología de la prosperidad y el pentecostalismo carismático contradicen las Escrituras.

Crecer en el conocimiento profundo de Dios: Tu vida espiritual se transformará radicalmente cuando entiendas quién es Dios en Su soberanía absoluta, cómo funciona la salvación de principio a fin, y qué significa verdaderamente la gracia. No más cristianismo superficial. No más emocionalismo sin fundamento. Solo verdad sólida como roca.

Ayudar a otros con confianza: Ganarás la autoridad bíblica necesaria para responder a las preguntas difíciles que te hacen tus amigos, familiares o compañeros de trabajo. Podrás evangelizar con claridad. Podrás discipular con solidez. Podrás defender la fe sin titubear.

Servir a Dios con entendimiento bíblico: No queremos que sirvas al Señor solo con buenas intenciones o celo emocional. Queremos que sirvas con conocimiento preciso de la Palabra. Como nos exhorta el apóstol Pablo:

"Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad." — 2 Timoteo 2:15

La misma Biblia nos ordena conocer la Palabra de Dios y "crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor" (2 Pedro 3:18). No es opcional. No es solo para líderes. Es el mandato para todo creyente.

Este es tu momento de decidir

Miles de cristianos en toda Latinoamérica ya están siendo transformados por la teología reformada. Están saliendo de iglesias superficiales. Están abandonando el evangelio diluido. Están descubriendo la profundidad, la belleza y el poder de las doctrinas de la gracia.

La pregunta es: ¿vas a quedarte atrás?

Puedes seguir navegando en la superficialidad doctrinal, repitiendo clichés evangélicos vacíos, confundido por cada nueva enseñanza que aparece en tu feed. O puedes tomar la decisión de edificar tu vida cristiana sobre el fundamento inquebrantable de la teología reformada.

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lunes, 11 de agosto de 2025

LAS EMOCIONES DE LA CARNE VS. LAS EMOCIONES DEL ESPÍRITU SANTO

Muchas veces me he preguntado cómo diferenciar cuándo una emoción es provocada por el Espíritu Santo y cuándo proviene de uno mismo. He encontrado un escrito de casi 250 años de antigüedad, cuyo autor es Jonathan Edwards, uno de los principales predicadores del siglo XVIII.
«Imagínese una persona que por mucho tiempo ha tenido temor del infierno. Satanás llega y la engaña haciendo que piense que Dios ha perdonado sus pecados. Supongamos que Satanás la engaña a través de una visión de un hombre con una preciosa cara sonriente y brazos abiertos. El pecador cree que esta es una visión de Cristo. O tal vez el diablo lo confunde con una voz que dice “Hijo, tus pecados te son perdonados,” la cual el pecador piensa es la voz de Dios. Así empieza a creer que es salvo, a pesar de carecer de un entendimiento espiritual del evangelio. ¡Qué variedad de emociones entrarían en la mente de este pecador! Estaría lleno de amor para su salvador imaginario quien él piensa le ha salvado del infierno. Se sentiría lleno de gratitud por esta salvación imaginaria. Se llenaría de gozo sobrecogedor. Sus emociones lo impulsarían a hablar a otros de su experiencia. Con facilidad se humillaría delante de su dios imaginario. Se negaría a sí mismo y celosamente promocionaría su religión imaginaria mientras durara el fervor de sus emociones. Todas estas emociones religiosas pueden surgir juntas de esta manera. Sin embargo, la persona a quien nos hemos estado imaginando no es cristiana. Sus emociones son el resultado del funcionamiento natural de su propia mente, no de la obra salvadora del Espíritu de Dios. El que dude que esto sea posible entiende muy poco de la naturaleza humana.»

La predicación de Jonathan Edwards despertó un avivamiento histórico en Nueva Inglaterra. Con el paso de los años, muchos en su tiempo intentaron «copiar el avivamiento», lo que llevó a no pocos a falsas experiencias religiosas. Edwards denunciaba constantemente este falso evangelio, señalando que carecía de contenido bíblico. Era un gran ganador de almas y tenía muy en claro que las emociones, si están vacías del conocimiento del evangelio, no pueden salvar.

A dos siglos y medio de sus advertencias, sus palabras nos invitan a reflexionar sobre nuestra propia época. ¿Qué contenido bíblico tienen las predicaciones de nuestro tiempo? ¿No será que tanto emocionalismo sin evangelio produce más «convencidos» que «convertidos»? Un buen ejercicio es acudir a la literatura antigua y leer cómo predicaban aquellos siervos de Dios, empaparnos de su contenido, de su manera de presentar el evangelio, denunciar el pecado y exaltar la obra de Cristo, y luego compararlo con las predicaciones actuales.

Jonathan Edwards escribía en su libro La Verdadera Experiencia Cristiana (pág. 16): a) El cristiano falso no tiene un sentido de la seriedad de su destino eterno ni de la importancia infinita de edificar sobre el fundamento correcto. En contraste, el creyente verdadero es humilde y cuidadoso; siente lo asombroso que será encontrarse delante de Dios, el Juez infinitamente santo. La seguridad falsa desconoce esto por completo.

b) El cristiano falso no es consciente de lo ciego y engañoso que es su propio corazón. Su seguridad falsa le da gran confianza en sus propias opiniones. El creyente verdadero, en cambio, contempla con modestia su propio entendimiento.

c) Satanás no ataca la seguridad falsa; ataca la seguridad del verdadero cristiano porque es ésta la que produce mayor santidad. En cambio, es el mejor amigo de la seguridad falsa, pues mantiene al cristiano falso totalmente bajo su poder.

d) La seguridad falsa ciega a la persona respecto al verdadero alcance de su pecaminosidad. El cristiano falso se ve a sí mismo brillante y limpio. El cristiano verdadero, en cambio, conoce su propio corazón y se reconoce como un gran pecador; con frecuencia se pregunta si es posible que alguien verdaderamente salvo sea tan pecador como él sabe que es.

Como dijo el profeta Jeremías: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?» (Jeremías 17:9).

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miércoles, 26 de febrero de 2025

Karl Barth: la trampa de la filosofía disfrazada de teología

Karl Barth no fue un teólogo, sino alguien que hizo filosofía dentro del cristianismo. Algunos dicen que fue un gigante de la teología, pero se puede demostrar que ni siquiera fue teólogo. Un teólogo es alguien que aporta a la causa del conocimiento de Dios a partir de la revelación específica de las Escrituras. Hay teólogos que pueden equivocarse en muchas cuestiones de doctrinas de segundo y tercer grado, pero no sería teólogo alguien que niegue una verdad esencial de la Biblia, como el camino de la salvación, la Trinidad o la inspiración de la Biblia (doctrinas de primer grado). Barth fue uno de aquellos filósofos que negó de forma dialéctica (de ahí que muchos traguen su anzuelo) la autoridad, veracidad e inspiración intrínseca de la Biblia. No fue el liberal que atacaba de frente a las Escrituras, sino un neoliberal (mal llamado por algunos neortodoxo), cuyo ataque a la Biblia es más peligroso porque lo hace desde el solapamiento del pensamiento. Esta no es una acusación infundada ni un ataque injusto contra Barth. No se trata de construir un muñeco de paja, sino de analizar sus propias palabras para demostrar que su concepto de la Biblia es contrario a la doctrina reformada histórica. Las citas de Barth han sido tomadas directamente de su libro Church Dogmatics,[mfn](Karl Barth, Church Dogmatics, vol. 1, parte 2 (Nueva York: Charles Scribner’s Sons, s.f.)[/mfn] en su edición original[mfn]Digitalizado en Archive.org[/mfn] (¡no de citas secundarias!).

Barth contra la inspiración verbal

Por esa razón, todo esfuerzo que razone la Palabra de Dios como una Palabra de Dios infalible, resiste aquello que nunca deberíamos resistir, es decir, la verdad del milagro en el que hombres falibles hablan la Palabra de Dios en palabras humanas falibles... (Karl Barth, Church Dogmatics, vol. 1, parte 2, 529).

Según Barth, es inútil clamar que el libro que tenemos en nuestras manos es la Palabra de Dios infalible en sí misma. Para él, está contenida en las palabras de hombres falibles y solo se convierte en Palabra de Dios mediante el milagro del proceso iluminador cuando la leemos.

Este postulado desconoce la inspiración verbal, que, si bien reconoce que Dios usó a hombres falibles, sostiene que la guía de su Espíritu los guardó del error. La Biblia es, en sí misma (intrínsecamente), infalible e inerrante. No es el proceso de leerla, proclamarla o incluso creer en ella lo que la "transforma en Palabra de Dios", como propone Barth.

Barth contra la inerrancia bíblica

Si Dios no se avergonzó de la falibilidad de todas las palabras humanas de la Biblia, de sus inexactitudes históricas y científicas, de sus contradicciones teológicas, de la incertidumbre de sus tradiciones y, sobre todo, de su Judaísmo, sino que adoptó y usó estas expresiones en toda su falibilidad, no necesitamos avergonzarnos cuando Él desea renovarla para nosotros en toda su falibilidad como testimonio... (Karl Barth, Church Dogmatics, vol. 1, parte 2, 530).

No solo Barth afirma que la Biblia es falible, sino que además sostiene que contiene inexactitudes históricas y científicas. Sabemos que la Biblia no es exhaustiva en todo lo que trata desde el punto de vista histórico o científico, pero lo que está escrito en ella no posee inexactitudes.

Si la Biblia no es históricamente exacta, ¿qué relatos serían entonces fábulas y cuáles no? Si la Biblia contradice la ciencia con errores, ¿cómo podemos afirmar que el libro de Génesis es información veraz? Además, Barth agrega la influencia de tradiciones inciertas y de "su judaísmo", como para rematar la idea de que la Biblia está supeditada a una cultura que pudo haber introducido su propio folclore.

No es de extrañar esta apreciación, ya que Barth hace una distinción entre Historie (historia factual) y Geschichte (relato interpretativo) en su concepción de la Biblia. Dicho de manera simple, habría datos históricos mezclados con relatos fabulosos, pero, según Barth, a pesar de eso, por medio del proceso espiritual, esa mezcla llega a ser la voz autoritativa de Dios. Este es el intento neoliberal que más resuena en la filosofía de Barth.

Barth contra la bibliología de las confesiones de fe

Por lo tanto, hemos de resistir y rechazar el desarrollo de la doctrina de inspiración del siglo XVII como falsa doctrina... (Karl Barth, Church Dogmatics, vol. 1, parte 2, 525).

Para Barth, hablar de una Palabra inerrante era un intento secular de convertir la obra de Dios en lo que no es, reduciéndola a un mero objeto de interpretación. Irónicamente, afirma que creer en una Palabra inerrante es como creer en un "Papa de papel". Su descaro en contra de la Palabra escrita es asombroso. Odia la revelación escrita como Palabra de Dios en sí misma, por lo que se opuso a las confesiones de fe de la Reforma en su primer capítulo, llamándolas "falsa doctrina".

Según Barth, declaraciones como la siguiente serían consideradas herejías:

"El carácter celestial del contenido, la eficacia de la doctrina, la majestad del estilo, la armonía de todas las partes, el fin que se propone alcanzar en todo su conjunto (que es el de dar toda la gloria a Dios), la revelación completa que dan del único camino de salvación para el hombre, y muchas otras excelencias incomparables y la totalidad de perfecciones de las mismas, son argumentos por los cuales dan abundante evidencia de ser la Palabra de Dios."
(Confesión de Fe Bautista de 1689, capítulo 1, sección 5)

Conclusión

Seguir considerando a Karl Barth como un gran teólogo es un asunto serio, pues muchos lo leen y, sin darse cuenta, terminan contaminados por sus filosofías. Si un arquitecto construyera un rascacielos imponente, con un diseño moderno y sofisticado, pero luego le prendiera fuego por puro gusto, ¿lo consideraríamos un gran arquitecto? Nadie podría admirar su obra desde el último piso ni contemplar la ciudad desde allí, porque el edificio estaría en ruinas. De la misma manera, los escritos de Barth pueden contener frases agudas y ciertas genialidades, pero buscar sana teología en ellos es como entrar a un edificio en llamas. Su sistema no edifica la fe, sino que la consume desde adentro, dejando a quienes lo siguen sin un suelo firme donde pisar.

En lugar de confiar en construcciones humanas que se desmoronan, es mejor edificar sobre la Palabra perfecta de Dios, que «convierte el alma» y «hace sabio al sencillo» (Salmo 19:7).

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miércoles, 30 de octubre de 2024

La «doctrina reformada» explicada en forma sencilla

No pretendo explicar en este breve escrito lo que es la «doctrina reformada» en sí, pues llevaría mucho tiempo, pero sí dar un indicio de qué trata. Especialmente quiero facilitar al lector «que busca» una explicación sencilla, ya que su interés seguramente ha sido despertado por varios mensajes de «predicadores reformados» que ponen sus prédicas en redes sociales, además de citas biográficas de Calvino, Lutero, otros reformadores, incluyendo a los puritanos del siglo XVII.

Para hacerlo más sencillo para el lector, realizaremos un «ping-pong» de preguntas y respuestas, de modo que se explique todo de manera concisa.

1. ¿Es la doctrina reformada una doctrina nueva?

No, es una doctrina antigua, el evangelio antiguo de todos los tiempos. En el siglo XVI, la iglesia católica engañaba a las almas (y no es muy diferente hoy en día), haciéndoles creer que la salvación se podía comprar (venta de indulgencias) o ganar con obras. Además, la gente no tenía acceso a la Biblia, que solo estaba en sus idiomas originales y en la traducción latina llamada «La Vulgata». ¿Conclusión? La gente estaba sumida en la oscuridad, sin el mensaje de la gracia de Dios en Cristo y sin las Escrituras en su propio idioma.

Dios levantó a un hombre llamado Martín Lutero para denunciar ese engaño, proclamando que la salvación es solo por gracia, por medio del favor inmerecido de Dios, y que solo la fe puede apropiarse de los beneficios de la salvación obtenida por Cristo en la cruz. Martín Lutero dio inicio a la Reforma, y lo siguieron cientos de hombres que no solo volvieron a las bases del antiguo evangelio, sino que también tradujeron la Biblia a los distintos idiomas de aquella época, poniendo en manos del pueblo el tesoro de la Palabra de Dios, fuente de luz y salvación, que muestra la vida eterna a través de Jesucristo.

Si Lutero fue el iniciador, Juan Calvino, por otro lado, fue el continuador y «el teólogo» por excelencia de la Reforma protestante. De ahí que un sinónimo de doctrina reformada sea «calvinismo», aunque no es del todo correcto, ya que las grandes confesiones de fe reformadas del siglo XVII surgieron después de la muerte de Calvino (aunque él dejó un legado teológico fundamental para ello).

2. ¿Qué documentos históricos sustentan la doctrina reformada?

Las confesiones de fe son documentos elaborados por numerosos hombres e iglesias que quisieron dejar por escrito, como guía para las nuevas generaciones, una verdad resumida de lo que es la verdadera fe cristiana, para prevenir los errores y herejías presentes y futuras.

Un documento por excelencia, que fue el más completo en resumir «todo el consejo de Dios» (Hechos 20:27) de forma sistematizada, es «La Confesión de Fe de Westminster». Otro documento de similar contenido, pero con algunas modificaciones (sobre la forma de bautismo y el gobierno de la iglesia), es «La Confesión de Fe Bautista de 1689», que es la que sustenta quien escribe este artículo. Por ello, el mundo de iglesias reformadas se divide principalmente entre presbiterianas y bautistas. Existen también otras confesiones importantes utilizadas por iglesias reformadas en el mundo, como La Declaración de Savoy, La Confesión Belga, la Helvética, etc.

3. ¿En esas confesiones de fe están los cinco puntos del calvinismo?

Ni Calvino ni las confesiones de fe se basan solo en cinco puntos doctrinales; por supuesto, son muchos más. Los cinco puntos provienen de un documento que hicieron las iglesias holandesas para refutar otros cinco puntos presentados por una corriente hereje que buscaba pervertir el evangelio, conocida como «arminianismo». Las iglesias reformadas holandesas crearon un documento conocido como «Los Cánones de Dort» para responder a los cinco puntos del arminianismo. Sin embargo, la controversia teológica precede a Jacobo Arminio en el siglo XVII, remontándose a la misma controversia entre Martín Lutero y Erasmo de Róterdam en el siglo XVI, y entre Agustín de Hipona y Pelagio en el siglo IV. La doctrina reformada siempre exalta la soberanía de Dios en la salvación de los hombres, mientras que sus opositores centran su teología en «el libre albedrío del hombre».

La teología reformada no es fatalista; no niega la doctrina de la responsabilidad humana ni disminuye su celo evangelístico, sino que lo acrecienta. Los evangélicos que critican la doctrina reformada no perciben que esas fueron las mismas bases evangélicas que nos diferencian de los «humanistas» católicos. Cuando intentan «refutar» la doctrina reformada, en vez de acudir a un documento histórico (como los Cánones de Dort) o alguna confesión de fe, crean un conjunto de «supuestos teológicos contradictorios» (muñeco de paja), para luego derribarlos con argumentos pobres y tendenciosos. Pero esto no debe preocuparnos; la gente que lee la Biblia y ama a Dios avanzará a la raíz del asunto. Dios promueve esa búsqueda; lo he visto mil veces. Su Espíritu guía a toda verdad (Juan 16:13).

miércoles, 31 de julio de 2024

La Cena del Señor, el elemento más olvidado en la adoración

Es evidente que la iglesia del siglo XX ha sobredimensionado el tema de la música en relación a la adoración a Dios. El cristiano moderno del siglo XXI, por herencia, asocia «adorar» con «solo cantar». Pero la Reforma protestante del siglo XVI (de la cual venimos los evangélicos) consideraba la adoración como una suma de partes, entre las cuales estaba incluida la ordenanza de la Cena del Señor, la lectura de la Palabra, la oración, la predicación, etc. Ciertamente hoy parecería algo extraño que la adoración sea una suma de cosas, ya que se ha impuesto la idea de que la adoración es sinónimo de cantar, o como mucho orar, pero nada más. ¿Será que hemos ido perdiendo un concepto en el camino en cuanto a la adoración y la relación con la Cena del Señor?

LA CENA DEL SEÑOR: UNA PRIORIDAD PARA LA IGLESIA LOCAL

Al hablar de música, si bien no todos se ponen de acuerdo en cuanto a las formas, sí están de acuerdo en que las letras de los himnos contemporáneos deberían ser ricas en teología cristocéntrica. Por lo menos, en las iglesias que quieren seguir una sana doctrina, hay un alejamiento de las melodías carismáticas repetitivas del siglo XX tipo mantra (Señor te adoro... Señor te alabo...), donde no había mayor contenido bíblico. Otras iglesias han desempolvado himnos antiguos para redescubrir lo ricos que eran en contenido bíblico. Pero a pesar de estas cosas buenas, en algunas iglesias que aspiran a una Reforma, se deja ver todavía la antigua tendencia carismática de que la música es lo central en la adoración. En muchos casos se están calibrando las reuniones de culto en cuanto a la "experiencia musical" (otro estereotipo del carismatismo) y allá, muy atrás, y de forma esporádica, viene la Cena del Señor para ser celebrada en una especie de «mal necesario» como para no caer de la categoría estándar de iglesia cristiana evangélica. No digo que sea el caso de la mayoría, pero sí hay muchos casos que observo tristemente así.

UN EJEMPLO DE LA INFLUENCIA CARISMÁTICA

¿Qué pasaría si en la iglesia local se dejara de cantar canciones por tres meses? Todos, seguramente, entrarían en pánico diciendo algo así como: ¡Hemos perdido la adoración en la iglesia! ¡La iglesia se ha apagado! ¡La iglesia ha muerto! Ahora... si se dejara de celebrar la Cena del Señor por tres meses, la mayoría se encogería de hombros (sin hacer nada) y otros ni siquiera lo notarían.

Nos preguntamos: ¿Qué ha pasado con el cristianismo en cuanto a la Cena del Señor? No es que se haya olvidado, sino que parece haber pasado a una lista de cosas de menor importancia.

Debemos destacar que el pedido expreso del Señor Jesús, antes de ir a la cruz, no fue: «recuérdenme por medio de canciones», sino que el mandato fue recordarlo por medio de un acto, aunque simple (un pan y una copa de vino), profundo y solemne en cuanto a su significado de alusión a su muerte sustitutiva (Mateo 26:26-29; Marcos 14:22-25; Lucas 22:17-20). El mismo apóstol Pablo testifica en 1 Corintios 11:23-26, no que recibió una «rica herencia musical» de parte del Señor, sino que recibió la institución de la Cena: «Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado». Su cuerpo fue partido (simbolizado en el pan) y su sangre fue derramada (simbolizada en el vino). En el Nuevo Testamento es muy obvia la centralidad de la Cena del Señor para la Iglesia, no así las alusiones al canto congregacional que son más escasas (Efesios 6:19 y Colosenses 3:16).

LO QUE SE PROMUEVE COMO ADORACIÓN

Tanto en libros como en conferencias hoy se sigue hablando de música o canto congregacional (en el mejor de los casos) como sinónimos únicos de adoración. De hecho, la música es parte de la adoración, pero no todo lo que hace a la adoración en sí. Sería impensable incluir hoy en día una conferencia acerca del estudio de la Cena del Señor, pues eso parece un tema incómodo; o algo muy privado donde cada iglesia lo resuelve a su manera. Hacer una conferencia acerca de la Cena del Señor (su significado, beneficios e implicancias para la iglesia) hoy sencillamente no goza de popularidad. De alguna manera les enseñamos a pensar a las nuevas generaciones poco en la Cena del Señor y mucho en la música. La Cena del Señor que ha sido algo central en la historia del cristianismo reformado hoy parece algo periférico.

NECESITAMOS UN ENTENDIMIENTO MÁS PROFUNDO DE LA CENA DEL SEÑOR

En el siglo XVI, la Reforma corrigió el concepto errado de la misa católica, donde «se volvía a sacrificar a Cristo una y otra vez», aparte de la idolatría de adorar a los símbolos o ideas antibíblicas como la doctrina de la transustanciación. El desafío hoy en la iglesia evangélica es recuperar la Cena del Señor tanto en su entendimiento como en su frecuencia de celebración. Ese es el acto mediante el cual se define en una congregación quiénes son de su Cuerpo y quiénes no. No estoy diciendo que la Cena hace salvo a alguien, pero sí la iglesia tiene que identificar a los creyentes y ver si estos están dando un testimonio creíble del evangelio. La Cena del Señor es un sello para esta identificación y confirmación pública de la fe, y además lleva a la iglesia local a un examen: «Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo» (1 Corintios 11:28).

¿Una iglesia que tiene una celebración muy esporádica de la Cena tendrá una pobre santidad? Es posible. Alguno dirá: «¡No seamos ceremoniales, podemos examinarnos de muchas otras formas!» ¿Acaso no hay gente que toma la Cena de forma indigna? Sí, es verdad, pero a los que piensan así les recuerdo que el Arquitecto de la iglesia es el que ha instituido esta ordenanza, no un hombre ni una confesión de fe. ¿Acaso somos más sabios que Él para decirle cuál es la mejor forma de examinar a Su iglesia?

LA FRECUENCIA DE LA CENA DEL SEÑOR

Cuando Calvino llegó a Ginebra para ejercer su ministerio la primera vez, se decepcionó mucho de que la iglesia suiza tuviera la Cena del Señor tan esporádicamente (cada seis meses). Él insistió en una mayor frecuencia de celebración, pero no solo no fue escuchado, sino que además fue expulsado en 1538 de Ginebra en medio de abucheos y piedrazos por ser «tan ortodoxo» (en la Cena del Señor y muchos asuntos). Varios años después volvió a Ginebra (1541), y se afirmó definitivamente en la capital de la Reforma, negociando al menos que la Cena se tuviera una vez por mes (aunque el ideal de él era todos los domingos).

Si damos una mirada a la iglesia primitiva, tanto en las páginas del Nuevo Testamento como en registros históricos, nos damos cuenta de que la Cena del Señor tenía una frecuencia asidua, casi podemos asegurar que semanal. Bueno, alguno podrá decir que no hay elementos suficientes para determinarlo, aunque la exhortación de Pablo (1 Corintios 11:20) nos da cierta pauta de que las reuniones (juntarse en uno) incluían la Cena.

Pero si reconocemos que la Cena es un elemento del culto de adoración, y además de vital importancia, no celebrarla asiduamente significa una adoración pobre. Por más que se enseñe un nuevo himno cada domingo (para crecer en adoración como se dice popularmente) si no le damos la importancia debida a la Cena del Señor seremos pobres adoradores.

Juan Calvino, en su Institución de la Religión Cristiana, dice respecto a la frecuencia de la Cena del Señor:
«Lo que hasta ahora hemos expuesto de este sacramento muestra suficientemente que no ha sido instituido para ser recibido una vez al año; y esto a modo de cumplimiento, como ahora se suele hacer; sino más bien fue instituido para que los cristianos usasen con frecuencia de él, a fin de recordar a menudo la pasión de Jesucristo, con cuyo recuerdo su fe fuese mantenida y confirmada, y ellos se exhortasen a sí mismos a alabar a Dios, y a engrandecer su bondad; por la cual se mantuviese entre ellos una recíproca caridad, y que diesen testimonio de ella los unos a los otros en la unidad del cuerpo de Cristo. Porque siempre que comunicamos el signo del cuerpo del Señor, nos obligamos los unos a los otros como por una cédula a ejercer todas las obligaciones de la caridad, para que ninguno de nosotros haga cosa alguna con que perjudique a su hermano, ni deje pasar cosa alguna con que pueda ayudarlo y socorrerlo, siempre que la necesidad lo requiera, y tenga posibilidad de hacerlo».
EL ENTENDIMIENTO DE LA CENA DEL SEÑOR EN LA DOCTRINA REFORMADA

Otro pobre concepto que nos ha dejado el siglo XX, al menos en América Latina, es que a la Cena del Señor se la consideró solo «un memorial», es decir, una recordación y nada más. Si indagamos en la historia nos daremos cuenta de que la Iglesia reformada consideraba al bautismo y la Cena del Señor «medios de gracia». No en el sentido de que transmitieran en sí mismos los símbolos una «gracia salvadora» (que es la herejía católica), sino que son como un «sello» del Señor para los creyentes en su fortalecimiento espiritual. Una gracia que fortalece a la iglesia local.

El catecismo bautista, en su pregunta 74, dice:

Pregunta 74: ¿Cómo se convierten el bautismo y la Cena del Señor en medios eficaces de la gracia? Respuesta: El bautismo y la Cena del Señor se convierten en medios eficaces de la gracia, no por ninguna virtud en sí mismos, ni en la del que los administra (1 Corintios 3:7; 1 Pedro 3:21), sino solo por la bendición de Cristo (1 Corintios 3:6) y el obrar del Espíritu en quienes los reciben con fe (1 Corintios 12:13).

El catecismo menor de Westminster nos habla de los sacramentos (bautismo y Cena del Señor) como un instrumento para comunicar los beneficios de la redención. Nótese que no dice: «comunicar la redención» (ya que esto es obra directa de Cristo), sino sus beneficios (medios de gracia).

P. 88. ¿Cuáles son los medios externos y ordinarios por los cuales Cristo nos comunica los beneficios de la redención? Respuesta: Los medios externos y ordinarios por los cuales Cristo nos comunica los beneficios de la redención, son sus ordenanzas, y especialmente, la palabra, los sacramentos y la oración; a todos los cuales hace él eficaces para la salvación de los elegidos. (Hechos 2:41-42).

Vemos que la preponderancia de la Cena del Señor es más allá de un simple memorial. Si bien este tema fue motivo de debate en su momento entre Lutero (posición sacramentalista de la presencia de Cristo en los símbolos físicos) y Zwinglio (solo un memorial), Calvino en cierta forma reorientó a la nueva iglesia que salió del catolicismo hacia una posición de la Cena del Señor más acorde al espíritu bíblico: una presencia de Cristo espiritual.

Es así que la postura de la iglesia reformada vio siempre a la Cena como un medio de fortalecimiento espiritual para el pueblo de Dios.

LA RELACIÓN DE LA CENA DEL SEÑOR CON LA MEMBRESÍA

Cada creyente que participa de la Cena del Señor es porque es un miembro oficial de una iglesia local, esta siempre fue la posición reformada. Para llegar a ser miembro de la iglesia local la persona tiene que profesar previamente una fe en Cristo, en dichos y hechos (testimonio). En la doctrina bautista, el bautismo es el mandato bíblico para testificar que alguien es de Cristo. Mientras que el bautismo es la entrada a la membresía, la Cena del Señor es la confirmación de la permanencia en la misma. Es decir, cualquier persona que participa de la Cena del Señor es porque lleva una vida cristiana creíble ante la gente, y la iglesia confirma su cristianismo al permitirle participar de la Cena.

Si una persona deja de perseverar y se enreda nuevamente en el pecado y no muestra signos de arrepentimiento (ante la exhortación de la iglesia local), sino que persiste en llevar una vida impenitente ante Dios, la iglesia tiene el deber de aplicar (luego de un proceso bíblico) la disciplina a tal persona. La excomunión es retirarle la participación a la persona de la mesa del Señor, no como un acto de castigo, sino porque sencillamente la iglesia no puede confirmar como creíble el testimonio de esa persona. Sería ilógico que alguien que niega a Cristo con sus actos de vida, los confirme en la participación de la Cena del Señor.

Si la participación de la Cena del Señor tanto como su entendimiento es débil en una iglesia, esto engendrará una membresía débil, (o ni siquiera algo que pueda llamarse membresía). El paradigma carismático ha sido tener a la gente reunida calentándose en torno al fuego musical y las personalidades pastorales. La gente no estaba acostumbrada a rendir cuentas, eso de «exhortaos unos a otros» (Hebreos 3:13) era algo desconocido. Y si había Cena del Señor era más un acto más místico que de examen de conciencia congregacional.

En resumen, cuando la iglesia local evita en cierta manera la Cena del Señor, o lo toma como algo periférico en la vida de la misma, sin duda es un síntoma espiritual de alguna enfermedad que debe ser curada.

miércoles, 29 de mayo de 2024

¿Fe para recibir gracia o gracia para recibir fe?

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. (Efesios 2:8 RV-SBT)

Hay dos posturas teológicas que, dependiendo de cuál se adopte, afirmarán lo siguiente: una dice que se recibe la gracia salvadora de Dios mediante la fe, mientras que la otra sostiene que la gracia salvadora te da la fe para creer. La postura reformada e histórica, reconociendo la incapacidad humana y la soberanía de Dios en la salvación, afirma que «la gracia de Dios es la que nos da la fe». Por otro lado, la postura arminiana sostiene que el hombre tiene que tener fe para recibir la gracia de Dios.

Esto se debe a que reformados y arminianos tienen diferencias significativas en su entendimiento del orden de los acontecimientos en la salvación, conocido en teología como el ordo salutis.

Desde la perspectiva reformada, el concepto de que «la regeneración precede a la fe» significa que Dios debe primero transformar el corazón del individuo (regeneración) antes de que éste pueda tener fe en Cristo. En otras palabras, es Dios quien inicia la obra de salvación al darle al pecador una nueva naturaleza y la capacidad de creer. Según esta visión, es la gracia de Dios la que provee la fe, y no al revés. Sin esta obra regeneradora del Espíritu Santo, la persona estaría espiritualmente muerta y no podría responder con fe al evangelio. Por tanto, la fe es un don de la gracia de Dios, otorgado a través de la regeneración.

DOCUMENTOS HISTÓRICOS Los Cánones de Dort son la declaración más precisa en soteriología de todos los tiempos, respondiendo al arminianismo respecto a la gracia y la fe. En el capítulo 14, el documento afirma al comienzo que «la fe es un don de Dios» y, al inicio del capítulo 15, que «Dios no le debe esta gracia a nadie». Por otro lado, la Segunda Confesión de Fe de Londres de 1689, en el capítulo 14.1, afirma: «La gracia de la fe, por medio de la cual los elegidos son capacitados para creer para la salvación de sus almas».

Esto significa que la fe, desde una perspectiva reformada, no es una capacidad innata del ser humano, sino un don otorgado por la gracia de Dios. Según esta confesión, la fe que conduce a la salvación es una capacidad que Dios concede únicamente a los elegidos.

EXPONENTES HISTÓRICOS El pastor bautista reformado del siglo XIX, Charles Spurgeon, tuvo que recordar a su congregación y a los bautistas de su época que no deben invertir la cláusula diciendo que la gracia se recibe por la fe. En su lugar, les recordó que es la gracia la que otorga la fe.
Recuerden muy bien esto, pues, de otro modo, si fijan demasiado sus mentes en la fe, que es el canal de la salvación, al punto de olvidar a la gracia, que es la fuente y el origen mismo de la propia fe, podrían caer en el error. La fe es la obra de la gracia de Dios en nosotros.[mfn]¿Qué es la Fe? ¿Cómo se Obtiene? No. 1609 Sermón Predicado la Mañana del Domingo 17 de Julio de 1881, por Charles Haddon Spurgeon, en el Tabernáculo Metropolitano, Newington, Londres.[/mfn]
También el Dr. R.C. Sproul, reconocido teólogo reformado y fundador de Ligonier Ministries, desde el punto de vista de la Confesión de Fe de Westminster, decía en cuanto a la «gracia de la fe»:
Llama a la fe una gracia porque viene a nosotros como un regalo de Dios; algo que no podemos comprar, obtener o merecer de alguna manera. La definición usual que tenemos en teología para gracia es «favor inmerecido de Dios». Así que la fe es la manifestación de la gracia de Dios. En pocas palabras, aquellos que son salvos son habilitados o capacitados para creer con el fin de la salvación de sus almas. La fe no es vista como un logro del espíritu humano. De hecho, la fe no es algo ejercido de manera natural por un ser humano caído.[mfn]R.C. Sproul, «La gracia de la fe», Ligonier Ministries, 2 de diciembre de 2021.[/mfn]
SIENDO PRECISOS TEOLÓGICAMENTE CON EL CONCEPTO DE GRACIA Cada parte del ordo salutis es una obra de la gracia divina.

1-Elección: La elección es un acto de la gracia soberana de Dios, en el cual Él selecciona a ciertos individuos para la salvación, no basada en méritos o acciones humanas, sino en su propia voluntad y amor inmerecido.

2-Predestinación: La predestinación es la determinación de Dios, por su gracia, de salvar a aquellos que ha elegido. Es un plan establecido antes de la creación del mundo, asegurando que los elegidos alcancen la salvación.

3-Llamamiento: El llamamiento es la obra de la gracia en la cual Dios invita a los elegidos a creer en el evangelio. Este llamado es eficaz y asegura una respuesta positiva debido a la gracia transformadora que actúa en el corazón del individuo.

4-Regeneración: La regeneración es un acto de la gracia de Dios que da vida espiritual a aquellos que están muertos en sus pecados. Es el nuevo nacimiento que capacita a una persona para tener fe y arrepentimiento.

5-Fe: La fe es una obra de la gracia, otorgada por Dios, que permite a los elegidos creer en Jesucristo como su Salvador. No es un acto humano independiente, sino un don que capacita al individuo para confiar en Cristo para su salvación.

6-Arrepentimiento: El arrepentimiento también es otorgado por la gracia de Dios. Es un cambio de mente y corazón que lleva a alejarse del pecado y volverse a Dios, reconociendo la necesidad de su perdón y misericordia.

7-Justificación: La justificación es un acto de la gracia mediante el cual Dios declara justo al pecador arrepentido, basado en la obra redentora de Cristo. Es un cambio de estado legal ante Dios, donde el creyente es perdonado y aceptado como justo.

8-Santificación: La santificación es un proceso continuo de la gracia de Dios que transforma al creyente, conformándolo cada vez más a la imagen de Cristo. Es la obra del Espíritu Santo en la vida del cristiano, apartándolo del pecado y capacitándolo para vivir en santidad.

9-Glorificación: La glorificación es la culminación de la obra de la gracia, donde los creyentes serán transformados y perfeccionados en la resurrección final. Es la gracia de Dios llevándonos a la completa redención y comunión eterna con Él.

CONCLUSIÓN En el ordo salutis, cada etapa del proceso de salvación es una obra de la gracia divina. La elección, predestinación, llamamiento, regeneración, fe, arrepentimiento, justificación, santificación y glorificación son todas manifestaciones de la gracia de Dios. Así como la gracia nos otorga la fe, también nos concede el arrepentimiento y nos guía a través de cada paso del camino de salvación. Por lo tanto, debemos reconocer que no existe tal cosa como una fe suficiente para acceder a la gracia. Es la gracia la que nos da la fe. Como dice la Escritura, «somos justificados por la fe» (Romanos 5:1). No debemos idolatrar la fe ni ponerla por encima de Cristo, ya que es la gracia de Dios la que nos concede la fe en primer lugar. O como decía Charles Spurgeon:
Aun así, les recuerdo de nuevo que la fe es el canal o acueducto y no es el manantial y no debemos poner demasiado la mira en ella como para exaltarla por encima de la fuente divina de toda bendición que se ubica en la gracia de Dios. No conviertan nunca a su fe en un Cristo.

viernes, 20 de octubre de 2023

Teología reformada: ¡Ponte el casco!

Al principio de la primera guerra mundial los soldados de diferentes nacionalidades utilizaban gorra. El ejército británico fue el primero en introducir los cascos metálicos (luego siguieron su ejemplo los demás ejércitos del mundo). La innovación de los cascos metálicos fue para impedir que las balas o fragmentos de metralla dañaran la cabeza del soldado.

Poco tiempo después de la introducción de los cascos se hicieron estadísticas en el ejército y la misma mostró que había más soldados con heridas en la cabeza que antes. ¿Cómo era esto posible? ¿Acaso con el uso del casco no tendría que haber menos soldados con heridas en la cabeza?

Pero la explicación a esta paradoja fue simple: Antes, al no usar casco, llegaban a los hospitales de campaña menos soldados heridos porque ¡simplemente la mayoría moría en batalla por una herida mortal en su cabeza!

Lo que ocurrió con los soldados que empezaron a usar casco metálico es que ahora tenían más posibilidades de sobrevivir a heridas que de otra forma serían mortales. Este tipo de fenómenos se lo conoce como "el sesgo de supervivencia".

EL RESURGIMIENTO DE LA TEOLOGÍA REFORMADA

La antigua Reforma protestante del siglo XVI se caracterizó por rescatar las grandes doctrinas de la salvación puestas en el olvido por siglos por parte de la iglesia católica. La doctrina de la "justificación por la fe" y la salvación "solo por gracia" en Cristo fue uno de los fundamentos de la Reforma.

El pasado siglo XX se caracterizó (en su final) en un decaimiento de la predicación bíblica. Los púlpitos fueron reemplazados por escenarios donde predicadores "super estrellas" entretenían a la gente con sus anécdotas, revelaciones propias y promesas de prosperidad económica. Se fabricó un falso evangelio a la medida de la incredulidad de la gente que tenía "comezón de oír" la Palabra de Dios (2 Timoteo 4:3).

Pero algo ocurrió también a finales del siglo XX y principios del XXI. Dios levantó nuevamente hombres valientes que predicaran la verdad bíblica. El Evangelio expresado en "Las Doctrinas de la Gracia" comenzó poco a poco a abrirse paso a través de las redes sociales por medio de videos, audios, blogs y libros. Mucha gente que estaba engañada en falsas enseñanzas empezaron a consumir este tipo de material "sana doctrina" a través de Internet ¿y cuál fue el resultado? La gente empezó a despertar al verdadero Evangelio y a hacer lo que dice Efesios 6:17:

 Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.

El yelmo era el antiguo casco de la armadura romana. Dicho de otra forma, la nueva Reforma, a través de una teología sana en cuanto al Evangelio, empezó a repartir "cascos" a muchas personas a los largo de América Latina.  La doctrina de la salvación (o soteriología) es de importancia central en la predicación del Evangelio. Uno no puede hacer buen uso de la espada (la Palabra de Dios) sin un buen casco que proteja su cabeza (el Evangelio de salvación).

LAS CONSECUENCIAS DEL USO DEL CASCO

Como en la historia mencionada, los "heridos de guerra aumentaron". Es decir, antes, muchas personas recibían una y otra vez la balas del falso evangelio que perforaba sus mentes, sentados a los pies de falsos maestros. Estaban muertos, sin vida, sin reacción a la verdad de la Biblia, creyendo toda clase de mentiras y siendo manipulados. Pero ahora son alcanzados por el verdadero Evangelio. Una predicación en video, un buen libro que le regalaron, un artículo del Evangelio que leyeron, provocó que "resuciten a la vida espiritual". El medio fue la Palabra de Dios predicada en sus justo contexto y la obra regeneradora del Espíritu Santo que cambia la mente y el corazón.

Ahora están vivos en Cristo Jesús y tienen puesto el casco de "salvación". Por lo tanto, a estos hombres y mujeres con una mente bíblicamente renovada, las balas del falso evangelio no lo matan, pero sí lo hieren. ¿Cómo son heridos? Ya no toleran que su pastor les predique historias en vez de la Biblia. Se dan cuenta de todas la falsas doctrinas y promesas de prosperidad que no tienen respaldo en la Palabra de verdad. Se dan cuenta que toda revelación que no parte de la Escritura es falsa, e identifican de esta manera a los falsos profetas. Sienten una profunda frustración, se ven desengañados, usados y lamentan el tiempo pedido en lo que no era la verdad.  Pero también hay un lado positivo en todo esto como veremos a continuación.

HERIDOS QUE SOBREVIVEN Muchos falsos maestros se alarman cuando algunos de sus "fieles" empiezan a pensar distinto. Para ellos leer mucho la Biblia y estudiar teología es algo peligroso. Sienten un gran desprecio por la "teología reformada" y advierten a todo el mundo: -¡Tengan cuidado con estos calvinistas!  También se quejan  de que hay mucha gente "que se pierde en la doctrina" y que esto "antes no pasaba". Por supuesto que tienen mucha razón, antes no pasaba, pero ahora pasa porque muchos se están poniendo "el casco de salvación". Ahora piensan con la mente de Cristo (1 Corintios 2:16), revelada en las Escrituras, y las balas del engaño no los matan. Ahora, estos creyentes sienten repulsión por las falsas enseñanzas... y sí, ¡son heridos al exponerse a predicaciones que no lo edifican y a un show que no sacia sus almas!

Estas personas ahora, con una mente renovada en Cristo, tienen interés por la Palabra de Dios. Identifican el alimento para su alma, "la leche espiritual no adulterada" para crecer dentro del estado de la salvación.

1Pedro 2:2 Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis en la salvación. Cuando oigas que "la doctrina reformada" está provocando "más heridos", es decir gente que se revela a la enseñanzas que recibían (la cual no eran bíblicas), no te alarmes, eso es bueno, no es confusión: ¡Es solo gente que está empezando a usar casco!

Efesios 4:23 Y a renovaros en el espíritu de vuestra mente.

jueves, 12 de octubre de 2023

¿Por qué la iglesia evangélica actual necesita una Reforma como hace 500 años?

O haced el árbol bueno y su fruto bueno, o haced el árbol malo y su fruto malo; porque por el fruto es conocido el árbol. (Mateo 12:33)
 

La primera reforma: "Protestando contra el catolicismo romano"

Cuando hablamos de la Reforma del siglo XVI, personas como Martín Lutero creían en una reforma de la iglesia católica. De hecho, en las 95 tesis que clavó en la puerta de la abadía de Wittenberg, si bien desataron la polémica de la iglesia católica por el tema de la venta de indulgencias, eran, al principio, un poco condescendiente en el sentido que no menciona una ruptura total con la iglesia católica por todos sus males. En tiempo transcurrió y en un muy corto plazo Lutero estaba en la lista negra de la inquisición católica romana. Martín Lutero empezó a predicar de una manera apasionada la justificación solo por la fe, y a denunciar los engaños del catolicismo en una abanico más grande, más allá de la venta de indulgencias (que mencionó en sus tesis). Esto ocasionó, como con todos los reformadores, una salida de la iglesia católica, una separación definitiva. A diferencia de lo que algunos piensan erróneamente, lo que sucedió con los reformadores no fue que quisieron cambiar la iglesia católica romana, sino continuar con la verdadera iglesia católica, en el sentido que católico se entiende por «universal». Es decir, la única iglesia universal de Cristo. Si bien, se lo llama «reforma», no debe ser entendido como alguien que «reforma una casa»derribando paredes, edificando otras, o dándole una mano de pintura para seguir viviendo allí. Es más bien alguien que se fue de casa para nunca mas volver. Por eso, a los que iniciaron el movimiento reformador se los conoce con el término «protestantes», ya que su protesta fue contra la iglesia católica. Más tarde, en América Latina, el cristianismo protestante pasó a denominarse popularmente como "cristianismo evangélico". Muchos evangélicos quieren diferenciarse de los protestantes, como que fueran dos cosas diferentes, pero esto es hacer caso omiso de la historia. La Reforma protestante dio lugar a las confesiones de fe históricas (Westminster, Bautista 1689, Belga etc.) cuyos postulados fueron tomados, más que menos, por la declaración doctrinal de diferentes denominaciones.

La segunda reforma: ¿Una reforma en contra de la corriente evangélica popular?

Si bien el siglo XX fue positivamente un siglo de evangelización en América Latina donde se fundaron muchísimas iglesias producto de la labor misionera, también llegando a finales del siglo hubo una degradación paulatina de la fe evangélica, con falsas doctrinas  que carcomieron a la iglesia "como gangrena" (comp. 2 Ti 2.17). Curiosamente, estas falsas doctrinas y engañadores tienen un paralelismo notable con los problemas que tuvieron que lidiar los reformadores del siglo XVI. Satanás puede cambiar sus estrategias, pero no sus objetivos, que siempre son tratar de pervertir el evangelio.

Hagamos una comparación del engaño católico del siglo XVI con el engaño del "movimiento apostólico y de prosperidad", que infiltra a muchos evangélicos en el siglo XXI. También contemplaremos algunas prácticas neoevangélicas de nuestro tiempo.

10 SIMILITUDES ENTRE EL CATOLICISMO DE SIGLO XVI Y EL NEOEVANGÉLICO DEL SIGLO XXI Católicos XVI: Vendían certificados para perdonar pecados y asegurar la vida eterna (indulgencias). Neoevangélicos XXI: La bendición de Dios es a cambio de pactos de dinero y diezmos. Católicos XVI: El papa era incuestionable e infalible en todo lo que decía. Neoevangélicos XXI: Los falsos apóstoles y pastores no rinden cuentas ni son cuestionados por sus miembros bajo la excusa de "no toques al ungido". Católicos XVI: El clero vivía en la opulencia y el lujo, mientras que la gente vivía en la miseria. Neoevangélicos XXI: Muchos pastores viven una vida avara, llena de dinero que recolecta de la gente, y a esto lo llaman "la bendición de Dios", ignorando el estilo de vida simple y sencillo que vivieron Cristo y sus apóstoles. Católicos XVI: Grandes sumas de dinero eran destinadas a construir imponentes basílicas en pueblos muy humildes con casas precarias. Neoevangélicos XXI: Hay una desmedida ambición por ver quién tiene el templo más grande y lujoso. Católicos XVI: Hacían que las personas confiaran en «reliquias», que eran objetos santificados a los cuales se les atribuía alguna clase de poder. Neoevangélicos XXI: Derraman aceite en un sentido supersticioso, utilizan objetos bendecidos. Católicos XVI: No se predicaba la Palabra de Dios, el sacerdote daba las espaldas al pueblo y pronunciaba una misa en latín. Neoevangélicos XXI: Si bien tienen la Biblia, los pastores dan discursos motivadores carentes de exposición bíblica. Aunque no se hable latín, el pueblo queda sin el beneficio de la predicación expositiva de la Biblia. Católicos XVI: Colocaban la tradición de la iglesia a la misma altura de autoridad que la Biblia. Neoevangélicos XXI: Pastores colocan sus propias profecías y supuestas revelaciones compitiendo con la Biblia misma. La gente toma sus palabras como si fueran de Dios. Católicos XVI: Cualquiera que se oponía o dejaba la iglesia católica era «anatemizado» (maldecido). Neoevangélicos XXI: A cualquiera que se opone a la denominación o iglesia se le quita lo que llaman "la cobertura", con amenazas de caer en manos del Diablo y de recibir maldiciones de todo tipo, manteniendo cautiva a las personas bajo este temor. Católicos XVI: Anti-intelectualismo bíblico: prohibían la traducción y lectura libre de la Biblia bajo el argumento que la gente se iba a confundir. Solo la iglesia católica era la única autoridad para interpretar las Escrituras. Neoevangélicos XXI: Anti-intelectualismo bíblico: bajo la descontextualización de "la letra mata más el Espíritu vivifica", desalientan a las personas en el estudio profundo de las Escrituras diciendo que se es más espiritual al ser guiado por el Espíritu. También hay un temor servil  a las interpretaciones propias de la Biblia por parte del pastor o movimiento. Católicos XVI: Los sacerdotes se ponían como un intermediario entre Dios y la persona con la autoridad de absolver pecados y dictar penitencias. Neoevangélicos XXI: Dependencia excesiva de sus líderes. Muchas veces los pastores amenazan a las personas si no lo obedecen, controlan sus vidas, manipulan sus relaciones familiares y hasta controlan sus finanzas por medio de una rendición de cuenta por parte del miembro. ALGUNOS ERRORES NUEVOS Además de lo mencionado, los neoevangélicos suman una gama diversa de otros errores que se agregan a la lista. Podemos mencionar:
  • Misticismo en sus cultos: hablar en lenguas desordenadamente, borrachera del espíritu, desmayos, expulsión de demonios.
  • Paganismo musical por medio de cantantes y salmistas que se transforman en ídolos para la gente.
  • Pragmatismo: utilizar cualquier medio, show y espectáculos para atraer gente, dejando de lado la suficiencia del evangelio en sí mismo.
  • Sicología: Autoayuda, pensamiento positivo. No se denuncia al pecado como el principal problema de la humanidad.
  • Curanderismo «en nombre de Jesús»: sanidades que no tienen paralelo bíblico con lo efectuado por el Señor Jesús y los apóstoles.

La necesidad de una nueva reforma para volver al verdadero evangelio

Muchos «evangélicos» han dejado el evangelio paradójicamente. La consecuencia de todo lo expuesto anteriormente es que las personas no conocen verdaderamente quién es Dios, sus atributos y el plan salvador en Cristo Jesús. Cuando se les pregunta de su salvación, no hay una idea de sustitución de vida y muerte de Cristo por el pecador. Hay un mal entendimiento de la persona del Espíritu Santo en su función, y la gente no experimenta el nuevo nacimiento porque no le llega la fe que viene por el oír la Palabra de Dios (Romanos 10:17).

Toman a un falso Cristo, hecho a la imagen de los hombres, como alguien que los sana y prospera en su vida física y material. No conocen lo que es ir en humillación a Cristo para pedirle perdón por sus pecados, y si lo hacen es algo tan superficial que no llega a la categoría de cristianismo. No tienen un nuevo corazón, porque no fue regenerado por el Espíritu Santo. Concurren a los cultos y actividades de la iglesia, pero aún viven en el pecado de la avaricia, la lujuria, el engaño. El testimonio personal y de sus hogares no se diferencia del mundo incrédulo, a no ser porque llevan una vida religiosa de diversas actividades sociales. Están siempre «ocupados» en actividades de iglesia, pero nunca «preocupados» por lo que dice la Biblia respecto a todo lo que se enseña y practica en dicha iglesia.

¿Qué deberían hacer aquellas personas que en verdad sienten dolor por estas cosas y están angustiados por las injusticias de este tipo de iglesias? 

Dios llama como en todos los tiempos a sus ovejas con su Palabra, la Biblia. La persona que empieza a estudiar y leer la Biblia en serio, muy pronto se dará cuenta del engaño del lugar donde está. A medida que conocen la verdad de las Escrituras, esa misma verdad los liberta (Juan 8:32). Por el contrario, aquellos que no aman la verdad permanecerán ciegos en este tipo de iglesias (2 Corintios 4:4).

Concluyo con algunas recomendaciones para esta llevar a cabo esta nueva reforma bíblica.

¿Vas a alguna iglesia que ha dejado el evangelio de lado y a Cristo como el centro?
  • Si ves que se quebranta la Palabra de Dios, no calles, sé valiente y testifica a tu iglesia acerca de la verdad del evangelio.
  • Si ves que la gente no cambia su vida (a pesar de creer tener a Cristo en su corazón) háblales del nuevo nacimiento y de la justificación por la fe, estas dos doctrinas siempre han despertado a la iglesia a través de los tiempos.
  • Habla con mansedumbre y firmeza con los líderes y pastores de tu iglesia, si crees que se están desviando bíblicamente.
  • Si crees que hay prácticas incorrectas en la iglesia, no participes de ellas yendo en contra de tu conciencia cristiana y de lo que la Biblia dice; no consientas el error por amoldarte a la mayoría.
  • Estudia la Biblia, ora, y pide la guía de Dios de cómo debes hablarle a tu iglesia para que esta tenga una reforma.
Si todo esto no funciona, a pesar de todos los intentos, sal de esa iglesia, pero que sepan que es por causa de la Palabra de Dios y por tu fidelidad a Cristo y busca un lugar donde haya una iglesia o hermanos de un mismo sentir bíblico. Después de todo, muchos reformadores fueron perseguidos, expulsados de sus comunidades y maldecidos por gente religiosa; pero ellos llevaban el vituperio por causa de Cristo con sumo gozo. Podían enfrentar todos los errores y engaños de Satanás; como decía Lutero:

A menos que yo estoy convencido por la Escritura y la razón normal, mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios. No puedo y no voy a retractarme de nada, porque ir contra la conciencia no sería ni justo ni seguro. Que Dios me ayude. Aquí estoy, no puedo hacer otra cosa.

A 500 años de la primera Reforma, Dios levanta de nuevo una voz bíblica para regresar al verdadero evangelio y la sana doctrina.

¡Feliz 31 de octubre!

Solo Cristo, solo la fe, solo la gracia, solo las Escrituras, ¡solo a Dios la gloria!

miércoles, 20 de septiembre de 2023

¿Cómo opera una verdadera sanidad bíblica?

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En este artículo no señalaremos a falsos profetas y milagreros por su nombre, sino que recurriremos a la Palabra de Dios para describir cómo se llevaban a cabo las sanidades por parte de Jesús y los apóstoles. Estamos convencidos de que, al reconocer los rasgos bíblicos de los auténticos milagros, podrás discernir quiénes son los falsos siervos de Dios. Además, abordaremos el objetivo principal de los milagros en la iglesia primitiva

Ejemplos bíblicos

Ciego de Nacimiento - Juan 9: 1 - 41 Condición previa: Ceguera desde el nacimiento, posiblemente con el iris en blanco. Condición posterior: No solo recuperó la visión sino que también pudo distinguir formas. Hecho destacable: Desacreditar la falsa religión de los fariseos y facilitar la salvación del ciego. Sordo - Marcos 7: 31-37 Condición previa: Sordera o hipoacusia profunda, dificultad para hablar. Condición posterior: Recuperación instantánea de la audición y habilidad para hablar fluidamente. Hecho destacable: Divulgar la identidad de Cristo. Manco - Mateo 12: 9 - 14 Condición previa: Mano atrofiada, músculo y tendones dañados. Condición posterior: Mano completamente sana. Hecho destacable: Demostrar que Cristo es Señor del día de reposo y tiene misericordia para salvar. Paralítico - Mateo 9: 1 - 8 Condición previa: Inmovilidad, atrofia muscular en las extremidades inferiores. Condición posterior: Recuperación completa, incluida la habilidad para caminar y mantener el equilibrio. Hecho destacable: Afirmar que Cristo tiene la autoridad para perdonar pecados. Leprosos - Lucas 17: 11-19 Condición previa: Piel ulcerada, posible pérdida de miembros. Condición posterior: Piel y miembros completamente sanos. Hecho destacable: Solo uno de los diez leprosos sanados puso su fe en Jesús y fue salvo. Cojo - Hechos 3: 1-26 Condición previa: Pierna dañada, imposibilidad de llegar al pórtico para pedir limosna. Condición posterior: Recuperación total de la fuerza y el equilibrio. Hecho destacable: Oportunidad para que Pedro y Juan predicaran el Evangelio. Muerto - Juan 11: 1-44 Condición previa: Estado confirmado de muerte, cuatro días en el sepulcro. Condición posterior: Resucitado y en buen estado físico. Hecho destacable: Convencer a la gente de que Jesús era el enviado de Dios.

¿Cómo eran entonces las características de los milagros bíblicos?

En los milagros bíblicos, se pueden identificar las siguientes características y objetivos esenciales:
  1. Los milagros se realizaban ante testigos, proporcionando una verificación inmediata del hecho.
  2. Se abordaban condiciones médicas que, en términos humanos, eran irreversibles, y en muchos casos, congénitas.
  3. No solo se experimentaba una sanidad física, sino que también se observaba una adaptación cerebral correspondiente a la nueva condición (por ejemplo, la capacidad de hablar, reconocer formas, saltar y mantener el equilibrio).
  4. La regeneración celular era visible y la recuperación total, afectando todos los componentes del miembro sanado, como músculos y tendones.
El objetivo primordial de estos milagros era validar el evangelio, poniendo de relieve tanto la persona de Cristo como su mensaje transformador.

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Preguntas de ayuda para entender este tema

  1. ¿Se observa una regeneración celular visible? La Biblia muestra que los milagros de sanidad venían con signos visibles inmediatos, como la regeneración de la piel o miembros.
  2. ¿Se experimenta una recuperación instantánea de músculos, tendones, piel, etc.? Los milagros bíblicos a menudo implicaban una sanidad completa e instantánea.
  3. ¿Se recupera la función completa, como el sentido del equilibrio para los paralíticos, la habilidad para hablar en los sordos, la capacidad para identificar formas en los ciegos de nacimiento, o la fuerza para saltar sin desbalancearse en los cojos? Los milagros en la Biblia no solo abordaban el problema superficial, sino que también restauraban plenamente la función.
  4. Los que afirman tener el poder para sanar, ¿tienen también el poder para resucitar a un muerto de cuatro días? Uno de los milagros más impactantes de Jesús fue la resurrección de Lázaro, quien llevaba cuatro días en el sepulcro. Este acto va más allá de cualquier sanidad física.
  5. ¿Se predica un evangelio fiel a la Palabra de Dios en esas campañas de sanidad? El propósito principal de los milagros bíblicos era validar la persona y el mensaje de Cristo, siempre alineados con la Palabra de Dios.

Conclusión

En el marco de lo que se entiende por una verdadera sanidad bíblica, se hace evidente que muchos de los "sanadores" de la actualidad son impostores que no solo se desvían de la auténtica predicación del evangelio de Jesucristo, sino que además captan seguidores para sí mismos en lugar de para Dios. Aunque no negamos que Dios tiene el poder para sanar, es crucial tener en cuenta la postura histórica de la iglesia reformada respecto al cesacionismo de dones. Esta perspectiva afirma que ciertos dones milagrosos del Espíritu Santo, como sanidades y profecías, finalizaron con la era apostólica y la canonización del Nuevo Testamento. Estos milagros originales tenían un objetivo claro: confirmar la autoridad divina y el mensaje del evangelio. Una vez establecida la iglesia y su corpus doctrinal, estos dones milagrosos ya no tendrían razón de ser. Este punto de vista ofrece una herramienta adicional para evaluar críticamente las afirmaciones de milagros contemporáneos. Los presuntos sanadores de hoy no solo alejan a las personas de la verdad bíblica y del camino hacia la salvación, sino que actúan como falsos profetas al servicio de Satanás.

1Juan 4:1 Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.

viernes, 19 de mayo de 2023

Disciplina en la iglesia: ¡Ponle el cascabel al gato!

La frase «ponle el cascabel al gato» es una expresión idiomática en español que se utiliza para referirse a la acción de enfrentar o asumir un riesgo o una responsabilidad, o bien, de tomar la iniciativa en una situación conflictiva o peligrosa. También puede significar descubrir la verdadera naturaleza de algo o alguien, o bien, identificar quién o qué es el responsable de un problema. En cuanto a la etimología de la frase, se cree que proviene de una antigua costumbre que consistía en colocar un cascabel en el cuello de un gato para poder localizarlo y saber dónde se encontraba en todo momento. El sonido del cascabel alertaba a las personas de la presencia del gato, evitando sorpresas desagradables o peligrosas, como ser arañados o atacados por el animal.

La tarea de la iglesia local: atar y desatar

 Y a ti daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que ligares en la tierra será ligado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. (Mateo 16:19 - RV-SBT).

Las iglesias reformadas consideramos que el Señor delega la responsabilidad de evangelizar y luego reconocer los testimonios de conversiones verdaderas para que la persona acceda al bautismo y la admisión a la membresía de la iglesia local (atar). Del mismo modo, juzgamos que es igualmente importante disciplinar a las personas cuando comprometen su testimonio cristiano (desatar).

De esta manera, la iglesia local asume una doble responsabilidad en preservar la pureza del testimonio de Cristo. Esto implica realizar los debidos chequeos para evitar la incorporación de falsos conversos en su comunidad y aplicar la excomunión cuando una persona se rebela contra Cristo y sus enseñanzas.

Carta de disciplina o carta de recomendación

Si la iglesia local aplicara adecuadamente "las llaves" de autoridad que el Señor le ha dado, cualquier persona que salga de la membresía de su iglesia tendría dos opciones:

A) Saldría con una carta de recomendación, en caso de que el miembro salga por causas válidas como un cambio de ciudad o país. Esta carta serviría como aval de la congregación de la cual era miembro en el cuerpo de Cristo, permitiéndole formar parte de otra congregación igualmente basada en la Biblia.

B) Saldría con una carta de disciplina si la persona tuvo problemas de pecados en su iglesia local y decide irse sin resolver esos asuntos y desatender la voz de la Asamblea. Además de ser disciplinada, se le enviaría una carta que documente las razones de la disciplina. Esta carta podría ser presentada a cualquier iglesia que pregunte acerca de la persona en cuestión, sirviendo también como protección para la iglesia a la que la persona disciplinada se dirige, para que no se encuentre con los mismos problemas que dicha persona presentó anteriormente.

Algunos podrían preguntar si no es posible mantener una actitud neutral en la que la persona simplemente se va de la membresía de la iglesia sin más. Sobre esto, abordaremos el siguiente punto.

A nadie le gusta poner el cascabel al gato

A todos los pastores nos alegra cuando nuevos miembros se suman a la iglesia local. A menudo vemos en las redes sociales a personas "firmando su membresía" o mostrando certificados del pacto de membresía. Todos disfrutamos de esa parte "romántica" de atar miembros. Sin embargo, ¿qué sucede con la función de "desatar", es decir, la disciplina en la iglesia?

Es en ese punto donde muchas iglesias y pastores (a pesar de tener una membresía pactada) evaden su responsabilidad. Nadie quiere ser "arañado por el gato" al intentar aplicar la disciplina. Por lo tanto, vemos que los miembros que una vez se comprometieron con la membresía de la iglesia salen sin recibir ninguna amonestación o recomendación.

Algunos podrían preguntar: «¿No tiene la persona la libertad de ir a la iglesia que quiera si decide cambiar?"» Yo respondo con otra pregunta: «Si tienes un pacto matrimonial con tu esposa, ¿eres libre de salir y convivir con otra mujer en aras de la libertad?» Claramente no.

Si una iglesia ha tomado todas las precauciones bíblicas para incluir a una persona en su membresía (entrevistas, discipulado, testimonio público, bautismo, pacto de membresía, etc.), ¿no debería tomar precauciones igualmente bíblicas cuando alguien abandona su congregación? Permitir que alguien se vaya silenciosamente por la puerta de atrás (o incluso ruidosamente sin disciplina) mostraría que el temor hacia al hombre supera el temor hacia Dios, o simplemente negligencia eclesial.

Dios es un Dios de orden

Las personas tienen la libertad de unirse a la iglesia que deseen, y eso es lo que la Biblia enseña. Sin embargo, esa unión conlleva una responsabilidad tanto para el miembro como para la iglesia local, lo cual es un aspecto fundamental de la membresía pactada. La iglesia local tiene la autoridad para «abrir la entrada» y «cerrar la salida». Individualmente, las personas no son las dueñas de las llaves, ya que el Señor ha delegado esta autoridad a la iglesia local.

Hasta que no comprendamos y practiquemos firmemente estas verdades eclesiales, estaremos en falta como congregación ante el Señor. Además, afectaremos a otras iglesias al enviar personas sin una «referencia eclesial». En última instancia, la reputación del Evangelio de Cristo está en juego. Dios es un Dios de orden, y es importante que sigamos sus principios en relación con la membresía y la autoridad eclesiástica.

 Porque Dios no es Dios de confusión, sino de paz, como en todas las iglesias de los santos. (1Corintios 14:33 RV-SBT)

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miércoles, 1 de febrero de 2023

¿Queremos gloriarnos en el agua del bautismo o en el Señor Jesucristo?

¿Debería ser la forma de bautismo una doctrina para separarnos o una cuestión de controversia fundamental? Debo aclarar que no me estoy refiriendo a la «regeneración bautismal» que cree la Iglesia  católica romana o cualquier otra creencia similar errada. Nos referimos a las diferencias del bautismo entre las iglesias evangélicas.

Estoy hablando de cristianos protestantes que por supuesto entienden que el bautismo en agua no es necesario para salvación.

Al ver la redes sociales inundadas de discusiones sobre «si el bautismo es por aspersión o por inmersión» o «paidobautismo vs. credobautismo», me pregunto:

¿Cuál es el provecho de tales discusiones? ¿A qué punto quieren llegar los defensores de un lado y del otro que se enredan en tan acalorados debates?

Pero sobre todo, pregunto: ¿Qué mensaje presentan tales discusiones al mundo incrédulo? ¿Ayuda esto a la extensión del evangelio?

LO RELEVANTE DEL BAUTISMO

 Respondió Juan, diciendo a todos: Yo, a la verdad, os bautizo en agua; mas viene quien es más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de sus zapatos: él os bautizará en Espíritu Santo y fuego; (Lucas 3:16)

No vamos a decir que el bautismo en agua es un asunto doctrinal sin importancia, pues en Hebreos 6:2 se nos habla de una "doctrina de bautismos", pero no se puede poner a la altura de doctrinas fundamentales tales como la doctrina de la encarnación de Cristo o la Trinidad. Creo que bautistas y presbiterianos tendrían que tener esta doctrina en su justa medida y no hacer de ella un «becerro de oro». Hay a veces un énfasis desmedido sobre la forma más que sobre lo que representa. Los presbiterianos lo llaman  sacramentos y los bautistas ordenanzas. Hay diferencias en su concepto: para los presbiterianos el bautismo de infantes es la entrada a la comunidad del pacto –como la circuncisión en el pueblo judío–  y en los bautistas reformados el bautismo testimonio público requerido luego de la conversión cuya inmersión en agua de adultos representa morir al mundo y resucitar a una nueva vida en Cristo.

Estas diferencias que ya existieron en el siglo XVII en las declaraciones de fe reformadas como la de Westminster en 1646 y la Bautista de 1689. No es nada nuevo, tanto bautistas como presbiterianos fundaron iglesias alrededor el mundo.

El problema es que a muchas personas les apasiona defender más la fe de su credo que compartir su fe cristiana con un mundo perdido en pecado. Están más enfocados en la «gran discusión» que en la «gran comisión». Están al parecer más preocupados que van a hacer con los peces que van a pescar, antes de salir a echar su redes al mar (en el caso que les quede tiempo para pescar algo). Al ver un despertar de la doctrina reformada en América Latina lo cual alegra, pero después ver discusiones –entre los mismos reformados– sobre si en el idioma griego «bautismo» significa sumergir, si los Padres de la Iglesia era aspersionistas, o si los murales de las catacumbas muestras derramamiento de agua sobre la cabeza... es algo que me llena de una profunda decepción. ¿Cómo algunos del pueblo de Dios malgastan su tiempo y  crean divisiones con otros hermanos –a veces irreconciliables–?
Juan el bautista dio la importancia del bautismo espiritual. Él reconocía que su bautismo en agua era una realidad inferior respecto a Aquel que haría un verdadero bautismo interior.
Cristo vino, obró la salvación y nos dio el mandato de predicar el evangelio a toda criatura (Mateo 28:19). El corazón regenerado es el bautismo en Espíritu Santo y fuego. Si los creyentes apasionados en debates tendrían como su gran meta predicar a Cristo crucificado, otros serían los frutos de su carácter, palabras y obras.
 Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no en sabiduría de palabras, porque no sea hecha vana la cruz de Cristo. (1 Corintios 1:17)
Sabemos que el apóstol Pablo no está menospreciando la doctrina del bautismo, pero sí le está dando el justo lugar antes aquellos que querían «gloriarse en el agua», antes que en el que bautiza en Espíritu Santo y fuego –es decir en Cristo–.

EL EJEMPLO DE LA IGLESIA PRIMITIVA ¿QUEREMOS SEGUIRLO?

Existe uno de los documentos más antiguos conocidos de la iglesia primitiva que fue descubierto en 1873 llamado La Didajé -o La Enseñanza de los doce apóstoles–. La fecha de este documento, según algunos, es antes de la destrucción de Jerusalén del año 70 d.C. Otros lo fechan a mediados del siglo I. Como sea, es uno de los documentos más antiguos que nos esbozan algo de la forma de culto de la iglesia primitiva. Cuando leí lo que este documento decía en cuanto a la forma de bautismo, no pude evitar sonreír y asombrarme de cuánta simplicidad encierran sus conceptos en cuanto a la forma de bautismo. ¡Santa ironía que fue descubierto en una era posreforma, es decir en el siglo XVIII! ¿Yo me pregunto si luego del descubrimiento de este documento los acalorados defensores de las "formas" tendrían un poco más de mesura considerarlo? Leamos lo que dice La Didajé en el capítulo VII:
 1. En cuanto al bautismo, este es el modo de bautizar: habiendo previamente dicho todo esto, bautizad en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, en agua viva. 2. Si no tienes agua viva, bautiza en otra agua. Si no puedes en (agua) fría, (bautiza) en caliente. 3. Si, empero, no tienes ni una ni otra, derrama agua sobre la cabeza tres veces en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
He visto jactarse a cristianos que se han bautizado en un río contra otros que han utilizado una pileta (bautisterio). Otros han condenado que «el agua no debe calentarse» y se bautizan en el hielo –a riesgo de un paro cardíaco-. O el clásico debate: ¿aspersión o inmersión? ¡Hermanos miremos la iglesia primitiva! Ellos valoraban el mandato bíblico del bautismo por encima de la forma. Era una comunidad que se amaba, que se daba en el servicio por los demás, ¡no tenían en mente extender una denominación, sino el evangelio de Cristo!

QUE NUESTRA GLORIA SEA CRISTO, NO EL AGUA

Queridos hermanos:

Ayer, antes de conocer a Cristo, estábamos en este mundo con el barro hasta el cuello. Olíamos mal, nos veíamos mal y éramos enemigos de Dios.

Hoy que somos buen «olor en Cristo» (1Co. 2:15) y  fuimos «vestidos de Cristo» en el bautismo espiritual (Gal. 3:26), ¿no tendría que ser este un motivo para humillarnos en el polvo y decir: -La salvación pertenece a Jehová? (Jonás 2:9).

¿Por qué una sencilla confesión de fe tendría que subirse a nuestra cabeza como el vino que embriaga al alcohólico? ¡Luego que nos embriagamos de «orgullo doctrinal» queremos pelear con medio mundo! Por cierto esto no es la forma seguir las pisadas de nuestro Maestro manso y humilde de corazón (Mateo 11:29).

¡Que podamos andar en la vida nueva en Cristo, que amemos a nuestros hermanos que no piensan igual, y que por sobre todo exaltemos a Cristo predicando su evangelio!

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¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él a muerte por el bautismo; para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. (Romanos 6:3-4 RV-SBT)
 

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